miércoles, 27 de mayo de 2009

La Sociedad Orgánica: un fruto de civilización cristiana opuesto a la padronización, el anonimato y la soledad de una sociedad masificada y mecánica

En la calma, en medio de viñedos encantadores, trabajan unos labriegos la tierra. Al fondo, la estampa protectora y distinguida del Castillo de Saumur. Nobles y trabajadores rurales son dos componentes armónicos de una sociedad natural y orgánica.
La construcción de una catedral, en la Edad Media, movilizaba a todo un pueblo, con el Rey a la cabeza. San Luis IX de Francia llevaba piedras con sus reales manos. Era una sociedad que tendía hacia lo alto, impulsada por el Clero y la Nobleza en que florecían numerosos santos. (Ambas ilustraciones pertenecen a "Nobleza y Elites tradicionales análogas").

Continuamos con la entusiasmante tarea de comentar ARISTOCRACIA y SOCIEDAD ORGANICA, inspirados en esa fuente inagotable que es "Nobleza y élites tradicionales análogas", obra maestra para la necesaria restauración de la civilización cristiana, de Plinio Corrêa de Oliveira.

Hemos cerrado un hito al difundir y comentar el Apéndice IV del libro, que el autor consagró al tema de la aristocracia, basado en textos del Cardenal español Herrera Oria -en su enciclopedia "Verbum Vitae".

Después de haber así abordado el tema ARISTOCRACIA, queremos hacerlo ahora con el de SOCIEDAD ORGANICA. El texto que publicamos tiene dos partes: la primera (que sigue a continuación) caracteriza a grandes rasgos la sociedad orgánica con ejemplos europeos; la segunda, que publicaremos próximamente, se refiere a la sociedad orgánica en el Tucumán hispano-indígena. Ambos textos pertenecen al ensayo"DEVISADERO de LUCES DORADAS en ...AQUEL REINO del TUCUMAN", que ha sido presentado en diversos congresos y jornadas de Historia y Genealogía.

Una vez presentada la Sociedad Orgánica, como lo hicimos con la Aristocracia, continuaremos publicando y comentando "Nobleza y élites tradicionales análogas" , satisfaciendo así el legítimo deseo de nuestros lectores, cuyos comentarios agradecemos.

Cordialmente, COMISION DON PELAYO

envíe su comentario directamente luego de cada entrada o escríbanos a: donpelayodeasturias@gmail.com

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· La sociedad orgánica, jerárquica, armónica y familiar

La sociedad orgánica es otro concepto que tomamos, con agradecimiento, del caudal doctrinario del ya citado Prof. Plinio Corrêa de Oliveira. Lamentablemente, nunca llegó a consagrarle una obra, pero en escritos y conferencias, como su famosa serie de artículos sobre "Ambientes, Costumbres, Civilizaciones", le dedicó sabias y matizadas consideraciones oponiéndola, según el tema analizado, a la sociedad mecanizada, a la padronización, al anonimato, al totalitarismo de diversos sistemas políticos que caracterizaron el siglo XX –v.gr. el socialismo, el nacional-socialismo y el comunismo-, como también al frenesí hedonista y masificante de la revolución cultural “hollywoodiana”.
La sociedad orgánica es una "familia de familias", como lo fue el feudalismo
[i]. Es como una gran familia de almas, en que las personas se conocen y las estirpes familiares se entrelazan, hay tradiciones vivas que impregnan la vida social y política, y la naturaleza y el campo están presentes; en la que orgánicamente se van formando las instituciones con amplia participación de los vecinos y de todos los elementos que la componen, organizada jerárquicamente; en que las jerarquías varían al infinito.
La sociedad orgánica se va formando con toda la espontaneidad posible dentro del mayor respeto al orden. Las instituciones, las familias, las personas van creciendo como árboles de un parque, sin dejar que sus ramas invadan las de un árbol vecino.
Algo de su perfume se trasunta en la frase de Talleyrand: "el que no vivió antes de la Revolución Francesa, no conoce la dulzura de vida". Fue la “dulce Francia" de los tiempos del "Rey Cristianísimo" que destiló una realidad de sonido musical: "douceur de vivre".
Nuevamente nos precavemos contra la visión idílica de este concepto y de la realidad concreta de donde surgió. Sabemos que, bajo muchos aspectos, la vida "es un valle de lágrimas" donde, para edificar algo, hay que luchar mucho, y más aún para conservarlo; donde todo es, en cierta medida, efímero y débil, a causa de las tendencias desordenadas del hombre y también porque hay un solo Ser eterno que es El que es, y que nos invita -a través de la propia precariedad de la vida- a aspirar a las grandes serenidades y a las inimaginables alegrías espirituales y sensibles de la vida eterna, que estamos llamados a gozar en cuerpo y alma: "la vie est ton navire et non pas ta demeure", dijo Teresita de Lisieux
[1].
Es misión de la sociedad orgánica mantener vivos los deseos de lo metafísico, de lo sobrenatural, a través del arte, del lenguaje de los símbolos, ámbito en el que la heráldica ha constituido todo un mundo de imágenes y significados.
A pesar de los aspectos duros de la vida, hay formas de organizar la existencia que la hacen más humana, más suave, más acogedora. Aquella campiña francesa, con sus viñedos, castillos y casas grandes, donde la gran familia campesina se reunía en torno a la mesa presidida por el paterfamilias que describe Funck-Brentano en "El Antiguo Régimen", aquella Viena de Schubert y Mozart que pinta Marcel Brion, con sus orquestas familiares y sus campesinos robustos y contemplativos, capaces de destilar un "Stille Nacht"; aquel Portugal de nobles quintas que evocó Eça de Queiroz en "La Ciudad y la Sierra", aquella España de don Felipe y de Santa Teresa, de Sor María de Agreda y su "mística ciudad de Dios", la España de Avila y de Toledo, del Madrigal de las Altas Torres que vio nacer a Isabel la Católica… La de coplas y romances, la de majos y toreros, la de guitarras pulsadas con acordes gitanos, a la luz de la luna, en los patios andaluces.
Esas ciudades en las que -como en Viena- el emperador podía pasear de a pie, seguido a prudente distancia por sus súbditos, que eran como hijos, parando a conversar en una esquina con un vendedor de flores o un lustrabotas..., o siendo consolado por su pueblo, ante la derrota frente a Napoleón, al grito de: “¡No importa, nos tienes a nosotros!” Todo esto evoca mejor que una definición a la sociedad orgánica.
[1] "La vida es tu navío y no tu morada".

[i] Cf. Plinio Corrêa de Oliveira, "Nobleza y Elites tradicionales análogas - en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana", Ed. Fernando III el Santo, Madrid, vol. I, 3ª. Edición, Secc. Documentos, VIII, El feudalismo, obra de la familia medieval, p. 311 y ss.


Cfr. "Devisadero de luces doradas en ...aquel reino del Tucumán", Luis María Mesquita Errea, "Crónicas del Tucumán" nº 1, La Rioja, 2008


miércoles, 20 de mayo de 2009

La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal del siglo XX - Síntesis

Facsímil de la página inicial del Apéndice IV de "Nobleza y élites..."

Como final de la serie de comentarios que venimos haciendo, dada la riqueza y variedad del tema, y la conveniencia de contar con una visión de conjunto, presentamos hoy esta

SINTESIS del Apéndice IV de “Nobleza y élites tradicionales análogas”:
La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal del siglo XX, controvertido pero nada sospechoso de parcialidad a favor de ella
En el Apéndice, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira comenta trechos de la enciclopedia católica “Verbum vitae – La Palabra de Cristo” (BAC, 10 vols.), escrita bajo la dirección del Cardenal Angel Herrera Oria (+ 1968), Obispo de Málaga, en el ítem aristocracia. Como todo resumen, necesariamente contiene modificaciones del texto original, al cual remitimos al lector. Los trechos entrecomillados pertenecen a la enciclopedia; los restantes, son nuestra síntesis de los comentarios del autor de “Nobleza y élites”. Ya se encuentra a disposición de los estimados lector el apéndice completo (ver vínculo al final).
Comisión Don Pelayo
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Comienzan las citas de la enciclopedia con la siguiente afirmación:

"La aristocracia es un elemento necesario en una sociedad bien constituida."

1. Sentido filosófico

"Aristócratas son los mejores", de acuerdo al sentido etimológico de la palabra, que "lleva embebida en sí la idea de perfección…, de virtud".
… "la aristocracia tiene hábitos virtuosos". … por los cuales sobresale.
Son virtudes fundamentales de ella "la perfección moral y el amor al pueblo".

