domingo, 7 de abril de 2019

La nueva aristocracia - Prudente renovación y tradición



Comentado por el autor de Nobleza y élites tradicionales análogas, Prof. Plinio Corrêa de Oliveira

8. La nueva aristocracia

También trata el esquema sobre aquello que llama “nueva aristocracia”.

Si se desea tener una idea exacta sobre la necesaria pero prudente renovación de las aristocracias, hay una metáfora que describiría el hecho con casi entera precisión: el método de purificación en ciertas piscinas contemporáneas. En ellas el agua se renueva incesantemente, pero de un modo tan gradual que pasa desapercibido, o casi desapercibido, para quienes tratan de observar el fenómeno. Se trata, pues, de una renovación auténtica. Sin embargo, la masa de agua está lejos de fluir rápidamente, y menos aún con una precipitación torrencial, impetuosa, revolucionaria podría decirse.

“Con casi entera precisión”, hemos dicho un poco antes, y no, “con entera precisión”, pues en la piscina, la renovación, por más lenta que sea, tiene por objetivo el desaguar de toda la masa de agua, mientras que en la renovación de la Nobleza no es precisamente eso lo que se debe desear; por el contrario, cuanto más lenta ésta sea, tanto mejor será. En efecto, la Nobleza está tan vinculada a la tradición por su propia naturaleza por lo que lo ideal sería que el mayor número posible de familias nobles se conservara indefinidamente por los siglos de los siglos, bajo la condición de que esto no se diese en beneficio de elementos esclerosados, muertos, momificados y, por tanto, incapaces de participar de manera válida en el acontecer ininterrumpido de la Historia.

Esta metáfora corresponde a lo que se ha dicho sobre esta misma materia en el presente libro, [4] y entra en entera sincronía con todo lo que se encuentra a ese respecto en la citada obra del Cardenal Herrera Oria.

“Siendo la aristocracia elemento necesario de una sociedad bien constituida, parece natural, como principio práctico, que se salven las aristocracias históricas, que de ordinario conservan grandes virtudes; y que al mismo tiempo se creen otras aristocracias.

“La aristocracia no puede ser cerrada. Una aristocracia cerrada se hace casta, que es la antítesis de la aristocracia, porque la casta como tal no conoce el principio de la caridad, que es el alma de la aristocracia.

“Desgraciadamente, no pocas veces el virus mundano, al infiltrarse en los medios aristócratas, convierte a éstos en círculos herméticos.

“El gran problema moderno en este campo es precisamente rehacer las clases aristocráticas y crear nuevas formas de aristocracia.”

De ahí nace una pregunta: si una aristocracia ha decaído, y sus miembros ya no son los mejores sino los peores, ¿qué se debe hacer?

Sería preciso crear nuevas clases aristocráticas, sin omitir que se haga lo posible para rehabilitar a la antigua aristocracia: Queda entendido, sin embargo, que si ésta no se deja levantar conviene no pensar más en ella. Si la aristocracia degenera, al cuerpo social le corresponde la misión de engendrar alguna otra salida para la situación, lo que se hará, en la mayor parte de las ocasiones, de modo instintivo y consuetudinario, buscando el apoyo de los elementos sanos que componen la sociedad.

Decimos “instintivamente” porque en las situaciones de emergencia son habitualmente más eficaces el sentido común y las cualidades del pueblo que los planes, a veces brillantes y seductores, de soñadores o burócratas, constructores de “paraísos” y “utopías”, los cuales, por no estar fundados en la realidad, sólo generan, en la mayor parte de las veces, fracasos y decepciones.

                                                                               

Pero si en la aristocracia no existen “mejores”, si no hay en la plebe quien quiera asumir, en virtud del principio de subsidiariedad, la misión de propulsar hacia lo alto, y si en el propio clero se nota una carencia análoga, parece levantarse un problema: ¿Cuál es, entonces, la forma de gobierno que puede evitar la ruina de esa sociedad, de esa nación?

Para resolver este problema no han faltado quienes se hayan puesto a elucubrar soluciones políticas en virtud de las cuales un gobierno supuestamente compuesto de hombres buenos conseguiría resolver la gran cuestión de un modo casi mecánico y desde fuera de un cuerpo social que no está en buenas condiciones.

Ahora bien, cuando todo el cuerpo social no está en buenas condiciones, el problema es pura y simplemente insoluble, y la situación se configura como desesperante: cuanto más se intenta remediarla, tanto más se enreda en sus propias complicaciones y acelera su propio fin. Las situaciones desesperantes sólo pueden resolverse cuando un puñado de personas con Fe, esperando contra toda esperanza —“contra spem in spem credidit” (Rom. IV, 18), elogio que San Pablo hace de la Fe de Abraham— continúa esperando y esperando; es decir, cuando almas llenas de Fe recurren humilde e insistentemente a la Providencia para conseguir de ella una intervención salvadora. “Emitte Spiritum tuum et creabuntur, et renovabis faciem terrae” [5] (Antífona de la fiesta de Pentecostés).

