lunes, 29 de abril de 2013

"Si Lavalle quiere perderse, que se pierda solo" - El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana - Nota final (11ª)-



Con mulas de marcha lleva la caballada por varios pasos, apoyado por las expediciones auxiliares de San Juan y La Rioja, a través de  la “enorme cordillera, operación que ha sido justamente elogiada por varias escuelas militares del viejo mundo, dada la precisión con que fue ejecutada” (Udaondo).
El 12 de febrero de 1817 en Chacabuco la acción de la caballería criolla es decisiva. El propio San Martín toma en sus manos el estandarte y se pone al mando de los granaderos como lo había hecho en San Lorenzo, y así esa “caballería   maniobrera” tan alabada por su jefe obtiene  su primer gran suceso militar. Horas antes, en la misma fecha, la caballería riojana conducida por Nicolás Dávila tomaba Copiapó, dando a la patria su primer triunfo, de acuerdo a Antonio Zinny (ver nuestro artículo en número anterior de este Boletín).
Después de estas memorables batallas trasandinas, de victorias y derrotas, San Martín vence definitivamente a los realistas en Maipú.
Los Granaderos a Caballo “…fue el cuerpo que recorrió la América en triunfo desde el Plata hasta el Chimborazo y el que dio más generales y jefes de valer al ejército argentino” (Enrique Udaondo).
Entre sus mejores oficiales se encontraba el joven Teniente Juan Galo de Lavalle, quien “se distinguirá a partir de ese momento y llevará a los granaderos a sus más heroicas acciones, montados en caballos criollos”.
Dos acciones de Lavalle -dice Romero Carranza-, enviado por San Martín en auxilio del Mariscal Sucre, dan la pauta de que la excelencia anhelada se había logrado.
En Riobamba, con 96 granaderos, Lavalle carga contra 420 soldados de la caballería enemiga. Finge una retirada para atraerla. En ese momento  Sucre, que presencia la maniobra,  comenta: “si Lavalle quiere perderse, que se pierda solo“, pero el escuadrón rehace las filas,  vuelve la cara y carga a degüello, y en 15 minutos de combate desbarata completamente  a la caballería contraria.
Los granaderos  siguen en el ejército al mando de Alvarez de Arenales, que es vencido por los realistas en Torata y Moquegua.  La protección de la  retaguardia  de los vencidos es encomendada a 300  granaderos que comanda el coronel Lavalle,  que debe lograr que esas tropas puedan embarcarse en el puerto de Illo, rechazando el hostigamiento de 1.000 jinetes realistas al mando del General Carratalá.
En un corredor de 40 kilómetros, los granaderos  dan veinte cargas seguidas   en tres horas y permiten a todo el ejército embarcarse.
“Sólo jinetes de excepción con caballos fuera de lo común pudieron hacer esta hazaña, piensen que en un partido de polo en diez o doce minutos de acción los caballos se agotan y deben ser cambiados” (Romero Carranza, cit.).
Evocar estos hechos ayuda a entender el viejo refrán argentino: “la patria, se hizo a caballo…”. Tradición que, esperamos, nunca ha de morir en este suelo.





BIBLIOGRAFIA

AssunçaO, Fernando O. – “El caballo criollo” – Emecé – Avellaneda, 2003
BENEN CIA, Julio Arturo – “La batalla de la frontera Norte. San Martín y la táctica de Güemes” – en “Historia Argentina” - planeada y dirigida por Roberto Levillier, t. III -  Plaza & Janés – Buenos Aires, 1968
CORNEJO, Lucio – ZENTENO, Francisco – “El Gaucho de Salta” – Ed. Mundo Gráfico – Salta, 2010
CORTÉS Hernán – “Cartas de relación a Carlos V” – Ed. Cambio 92 – Madrid, 1992
CUNNINGHAME GRAHAM, Robert – “Los caballos de la Conquista” – Ed. El Elefante Blanco – Buenos Aires, 1997
FRÍAS, Bernardo - “Historia del Gral. Güemes y de la Prov. de Salta”, t. II - Buenos Aires, 1971 -  
GARCÍA AÑOVEROS, Jesús M. – “Pedro de Alvarado” – Historia 16 – Ed. Quórum - Madrid, 1987
GOYRET, Teófilo – “La guerra de la Independencia”, en “Nueva Historia de la Nación Argentina”, Ed. Planeta, t. IV – Buenos Aires, 2000
LUNA, Félix – “Los Caudillos” – A. Peña Lillo editor – Buenos Aires, 1973
MARAÑÓN, Gregorio – “El Conde-Duque de Olivares” – Austral – Madrid, 1939
MESQUITA ERREA, Luis María – “Aporte de La Rioja a la Emancipación” -  Boletín del Instituto Güemesiano de Salta – nº 34 – año 2010
NAVAMUEL, Ercilia – “El Gaucho” (Artículo) - Salta
PREMOLI LÓPEZ, Apolo N. – del Inst. Güemesiano de Salta – “El ‘Ponchazo’ de Chicoana – Hechos de la vida del Coronel Luis Burela y Saavedra”, en ‘ACTAS del I Congreso Argentino Gral. Martín Miguel de Güemes, héroe nacional’ – Salta, junio 2005 -
ROMERO CARRANZA, Fernando – “San Martín, el caballo criollo y la Guerra de la Independencia” (Artículo) -
ROSA, José María – “Historia Argentina” – tomos III y VII – Ed. Oriente – Buenos Aires, 1992
SAENZ, Jorge – “1817, Batalla del Valle de Lerma” – Secretaría de Cultura – Salta, 2007
SCENNA, Miguel Angel – “Los militares” – Ed. de Belgrano – Buenos Aires, 1980
SOLANET, Emilio – “Pelajes criollos” –  Sainte Claire editora – con prefacio de Aimé Tschiffely – Buenos Aires, 1979
TORINO, Luis Arturo – “El Coronel Luis Burela y la Gesta de Güemes” - Salta
UDAONDO, Enrique et al. – “Grandes hombres de nuestra patria” – Ed. Pleamar, 3 tomos – v. Juan Antonio Alvarez de Arenales – José de San Martín