2. Sentido Teológico

"La Teología arroja torrentes de luz sobre este concepto de aristocracia y pone fundamentos sólidos al derecho público cristiano."
"Aristocracia es perfección. El aspirar a la perfección es un deber del cristiano:
"a) 'Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto' (Mt. 5,48). [ver otras citas]
"¿En qué consiste la perfección?
"Santo Tomás contesta:
"1. La perfección de la vida cristiana consiste principalmente en la caridad [el amor a Dios]
"2. …se dice ser perfecto en cuanto alcanza su propio fin…
"3. La caridad es la que le une con Dios, que es el último fin de la mente humana (I lo. 4-16…).
"Esta idea luminosa es la que se debe tener muy presente, porque ella vivifica toda la sociología y toda la política en el capítulo de la aristocracia.
"a) Aristocracia es perfección.
"b) Perfección es fundamentalmente caridad cristiana."
3. El derecho público cristiano
"Aristocracia y propiedad. … uno de los fundamentos de la propiedad privada consiste en el deber de perfeccionarse."
León XIII enseña en la Rerum Novarum que "los bienes se poseen como propios y se administran como si fueran comunes. … 'satisfecha la necesidad, el decoro y la perfección', lo que resta hay que darlo en limosna. Se habla muchas veces de la necesidad y del decoro y se olvida la perfección, que es un deber."
El esquema pasa a hacer reflexiones que, lamentablemente, el ambiente igualitario de nuestros días va sepultando en un completo olvido.
"A los que viven en el mundo y tienen familia cumple el deber de perfeccionarla y de elevar en sus hijos el decoro y consideración social de la familia, cristianamente entendidos.
"…los padres deben procurar…que en ciencia, en arte, en técnica, en cultura, en todo, sus hijos sean mejores que ellos…para ofrecer a la sociedad, en beneficio del pueblo, generaciones más perfectas.
"Los aristócratas deben…tener muy presentes…todos los progresos…que puedan satisfacer las necesidades de las clases más indigentes."
Estas enseñanzas hacen patente que el empeño de las aristocracias en que haya a lo largo de sus sucesivas generaciones una continua mejora de viviendas, mobiliario, trajes, vehícu­los, modales y porte personal, es un aspecto esencial de ese caminar hacia la perfección global para mayor gloria de Dios o para el bien común de la sociedad temporal.
Esto no dispensa en absoluto al perfecto aristócrata católico de ser solícito en atender celosamente los derechos de las clases necesitadas. Los aristócratas que así sean, se convierten en "los mejores"…,"elemento necesario en una sociedad bien constituida".

4. Aristocracia social

La familia aristocrática:
"El aristócrata, al perfeccionarse él y perfeccionar a su familia, crea una institución dentro de la sociedad, que es la familia aristocrática."
Para ser fuente y propulsora de ese impulso hacia lo alto, la propia contextura familiar le es de gran utilidad, pues es en el seno de las familias donde se constituyen las tradiciones propias a cada una, y es en la convivencia familiar donde encuentran las mil ocasiones para comunicar a los más jóvenes sus convicciones y experiencias. Así, la acción propulsora rumbo a la “perfección” puede conseguirse en excelentes condiciones. Principal objetivo: el propio bien común de la sociedad. A la tradición le compete asegurar la durabilidad, rumbos y características de esta fuerza propulsora.
“Dijérase que las propias virtudes y la propia perfección tienden a hacerse hereditarias.
“Esa institución…debe ser eminentemente social y preocupada por el bien de los demás.”
De los principios aquí enunciados se deduce la justificación de uno de los aspectos más incomprendidos de la aristocracia: la herencia.
No pocos consideran justo otorgar título nobiliario a quienes practiquen acciones arduas y revelen destacadas cualidades, máxime cuando sirven de ejemplo y producen importantes beneficios para el bien común; pero no que se transmitan a los descendientes, pues muchas veces grandes hombres tienen hijos que no los merecen.
Este criterio impide que se formen familias nobles y hace tabla rasa de su misión propulsora para el continuo perfeccionamiento del conjunto social, elemento indispensable para la continua y arrebatadora andadura de un país rumbo a todas las formas de perfección deseadas por los que aman a Dios, que es la propia Perfección.
Es justo premiar a los grandes hombres pero no lo es ni corresponde a la realidad negar la misión de esas grandes estirpes como propulsoras.
“La llamada aristocracia histórica está basada en la naturaleza humana y es muy conforme a la concepción cristiana de la vida….
“No hay escuela comparable al hogar de una estirpe auténtica y cristianamente aristocrática.
"Cuando sabe cumplir con sus deberes, la sociedad debe respetarle aquellos medios que necesita para este supremo magisterio social.
"Palacios, cuadros, pergaminos, objetos de arte, obras maestras, viajes, bibliotecas…son elementos que pertenecen…a las grandes familias.
"… el uso de esos bienes ha de encuadrar en la doctrina ascética y social de la Iglesia.
"Cuando se usan para formar ciudadanos selectísimos en beneficio de la comunidad,…son una especie de forma de propiedad pública y colectiva, puesto que toda la sociedad se beneficia de ellos.
"La aristocracia es tan conforme a la sociedad cristiana, que una sociedad no puede llamarse perfecta sino cuando se da en ella la institución de la aristocracia. La aristocracia sana es flor y nata da la civilización cristiana."
En la literatura católica este género de conceptos van escaseando; sin embargo, jamás han sido desmentidos por el Magisterio de la Iglesia, y no podían faltar en una obra como ésta, que afronta a la aristocracia en el contexto de la civilización cristiana, modeladora de las naciones de Occidente.

5. Aristocracia en la familia

El esquema aborda un delicado y altísimo aspecto de la vida de una clase aristocrática.
"A. Por cierta analogía se puede decir que el poder aristocrático dentro del hogar está reservado a la mujer. […]
"b)… la mujer dentro de la familia es un elemento de moderación y de consejo.
"c)… de relación entre el padre y los hijos. […]
"B. Santo Tomás dice que el padre gobierna a los hijos con gobierno 'despótico', en el sentido clásico de la palabra, y la mujer con gobierno 'político'.
"a) Porque la mujer es consejera y participa del poder del padre.
"b)… tiene como la representación de la caridad dentro de la familia. Es como la personificación de la misericordia en el hogar.
"c) Es la que debe estar más atenta a las necesidades de hijos y criados y más pronta a mover al padre para que las remedie.”

"C. En el Evangelio aparece muy claro el contraste entre la falta de misericordia, de caridad, de espíritu aristocrático de los apóstoles…y la inefable misión aristocrática que desempeñó María Santísima en las bodas de Cana.
"a) Atenta a las necesidades de los demás, María se acerca a quien puede remediarlas para exponérselas.
"b) Y después se acerca al pueblo, representado en los criados, para inculcarles que sean obedientes."
Esta comparación es un poco sorprendente pues las obras sobre aristocracia han habituado a ver en ella a la clase militar por excelencia. Pero no por ello deja de ser rica en sabiduría. La guerra se ejerce normalmente contra el extranjero; y Santo Tomás trata de la misión de la aristocracia en la vida interna normal del país y no en cuanto espada que lo defiende.
Era inherente a la aristocracia que cada familia reuniera en torno suyo un conjunto de familias de nivel social menos elevado, a ella vinculados por relaciones de trabajo, mera vecindad, etc. Era normal que se alzasen viviendas populares junto a palacios o residencias de familias acomodadas. Esta vecindad repetía la atmósfera familiar del hogar aristocrático, constituyendo un halo de afectos y dedicaciones.
Las relaciones de trabajo, por efecto de la caridad, tienden a desbordar al ámbito personal. En esa convivencia, el noble inspira y orienta a quien esta debajo de él, y éste, a su vez, le informa de sus aspiraciones y diversiones, modo de ser y circunstancias de la vida popular, y de las necesidades de los desvalidos. Constituye el circuito de interrelaciones que el Estado post-1789 procuró sustituir por burocracia, oficinas y servicios de información policial.
Es a través de esas burocracias cómo el Estado anónimo (sin hablar de las grandes sociedades anónimas macropublicitarias) propulsa y manda a la nación por medio de funcionarios también anónimos. La nación habla al Estado a través de la boca anónima de las urnas; máxime cuando el voto es secreto y el Estado ni siquiera puede saber quién ha votado de uno u otro modo.Este conjunto de anonimatos evita la presencia del calor humano en las interrelaciones del Estado moderno.
Muy distinta era la índole de los países dotados de recta aristocracia. Las relaciones eran personales, y las influencias recíprocas entre mayor y menor se fundaban en una relación de afecto cristiano; que traía como consecuencia dedicación y confianza mutuas, y llegaba a crear de hecho una sociedad entre los domésticos y patrones. Basta leer lo que dicen los verdaderos moralistas católicos sobre la sociedad heril…
En las corporaciones, la relación entre maestros, oficiales y aprendices repetía la bendecida atmósfera de la familia.
Este contacto vivo no englobaba únicamente aquello que llaman fría y funcionalmente "patrones y empleados". Los de categoría más elevada, nobles o burgueses, acababan por conocer las familias de sus subordinados, como éstos las de sus patrones. Conforme la orgánica espontaneidad de un movimiento social bueno, esas relaciones se establecían también entre familias.
El bien es difusivo. A través de las capilaridades, el grande acababa conociendo miserias anónimas, y le era dado remediar a través de las manos delicadas de su esposa e hijas tantos dolores que de otro modo no habrían sido aliviados.
También el grande conocía horas amargas… sus enemigos lo cercaban, le agredían física o políticamente. La más firme muralla que defendía esta grandeza tambaleante eran las incontables dedicaciones que se erguían desinteresadamente para protegerle, hasta con riesgo de vida.
Así fue la vida en el feudo; y también en el campo cuando, extinguido el feudalismo, las antiguas relaciones entre señor y vasallo perdieron su alcance político pero continuaron en el ámbito del trabajo; y así continúa ocurriendo en ciertas regiones o países.
En la perspectiva del Estado monárquico con algo de aristocrático y algo de democrático considerado por Santo Tomás, la aristocracia participa en el poder del rey como la esposa en el poder del marido. Le corresponde hacer llegar al padre —al Rey— mediante una acción moderadora propia al instinto materno, el conocimiento emocionado de las necesidades de sus hijos —los pobres, pequeños y desvalidos del ámbito de influencia de su casa solariega— y conseguir del padre, ablandando su corazón, el correspondiente remedio.
… así como a la madre le cabe abrir el corazón de sus hijos para esta o aquella orden de su padre, le corresponde a la Nobleza disponer el ánimo de los estamentos subordinados para un filial acatamiento al rey.