Sin ello es vano esperar que alguna forma de gobierno, sociedad o economía, la salve. “Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilat qui custodit eam” [6] (Ps. CXXVI, 1).

El denso esquema sobre aristocracia que acabamos de comentar, extraído de la significativa obra elaborada bajo la dirección del Cardenal Herrera Oria, termina con las siguientes consideraciones:

“Decir, pues, que hacen falta almas aristocráticas en nuestros días, es decir que hace falta una clase que se eleve sobre las demás por su nacimiento, por su cultura, por sus riquezas, pero antes que nada y sobre todo por sus virtudes cristianas y por su misericordia sin límites.

“Aristocracia sin reserva abundante de virtudes cristianas perfectas es rótulo vacío, historia sin vida, institución social decaída.

“Su amor, su espíritu y su vida han de ser el espíritu, la caridad y la vida de Cristo.

“En definitiva, sin perfección cristiana habrá aristocracias de hecho y de fachada, pero no aristocracias auténticas, de obras y de derecho.”

Si el lector toma en su sentido propio y natural estas últimas palabras del esquema, se dará cuenta de que está contenido en ellas un juicio sobre la aristocracia del tiempo en que el Cardenal Herrera Oria publicó su obra: “Hace falta una clase que se eleve sobre las demás por su nacimiento…”; es decir, la aristocracia de aquellos días, en concreto, no cumplía esa misión, su misión.

Si el esquema contuviese un elogio sin reservas a la aristocracia de su tiempo no hay duda de que sería acribillado con objeciones de unilateralidad, diciendo que, aunque la aristocracia tiene notables cualidades, tiene también graves defectos. Ahora bien, el presente juicio peca por unilateralidad, pero en sentido opuesto. A favor de la verdad histórica ha de decirse que si bien la aristocracia de los años 50 mostraba tener numerosos defectos, es imposible negar que afloraban en ella señaladas cualidades.

NOTAS

Las notas 1 a 3 corresponden a las anteriores publicaciones de este Apéndice IV de “Nobleza y élites tradicionales análogas…”, que pueden ubicarse en el buscador (“search”)

[4] Cfr. Capítulo VII, 9.

[5] Enviad vuestro espíritu y todo será creado; y renovaréis la faz de la Tierra.

[6] Si el Señor no guardare la ciudad, en vano vigila el centinela.

jueves, 14 de febrero de 2019

(III) Espíritu de caballería y fueros en el antiguo Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta - Fiestas Patronales

Alférez de la familia Brizuela y Doria con elegantes aperos (foto V. G.)

 La antiquísima Imagen de Ntra. Sra. de la Candelaria traída por don Pedro Nicolás de Brizuela en el 1600 (foto Vicky Gutiérrez)

Galopes de los Alférez, 3 de febrero, ante el público entusiasmado que colma la plaza, la Iglesia y los alrededores (f. El Alférez)


Ntra. Sra. de la Candelaria recibe el homenaje  y veneración de las jovencitas promesantes vestidas de "Candelarias", con sus velas benditas (foto El Alférez)

Add Las madres infunden en sus pequeñas hijas la devoción a Ntra. Sra., vistiéndolas de “Candelarias”

Los caballos ensillados con los mejores aperos esperan a sus dueños para iniciar el homenaje ecuestre a los Santos Patronos (foto El Alférez)
Entusiasmo del público el 3 de febrero durante el desfile de los Alférez y Agrupaciones gauchas venidas de otros pueblos


