sábado, 26 de julio de 2014

El Papado sostenido por Pipino, rey de los francos y "Patricio de los Romanos" - Germina el Sacro Imperio



esfera y cruz con sombraCon motivo de los 1200 años de la coronación de Carlomagno como sacro Emperador Romano de Occidente, un acontecimiento ápice…,  venimos comentando en esta sección la orgánica y gradual ascensión del linaje carolingio a la dignidad imperial por manos de los Sumos Pontífices. Nacía el tiempo en que, como enseñó León XIII, “el Sacerdocio y el Imperio estaban ligados entre sí por una feliz concordia y por la permuta amistosa de buenos oficios. (Encíclica “Immortale Dei”, l.XI.1885 – “Bonne Presse”, París, vol. II, p. 39).

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Bosquejamos en notas anteriores la colorida historia de Pipino, padre de Carlomagno, ungido por San Bonifacio, Apóstol de Germania, como rey de los francos, como monarca llamado a cumplir una misión providencial gobernando a su pueblo en las vías del Evangelio, edificando la Cristiandad. Vemos tornarse realidad la misión excelsa de un Príncipe católico, elevado al trono por un misionero de la talla de San Bonifacio, inspirado en los ejemplos bíblicos, consagrando en los hechos las palabras de la Sabiduría eterna: “Per me regnant reges” (Por Mí reinan los reyes…), manteniéndose así una vinculación entre el Cielo y la tierra, entre Cristo Rey y la civilización cristiana, por intercesión de María Reina,  de la que difícilmente podemos hacernos una idea en estos tiempos de neo-paganismo revolucionario.

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Comentamos el aprieto en que se encontraba el Papado en tiempos del gran Pontífice Esteban II, amenazado por los lombardos ex arrianos y semi-bárbaros que venían conquistando toda Italia y pretendían establecer su trono en la propia Ciudad Eterna.
A pesar de todas las infidelidades y aún apostasías de los Emperadores Romanos de Oriente (Bizancio), los Soberanos Pontífices habían mantenido en el orden temporal su carácter de súbditos, remanente del antiguo Imperio romano. Ante la amenaza lombarda, habían solicitado al emperador una ayuda efectiva, fuerzas militares capaces de frenar al enemigo.

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Esteban II había lanzado por última vez un grito de angustia hacia Bizancio, supremo llamamiento que “no tuvo eco entre los cobardes tiranos del mundo imperial” (Kurth). Teniendo entonces que escoger entre la salvación de un pueblo abandonado por sus defensores naturales y la alianza con los francos, el Papa “levantó su ánimo a la altura de su deber, y se dirigió resueltamente a Pipino el Breve” (ibid.). Ya sus predecesores habían pedido a Carlos Martel y al mismo Pipino apoyo a la causa de la civilización cristiana. Este tenía una deuda de gratitud con el Papado, gracias al cual se había podido dar sin perturbaciones el necesario cambio de dinastía por él propuesto.