6. Aristocracia política

- La misión de la clase aristocrática en la vida política y social del país.
A quienes les haya podido parecer excesivamente conservadora la doctrina de los anteriores apartados tal vez les sorprendan agradablemente las palabras con que el esquema aborda el tema.
"La aristocracia social tiene una función que ejercer directa e inmediatamente cerca del pueblo. Pero por ley natural ejercerá siempre una función política cerca del poder.
Participará del poder en beneficio del pueblo."
"La aristocracia, colocada entre la autoridad suprema,… y el pueblo, es elemento de moderación, de ponderación, de continuidad, de unión".
En esa perspectiva:
"1. La monarquía sin aristocracia fácilmente conduce al absolutismo.
"2. Pueblo sin aristocracia no es pueblo; es masa.
"3. La aristocracia defiende la monarquía y la modera.
"4. La aristocracia es cabeza del pueblo, educadora del mismo, encauzadora de sus energías.
"5. Aristocracia sin pueblo es oligarquía, es decir, privilegio odioso de una casta en la sociedad."

7. Misión social moderna de la aristocracia

La enumeración anterior no es exhaustiva. Parece hecha con el empeño de evitar que la aristocracia sea tachada de clase monopolizadora de privilegios.
El esquema señala la tendencia de la aristocracia hacia la perfección en todas las cosas por amor a la Perfección absoluta que es Dios. Esto la lleva a propulsar al prójimo -inclusive por medio del decorum de la vida- hacia todas las formas de perfección: de virtud, pero también de talento, buen gusto, cultura, instrucción... y técnica. Todo ello debe difundirse por el cuerpo social entero, elevándolo a medida que la aristocracia se eleva a sí misma.
Para ello, sus miembros han de ser aquellos "mejores", cuya presencia en el poder como dirigentes de una nación constituye la aristocracia en cuanto forma de gobierno.
Esto permite observar cuánto depende la forma de gobierno de las condiciones religiosas y morales, pero también de las de otros tipos.

8. La “nueva aristocracia”

La prudente renovación de las aristocracias: una metáfora describiría el hecho: el método de purificación en ciertas piscinas. El agua se renueva incesantemente, pero de modo tan gradual que pasa casi desapercibido. La masa de agua está lejos de fluir rápidamente, y menos aún con una precipitación torrencial -podría decirse, revolucionaria. En la piscina, la renovación tiene por objetivo el desaguar de toda la masa de agua, mientras que en la renovación de la Nobleza no es lo que se debe desear: cuanto más lenta sea, tanto mejor será. Pues ésta está tan vinculada por naturaleza a la tradición que lo ideal sería que el mayor número posible de familias nobles se conservara indefinidamente, bajo condición de que no se diese en beneficio de elementos esclerosados, incapaces de participar en el acontecer ininterrumpido de la Historia.
"Siendo la aristocracia elemento necesario de una sociedad bien constituida, parece natural… que se salven las aristocracias históricas, que de ordinario conservan grandes virtudes; y que al mismo tiempo se creen otras aristocracias.
"...Una aristocracia cerrada se hace casta,…la antítesis de la aristocracia, porque la casta…no conoce el principio de la caridad, que es el alma de la aristocracia.
"Desgraciadamente, no pocas veces el virus mundano…[las convierte] en círculos herméticos.
"El gran problema moderno en este campo es precisamente rehacer las clases aristocráticas y crear nuevas formas de aristocracia."
Si una aristocracia ha decaído, y sus miembros ya no son los mejores sino los peores, ¿qué se debe hacer?
Sería preciso crear nuevas clases aristocráticas, sin omitir que se haga lo posible para rehabilitar a la antigua aristocracia: si ésta no se deja levantar, conviene no pensar más en ella. Si degenera, al cuerpo social le corresponde la misión de engendrar otra salida para la situación, de modo instintivo y consuetudinario, buscando el apoyo de los elementos sanos de la sociedad.
Decimos "instintivamente", porque en las situaciones de emergencia son más eficaces el sentido común y las cualidades del pueblo que los planes de soñadores o burócratas, constructores de "paraísos" y "utopías", los cuales, por no estar fundados en la realidad generan fracasos y decepciones.
Pero si en la aristocracia no existen "mejores", si no hay en la plebe quien quiera asumir, en virtud del principio de subsidiariedad, la misión de propulsar hacia lo alto, y si en el propio clero se nota una carencia análoga, ¿cuál es la forma de gobierno que puede evitar la ruina de esa sociedad?
No han faltado quienes hayan elucubrado la idea de un gobierno supuestamente compuesto de hombres buenos, que conseguiría resolver la cuestión de modo casi mecánico y desde fuera de un cuerpo social que no está en buenas condiciones.
Cuando todo el cuerpo social no está en buenas condiciones, el problema es insoluble, y la situación se configura como desesperante: cuanto más se intenta remediarla, tanto más se enreda y acelera su propio fin. Las situaciones desesperantes sólo pueden resolverse cuando un puñado de personas con Fe, esperando contra toda esperanza (Rom. IV, 18), continúa esperando y esperando; cuando almas llenas de Fe recurren humilde e insistentemente a la Providencia para conseguir de Ella una intervención salvadora. "Envía tu espíritu y renovarás la faz de la tierra" (Ant. de Pentecostés).
Sin ello es vano esperar que alguna forma de gobierno, sociedad o economía, la salve. "Si el Señor no guardare la ciudad, en vano vigila el centinela" (Ps. CXXVI, 1).
El denso esquema termina con las siguientes consideraciones:
"Decir, pues, que hacen falta almas aristocráticas en nuestros días, es decir que hace falta una clase que se eleve sobre las demás por su nacimiento, por su cultura, por sus riquezas, pero… sobre todo por sus virtudes cristianas...
"Aristocracia sin reserva abundante de virtudes cristianas perfectas es rótulo vacío,… institución social decaída.
"Su amor, su espíritu y su vida han de ser el espíritu, la caridad y la vida de Cristo.
"… sin perfección cristiana habrá aristocracias de hecho y de fachada, pero no… auténticas, de obras y de derecho."
Está contenido en estas palabras un juicio sobre la aristocracia del tiempo en que el Cardenal publicó su obra: […] que no cumplía ésa, su misión.
Un elogio sin reservas a la aristocracia de su tiempo seria acribillado con objeciones de unilateralidad. El juicio peca por unilateralidad, en sentido opuesto. A favor de la verdad histórica ha de decirse que si bien la aristocracia de los años 50 mostraba tener numerosos defectos, afloraban en ella señaladas cualidades.
Síntesis elaborada por Comisión Don Pelayo
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TEXTO COMPLETO DEL APENDICE COMENTADO
jueves 21 de mayo de 2009

La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal del siglo XX, controvertido pero nada sospechoso de parcialidad a favor de ella
Texto completo del Apéndice IV de "Nobleza y élites tradicionales análogas - en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana" - Autor: Prof. Plinio Corrêa de Oliveira
Nota: si desea tener el archivo word puede solicitarlo a: donpelayodeasturias@gmail.com

domingo, 17 de mayo de 2009

Ante el peligro de ruina de una sociedad, soluciones utópicas y soluciones realistas basadas en la Fe católica

Nuestra Señora del Buen Aire, de Sevilla,
amparando y orientando a capitanes, nobles gobernantes, armadorers,
navegantes y marineros,
símbolo de su amparo a la aristocracia
y al pueblo en sus variadas gamas, unidos en la fascinante realidad
de una sociedad orgánica
(ítem 8, 3ª parte)
En esta tercera parte en que hemos dividido el ítem 8, dada la riqueza de su contenido, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira aborda con sabiduría y fe católicas el difícil tema de la decadencia de la aristocracia y de la falencia de las otras clases sociales. Comenta al pasar la utópica y casi ingenua solución de un gobierno de hombres supuestamente buenos que piensan que podrán arreglar la situación mecánicamente y termina con una magnífica proclama, no sólo de su confianza irrestricta en la acción de la Providencia, sino de su convicción de la presencia y efectividad de su intervención cuando es solicitada por un puñado de personas de Fe. En esto se diferencia netamente tanto de los liberales y laicistas, para quienes Dios no hace bien ni hace mal, y de los católicos superficiales y rutinarios, que no advierten el profundo nexo entre el orden temporal y los asuntos político-sociales, y los intereses del Catolicismo.
A continuación, el texto:
Pero si en la aristocracia no existen "mejores", si no hay en la plebe quien quiera asumir, en virtud del principio de subsidiariedad, la misión de propulsar hacia lo alto, y si en el propio clero se nota una carencia análoga, parece levantarse un problema: ¿Cuál es, entonces, la forma de gobierno que puede evitar la ruina de esa sociedad, de esa nación?
Para resolver este problema no han faltado quienes se hayan puesto a elucubrar soluciones políticas en virtud de las cuales un gobierno supuestamente compuesto de hombres buenos conseguiría resolver la gran cuestión de un modo casi mecánico y desde fuera de un cuerpo social que no está en buenas condiciones.
Ahora bien, cuando todo el cuerpo social no está en buenas condiciones, el problema es pura y simplemente insoluble, y la situación se configura como desesperante: cuanto más se intenta remediarla, tanto más se enreda en sus propias complicaciones y acelera su propio fin. Las situaciones desesperantes sólo pueden resolverse cuando un puñado de personas con Fe, esperando contra toda esperanza — "contra spem in spem credidit" (Rom. IV, 18), elogio que San Pablo hace de la Fe de Abraham— continúa esperando y esperando; es decir, cuando almas llenas de Fe recurren humilde e insistentemente a la Providencia para conseguir de ella una intervención salvadora. "Emitte Spiritum tuum et creabuntur, et renovabis faciem terrae" (1) (Antífona de la fiesta de Pentecostés).
Sin ello es vano esperar que alguna forma de gobierno, sociedad o economía, la salve. "Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilat qui custodit eam" (2) (Ps. CXXVI, 1).
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(1) "Envía tu espíritu y todo será creado, y renovarás la faz de la tierra".
(2) Si Dios Nuestro Señor no protege a la ciudad, en vano la custodian sus guardias

viernes, 15 de mayo de 2009

Si la aristocracia decae, el cuerpo social tiene la misión de engendrar una salida de modo instintivo y consuetudinario, por sus elementos sanos