...Pero no dejemos de notar en lo que narramos, los trazos ciertos de una verdadera sociedad orgánica. Es decir un verdadero pueblo, de fuerte tejido social, donde cada uno es alguien que todos conocen, muy distinto de la masa anónima de las grandes Babeles contemporáneas, y con tradiciones muy antiguas, cuyas vivencias permanecen y crecen.
Sañogasta responde a lo que enseña el magisterio tradicional de la Iglesia, valioso pilar y modelo de lo que debe ser la sociedad en cualquier tiempo como lo transmite el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira, egregio admirador de nuestras tradiciones, en Nobleza y élites tradicionales análogas: es una familia de familias con diversidad armónica de clases sociales, cada una con perfil y funciones propios.
LO QUE AUN NO SE DIJO
Lo vamos a contar ahora.
¿Cuándo comenzó todo esto?
En 1640. Cuando el matrimonio del hidalgo español don Pedro Nicolás de Brizuela, promotor y gran héroe en la defensa de la civilización cristiana del Tucumán (actual NOA y Córdoba), por lo que llegó a ocupar el cargo de Teniente General de la Gobernación (semejante a un Vice-Gobernador), y la riojana doña Mariana Doria, recibieron tierras en Sañogasta, en compensación por servicios prestados “a su costa y minción”, como era normal en la época.
Ellos vivieron aquí. Trabajaron y evangelizaron. Trajeron de España una bella imagen de San Sebastián, y del alto Perú la Virgen de la Candelaria que veneramos.
La del Santo protector pertenece a los descendientes de don Pedro y doña Mariana y se conserva en el ancho muro de la casa señorial que fue la última construida durante la vigencia del Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta, constituido por el matrimonio fundador.
La devoción de los naturales y de todos los pobladores por San Sebastián llevó a entronizar en la Iglesia (M.H.N.) la Imagen que se lleva en procesión, que mandaron tallar alrededor de 1750 en Vichigasta, probablemente don Ignacio de Brizuela y Doria o su hija doña Petronila (nieto y bisnieta, respectivamente, del matrimonio inicial), para continuar la evangelización, en la que trabajó sin duda el hijo mayor de don Pedro, el sacerdote Blas Crisóstomo de Brizuela.
En el año 1663 ambos esposos firmaron su testamento en “La Rioja del Tucumán”, largo y bien explícito.
En aquellas lejanas épocas de nuestra historia existían tres instituciones clave para el buen funcionamiento de las ciudades-provincias: los Cabildos, las encomiendas y los mayorazgos (cfr. Nobleza y élites tradicionales análogas en América Española: origen, desarrollo y perspectivas actuales, Apéndice V de la obra principal, desarrollado en este Boletín; ubicar en el buscador “search”).
En su testamento resuelven la creación de una de las tres instituciones explicitando todas las normas a cumplir: el “Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta”. Que va a ayudar a conservar la estirpe familiar, el patrimonio logrado con esfuerzo y trabajo, y el apellido de ambos: “Brizuela y Doria” para todos los “Vínculos” o “Señores”.
Los fundadores dispusieron en el testamento repartir en vida dos tercios de sus bienes en partes iguales entre sus siete hijos. El tercio restante lo reservaron para su propia subsistencia y sobre éste constituyeron el Mayorazgo que pasaría a tener vigencia a su muerte, con imposición de usar el apellido (cláusula habitual en los mayorazgos) y mantener la indisolubilidad del patrimonio vinculado (de ahí el nombre de “Vínculo” con el que será conocido el Señor del Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta).
En aquellas épocas y circunstancias nace la tradición religiosa que hoy está vigente, con adaptaciones y cambios según las costumbres.
La vigencia del Mayorazgo de San Sebastián, primero en Argentina y uno de los de mayor perduración en América, terminó en 1917, siendo Vínculo don Ramón Alberto Brizuela y Doria. Las dificultades que se vivían y los reiterados reclamos y juicios por herencia de parientes colaterales determinó su final; asimismo don Ramón se dedicó a la política, una constante en la familia si incluimos las (particularmente otrora) dignas funciones de gobierno y mando militar, en las catorce generaciones hasta hoy.
Aquí estamos, conociendo y honrando el pasado, sumado a un presente que le sea afín: es la tradición… que seguiremos honrando, si Nuestra Sra. de la Candelaria y San Sebastián, con su bendición así lo permiten.
Elena B. Brizuela y Doria
Centro de Estudios Históricos, Genealógicos y Heráldicos
del Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta
Febrero, A.D. 2019


(II) Espíritu de caballería y fueros en el antiguo Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta


El nuevo Alférez Mayor, Don Alfredo Gutiérrez, elegido por sus pares de acuerdo al Derecho Canónico, en forma autónoma. Antigua tradición que requiere grandes responsabilidades y capacidad para asumirlas.

El Alférez Ricardo Gutiérrez en su brioso caballo, hombre de campo al igual que su padre

Alfredo Gutiérrez (h), digno continuador de las tradiciones paternafos. Los integrantes de esta estirpe gaucha sañogasteña han constituido la Agrupación Gaucha Fredy Gutiérrez 

Entusiasmo del público ante el gallardo paso de los Alférez a caballo
Las filas de Alférez vienen avanzando, rodean la cruz del P. Aimón y pasan frente a la Iglesia haciendo la venia a los Santos Patronos. Al frente, Alférez de la familia Brizuela y Doria

Vista del arco y la cruz del P. Aimón - Por detrás, bodega artesanal de Hacienda de la Candelaria (foto El Alférez)
La imagen de San Sebastián, Patrono de Sañogasta, tallada por artesanos indígenas de Vichigasta (s. XVIII) - (Foto Vicky Gutiérrez)
La "caja del Santo" es infaltable, y se suceden las generaciones de "cajeros" (foto V.G.)