Notas anteriores

 

1ª nota

lunes, 24 de octubre de 2011

El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana - 1ª parte


http://aristocraciacatolica.blogspot.com.ar/2011/12/el-guerrero-y-el-caballo-iii-un.html

lunes, 24 de octubre de 2011

El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana - 1ª parte



miércoles, 9 de noviembre de 2011

El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana - 2ª parte - Hernán Cortés en la Jornada de las Hibueras


2ª nota

miércoles, 9 de noviembre de 2011

El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana - 2ª parte - Hernán Cortés en la Jornada de las Hibueras



sábado, 3 de diciembre de 2011

El guerrero y el caballo (3ª nota) - Un estadista que apartaba los toros para las grandes corridas en las dehesas de Madrid


3ª nota


sábado, 3 de diciembre de 2011

El guerrero y el caballo (3ª nota) - Un estadista que apartaba los toros para las grandes corridas en las dehesas de Madrid




lunes, 6 de febrero de 2012

Nuestros prohombres de a caballo - El guerrero y el caballo en la gesta iberoamericana - 4ª nota


4ª nota

lunes, 6 de febrero de 2012

Nuestros prohombres de a caballo - El guerrero y el caballo en la gesta iberoamericana - 4ª nota


5ª nota

El guerrero y el caballo... - 5ª nota - "Tenían armas, equipo, caballos propios y un profundo amor a la tierra...no era una sociedad ovejuna



sábado, 24 de marzo de 2012

El guerrero y el caballo... - 5ª nota - "Tenían armas, equipo, caballos propios y un profundo amor a la tierra...no era una sociedad ovejuna

5ª nota




viernes, 11 de mayo de 2012

Los hacendados salteños resisten al absolutismo - El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana (6ª nota)




6ª nota

 viernes, 11 de mayo de 2012

Los hacendados salteños resisten al absolutismo - El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana (6ª nota)


jueves, 28 de junio de 2012

¡Pobre de aquel que se adentraba en aquellos montes impenetrables! - El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana (7ª nota)



7ª nota

jueves, 28 de junio de 2012

¡Pobre de aquel que se adentraba en aquellos montes impenetrables! - El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana (7ª nota)





miércoles, 1 de agosto de 2012

Había triunfado una estrategia, fruto de siglos de orgánica herencia hispano-criolla propia de nuestra cultura de patriarcado rural señorial y popular - (8ª nota) El guerrero y el caballo...





8ª nota

miércoles, 1 de agosto de 2012

Había triunfado una estrategia, fruto de siglos de orgánica herencia hispano-criolla propia de nuestra cultura de patriarcado rural señorial y popular - (8ª nota) El guerrero y el caballo...



viernes, 14 de diciembre de 2012

"Debían ser excelentes jinetes, acostumbrados a vivir a caballo" - El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana (9ª nota)



9ª nota

viernes, 14 de diciembre de 2012

"Debían ser excelentes jinetes, acostumbrados a vivir a caballo" - El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana (9ª nota)

jueves, 10 de enero de 2013

El antiguo cadete del Seminario de Nobles de Madrid tenía en mente a cuerpos de élite como los granaderos del Rey Sol - (10ª nota) - El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana


 10ª nota




viernes, 19 de abril de 2013

9ª Jornada de Cultura Hispanoamericana por la Civilización Cristiana y la Familia

                                            Sala de una universidad medieval en Alemania
La civilización cristiana fue fecunda en proveer bienestar espiritual y material
para la  continua elevación de la sociedad - En esta universidad enseñaban grandes
doctores y estudiaban jóvenes nobles y plebeyos
                                           Hacer click sobre las imágenes para agrandarlas
Invitación a la IX Jornada de Cultura Hispanoamericana por la Civilización Cristiana y la Familia - Salta, 30 y 31 de agosto de 2013 - Para quienes deseen soluciones profundas y genuinas para la crisis contemporánea, decorrente del abandono de las vías bienhechoras de la Cristiandad
Constará de charlas, conferencias, presentaciones de libro y debates, para jóvenes y adultos
Un faro y una promesa en los días actuales, con absoluta certeza en el triunfo del Inmaculado Corazón de María prometido por la Ssma. Virgen en Fátima a los tres pastorcitos,  y la restauración de la Cristiandad enseñada por el magisterio pontificio tradicional, muy especialmente del recordado Papa San Pío X

sábado, 6 de abril de 2013

Soñando la civilización del Mar Egeo



Soñando la civilización del Mar Egeo










L
 a plomiza cultura uniformizada de la tv, el jean y el celular, de los gobernantes mal hablados y de los deportistas “gurús”, quiere achatar las mentes, romper los criterios estéticos y borrar las personalidades. Podemos resistir a ese proceso y al mismo tiempo entretener y elevar el espíritu por contraste valorando el arte y la sabiduría de los pueblos en una búsqueda inagotable de lo maravilloso, de valores de Bien, Verdad y Belleza que en definitiva constituyen reflejos del propio Ser divino, como puede ser una flor –aunque se encuentre en un lugar o junto a objetos que no condicen con su belleza.

Adentrémonos así en un lugar sorprendente: los suntuosos palacios de la civilización minoica, brillando en el aguamarina sembrada de oro del Mar Egeo… que lleva el nombre de un rey de tragedia…
Allí despuntó, más de dos mil años antes de Cristo, una original civilización prehelénica, de un refinamiento y exquisitez muy particulares.
Que esto se diera en un pueblo nada ajeno a las sombras y bajezas del paganismo es admirable. Y constituye un enigma, de los tantos que encierran los cofres del Mundo Antiguo.
La cabeza de este collar de ciudades extendido por el mar, desde la Grecia continental al Asia menor, serpenteando a través de Thera y las islas volcánicas -pilares de un invisible puente submarino-, se encontraba en Creta.
Los marinos egeos navegaban teniendo esos promontorios rocosos como torres y guías. ¡No fue el caso del Almirante Colón, Vasco da Gama ni del bravo Magallanes!
En su real palacio de Knossos residía el legendario soberano Minos, y desde allí señoreaba sobre un centenar de ciudades. Creta, “bella, opulenta y bien regada” según Homero,  vivía en paz interior y abundancia, produciendo en sus valles serranos aceite de oliva, cereales y vino, que conservaba en preciosas ánforas;  y comerciaba en ágiles barcos, con proas y popas de delfines y castillos. De estas artísticas naves fue sin duda el Argos, el navío arquetípico de la leyenda protohistórica, en el que los valientes Argonautas recobraron para Grecia el vellocino de oro retenido por un reino del Mar Negro.
Su situación insular le brindó seguridad a la tierra de Minos durante muchos siglos. Knossos no conoció las fortificaciones ciclópeas que se encuentran más tarde, en la fase micénica de la civilización egea, cuando la ciudad de los Atridas, “la rica en oro” (así como Naukratis era “la poderosa en barcos”), la Micenas de los ‘tesoros’ y de las tumbas que eran “verdaderas catedrales subterráneas” al decir de Pijoan, levantaba las murallas infranqueables del palacio-fortaleza de los Leones, que integraba esa familia de residencias reales con las cretenses (Knossos, Phaistos y Hagia Triada),  y la acrópolis o castillo de Tiryns (Tirinto). Moradas “soberbias” –dirían nuestros abuelos- de varios pisos, donde se caminaba sobre el piso de alabastro color miel, se respiraba el mundo submarino en los fabulosos frescos con incrustaciones de piedras, se hacían ruidosas reuniones guerreras en la larga sala de columnas del megarón, y los bardos cantaban las hazañas de los héroes fundadores y defensores de la ciudad en la del heroón.  
Palacios dotados de grandiosas escaleras y de baños e instalaciones sanitarias que marcan un estilo de vida que luego se perdió, con las invasiones de griegos primitivos que sumieron la Hélade en la Edad Obscura;  a la que sucedió una resurrección en los tiempos de las glorias homéricas de la Edad Heroica.
Es que una de las sorpresas que nos da frecuentemente el Mundo Antiguo son los pueblos que parecen no haber tenido infancia, que nacen con altos rasgos de civilización, como Egipto, y luego decaen en períodos de miseria y desolación. Lo refinado precede entonces a lo bárbaro, y cuando se sale de madre y atenta contra el orden y contra sí mismo viene como un castigo el aluvión de la barbarie.