(ítem 8vo., 2ª parte)
{Dice la enciclopedia del Card. Herrera Oria:]
"Siendo la aristocracia elemento necesario de una sociedad bien constituida, parece natural, como principio práctico, que se salven las aristocracias históricas, que de ordinario conservan grandes virtudes; y que al mismo tiempo se creen otras aristocra­cias.
"La aristocracia no puede ser cerrada. Una aristocracia cerrada se hace casta, que es la antítesis de la aristocracia, porque la casta como tal no conoce el principio de la caridad, que es el alma de la aristocracia.
"Desgraciadamente, no pocas veces el virus mundano, al infiltrarse en los medios aristócratas, convierte a éstos en círculos herméticos.
"El gran problema moderno en este campo es precisamente rehacer las clases aristocráticas y crear nuevas formas de aristocracia."

[Comenta Plinio Corrêa de Oliveira:]
De ahí nace una pregunta: si una aristocracia ha decaído, y sus miembros ya no son los mejores sino los peores, ¿qué se debe hacer?
Sería preciso crear nuevas clases aristocráticas, sin omitir que se haga lo posible para rehabilitar a la antigua aristocracia: queda entendido, sin embargo, que si ésta no se deja levantar conviene no pensar más en ella. Si la aristocracia degenera, al cuerpo social le corresponde la misión de engendrar alguna otra salida para la situación, lo que se hará, en la mayor parte de las ocasiones, de modo instintivo y consuetudinario, buscando el apoyo de los elementos sanos que componen la sociedad.
Decimos "instintivamente" porque en las situaciones de emergencia son habitual-mente más eficaces el sentido común y las cualidades del pueblo que los planes, a veces brillantes y seductores, de soñadores o burócratas, constructores de "paraísos" y "utopías", los cuales, por no estar fundados en la realidad, sólo generan, la mayor parte de las veces, fracasos y decepciones.


"Nobleza y élites tradicionales análogas", Plinio Corrêa de Oliveira, Apéndice IV, ít. 8)

Comentario de Pelayo
Algunos puntos a destacar:
  • un gobernante o una corriente bienintencionados, con espíritu católico, buscarán salvar las aristocracias históricas y no destruirlas so pretexto de que han decaído, pues generalmente conservan grandes virtudes;
  • la caridad -el amor a Dios, y el amor al prójimo por amor a Dios, e inspirado en cómo Jesucristo lo ama- es el alma de la aristocracia;
  • el gran problema moderno en este campo: rehacer las clases aristocráticas; ¿cuántos católicos son conscientes de ello? Y sin embargo es tan evidente el beneficio o perjuicio que causan las clases dirigentes, elemento infaltable en toda sociedad...
  • ...y crear nuevas formas de aristocracia: algo de suma importancia que eleva una nación; no se hace por influencia de los principios igualitarios de la Revolución Francesa y de la Revolución comunista;
  • si la aristocracia decae, la solución debe surgir del principio de subsidiariedad, de los elementos sanos de la sociedad, que la engendrarán de manera instintiva y consuetudinaria...
  • ...y no como lo haría un demagógico "constructor de paraísos", constructores del fracaso y la decepción. Ellos detestan la sabiduría popular y las sanas y lentas elaboraciones consuetudinarias. Pues éstas frenan los desbordes de autoritarismo y exhibicionismo a que son afectos los demagogos.

jueves, 14 de mayo de 2009

La nueva aristocracia - ¿Cómo puede darse una prudente renovación de las aristocracias?


Un cordial saludo a nuestros lectores, luego de una involuntaria pausa de varias semanas; hoy tenemos la alegría de retomar nuestra conversación y debate sobre el Apéndice IV de "Nobleza y élites tradicionales análogas", que trata de la Enciclopedia del Cardenal Herrera Oria en el punto "aristocracia". Comentando textos de la enciclopedia, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira aborda el delicado y fascinante tema de la "nueva aristocracia"..., tocando cuestiones del más alto interés: la renovación de la clase aristocrática, qué sucede cuando una aristocracia no quiera cumplir su misión , entre otros.

Vayamos a la primera cuestión de este ítem tan esencial, que transcribimos del original:

8. La nueva aristocracia

También trata el esquema sobre aquello que llama
"nueva aristocracia".
Si se desea tener una idea exacta sobre la necesaria pero prudente renovación de las aristocracias, hay una metáfora que describiría el hecho con casi entera precisión: el método de purificación en ciertas piscinas contemporáneas. En ellas el agua se renueva incesantemente, pero de un modo tan gradual que pasa desapercibido, o casi desaper­cibido, para quienes tratan de observar el fenómeno. Se trata, pues, de una renovación auténtica. Sin embargo, la masa de agua está lejos de fluir rápidamente, y menos aún con una precipitación torrencial, impetuosa, revolucionaria podría decirse.
"Con casi entera precisión", hemos dicho un poco antes, y no, "con entera precisión", pues en la piscina, la renovación, por más lenta que sea, tiene por objetivo el desaguar de toda la masa de agua, mientras que en la renovación de la Nobleza no es precisamente eso lo que se debe desear; por el contrario, cuanto más lenta ésta sea, tanto mejor será. En efecto, la Nobleza está tan vinculada a la tradición por su propia naturaleza que lo ideal sería que el mayor número posible de familias nobles se conservara indefinida­mente por los siglos de los siglos, bajo la condición de que esto no se diese en beneficio de elementos esclerosados, muertos, momificados y, por tanto, incapaces de participar de manera válida en el acontecer ininterrumpido de la Historia.
Esta metáfora corresponde a lo que se ha dicho sobre esta misma materia en el presente libro (1) y entra en entera sincronía con todo lo que se encuentra a ese respecto en la citada obra del Cardenal Herrera Oria.


1) Cfr. Capítulo VII, 9.

"Nobleza y élites tradicionales análogas", Plinio Correa de Oliveira, Apéndice IV, ítem 8.

domingo, 19 de abril de 2009

Una vocación no menos apostólica que otras: la de propulsar al prójimo hacia todas las formas de perfección

Comentario II
En este punto que trata de la misión social moderna de la aristocracia, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira menciona el prejuicio que lleva a que ella "sea tachada de clase minori­taria monopolizadora de privilegios en detrimento del pueblo”. Muestra de su realismo, de su aplomo en enfrentar lo que corre como verdadero y también de su confianza en el magisterio de la Iglesia que enseña, a contrario sensu, la alta misión a que la aristocracia está llamada.
Recuerda lo que le es esencial:
la tendencia de la aristocracia hacia la perfección en todas las cosas por amor a la Perfección absoluta que es Dios.
Esto la lleva a propulsar al prójimo —inclusive por medio del decorum de la vida-, hacia la perfección de la virtud y del buen gusto, de la instrucción y aún de la técnica.
“Todo ello debe difundirse por el cuerpo social entero…”: Esto viene al encuentro de la mentalidad reduccionista de ciertos católicos que entienden lo apostólico que hay, por ejemplo, en la loable y a veces heroica tarea de cuidar de los enfermos o de los pobres y necesitados, pero no perciben el alto apostolado que este impulso hacia la perfección contiene.
En la medida en que haya almas llevadas por ese impulso, habrá quienes se consagren a las tareas en bien del prójimo y de la sociedad. Al contrario, mientras avancen el materialismo, el hedonismo, la vulgaridad y la falta de generosidad, irán muriendo los verdaderos ideales y las virtudes que mueven a esa dedicación.