Las nueve noches de novena colman la Iglesia y la plaza del frente. Las antiguas campanas, las originales del 1640 (fundidas en la Hacienda del Mayorazgo, como también los primeros cañones argentinos en tiempos de la Emancipación) alegran el aire con sus repiques y vuelve a sonar la “caja del Santo” avisando a todos que ya van a comenzar los rezos y ceremonias. Se acostumbra que los diferentes barrios tengan cada uno “su día”, y les corresponde “dar el alba” al filo del amanecer, con campanas y bombas de estruendo, lo que se repite al medio día, y arreglan la Iglesia con los mejores manteles y flores.
El 2 es la festividad de la Candelaria, que representa la Purificación de Nuestra Señora y la Presentación del Niño Dios en el Templo. Es la Patrona de la Parroquia. Desde antiguo se celebra misa por la mañana, con la dulce presencia de niñas promesantes vestidas de blanco y velo en sus cabezas, que están allí como en la procesión por la tarde. Hasta hace unos años se bendecían las candelas antes de la misa matinal.
Actualmente, en cierto lugar, durante la procesión vespertina, el sacerdote bendice las velas que los fieles traen, para que les dure todo el año y encender en casos de necesidad. Y la procesión continúa. Cuando llega a la Iglesia, celebra la misa al aire libre para la multitud de devotos.
El 3 festejamos al Patrono del pueblo, San Sebastián, el Mártir que sufrió en las épocas paganas de Diocleciano un doble verdadero martirio. Este día tiene un atractivo especial: después de la misa los promesantes del Santo vestidos de “alférez” -según la costumbre de nombrarlos, siendo rara vez usado “Alféreces” o “Alfereces” (Salta)- lucen sus bandas de colores y sus estandartes o “banderas”. Dirigidos por el Alférez Mayor, rinden los honores debidos a su “Patrón”, y presentan sus huestes de infantería y de a caballo, como en las antiguas Ordenes de Caballería de los tiempos de Ramírez de Velasco, fundador de La Rioja.
Dan tres vueltas a pie en honor de la Ssma. Trinidad, entrando y saliendo de la Iglesia, para rendir homenaje a la Virgen y al Santo haciéndoles “la venia” con sus banderas. Largas filas de hombres, niños, y también mujeres, que hace unos quince años se sumaron a las huestes -antes eran solamente hombres.
En todo momento el Alférez Mayor está atento dirigiendo la caminata. Luego los que trajeron sus caballos van a montar, mientras salen en sus andas las imágenes de los santos patronos para recibir las honras ecuestres al son de las campanas y las bombas. Tres vueltas al galope alrededor de la plaza y terrenos vecinos; venias, recitados, vivas a los santos, todo es festejado por la multitud de gente que disfruta de esta celebración seria y sentida. Muchos padres van llevando a caballo sus hijos pequeños como para que aprendan la tradición desde chicos y la amen.
Este año las fiestas patronales recibieron la visita de dos grupos de jinetes: uno venido del este, atravesando el cerro Velasco desde La Rioja, y otro del oeste, atravesando el Famatina y la cuesta de Miranda desde Villa Unión. Todos bien aperados y montados. Los del oeste vinieron en mulas, ágiles y pintorescas, causando sensación.
Es interesante recordar que la elección del Alférez Mayor la hacen solamente los alférez, como indica el Código de Derecho Canónico para las asociaciones privadas de fieles, que no dependen del Obispado, siendo autónomas para su funcionamiento y elección libre de sus autoridades. Sabiduría de la Santa Iglesia… Lo traigo a colación por que, años atrás, hemos tenido problemas con algunos Párrocos que intentaron interferir en la costumbre. En esta ocasión se hizo la elección antes de las fiestas, sin problemas, por la buena predisposición del Párroco actual. Así es que don Alfredo Gutiérrez, hombre serio, guapo y responsable, con familia bien formada y numerosa, fue el elegido, y dos hombres de campo más, nombrados para ayudar en sus tareas. Antiguamente los que ostentaban este cargo lo hacían en forma vitalicia, o mientras podían montar a caballo. La tradición continúa, en forma consuetudinaria, siempre de modo amistoso y fraternal.
Por la tarde del 3 la procesión, esta vez presidida por el Santo por ser su día, rodeado de alférez portando sus banderas para las debidas “venias” que ordena el Mayor. Otra vez el largo recorrido -que hiciera la Candelaria el día anterior- y al llegar a la Iglesia, la misa. Multitud de devotos, este año más que nunca, inundando los alrededores de la Iglesia y la plaza. Las Imágenes presiden la celebración bajo las arcadas coloniales de la Capilla, al aire libre, como el día anterior.
Al finalizar, la bendición de las gargantas por ser en el santoral el día de San Blas. Se despiden las imágenes para entrar al templo entre vivas a toda voz, repique de campanas, explosión y luces de las bombas (que reemplazan los cañonazos de los tiempos de los Austria) y banderas flameantes. ¡Es emocionante! La gente se demora para irse, todos quieren seguir allí, viviendo con el corazón alborozado las bellas fiestas patronales del pueblo.
Será, necesariamente, “hasta el año que viene…,si Dios quiere…”! como reza la fórmula al finalizar los galopes.
continúa en III - 