La civilización minoica en sus mejores días fue proverbialmente fecunda. Sus artesanos modelaron y pintaron ánforas de aristocráticas formas esbeltas y audaces, o macizos vasos esféricos poblados de nautilos, peces y corales, o de pulpos que mueven sus tentáculos con la gracia de una danza submarina. El oleaje está vivo en la cerámica minoica y en los frescos de Knossos, con sus focas y pulpos que representan la potencia del propio Minos.
Monarca legendario que estableció su talasocracia –“gobierno del mar”-, imperio naval evocado por Tucídides. Antiguas leyendas lo presentan expulsando a los piratas que asolaban el Mediterráneo oriental, pero cobrando a cambio el insoportable tributo anual de 100 jóvenes, varones y mujeres, para alimentar al monstruoso minotauro, mitad hombre y mitad toro.
Hace su aparición el toro que fascinó por su fortaleza indomable a los pueblos mediterráneos y sus herederos de ultramar, que dio origen a tradiciones y juegos, desde Pamplona hasta los cerros del altiplano boliviano, el “toro encuetillado” que se pone a los pies de la Virgen de la Candelaria en Humahuaca, antes de aterrorizar a los promesantes con sus encaradas, el toro de Casabindo y tantos otros.
Las leyendas griegas -que como dice Pijoan encierran mucha verdad histórica (encendieron la imaginación de Schliemann para volver a la luz del día a Micenas, Tirinto y Troya, que dormían bajo su sepultura milenaria)- evocan al príncipe de Atenas, Teseo, que se rebela contra el salvaje tributo y, ayudado por la princesa cretense Ariadna –la del “hilo” providencial- logra matar al minotauro y salir del laberinto a nuevas aventuras.

E
ntre los esplendores  del Egeo brilla la micénica vaina de un puñal en la que se encuentran finamente grabadas en laminillas de oro escenas guerreras y el ataque de leones. Y estatuillas de marfil que llegaron a Egipto y a la misma Babilonia, y los frescos con el enigmático salto ritual del toro, en que el atleta toreador se tomaba de las astas del animal enfurecido y daba una arriesgada voltereta sobre su lomo, cayendo parado por detrás.
El poder de los Minos –nombre que se hace hereditario como el de faraón- fue quebrantado cerca del 1400 a.C., cuando los helenos estuvieron en condiciones de cruzar el mar y caer sobre el pulpo cretense.
Los príncipes griegos que sacudieron el yugo de la Talasocracia imitaron las costumbres minoicas,  comiendo en vajilla de oro y cargando espadas labradas por artesanos cretenses.
El cetro pasó de Creta a Micenas, y en la liga contra la minoica Troya que narra la Ilíada, Idomeneo, rey de Creta, está en el campo del “Rey de Reyes”, Agamenón de Micenas, jefe de la alianza.
Los arqueólogos fascinados por las culturas egeas admiraron la elegancia de aquellas damas antiguas del Mediterráneo retratadas en coloridos cortejos, en quienes hallaron a las primeras europeas “con cuerpo y alma”, bautizándolas como “parisienses”.
P
refiguras de una lejana aurora de un tipo humano que resurgiría en la Grecia clásica y que, por sucesivos amaneceres y ocasos, florecería plenamente en la Cristiandad medieval y en el Antiguo Régimen europeos. 
De Carlomagno a Luis XIV y María Teresa de Austria, los pensadores y artistas supieron extraer las mejores quintaesencias de los pueblos de la Antigüedad, desechando lo negativo, que no era poco. Al Ancien Régime le sucedió la Revolución Francesa seguida de la Industrial, el socialismo y el comunismo, la Sorbona y el punk, adorador de la negrura, la sordidez y la fealdad. 
Hoy se venden como prendas de moda jeans gastados y rasgados, y se perfora y desfigura el rostro y el cuerpo con incrustaciones y tatuajes. Estos neo-bárbaros voluntarios amantes de la hediondez "punk", hurlent de se trouver ensemble (*) con los tipos humanos de la civilización cristiana y hasta con los modelos clásicos de la Antigüedad. Un sociólogo francés afirma que nos encontramos en el ocaso de la razón...
Ciertamente, es adonde nos quieren llevar. Aquellas culturas carentes del tesoro de la verdadera Fe lograron sin embargo -a pesar de todos sus lados oscuros y negros- dar grandes pasos hacia el ideal de belleza y elegancia... pues "el alma humana es naturalmente cristiana"...
Antecedentes valiosos para medir la decadencia causada por el abandono revolucionario de la Civilización Cristiana y luchar por su restauración, como nos enseñó aquel inmortal Pontífice del siglo XX, San Pío X. Difundir el Bien, la Verdad y la Belleza es central en esta lucha.
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(*) expresión francesa: aúllan de encontrarse juntos.