La aristocracia está llamada al heroismo de llevar adelante un impulso que va contra la corriente fomentada por poderosos medios de formación de opinión pública.
Concluye con un llamado a la coherencia: “sus miem­bros han de ser aquellos "mejores" cuya presencia en el poder como dirigentes de una nación constituye la aristocracia en cuanto forma de gobierno”.
Cordialmente,
Pelayo

sábado, 18 de abril de 2009

Comentario: Posibles acciones aristocráticas en nuestros días

El ítem 7, Misión social moderna de la aristocracia, es de tanta importancia que nos sentimos tentados de hacer un comentario para intentar contribuir a mejorar la realidad. Para mayor aprovechamiento del texto, lo haremos en dos partes.
I Comentario
• Algunas características que deben encontrarse en la moderna aristocracia, que constituyen verdaderos títulos de honra que implican pesadas responsabilidades, son:
• Moderadora del poder: algo tan necesario en tiempos de autoritarismo maquiavélico y desborde;
• Defensora y educadora del pueblo, y encauzadora de sus actividades:
Cuánto habría para decir de una educación para la elevación de todas las clases sociales, de la educación actual, de la que los valores católicos están lamentablemente desterrados, y de los alarmantes resultados que va dando.
¡Qué magnífico sería que la creatividad y vigor del pueblo fueses encauzados por una aristocracia, o por una clase dirigente auténtica!
Como esto no se da, parece que “algo” (¿algún grupo de presión que no sale a la luz del día?) o “alguien” colocara frecuentemente al frente de actividades populares (algunas de ellas, como los deportes "profesionalizados", que mueven fortunas que superan las de cualquier aristocracia) a dirigentes que, en lugar de elevar al pueblo, tienden a imponer una nota de vulgaridad autosuficiente y chabacanería. Tampoco son muchos de estos dirigentes surgidos de la "dedocracia" (ver entrada anterior) modelo en materia moral, condición sine qua non para que una aristocracia lo sea verdaderamente.
El pueblo dirigido por mentalidades aristocráticas católicas se beneficiaría enormemente: avanzaría mucho más y genuinamente, disminuiría el exhibicionismo fatuo fomentado por la TV y expondría menos al ridículo a deportistas o artistas de moda de los que los medios arrancan declaraciones y opiniones sobre los más variados y más vitales asuntos, difundidas como oráculos. Como si la habilidad deportiva o televisiva confiriesen idoneidad para cualquier asunto.
Por el contrario, de acuerdo a la doctrina católica, la aristocracia auténtica es una escuela de formación, de un sector de la sociedad llamado especialmente a funciones directivas. Es el mundo al revés, por el dictado de las tendencias e ideas igualitarias.
• Propulsora del progreso de vida de las clases más necesitadas: hecho esto también con espíritu aristocrático, con desinterés propio de quienes tienen señorío, se evitaría la explotación publicitaria para bajos fines partidarios de las obras públicas que los gobiernos tienen obligación de hacer, y de las que no deberían sacar rédito político como quien exprime una naranja hasta lo último . Hoy cualquier inauguración, por pequeña e irrelevante que sea, congrega autoridades nacionales y-o provinciales, y una costosa y pesada cohorte de auxiliares. Como si no lo hicieran con fondos públicos y no cobraran su sueldo por hacerlo.
En otro momento agregaremos algo más sobre la misión social moderna de la aristocracia que aborda la obra que venimos comentando ("Nobleza y élites tradicionales análogas", Apéndice IV, La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal del siglo XX, obra del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, pp. 241 y ss.).

lunes, 13 de abril de 2009

Comentario: "Se impone la dedocracia", según artículo de "La Nación"

Este sitio lleva por nombre "Aristocracia y Sociedad Orgánica". Su finalidad es promover el gobierno de los mejores y la sociedad orgánica. La nota que publicamos al pie pone en descubierto las falencias de un sistema que no se basa en la Ley de Dios ni en su complemento, que es la ley natural.

La Revolución Francesa, el iluminismo que la precedió, y el liberalismo democrático y socializante que nació de ella impusieron un sistema basado en varios errores como la soberanía popular y el voto igualitario e irrestricto.

Estos "dioses" de la democracia liberal-socialista suponen que no existe un orden natural y divino. Pueden reconocer sus adeptos que Dios existe, pero siempre que se mantenga encerrado en las iglesias. Ellos se propusieron instaurar el "perfecto" orden del número, de la votación numérica. Basados en el concepto de la soberanía popular, rompieron con la idea de un orden basado en el Cristianismo. El pueblo "soberano" es dueño de votar lo que quiera, por ejemplo, "casamiento" entre personas del mismo sexo, eutanasia, aborto, leyes confiscatorias. El pueblo es soberano, luego puede hacer su santa voluntad. Así son los abismos que las leyes aprobadas más o menos legalmente de acuerdo al orden jurídico positivo, van cavando.

El triunfo del número llevó a la masificación. Para imponerlo, hubo que partir la sociedad artificialmente, cayendo en la partidocracia. Basada a su vez, como dice la nota, en la imagen televisiva, en apariencias mentirosas, creadas por la publicidad: en una palabra, el poder se compra, y el voto también, de la manera más descarada y vergonzosa, con colchones, bolsas de cemento y otras tristes compensaciones que se le da a las personas con el dinero del País...
Esta forzosamente sumaria descripción del fenómeno nos muestra a las claras la necesidad de volver a un sistema natural y cristiano. Si se trata de una democracia, conforme enseña Pío XII debe contar entre sus elementos capitales con una clase dirigente tradicional, que si se eleva moral y culturalmente, puede llegar a constituir legítimamente una aristocracia.

Los sistemas políticos impuestos, casi siempre por la fuerza de las armas, a lo largo de los siglos XIX y XX han llevado a la dictadura de las camarillas partidistas que describe el artículo comentado. Y son camarillas de personas que, salvo excepciones, no sólo no son las mejores moralmente, en preparación, en amor al bien común, sino que ni siquiera se proponen serlo, como es una verdadera aristocracia.

Así, la falsa democracia, que encandiló a generaciones de políticos, aristocráticos o no, va devorando aquella quimera de libertad completa con la que soñaban.
El fracaso y el abuso evidentes deben llevarnos a estudiar y promover formas orgánicas, naturales y cristianas de gobierno. Que pueden ser republicanas, aristocráticas o monárquicas, o la combinación de todas ellas en la monarquía católica, que es, según San Pío X, la mejor forma de gobierno.
Es imprescindible que el pueblo vuelva a ser pueblo dejando de ser masa. Es imprescindible tratar de que gobiernen "los mejores", personas que por lo menos, llevadas por el amor a Dios y al bien común, sientan el deseo y la obligación de mejorar personalmente y así poder guiar al pueblo.

Guías existirán siempre, ya sea que lleven al abismo o al progreso verdadero.

Las soluciones existen: en las entradas publicadas hay sabias enseñanzas de la sociología católica a nuestra disposición, a las que seguirán muchas otras si Dios quiere. Si, como sociedad, estamos enfermos, y no buscamos el remedio... ¿qué nos espera?

Para contribuir a verdaderas soluciones nos consagramos a esta tarea con entusiasmo y esperanza, pidiendo el auxilio y la gracia de la Ssma. Virgen, Sede de la Sabiduría .

Cordialmente,

Pelayo



La claves políticas de la semana

Se impone la dedocracia

Por Martín Dinatale

Especial para lanacion.com Noticias de Política: anterior siguiente Lunes 13 de abril de 2009 01:02 (actualizado a las 01:01) Enviá tu comentarioVer comentarios de lectores (31) ImprimirEnviar por e-mailCambiar tamañoPublicarVotar (19)Ya votaste (19)CompartirLink permanenteMenéameGoogle bookmarkYahooMyWebNewsvineBlinkListDiggRedditDel.icio.usMister-Wong
La dedocracia se profundiza en la Argentina ya sin retorno. La elección de candidatos a dedo es un clásico de estos días y será eje central de la disputa política en esta semana. Sólo en un par de provincias se realizarán internas partidarias para definir candidaturas. En la mayor parte del país los postulantes se eligen por encuestas, poder territorial o amiguismo. No hay diferenciación de colores políticos en este ejercicio.
Claro que hay contadas excepciones. En el radicalismo porteño hoy vencerá el plazo de presentación de listas con miras a las elecciones internas del 26 de abril en las que se definirán los candidatos a diputados nacionales y legisladores porteños para los comicios legislativos. Y el 6 de mayo el peronismo de Salta y de La Pampa también realizarán elecciones internas para definir candidatos.
En la alianza del PJ disidente conformada por Macri, De Narváez y Solá la suerte está echada al humor de este trío y el armado de listas dependerá de una ardua negociación e imposición de voluntades. El futuro de este frente antikirchnerista sólo estará atado a la dedocracia. Felipe Solá aseguró que hoy definirá si se queda o no en ese espacio en función a las respuestas que obtenga en relación a sus exigencias ante las listas bonaerenses.
No hay demasiadas diferencias con los postulados de Kirchner de imponer candidatos desde su despacho de la residencia de Olivos, donde incluyó a intendentes y gobernadores en las cabezas de lista para plebiscitar la gestión de su esposa.
En el peronismo santafecino se oficializará esta semana la idea de Carlos Reutemann de eludir las internas partidarias y presentar dos neolemas separados del PJ. Uno que representa el antikirchnerismo con el ex corredor de Fórmula Uno a la cabeza y el otro con la figura del diputado kirchnerista Agustín Rossi.
Los dirigentes del campo también aprendieron de la política en esto de la dedocracia. Desde la Federación Agraria hasta la Sociedad Rural pasando por todas las entidades, hay claras intenciones de los ruralistas de colar candidatos para los comicios del 28 de junio. Sólo hay contadas excepciones donde habrá elecciones internas. Es el caso de La Pampa, donde el vicepresidente segundo de la Federación Agraria, Ulises Forte, disputará en internas en la UCR para aspirar a una senaduría nacional.
Es cierto que el adelanto de los comicios le jugó una mala pasada a más de un partido político para cerrar a tiempo y cumplir con los mandatos jurídicos para definir internas abiertas. Pero también es cierto que en la política Argentina cada vez se impone más en la estructura de los partidos el "Homo videns" del que tanto escribió el politicólogo italiano Giovanni Sartori. Es decir, el hombre cada vez más atado a las encuestas de opinión, la imagen televisiva y la cibernética. En este Homo videns se estructura hoy la dedocracia. Y en esta semana se verá mucho más de ello.
¿Y la Presidenta? Retorna hoy de sus vacaciones pascuales en El Calafate y el viernes partirá rumbo a Trinidad y Tobago para asistir a la V Cumbre de las Américas, donde participan todas las naciones del continente con excepción de Cuba. En ese encuentro se espera un arduo debate en relación a la crisis mundial y a la situación de la región. Habrá, como siempre, discusión y consenso. Y por si falta hiciera habrá votación entre los presidentes. Allí no existe la dedocracia.
Tags: Martín Dinatale

domingo, 5 de abril de 2009

El haz de roles de la aristocracia en nuestros días - Su núcleo: encabezar la elevación del cuerpo social tendiendo a la perfección por amor a Dios