(I) Espíritu de caballería y fueros en el antiguo Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta – Fiestas Patronales


Espíritu épico y destreza

Tradición y Familia (fotos 1 y 2 de Vicky Gutiérrez)
 li
Procesión de N. S. de la Candelaria, presidida por el Párroco, seguida de la Imagen de San Vicente Ferrer (Nonogasta) y de San Sebastián (2-2-19, Fotos 3 y 4 de El Alférez)



Ntra. Sra. de la Candelaria, Patrona de la Parroquia que lleva su nombre (foto 5, El Alférez)

Galope de los Alférez (3-2-19, Foto 6, El Alférez)


ESPIRITU DE CABALLERIA Y FUEROS EN EL ANTIGUO MAYORAZGO DE SAN SEBASTIAN DE SAÑOGASTA – FIESTAS PATRONALES
El verdor natural, las vertientes puras, las arboledas naturales y las frutales, antaño llamadas “de Castilla”, las rosas en los cercos, más el paisaje montañoso alrededor, hacen de Sañogasta un lugar hermoso y fresco en esta época del año.
Enero, como siempre, fue para vivir con amor y fervor la tradición en honor a los Santos Patronos.
Comenzamos con los preparativos indispensables: los primeros días, las personas que la costumbre hizo que se encargaran, convocan allegados devotos para organizar la “salida del Santo” a visitar cada casa del pueblo, y los vecinos, Miranda y Guanchín.
Tres días y medio vivimos expectantes del redoble tan característico de la antiquísima “caja del Santo”, para saber por cuál barrio o rincón anda; las familias alerta, con los patios bien aderezados y la mesa con el mejor mantel y flores de su jardín colorido por las dalias y azucenas, esperan para entrarlo en sus brazos, y “tomar gracias”, con amor y hasta con lagrimas; comienzan los acompañantes a entonar “el canto de visita”, antiquísimo:
“…la tierra y plantas esperan,
verde será tu favor,
¡misericordia Señor!
Dios se los pague, mis hijos!
Me voy muy agradecido,
¡misericordia Señor!”
Esto, por el buen recibimiento y la limosna que los fieles le ofrecen. Antiguamente la primera estrofa, -que no sabemos por qué ya no se canta (¿algún prurito “anti-discriminatorio” -en realidad “anti-identidad propia”- de la demagogia del resentimiento o del “progresismo cristiano”?), decía:
“San Sebastián de los indios
hoy los viene a visitar,
¡misericordia Señor!”
La estrofa omitida confirma la versión oral de que la imagen, que sólo sale en las procesiones patronales, fue tallada por los indios, en una misión que había en Vichigasta, a mediados del 1700. Para cuidar la antigua, hace pocos años se hizo una réplica bien lograda por artesanos salteños, es el “Santo peregrino” que se guarda en la sacristía.
Continúa la caravana de acompañantes, que cada día son más, y cantan a la par de los dirigentes. Cuando ha visitado hasta la última casa, vuelve a la Iglesia.
Una norma consuetudinaria es que la mayordoma de la Virgen de la Candelaria sea de la familia Brizuela y Doria ya que fue traída por Don Pedro Nicolás de Brizuela y Da. Mariana Doria, fundadores de la Capilla en su Hacienda de San Sebastián de Sañogasta. Ella prepara las ropas para vestirla a fin de que luzca toda de blanco en la fiesta de su Purificación, con su Divino Niño y su candela. También las flores con las que engalanará la Iglesia cuatricentenaria el último día de novena, 1º de febrero –“la noche de los Doria”-, para que también el 2 y el 3 esté reluciente y hermosa.
Ya van llegando los sañogasteños que algún día se fueron a otros lares, que toman sus vacaciones para estar en “las fiestas”, las Patronales, y se llena de gente el pueblo.
sigue en II

sábado, 12 de enero de 2019

Misión de la clase aristocrática en la vida política y social del país (5ta. nota)


Elegancia y refinamiento en el palacio de los Paz, en plaza San Martín, de Buenos Aires – Actualmente, Círculo Militar
  

San Rafael Arnaiz, sobrino de los Duques de Maqueda

La Infanta Leonor de España

La varonil estampa de un rey carlista. Así como las fuerzas de la naturaleza producen un árbol o un banco de coral, la sociedad destila naturalmente una aristocracia. El rey debe ser el pináculo de la nobleza, el auge, en el orden temporal, de todas las excelencias de que el hombre es capaz. 
         