martes, 26 de marzo de 2013

La Pasión: Observando el semblante de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder


                        Venerada Imagen de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder - Juan de Mesa - Sevilla






Observando el semblante de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder


Cada nuevo paso hacia el Calvario agrava insondablemente el diluvio de dolor que atormenta al Redentor. Tan grande es el sufrimiento que expresan sus ojos, que se diría que la vida se está extinguiendo en su humanidad santísima.
Su mirada parece estarnos diciendo: 'He alcanzado el auge de la postración. Mis fuerzas están extenuadas. Es tan atroz el dolor que tan sólo me resta un pequeño vestigio de vida…; hasta reflexionar me resulta ya casi imposible. Pero resistiré. Llegaré hasta lo alto del Calvario, iré hasta el final, porque esa es la voluntad de mi Padre'.
¡Oh reflexión y determinación inconcebibles! Son las dos primeras notas que llaman la atención al contemplar ese adorable rostro.

¿Qué reflexiones expresa esta mirada divina? Al parecer coinciden en la mente del Salvador, en este momento del Vía Crucis, varios pensamientos. Son las reflexiones que ha ido haciendo desde el comienzo de la Pasión y que ahora forman un cuadro de conjunto profundamente doloroso, lacerante, y que envuelve su alma en una bruma de dolor .
Por una parte, hace un juicio exacto, y por lo tanto severo, de la gravedad del crimen que se  practica en su contra. Agravado por la sensación terrible de la brutalidad con que es tratado, y de la clamorosa injusticia que lo envuelve. Se suma a todo esto un análisis de la ingratitud de los que lo atormentan. Pues todos ellos, cada uno en particular, fue objeto del divino apostolado, fue blanco del ardiente deseo que tenía de salvarnos. Muchos fueron consolados y otros aún perdonados por sus pecados.
Por otra parte parece reflexionar sobre la expiación que es necesario hacer, derramando la totalidad de su sangre, para redimir al género humano. Y, en el origen de todo, una resolución inconmovible, como si dijese: 'quiero llevar a cabo por completo esta expiación supremamente dolorosa’.  Y más allá de todo este mar de ignominia, de ingratitud y de infamia de los hombres, en el rostro del Redentor se transluce la determinación con la que carga el madero de la Cruz. Quiere salvar a los hombres, y lo sufrirá todo para darle la debida gloria al Padre y rescatar al género humano. Este es el pensamiento dominante, el pensamiento central. Los labios parecen murmurar: 'Sé que, sufriendo, rescato a los hombres. Sé que mi Padre acepta este rescate. Por lo tanto, Yo lo quiero!'
'Scio et volo': sé y quiero. He aquí la síntesis supremamente grandiosa de sus divinos pensamientos.
San Francisco de Sales comenta la alegría que siente, en lo más profundo de su alma, el varón justo que sufre la probación en la aridez espiritual. Analizando más atentamente la augusta Faz, se advierte una nota de felicidad que asoma por detrás de ese océano de dolor. La certeza de estar cumpliendo la voluntad del Padre celestial le produce, en el fondo del alma, una felicidad que los dolores que hacen sentir atrozmente su presencia en su fisonomía adorable no permanecen ocultos al observador atento.
¡Qué gran lección para nosotros! Intoxicados por la falacia generalizada de este mundo neopagano en que vivimos, nos resistimos a comprender el significado sobrenatural del dolor y de la muerte. El placer y el gusto constituyen nuestro anhelo de vida. Y al dolor lo vemos como algo monstruoso, que no queremos que perturbe nuestra existencia. Vivir y gozar... El sufrimiento nos aterra. De este modo, nos negamos a reconocer la precariedad de las cosas terrenas; a reconocer el papel sublime del holocausto por amor a Dios, y no aceptamos que la felicidad se encuentra al pie de la Cruz.
Jesús sufre y no devuelve los golpes de sus enemigos. Es torturado con satánica ferocidad. Un espíritu superficial pensaría que tiene, en grado sumo, la mansedumbre y la resignación de un cordero pero no la energía y la capacidad de ataque del león.
¡Qué inmenso y funesto engaño! El que es capaz de soportar tantos tormentos con semejante fortaleza, lo es también de las mayores ofensivas. Tan sólo el hombre dispuesto a sufrir lo inimaginable posee el vigor de alma necesario para los grandes combates. Nuestra capacidad de luchar por Dios estará siempre en proporción a la capacidad de sufrir por Él.  
Para quien sepa analizar esta sagrada Faz -desfigurada por el dolor pero marcada por una inconmovible resolución de cumplir enteramente la voluntad del Padre Eterno- resulta ser la fisonomía del combatiente por excelencia. ¿Qué héroe o cruzado puede presentarnos la Historia que se le pueda comparar?