7. Misión social moderna de la aristocracia

El esquema enumera a continuación algunas características que deben encontrarse en la moderna aristocracia: "Moderadora del poder; consejera; conocedora de las necesidades del pueblo; defensora del pueblo cerca de la autoridad suprema; educadora del pueblo; ordenadora y encauzadora de las actividades del pueblo; ha de utilizar todos los recursos de la técnica y del progreso social en beneficio, sobre todo, de las clases más necesitadas."
Esta enumeración no es exhaustiva. Parece haberse hecho con el empeño de evitar que —como ocurre con tanta frecuencia— la aristocracia sea tachada de clase minori­taria monopolizadora de privilegios en detrimento del pueblo.
De hecho, el esquema señala desde el principio la tendencia de la aristocracia hacia la perfección en todas las cosas por amor a la Perfección absoluta que es Dios. Esto la lleva a propulsar al prójimo —inclusive por medio del decorum de la vida mediante las artes, mobiliarios, habitaciones, adornos, etc.— hacia todas las formas de perfección: antes que nada, hacia la perfección de virtud, pero también hacia la de talento, buen gusto, cultura, instrucción... y hasta la técnica. Todo ello debe difundirse por el cuerpo social entero, elevándolo a medida que la aristocracia se eleva a sí misma como tal.
Ahora bien, para que esta acción de elevarse se realice adecuadamente a través de la aristocracia es necesario ponderar que, como hemos descripto anteriormente, sus miem­bros han de ser aquellos "mejores", cuya presencia en el poder como dirigentes de una nación constituye la aristocracia en cuanto forma de gobierno.
Estas consideraciones permiten observar cuánto depende la forma de gobierno de las condiciones religiosas y morales del cuerpo social, sobre todo, pero también de las de otros tipos.


Plinio Corrêa de Oliveira, "Nobleza y élites tradicionales análogas", Apéndice IV, La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal..., p. 248.

martes, 31 de marzo de 2009

La aristocracia es un freno a los desbordes políticos - Participa del poder en beneficio del pueblo - "Pueblo sin aristocracia no es pueblo, es masa"

El Virrey don Francisco de Toledo, descendiente de los Duques de Alba, a quien debemos la fundación de Salta, es un buen modelo de noble aristócrata que consagró su existencia y su obra de gobierno al mejoramiento del pueblo en todas sus camadas sociales, desde los vecinos feudatarios y encomenderos, pasando por los indios nobles y comunes, hasta los sectores más modestos. No obstante los defectos humanos y los inspirados en el absolutismo -una lamentable constante en la España de la Edad Moderna, a partir del siglo XV-, su dedicación desinteresada al mejoramiento de las condiciones sociales, culturales y de vida cotidiana de la población, es un ejemplo que contrasta con los gobernantes pseudo-democráticos, arbitrarios y prepotentes, que gobiernan en beneficio propio y de sus secuaces. Su pasión era servir a Dios, al Rey y al pueblo, comprendiendo las clases dirigentes y todo el organismo social, incluyendo sus miembros más pequeños, ya que todos integran la sociedad orgánica, que es lo contrario de la masa sometida a una camarilla de interesados.

6. Aristocracia política

Hasta aquí se ha tratado de la aristocracia considerada en sí misma en cuanto clase social. De ahora en adelante el tema pasará a ser la misión de la clase aristocrática en la vida política y social del país.
A quienes les haya podido parecer excesivamente conservadora, e incluso reaccio­naria, la doctrina de los anteriores apartados tal vez les sorprendan agradablemente las palabras con que el esquema aborda el tema de la aristocracia política.
"La aristocracia social tiene una función que ejercer directa e inmediatamente cerca del pueblo. Pero por ley natural ejercerá siempre una función política cerca del poder. Participará del poder en beneficio del pueblo."
Tras hacer referencia de paso al gobierno "llamado mixto, donde tiene su función la 'monarquía', la aristocracia y el pueblo" como "el mejor gobierno, según la filosofía católica", el esquema continúa:
"La aristocracia, colocada entre la autoridad suprema, digamos monarquía, en sentido filosófico, mando de uno, y el pueblo, es elemento de moderación, de pondera­ción, de continuidad, de unión".
En esa perspectiva:
"1 .La monarquía sin aristocracia fácilmente conduce al absolutismo.
"2. Pueblo sin aristocracia no es pueblo; es masa.
"3. La aristocracia defiende la monarquía y la modera.
"4. La aristocracia es cabeza del pueblo, educadora del mismo, encauzadora de sus energías.
"5. Aristocracia sin pueblo es oligarquía, es decir, privilegio odioso de una casta en la sociedad."
cf. Plinio Corrêa de Oliveira, "Nobleza y élites tradicionales análogas", t. I, Apéndice IV, p. 248.

sábado, 28 de marzo de 2009

Aristocracia en la familia: brevísimo comentario

Cada entrada de este punto ha incluido el texto base (la enciclopedia católica del Cardenal Herrera Oria) y los comentarios del autor del Libro de la Nobleza, Plinio Corrêa de Oliveira.
Antes de pasar al punto siguiente queremos registrar algunas impresiones: comparando estos textos con la realidad que nos toca vivir, el contraste es "gritante". Los principios comentados suponen un Orden socio-político para el bien; la politiquería actual, que no merece el nombre de política, es una suma de revanchismos, venganzas y daños que buscan "poner de rodillas" al adversario.
El modelo aristocrático católico busca la unión y toma como ejemplo la familia. El padre es un símbolo del rey, y la madre, como vimos, de la aristocracia.
De un orden así, familiar, brota el afecto y a veces aún la intimidad. Hay importantes restos de esto, aún hoy, por ejemplo en las ciudades históricas y pueblos del interior, y ciertamente algo de esto también hay en la gran Buenos Aires, a pesar de su cosmopolitismo y su carácter multitudinario. Pues es tan natural, y en la capital argentina hay tantas notas aristocráticas, que la relación armónica entre grandes y pequeños, con elementos de admiración, brota espontáneamente.
Finalmente, en la medida en que está presente la sociedad orgánica, con su espontaneidad, su esencia natural, sus jerarquías armónicas, hay calor humano. Lo dice San Pío X cuando habla de la "campana de Belén": reyes y pastores unidos adorando al Rey de Reyes, al Salvador, representan a grandes y pequeños en la sociedad.
Si muchos integrantes de la sociedad orgánica, si muchos argentinos no masificados, abrieran su alma a estos principios, nuestra realidad cambiaría desde base ciertas. Que la Virgen, "nacida de sangre real", Madre misericordiosa de grandes, medianos y pequeños, conceda esa gracia a la Argentina, país muy amado por Ella al que dotó de singulares características para ser un bastión de la sociedad orgánica.
Esperamos su comentario, su duda, eventualmente su crítica... y también su entusiasta participación. El ausentismo de las élites y de todas las personas llamadas a defender el concepto católico de sociedad es -por omisión- uno de los peores males de nuestra época.
Cordialmente,
Pelayo

sábado, 21 de marzo de 2009

Lo contrario de la frialdad del Estado moderno: las relaciones personales en los países otrora dotados de una aristocracia católica

Las ciudades fundadas por españoles acompañados de indios amigos y de servicio constituyen un buen ejemplo de relaciones personales fluidas y llenas de savia entre grandes y pequeños, entre europeos y americanos, entre blancos e indios, negros, mestizos y mulatos, en un marco a la vez jerárquico y familiar. En las casonas y solares convivían durante generaciones los señores y el personal, entablándose vínculos de afecto y dedicación.
Un Virrey como el Marqués de Cañete salía a caballo a recorrer la ciudad, conversar con los vecinos y moradores de toda índole, con tendencia a favorecerlos. Es la sociedad orgánica, donde cada uno es alguien, desde el feudatario hasta el mendigo. En el Estado moderno y burocrático, todo es frío e impersonal, y por eso también masificante. (Foto: Plano fundacional de San Salvador de Jujuy, enviado por una amiga rosarina a quien agradecemos su aporte).