Señorial casona salteña

 Continuamos publicando el Apéndice IV de Nobleza y Elites tradicionales análogas, “La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal del siglo XX, controvertido pero nada sospechoso de parcialidad a favor de ella”

  1. Aristocracia política


    “…de pie estaba Carlos V/que en España era primero/con gallardo y noble talle/con noble y tranquilo aspecto” (“Un castellano leal”, Duque de Rivas(

Carlos VII con su mastín

Hasta aquí se ha tratado de aristocracia considerada en sí misma en cuanto clase social. De ahora en adelante el tema pasará a ser la misión de la clase aristocrática en la vida política y social del país.

A quienes les haya podido parecer excesivamente conservadora, e incluso reaccionaria, la doctrina de los anteriores apartados tal vez les sorprendan agradablemente las palabras con que el esquema aborda el tema de la aristocracia política.

“La aristocracia social tiene una función que


Pureza y firmeza en la mirada de San Luis Gonzaga, hijo del Marqués de Gonzaga, uno de los más altos príncipes de la Cristiandad

ejercer directa e inmediatamente cerca del pueblo. Pero por ley natural ejercerá siempre una función política cerca del poder. Participará del poder en beneficio del pueblo.”

Tras hacer referencia de paso al gobierno “llamado mixto, donde tiene su función la ‘monarquía’, la aristocracia y el pueblo” como “el mejor gobierno, según la filosofía católica”, el esquema continúa:


Prohombres aristocráticos en las repúblicas sudamericanas de la “Belle Époque”

“La aristocracia, colocada entre la autoridad suprema, digamos monarquía, en sentido filosófico, mando de uno, y el pueblo, es elemento de moderación, de ponderación, de continuidad, de unión”.

En esa perspectiva:

“1. La monarquía sin aristocracia fácilmente conduce al absolutismo.

“2. Pueblo sin aristocracia no es pueblo; es masa.

“3. La aristocracia defiende la monarquía y la modera.

“4. La aristocracia es cabeza del pueblo, educadora del mismo, encauzadora de sus energías.

“5. Aristocracia sin pueblo es oligarquía, es decir, privilegio odioso de una casta en la sociedad.”



La búsqueda de lo maravilloso y refinado en la élite tradicional argentina


 En la próxima edición publicaremos el ítem 7° de este Apéndice, Misión social moderna de la aristocracia
Compartido con nobleza.org
Algunas ilustraciones no se reproducen bien. Recomendamos ver el artículo con las ilustraciones haciendo click en nobleza.org 

domingo, 6 de enero de 2019


La leyenda de los tres Reyes Magos,  por el Abad de Marienau (s. XIV)
♦ Para despertar nuestra inocencia y amor a la sublimidad, y ser como niños, según el consejo de NSJC...

Los Santos Reyes adorando al Divino Rey en el pesebre y presentándole sus regalos - Beato Angélico