La piedad popular lo venera bajo la advocación de "Jesús del Gran Poder". ¿Cómo discernir en ella las manifestaciones de tal poder? ,
Las fuerzas del Redentor van disminuyendo a cada instante. De hecho, está 'quebrantado, agotado, aniquilado', como exclamó Bossuet. La fe, no obstante, nos enseña lo que los ojos de la carne no. logran ver.

Es el Hombre-Dios y conserva, velada por su trágico aplastamiento, toda su Omnipotencia. Todo cuanto quiera lo obtendrá inmediatamente del Padre.
Bastaría un mero acto de su voluntad para que todas las heridas se curasen y el vigor retornase a su cuerpo. Bastaría un gesto para que los enemigos cayesen, fulminados. Pero como su deseo es redimir a los hombres, permanece en su tan impresionante y dilacerante flaqueza. Su objetivo es salvarnos  y, en cuanto Salvador, está triunfando.
La epopeya del Divino Redentor no termina en las sombras del sepulcro. Transcurridos tres días de luto sobre toda la tierra, amanecerá el día del triunfo espléndido, la fecha de la gloriosa Resurrección. En ella, el Salvador manifestó, por excelencia, su 'gran poder': el poder de Quien, con sus propias fuerzas, derrota la muerte y vuelve a la vida.
Plinio Corrêa de Oliveira(*)
……………….
(*) Texto extraído de una conferencia, sin revisión del autor

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Recomendamos rezar y meditar el Via Crucis compuesto por el autor, publicado en el sitio
 
LUCES DORADAS DEL TUCUMAN


martes, 19 de febrero de 2013

Sorpresa, análisis, perspectivas - La abdicación de Benedicto XVI: ¿qué pensar?



SORPRESA, ANÁLISIS, PERSPECTIVAS
 La abdicación de Benedicto XVI: ¿Qué pensar?
Envía Alejandro Ezcurra Naón 
REDACCIÓN - Tradición y Acción
Sábado 16 de febrero de 2013

Enorme y universal consternación ha causado el inesperado anuncio del Santo Padre Benedicto XVI, de que el próximo día 28 de febrero abdicará del Trono de San Pedro.
A la sorpresa general siguió una incertidumbre surcada de preocupación, ya que la noticia irrumpe en un momento especialmente delicado y turbulento de la dos veces milenaria historia de la Iglesia.

Turbulencia y crisis post-conciliar: el juicio de los Papas

De esas convulsiones se han ocupado los Papas recientes, posteriores al Concilio Vaticano II (1962-1965). Mencionemos apenas la conocida  afirmación de Pablo VI de que después del Concilio, la Iglesia parece sufrir un misterioso proceso de “autodemolición”, siendo incluso “golpeada por los que de Ella forman parte”; como si por alguna fisura hubiese penetrado “la humareda de satanás en el templo de Dios” [1].
Esa situación, afirmó a su vez Juan Pablo II, ha determinado que los fieles se sientan muchas veces “perdidos, confundidos, perplejos y hasta desilusionados” , porque se difundieron en la Iglesia “ideas que contrastan con la Verdad revelada y desde siempre enseñada” y hasta “herejías, en el campo dogmático y moral”. Lo cual ha ido “creando dudas, confusiones y rebeliones” entre los católicos, afectados por el "‘relativismo’ intelectual y moral” que se propagó tras el Vaticano II [2].
También Benedicto XVI se refirió a esa crisis. Siendo aún Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe trató de ella asiduamente, y resumió su visión en un juicio inequívoco: se esperaba que al Concilio le siguiese “un salto hacia adelante y en vez de eso nos encontramos ante un proceso de decadencia progresiva” [3]. Ya ungido Papa volvió repetidas veces al asunto, por ejemplo cuando denunció la corriente eclesiástica aliada de la revolución cultural, que “identificaba esta nueva revolución cultural marxista con la voluntad del Concilio”  [4]. Dicho sea de paso: cómo esto ayuda a entender el triste caso de la ex-PUCP...
Su referencia más reciente al tema fue apenas tres días antes de anunciar su dimisión. El 8 de febrero de 2013, en su lectio divina a los seminaristas de Roma, el Papa criticó el “falso optimismo posterior al Concilio, cuando se cerraban los conventos, se cerraban los seminarios y se decía: no pasa nada, va todo bien… ¡No! No va todo bien. Hay también caídas graves y peligrosas” [5].