Completamos el comentario del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira iniciado en la entrada anterior:

Muy distinta era la índole de los países dotados de una recta aristocracia. En ellos, según lo que anteriormente se ha visto, las relaciones eran, en la medida de lo posible, personales, y la influencia que el mayor ejercía sobre el menor, así como la que, a su modo, este último ejercía sobre el primero, se fundaban en una relación de afecto cristiano establecida de parte a parte. Afecto que traía consigo como consecuencia la dedicación y la confianza mutuas, y que llegaba a crear de hecho una sociedad entre los domésticos y patrones, de modo similar a como el protoplasma rodea el núcleo de una célula. Basta leer lo que dicen los verdaderos moralistas católicos sobre la sociedad heril para tener una noción exacta de cómo era este tipo de relación.
En las corporaciones, la relación entre maestros, oficiales y aprendices repetía también en amplia medida la bendecida atmósfera de la familia, y así por delante.
Ahora bien, este contacto vivo no englobaba únicamente aquello que las modernas legislaciones de trabajo llaman fría, seca y funcionalmente "patrones y empleados". A través de sus sirvientes y de los profesionales que les prestan servicios, los de categoría más elevada, fueran nobles o burgueses, acababan por conocer las familias de sus subordinados, como éstos conocían las de sus patrones. En mayor o menor grado, conforme la orgánica espontaneidad de un movimiento social bueno, esas relaciones no se establecían tan sólo entre individuos, sino también entre familias. Eran relaciones de simpatía, benevolencia y ayuda, que venían de arriba hacia abajo; y relaciones de gratitud, afecto y admiración, que se remontaban desde abajo hacia arriba.
El bien es, de por sí, difusivo. A través de las capilaridades de esos sistemas, el grande acababa conociendo miserias anónimas —porque la miseria aísla y hace desconocido a aquel sobre el cual se abate—, y le era dado remediar, en la mayor parte de los casos, a través de las manos delicadas de su esposa y de sus hijas, tantos dolores que de otro modo no habrían sido aliviados.
Pero en este valle de lágrimas también el grande conocía sus horas amargas. A veces sus enemigos lo cercaban, le amenazaban, le agredían física o políticamente. Entonces la más firme muralla que defendía esta grandeza que súbitamente se tambaleaba estaba compuesta por las incontables dedicaciones que se erguían desinteresadamente para protegerle, a veces hasta con riesgo de la vida.
Esto que se ha dicho con los ojos puestos en la vida urbana, es superfluo repetirlo a esta altura de la exposición para la vida rural, de tan propicia que era esta última a crear la atmósfera y las relaciones aquí descriptas.
Así fue la vida en el feudo; así lo fue también en el campo cuando, extinguido el feudalismo, las antiguas relaciones entre señor y vasallo perdieron su alcance político, pero continuaron existiendo en el mero ámbito del trabajo; y así continúa ocurriendo en esta o aquella región de este o aquel país, incluso en la fuliginosa última década de siglo y milenio en que vivimos.
En la perspectiva del Estado monárquico con algo de aristocrático y algo de demo­crático considerado por Santo Tomás, la aristocracia participa en el poder del rey como la esposa en el poder del marido dentro del hogar. Le corresponde, pues, hacer llegar al padre —en este caso al Rey— mediante una acción moderadora, tan propia al instinto materno, el conocimiento emocionado de esta o aquella necesidad de sus hijos —es decir, de los pobres, de los pequeños y desvalidos que se encuentren el ámbito de influencia bienhechora de su casa solariega— y conseguir del padre, ablandando su corazón, el correspondiente remedio.
Siempre en esa misma perspectiva, así como a la madre le cabe abrir el corazón de sus hijos para esta o aquella orden de su padre, le corresponde a la Nobleza el disponer el ánimo de los estamentos subordinados para un filial acatamiento de los decretos del rey.

(Plinio Corrêa de Oliveira, NOBLEZA Y ELITES TRADICIONALES ANALOGAS, Apéndice IV, ít. 5, Aristocracia en la familia).

sábado, 14 de marzo de 2009

La falta de espíritu aristocrático de los apóstoles y la inefable misión aristocrática de María Ssma. - Anonimato y frialdad del Estado moderno


Transcribimos, bajo este subtítulo de nuestra Redacción, un trecho más de la enciclopedia del Card. Herrera Oria y los comentarios del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira a este texto y al que publicamos en la entrada anterior. Próximamente completaremos estos comentarios que, por ser tan ricos, merecen una lectura detenida, que así se ve facilitada.
La temática de la aristocracia y la sociedad orgánica, desarrollada en "Nobleza y élites tradicionales análogas" constituye un prisma luminoso para abordar altas cuestiones político-sociales y religiosas. Es el prisma de la tradición católica, que el progresismo y el populismo revolucionario en boga han tornado borroso en la mente de incontables católicos. Así, la obra del gran autor brasileño, elogiado como "eco fidelísimo" de los documentos pontificios por la Santa Sede, es como una torre de observación veraz y fiel. No es casual que el autor haya consagrado su épica lucha doctrinaria contra los errores actuales (cuyos efectos sufre a diario la humanidad) a Aquella que es "Torre de marfil" y modelo de aristocracia.
Cordialmente,
Pelayo


"C. En el Evangelio aparece muy claro el contraste entre la falta de misericordia, de caridad, de espíritu aristocrático de los apóstoles en la escena que comentamos (1) y la inefable misión aristocrática que desempeñó María Santísima en las bodas de Caná.
"a) Atenta a las necesidades de los demás, María se acerca a quien puede remediar­las para exponérselas.
"b) Y después se acerca al pueblo, representado en los criados, para inculcarles que sean obedientes."
Esta comparación entre la misión de la aristocracia en el Estado y la nación con la de la mujer —esposa y madre— dentro del hogar es un poco sorprendente para el lector moderno, pues las escasas obras de divulgación sobre la aristocracia hoy existentes han habituado, a justo título, al público a ver en ella la clase militar por excelencia, lo que parece muy poco afín a la misión de la esposa y madre en la familia.
Sin embargo, no por ello deja de ser esta comparación rica en sabiduría. Para verla en su justa perspectiva es necesario tomar en consideración que la guerra se ejerce normalmente contra el extranjero; y Santo Tomás trata aquí de la misión de la aristo­cracia en la vida interna normal del país en tiempos de paz, y no en cuanto espada que lo defiende contra el enemigo externo.
Era inherente a la aristocracia medieval y, en parte, a la del Antiguo Régimen, que cada una de las familias que la constituía reuniera en torno suyo un conjunto de otras familias o individuos de un nivel social menos elevado, a ella vinculados por relaciones de trabajo de diversas índoles, de mera vecindad, etc.
En las ciudades de aquellas épocas, era normal que se alzasen viviendas populares junto a palacios, mansiones o simples residencias de familias acomodadas. Esta vecin­dad entre grandes y pequeños repetía a su manera la atmósfera familiar del hogar aristocrático, constituyendo así un halo discretamente luminoso de afectos y dedicacio­nes en tomo a cada familia aristocrática.
Por otra parte, las relaciones de trabajo, por el simple efecto de la caridad cristiana, tienden siempre a desbordar del mero ámbito profesional hacia el personal. Durante los largos periodos de convivencia en el trabajo, el noble inspira y orienta a quien esta debajo de él, y este último, a su vez, hace lo mismo con relación al noble: le informa de sus aspiraciones y diversiones, de su modo de ser en la Iglesia, en la corporación o en el hogar, y también de las circunstancias concretas de la vida popular y de las necesidades de los desvalidos. Todo esto constituye, en fin, el circuito de interrelaciones entre el mayor y el menor que el Estado post-1789 procuró sustituir en cuanto le fue posible por la burocracia, es decir, por las oficinas de estadística e información, y por los siempre activos servicios de información policial.
Es a través de esas burocracias como el Estado anónimo (sin hablar aquí de las grandes sociedades anónimas macropublicitarias) inspira, propulsa y manda a la nación por medio de funcionarios también anónimos.
Recíprocamente, la nación habla al Estado a través de la boca anónima de las urnas electorales; anónima hasta el último refinamiento cuando el voto es secreto y el Estado ni siquiera puede saber quién ha votado de uno u otro modo.
Este conjunto de anonimatos evita en lo posible la presencia del calor humano en las interrelaciones del Estado moderno.
Nota 1) El presente esquema es uno de los veinte que desarrollan el Evangelio de la multiplicación de los panes (Jn., VI, 1-15).

(Plinio Corrêa de Oliveira, "Nobleza y élites tradicionales análogas", t. I, Apéndice IV, La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal..., ít. 5: La aristocracia en la familia, p. 246)

lunes, 9 de marzo de 2009

Cómo gobiernan el padre y la madre en la familia - Analogías con el Rey y la aristocracia

Seguimos adelante con el Apéndice IV de "Nobleza y élites..." que contiene el texto del Card. Herrera Oria comentado por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira. Dicho texto o "esquema" analiza en este punto (nº 5) el rol de la aristocracia ejemplificado por el rol de esposa y madre que cumple la mujer en la familia; en la próxima entrada veremos, en breve, cómo se aplica a gestos de la propia Ssma. Virgen relatados en el Evangelio. Así, el concepto de aristocracia brota de la propia naturaleza de las cosas y de ejemplos evangélicos, no de utopías a las que son tan adictos los revolucionarios de ayer y de hoy.
Al finalizar la cita del texto cardenalicio podremos leer, próximamente, las esclarecedoras consideraciones del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira sobre el afecto en las relaciones entre superiores e inferiores propio de la civilización cristiana aristocrática, y la falta de calor humano en el estado burocrático inspirado en los principios de la Revolución Francesa. Una aleccionadora radiografía de la realidad con vistas a su mejoramiento: ¡entusiasmante!
Cordialmente,
Pelayo

5. Aristocracia en la familia

Hablando aún sobre las relaciones entre aristocracia y familia, el esquema aborda un delicado y altísimo aspecto de la vida de una clase aristocrática.