Una rica leyenda escrita por un autor medieval  que recoge muchas tradiciones populares en que se combinan la imaginación,  la historia y la Revelación, que ayuda a admirar el misterio de los Tres Santos Reyes
Los Reyes Magos ejercieron una poderosa atracción sobre la Cristiandad medieval. Su generosidad, espíritu de fe y de aventuras, y su grandeza, despertaron gran fascinación en las almas sedientas de maravilloso.
Caballeros y peregrinos  traían de Tierra Santa narraciones acerca de los misteriosos personajes reales que formaron la leyenda. El docto Johannes von Hildesheim, fecundo escritor,  Abad de Marienau, y profesor en Avignon y París (s. XIV), fue un destacado recopilador de estos relatos, cuya versión de la leyenda encantaba al propio Goethe. Veamos algunos pasajes de este relato penetrado de un perfume de inocencia, propio de la auténtica Navidad (*).
Primeros fieles de la gentilidad
“Todo el mundo de Oriente a Occidente alaba y honra a los Tres Santos Reyes. Como fulgurantes rayos de sol brilla su fama. En la tierra del Levante se desarrolló su vida corporal. Allí buscaron al verdadero Dios Hombre, lo adoraron y le trajeron sus dones, tan ricos en significado.
“Fueron estos primeros fieles de la gentilidad los primeros paganos que se convirtieron e hicieron votos de castidad y pureza y llevaron una vida santa”. Sus reliquias se veneran en la portentosa Catedral de Colonia, elevada en su honor.
El Monte de las Victorias
La Montaña de Vaus, en la India, llamada también Mons. Victorialis –Cerro de las Victorias- sobresalía por su altura sobre todas las demás. Allí los Indos mandaban vigías para anunciar cualquier peligro por señales de fuego o de humo, según la hora. El profeta Balaam había anunciado: “surgirá una estrella de Jacob y derribará a todos los hijos de Set” (los enemigos de Dios).
Los ancianos pagaron generosamente vigías y ellos mismos subieron al Monte Vaus para observar si, de día o de noche, de cerca o de lejos, aparecía una estrella o una luz inesperada, debiendo comunicarlo de inmediato.
La profecía se mantuvo por mucho tiempo en todos los pueblos de Oriente. Había una estirpe de “los nobles de Vaus”; a ella pertenecía el rey Melchor, que regaló el oro al Niño Dios.
También existía en Oriente la ciudad de Akkon, de magnificencia legendaria.  Allí se dirigieron desde la India los nobles de Vaus, construyendo un poderoso castillo de esplendor real. Conservaba una corona de oro recamada de gemas, piedras preciosas y perlas. Tenía inscripciones con letras del alfabeto caldeo y el signo de la cruz,  además de una estrella. Habría pertenecido a Melchor, que también era rey de Nubia. Dios obró por ella milagros en honor a los tres reyes. Cuando alguien caía víctima de apoplejía, se la ponían sobre la cabeza y enseguida se levantaba, curado.
Vigilia en lo alto del cerro
Aumentaba entre los gentiles el deseo de que se cumpla la profecía de Balaam, sobre la cual, aunque paganos, no tenían la menor duda. Buscaron doce hombres sabios y dignos y los enviaron al cerro. Cuando uno moría, otro lo reemplazaba. Su misión era descubrir la estrella y advertir el Nacimiento del Hombre al que las estrellas servían.
Era el mejor lugar para contemplar el firmamento y tenía un espacio destinado a un fin especial que fue cumplido después del Nacimiento: levantar una capilla. Allí pusieron una columna finamente labrada sosteniendo una estrella que giraba con el viento y brillaba a lo lejos.
La estrella se levanta sobre la montaña de Vaus
A la misma hora en que nacía el Salvador, se levantaba sobre el Monte de las Victorias una estrella. Lentamente, como si fuera un águila, permaneciendo inmóvil sobre la cumbre. Iluminaba al mundo entero.
Ni siquiera el sol del mediodía lograba oscurecerla. Tenía la figura de un niño y el signo de la cruz. Una voz se oyó de la estrella diciendo: “Hoy ha nacido el Señor, el Rey de los Judíos, que es la esperanza y el Señor de los gentiles. ¡Id, pues, buscadlo y adoradlo!”
Los reyes se ponen en camino
Los que vieron y oyeron esto se atemorizaron, admirados, pero no dudaron que fuese la estrella anunciada por Balaam.
En la India, Caldea y Persia, los tres reyes  recibieron la noticia, llenos de alegría de que les fuera permitido vivir los días de bendición en que apareciera el astro.
No se conocían entre sí ya que sus reinos quedaban distantes, pero recibieron la noticia al mismo tiempo. Se prepararon debidamente, con regalos de profunda significación, vestimentas magnificas y lujo real, con caballos, mulas y camellos, y una larga comitiva, y partieron a buscar y adorar al Rey recién nacido, que sentían tan por encima de ellos . Por eso se vistieron del modo más rico y distinguido y enviaron una gran caravana con comida, bebida y bastimentos.
La estrella los guiaba en el camino. Durante el día descansaban y a la noche andaban, ya que su brillo era como el del sol.
Eran tiempos de paz. Las puertas de las ciudades estaban abiertas. Los habitantes de los reinos que recorrían se atemorizaban y llenaban de admiración al ver a estos reyes con sus grandes escoltas, que viajaban de noche alumbrados como en el día. Nadie sabía de dónde venían ni hacia dónde iban. Dejaban los caminos marcados por los cascos de incontables animales. Largo tiempo se habló de esto en Oriente.
Encuentro en Jerusalén: alegría de los buenos y terror de los malos
“Por diversos caminos llegaron a Jerusalén. Al tener noticia uno del otro se abrazaron llenos de alegría, relatándose el milagro que los reunía allí para el gran acontecimiento esperado por los siglos. Conocieron que ésa era la ciudad real que sus antepasados conquistaran varias veces esperando encontrar al Rey recién nacido”.
Frente a semejante comitiva, tan bien equipada cuanto inesperada, Herodes y los habitantes tuvieron miedo: era tan grande que los muros no podían contener la multitud de hombres y animales. La mayor parte acampó en las afueras, como un ejército alrededor de la urbe.
Sobre la reacción de Herodes y los doctores, que les informaron que el rey habia nacido “en Belén de Judá”, comenta el autor:
“Los doctores sabían desde antes del Nacimiento del Señor, y conocían el lugar de su Natividad. Luego, no tuvieron excusa por su falta de fe y su negativa posterior”. Citando a San Gregorio, añade: “Los judíos tenían el espíritu de profecía pero estaban ciegos y no veían a Aquel de quien tantas cosas habían anunciado. Negaban que Cristo hubiese nacido  pero sabían que nacería. Conocían hasta el lugar de su Nacimiento y lo anunciaron a Herodes a su pedido”.
Los reyes llegan a Belén, guiados por la estrella
Por el camino a Belén encontraron a los pastores, que les anunciaron el mensaje del Angel; los Magos les dieron ricos presentes.
Poco antes de llegar se engalanaron con las más finas vestimentas reales. La estrella los condujo hasta un pesebre, deteniéndose sobre él en el cielo. Un fulgor maravilloso iluminaba la caverna, y, al entrar, vieron al Niño con María, su Madre, cayeron de rodillas y lo adoraron. Luego abrieron sus cofres y le ofrecieron sus dones: oro, incienso y mirra de sus reinos.
Los dones significaban tres propiedades de la Persona de Nuestro Señor Jesucristo: majestad divina, poder real y mortalidad humana.
El incienso significa sacrificio, el oro tributo y la mirra se utiliza para enterrar los muertos, en espera de la resurrección. La santa Fe los ofrece continuamente honrando al verdadero Dios, verdadero Rey y verdadero Hombre.
El oro es un símbolo de honra y templanza virginal, que representa la castidad de los reyes; el incienso, refuerza la idea de pureza sumada a la de devoción y entrega; y la mirra, símbolo de mortificaron, refleja el carácter pasajero de la carne, que por obra de Dios resucitará.
Los tres reyes besaron el suelo frente al pesebre y las delicadas manos del Hijo de Dios. Con modestia y sacralidad depositaron sus dones cerca de la cabeza del Niño. Algunos habían pertenecido a Alejandro Magno y luego a la reina de Saba, que los llevara al templo, de donde fueron robados cuando la destrucción de la ciudad real.