Sombras y luces en una situación bivalente

Los hechos confirman sobradamente esas afirmaciones papales. Hoy, cualquier católico medianamente informado está enterado de errores doctrinales o graves desvíos de conducta moral en que incurrieron en las últimas décadas tantos eclesiásticos indignos y prevaricadores —entre ellos no pocos obispos—, para escándalo de incontables fieles que, entre estupefactos y horrorizados, presencian “la abominación de la desolación” establecida en el lugar santo (cfr. Mat. 24, 15).
Con qué desolación de alma esos hijos de la Iglesia fueron conociendo casos y más casos de sucesores de los Apóstoles entregados al vicio nefando, de ministros de Dios a los cuales “más les valdría atarse al cuello una piedra de molino y ser arrojados al fondo del mar”, porque escandalizan y destrozan la inocencia de los niños a ellos confiados (cfr. Mat. 18, 6), de pastores que enseñan doctrinas anticristianas y predican el relativismo moral, y de esa forma dispersan el rebaño o lo entregan a los lobos; de seminarios convertidos en focos de corrupción moral, etc. ... Tal es el cuadro desolador, por no decir apocalíptico, visible en importantes sectores del edificio sagrado.
Sin embargo, es también verdad que el Espíritu Santo nunca deja de asistir a la Iglesia, y que por todas partes esa divina asistencia se hace notar, continua y admirablemente. Lo comprobamos en el extraordinario florecimiento del catolicismo en áreas menos afectadas por la crisis posconcilar, como el Este europeo, el África subsahariana y regiones de Asia; en la multitud de jóvenes que en Europa y América se entusiasman con la doctrina, la moral y la liturgia tradicionales; en la enérgica reacción católica a favor del verdadero matrimonio o de los niños por nacer, testimoniada este año por gigantescas manifestaciones en París, Washington y otros lugares; en el incontenible movimiento de retorno a la Iglesia Católica de cientos de miles de anglicanos, etc.
En su conjunto, por tanto, la situación de la Iglesia Católica al momento de la renuncia de Benedicto XVI es bivalente, un panorama de luces y sombras. Pero el fondo de cuadro es, indiscutiblemente, la grave crisis apuntada por los últimos Papas.

El futuro inmediato: una perspectiva realista

En ese cuadro, ¿qué pensar de la renuncia papal? ¿Qué perspectivas ella abre en el futuro próximo? ¿Y cuál es nuestro deber como fieles católicos?
Para responder, retengamos lo expuesto por Benedicto XVI, el “proceso de decadencia progresiva” que sufre la Iglesia y la “revolución cultural” que desde el campo secular busca propagarse al recinto sagrado. Y consideremos que, como explica Plinio Corrêa de Oliveira, “es propio de los procesos de decadencia complicarlo todo casi hasta el infinito. Y por eso cada etapa de la Revolución es más complicada que la anterior” [6].

Si a esto sumamos los ataques externos que sufre hoy la Iglesia, como el nuevo anticlericalismo impulsado desde los Estados laicos —sean liberales o socialistas—, tenemos un cuadro en que a la “autodemolición” se agrega el estado de persecución legal cada vez más evidente contra el catolicismo, movida por un odio cada vez menos disimulado a todo lo que es genuinamente católico. El nombre de ese odio es cristianofobia.
De todo lo visto puede preverse, en primer lugar, que la barca de Pedro deba afrontar turbulencias aún mayores. Y, en segundo lugar, que esas turbulencias podrán agravar significativamente la desorientación doctrinal y moral que ya afecta a incontables fieles.
Es también previsible que tras la abdicación de Benedicto XVI arrecie la ofensiva del igualitarimo revolucionario contra la estructura jerárquica de la Iglesia, para “democratizarla” y reducir el poder del Papado, hasta finalmente abolirlo si esto fuera posible; así como que se intensifique la acometida para cercenar los derechos de la Iglesia y acallar su voz.