"A. Por cierta analogía se puede decir que el poder aristocrático dentro del hogar está reservado a la mujer.
"a) La autoridad corresponde al marido.
"b) Pero la mujer dentro de la familia es un elemento de moderación y de consejo.
"c) Es un elemento de relación entre el padre y los hijos.
"1. Por ella muchas veces son eficaces cerca de los hijos las órdenes del padre.
"2. A través de ella llegan al padre las necesidades y los deseos de los hijos.


"B. Santo Tomás dice que el padre gobierna a los hijos con gobierno 'despótico', en el sentido clásico de la palabra, y la mujer con gobierno 'político'.
"a) Porque la mujer es consejera y participa del poder del padre.
"b) La mujer, por otra parte, tiene como la representación de la caridad dentro de la familia. Es como la personificación de la misericordia en el hogar.
"c) Es la que debe estar más atenta a las necesidades de hijos y criados y más pronta a mover al padre para que las remedie.


(cf. Plinio Corrêa de Oliveira, "Nobleza y élites tradicionales análogas", t. I, apéndice IV -'La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal...'-, p. 245)




miércoles, 25 de febrero de 2009

Comentario: una escuela de ciudadanos selectísimos - Donde no dan el tono los mejores, ¿quiénes lo dan...?




"No hay escuela comparable al hogar de una estirpe auténtica y cristianamente aristocrática".
Qué lección en estos tiempos de adoración de la técnica y la materia. Abundancia ilimitada de conocimientos científicos y prácticos (que pueden ser necesarios, obviamente, según la especialidad de cada uno) pero sin unidad ni orden, sin alma y, lo que es peor, sin Dios. Pues no dan una visión de conjunto del universo como se forjó en la Cristiandad.

Qué contraste con esa escuela que es el ambiente sobrio y acogedor del hogar tradicional, de raigambre hispánica, con su nota caballeresca, tan difundido en otros tiempos en nuestra Argentina... donde se enseña, ante todo, el respeto, la educación y la aspiración a elevarse en todo para ser mejores.
"La aristocracia es flor y nata de la civilización cristiana".
"Cuando sabe cumplir con sus deberes, la sociedad debe respetarle aquellos medios que necesita para este supremo magisterio social" .
"...palacios, pergaminos, obras maestras, viajes, bibliotecas..."
"Cuando se usan para formar ciudadanos selectísimos en beneficio de la comunidad, toda la sociedad se beneficia".
¡Qué necesidad apremiante tenemos de ciudadanos selectísimos!
Queda claro así por qué una sociedad sin aristocracia "no puede llamarse perfecta" (de per factum, capaz de alcanzar sus fines).
Estos conceptos, dice el autor de "Nobleza y élites tradicionales análogas", van escaseando cada vez más en los ambientes católicos, aunque jamás fueron -ni pueden ser-desmentidos. Así, no es de extrañar que escaseen los mejores en los puestos directivos de la sociedad con el consiguiente daño irreparable para todo el cuerpo social. Pues donde no dan el tono los mejores, ¿quiénes lo dan...?

lunes, 16 de febrero de 2009

Una sociedad no puede llamarse perfecta sino cuando se da en ella la institución de la aristocracia

“La llamada aristocracia histórica está basada en la naturaleza humana y es muy conforme a la concepción cristiana de la vida, si encaja en las exigencias de ésta.
“No hay escuela comparable al hogar de una estirpe auténtica y cristianamente aristocrática.
“Cuando sabe cumplir con sus deberes, la sociedad debe respetarle aquellos medios que necesita para este supremo magisterio social.
“Palacios, cuadros, pergaminos, objetos de arte, obras maestras, viajes, bibliotecas, etc.
“Todos son elementos que pertenecen directa e inmediatamente a las grandes familias.
“Si bien el uso de esos bienes ha de encuadrar en la doctrina ascética y social de la Iglesia.
“Cuando se usan para formar ciudadanos selectísimos en beneficio de la comunidad, y en ese uso se observa el sentido cristiano genuino de la vida, se puede decir que son una especie de forma de propiedad pública y colectiva, puesto que toda la sociedad se beneficia de ellos.
“La aristocracia es tan conforme a la sociedad cristiana, que una sociedad no puede llamarse perfecta sino cuando se da en ella la institución de la aristocracia. La aristocracia sana es flor y nata de la civilización cristiana.”

En la literatura católica sobre la aristocracia este género de conceptos van escaseando cada vez más; sin embargo, dichos conceptos jamás han sido desmentidos por el Magisterio de la Iglesia, y no podían faltar en una obra como ésta, que afronta a la aristocracia especialmente dentro del contexto de la civilización cristiana, modeladora de todas las naciones de Occidente.
(Plinio Corrêa de Oliveira, "Nobleza y élites tradicionales análogas", Apéndice IV, ít. 4, p. 244-5)
Notas: 1) los destaques en negrita pertenecen al original; 2) con esta entrega, queda concluido el ít. 4 del Apéndice IV.

lunes, 9 de febrero de 2009

Comentario: Impulso de la sociedad hacia todas las formas de perfección deseadas por los individuos que aman a Dios





EPIGRAFE: TRES AMBIENTES DISTINTOS EN QUE SE REFLEJA LA ASPIRACION DEL HOMBRE HACIA LA ELEVACION DE LA VIDA COTIDIANA - 1) LOS REYES CATOLICOS DANDO LA BENDICION 2) ALCALDES INDIGENAS DEL PERU 3) INTERIOR DE UNA ESTANCIA ARGENTINA
Un comentario al punto que antecede, que veníamos tratando, con respecto a la aristocracia social (Nobleza y élites, Apéndice IV, ít. 4)
... (un criterio que impide) que se formen familias nobles y (que) hace tabla rasa de su misión propulsora para el continuo perfeccionamiento del cuerpo social, elemento indispensable para la continua y arrebatadora andadura de una sociedad o país, rumbo a todas las formas de perfección deseadas por los individuos que aman a Dios, que es la propia Perfección...

Nos parece maravillosa la concepción católica tradicional de la sociedad. En contraste con el frustrante miserabilismo de los sistemas socialistas y comunistas, y con la "mentalidad de cemento" de muchas corporaciones del mundo moderno, capaces de levantar edificios de una fealdad chocante, de cubrir de columnas y gruesos cables los cielos y panoramas más armónicos, de juntar a las familias como rebaños en los barrios de "casillas", en la promiscuidad, caldo de cultivo para toda clase de problemas (todo esto pregonado demagógicamente como "justicia social")... tenemos aquí expresado en el texto de la enciclopedia que comenta el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira un anhelo de perfección, de elevación de todas las clases sociales, a la cabeza de las cuales debe ponerse la aristocracia o las élites de un país.
Y no se diga que esto es un sueño. Basta ver las casas campesinas alemanas, el arte popular campesino, los tejidos tarabuqueños (Sucre), las cerámicas españolas y tantas otras manifestaciones de esplendor popular.
Un "comparsero" brasileño llegó a decir que al pueblo le gusta el lujo y al intelectual (miserabilista) la pobreza... Significa que al pueblo le gusta usar buenos trajes, comer buenas comidas, degustar buenos vinos, formar asociaciones tradicionalistas para desfilar con elegancia... y mil cosas más.
Una sociedad impulsada hacia la Perfección por amor a Dios debe producir frutos maravillosos, en el orden espiritual y cultural, y también en el orden material.
Es la gran solución para los problemas materiales que afligen al género humano. Nuestra Argentina, tendiente de por sí al esplendor señorial, podría ser una prolífica productora de excelentes alimentos, para servir de base a un orden social rico, variado y movido hacia lo alto... y podría aún ayudar a países menos favorecidos ejerciendo la virtud de la caridad cristiana.
Al contrario de esta situación NORMAL de una civilización católica, tenemos la realidad que pesa como un cerro de plomo sobre la sociedad. Un estado dirigista y demagógico, que interviene en todo, que le saca al que produce para "hacer política" y distribuirlo a su antojo para perpetuarse en el poder, o dar lugar a otro "colega" que le dará la mano, es la triste realidad que vivimos, una realidad ANORMAL, que se ha hecho "normal" por olvido de estos principios enseñados por la doctrina católica tradicional.
Agradecemos al Dr. Plinio Corrêa de Oliveira haber recordado y desarrollado estas enseñanzas, abriendo para la humanidad un surco luminoso.
El fracaso de la demagogia para elevar la sociedad debe hacer reflexionar a muchos, en especial a los que tienen vocación dirigente en todos los ámbitos, y en particular a las familias tradicionales, que tienen un deber muy concreto, como surge de los textos que venimos comentando.
Cerramos esas líneas con esperanza, pues el remedio existe, no sólo para paliar un poco la situación sino para mucho más: "procurad el reino de Dios y su justicia y lo demás os será dado por añadidura" enseña el Divino Maestro.
Si los gobernantes, los que aspiran a hacer política por el bien del País, los que enseñan en el campo moral y religioso, los que enseñan en el campo educativo, y los que tienen el privilegio de haberse formado en una familia tradicional se disponen a oir la voz de Dios, la sociedad será otra.
La Virgen es "Reina de los Corazones": pidámosle a Ella que mueva los corazones de quienes tienen en sus manos "hacer punta" en este camino.
Cordialmente,
Pelayo