Pobreza, intimidad sacral y grandeza
Encontraron al Niño en tan grande pobreza como les dijeran los pastores. En la humilde vivienda brillaba la luz de la estrella milagrosa con tanta intensidad que todos parecían encontrarse en llamas. Tan absortos estaban que de sus cofres tomaron lo primero que les vino a la mano. El rey Gaspar, con lágrimas en los ojos, trajo un envase con mirra. Un temor sagrado se apoderó de ellos, sumidos en profunda contemplación. Oyeron a la Ssma. Virgen decir suavemente, con la cabeza algo inclinada: “Dios sea alabado”.
Entre los dones se encontraba una esfera dorada que perteneciera a Alejandro Magno. Por su lado de orgullo humano, al tomarla el Niño Jesús, se convirtió en polvo y ceniza.
Como la roca, que, sin obrar humano, se separó de la montaña, y como en la terrible visión de Nabucodonosor, en que el ídolo se convirtió en polvo y ceniza, así también nació Cristo de una Virgen, sin intervención humana. Rebajó a los orgullosos que se sienten poderosos y elevó a los humildes de corazón, como los Santos Reyes Magos.
El poseía, en su deliberada pobreza y pequeñez, el poder de convertir en nada la esfera que representaba al mundo, y de mover las almas para edificar una civilización en que se haga su voluntad, así en la tierra como en el Cielo.

……………….............................................................................................................….
* La Leyenda de los Tres Santos Reyes („Die Legende von den heiligen Drei Königen“, Ed. DTV, Munich, 1963). Textos del original traducidos por nuestra Redacción. Apareció en el Boletín Nobleza y élites tradicionales análogas el 5 de enero de 2014.
...........................................................................................................................................................
"Ya vienen los Reyes, por el arenal, y le traen al Niño una torre real..." - Villancico
Los villancicos son un manantial de inocencia brotado de la tradición  católica de los más variados pueblos. Recomendamos a nuestros lectores los maravillosos cánticos navideños del Conjunto Pro Música de Rosario, que pueden hallarse fácilmente en internet.