En un futuro incierto, la regla de oro para todo fiel católico

En esa perspectiva, sombría pero realista, hay una regla de oro para que los fieles católicos podamos orientarnos en la confusión: es seguir el consejo de San Pablo: “Estén alertas, permanezcan firmes en la fe, pórtense varonilmente, sean fuertes” (I Cor. 16, 13).
Traducido a la situación de hoy, esto significa: perseveremos adheridos contra viento y marea a lo que la Iglesia Católica siempre enseñó. Y aun cuando “un ángel del Cielo os predicara un Evangelio diferente del que nosotros os hemos predicado, sea anatema” (Gál 1, 8). Es decir, cualquiera que aparezca enseñando novedades en temas de fe o de moral, opuestas a las enseñanzas tradicionales de la Iglesia, o que las relativicen en cualquier campo, sea rechazado: es un lobo revestido con piel de oveja.
Además, cuidemos siempre de dar el debido, reverente y leal acatamiento a la Autoridad eclesiástica, por más que la fidelidad nos imponga resistir a algún eventual abuso de este o aquel jerarca; y procuremos crecer cada día en el conocimiento, amor y fidelidad a la Iglesia y su verdadera doctrina. Esa es, repetimos, la brújula para atravesar incólumes cualquier tormenta.
Sobre todo, recemos empeñadamente por la Santa Iglesia, para que cuanto antes ella pueda emerger de su actuales pruebas resplandeciente de fe, pureza y santidad, para ser más exaltada que en sus más gloriosos días. Y con igual empeño, pidamos por el Papa Benedicto XVI y su sucesor.
 

Lourdes, el anuncio y el rayo: simbolismo que invita a la confianza

Por llamativa coincidencia, el anuncio de la dimisión papal se dio a conocer el día 11 de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Recordemos que en dichas apariciones la Virgen se presentó como la Inmaculada Concepción, y tan sólo cuatro años después de que el beato Pío IX definiera aquel gran dogma mariano. Sin duda Ella quiso así ratificar, de manera retumbante, la solemne definición papal.
Pero además, en Lourdes comienza un ciclo ininterrumpido de curaciones extraordinarias e inexplicables de enfermos (cerca de 7 mil hasta ahora, ¡una por semana en promedio, durante más de 150 años!), hecho sin precedentes en la historia de la Iglesia: allí Dios instaló el milagro, por así decir, en serie y a título permanente, y de esa manera asestó un golpe letal al ateísmo, al positivismo y a la autosuficiencia en boga desde los tiempos de la Ilustración, y después propagados por la Revolución Francesa y el naciente socialismo. Nuestra Señora de Lourdes es, por tanto, una invocación esencialmente contrarrevolucionaria.
Otra coincidencia —que ha dado lugar a múltiples conjeturas— fue el impresionante rayo que se descargó sobre la cúpula de la Basílica de San Pedro (cuya fotografía se propagó a todo el mundo por Internet, con la velocidad de otro rayo...), tan sólo algunas horas después del anuncio papal.
La conjunción de esos tres hechos el mismo día ¿no contiene un mensaje simbólico? —El mensaje parece ser: suceda lo que suceda, sobrevengan las tempestades que puedan sobrevenir, estallen tantos rayos y truenos cuantos se quiera, la protección milagrosa de la Virgen Inmaculada no le faltará a la Santa Iglesia y al Papa.
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Tengamos lo anterior bien presente, en los días de turbulencia que eventualmente aguarden a la Santa Iglesia. Confiemos en que, por mayores que sean las pruebas que se puedan abatir sobre la Esposa de Cristo, permanece la divina promesa: “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mat. 16, 18): el mismo Jesucristo estará con ella hasta la consumación de los siglos (cf. Mat. 28, 19).
Y conservemos una indeclinable fidelidad a la Iglesia de Dios, sabiendo que más allá de la tempestad, le aguarda el radioso triunfo anunciado por la Santísima Virgen en Fátima.


[1] Cfr.Insegnamenti di Paolo VI, Tipografía Poliglotta Vaticana, vol. VI, p. 1188 y vol. X, pp. 707-709.
[2] JUAN PABLO II, Alocución del 6-II-1981 a los Religiosos y Sacerdotes participantes del I Congreso nacional italiano sobre el tema ‘Misiones al pueblo para los años 80’, in “L’Osservatore Romano”, 7-2-1981.
[3] Cfr. Vittorio Messori a colloquio con il cardinale Joseph Ratzinger — Rapporto sulla fede, Edizioni Paoline, Milán, 1985, pp. 27-28.
[4] BENEDICTO XVI, Encuentro con los Párrocos y Sacerdotes de las Diócesis de Belluno, Feltre y Treviso, 24 de julio de 2007, en: www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2007/july/documents/
hf_ben-xvi_spe_20070724_clero-cadore_sp.html
[5] Texto íntegro en: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350428?sp=y
[6] PLINIO CORRÊA DE OLIVEIRA, Revolución y Contra-Revolución, Tradición y Acción por un Perú Mayor, Lima, 2005, Parte III, Cap. III, § 3, pág. 166.
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Reproducido de Tradición y Acción – Perú