La respuesta de Pipino al llamado pontificio no se hizo esperar: llegaron a Roma sus embajadores, el Obispo de Metz, Chrodegang, y el legendario duque Augier, popular en Francia por un tradicional juego de cartas. Los emisarios invitaron al Pontífice a trasladarse a donde Pipino se encontraba.
Después de reflexionar con madurez, el prudente y animoso pontífice adoptó una resolución que en un principio espantó a sus familiares, pero que mantuvo con energía: corresponder a la invitación de ir al encuentro del rey franco, pero antes presentarse personalmente ante el rey enemigo Astolfo, acompañado de la embajada franca y también de la bizantina –mencionada en el artículo anterior.
Dados los antecedentes de Astolfo, sus familiares –ayudantes y consejeros de la Curia romana- temían por la vida del Pontífice. Pero no lograron disuadirlo. El 14 de octubre de 753, consigna solemnemente el Liber Pontificalis, se puso en camino, acompañado del legado imperial griego, Juan el Silenciario, del Obispo de Metz y del Duque Augier, y de una comitiva de altos personajes de Roma y ciudades vecinas. “Acompañóle en su camino, durante algún tiempo, una muchedumbre inmensa ‘que lloraba, sollozaba’, dicen los Anales del Pontificado, y queria retenerle’ porque preveía los grandes peligros que le esperaban en Pavía” (Mourret). ¡Tocante escena viva de la Cristiandad!
A pesar de que una comisión de Astolfo se adelantó para rogarle que no le diga a éste ni una palabra de sus malhadadas conquistas, el Papa le presentó sin temor sus reclamaciones, en nombre del imperio –como le había pedido el emperador- y en nombre de la Iglesia. Astolfo, impresionado por la actitud de los dos enviados francos, que subrayaron el discurso del Pontífice con palabras “breves y claras”, rechazó las demandas de Bizancio e intentó hacer desistir al Papa de su viaje al rey Pipino.
Sus exhortaciones y amenazas no lograron quebrantar la constancia del Vicario de Cristo, que luego de despedir a la embajada imperial, y a los laicos de su séquito, se dirigió a Francia con algunos clérigos, franqueando el San Bernardo y bajando a la Abadía de San Mauricio.
Allí lo esperaban dos comisionados del rey franco que lo acompañaron hasta Sangres, donde le salió al encuentro el joven hijo del rey, Carlos, el futuro Carlomagno, que contaba con doce años; y luego el mismo Pipino, que se adelantó tres millas.

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A la vista del Papa, el rey desmontó de su cabalgadura, tributándole profundos homenajes y tomando las riendas del caballo del Pontífice, caminando un trecho a su lado “a guisa de escudero” (Mourret). Señera expresión de espíritu jerárquico feudal.

El Papa y sus clérigos correspondieron, homenajeando a su vez a Pipino como monarca católico y defensor de la Iglesia, vestidos de cilicios, cubiertas sus cabezas de ceniza y suplicándole pusiese mano en la defensa de “la causa de San Pedro y de la República de los romanos”. También le rogó el Pontífice hacer restituir el Exarcado de Ravena a su legítimo posesor, el emperador, supremo acto  de condescendencia de Esteban II con respecto a la infiel Constantinopla.
Pipino accedió de buen grado a las demandas y, para acomodarse al consejo del Papa de evitar en lo posible la efusión de sangre, intentó resolver la cuestión por la vía diplomática.
Tres embajadas sucesivas y la ofrenda generosa de 12.000 sueldos de oro no movieron a Astolfo a abandonar sus pretensiones. Su perfidia llegó al punto de lograr que el Abad de Monte Cassino –súbdito lombardo-, donde llevaba vida religiosa Carlomán, hermano de Pipino, lo enviara a sembrar discordias contra el Papa y el rey franco.
La reaparición del príncipe-monje en el mundo abandonando el monasterio para estos insidiosos manejos provocó un verdadero escándalo. Felizmente, la maniobra fracasó.
Se imponía una urgente acción militar. Pipino se dispuso virilmente a ella a pesar de la oposición de algunos señores, fomentada por las maniobras de Astulfo y Carlomán, que hicieron fracasar una asamblea de barones.

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Una segunda asamblea, celebrada en Kiersy-sur-Oise el 14 de abril de 754, mostró un cambio para mejor y precisó que la finalidad de la expedición sería la de restituir al Apóstol San Pedro los territorios ocupados por el lombardo. Se celebró entre el católico rey franco y el Sumo Pontífice el Pacto de Kiersy, que algunos llaman ‘restitución’ o ‘promesa’, y que “tiene la forma de una ‘donación’; es una ‘restitución’, porque lo que da de hecho era posesión de san Pedro, o sea del Papa; y es una ‘promesa’, porque lo que da Pipino, no lo había conquistado todavía”. A cambio de tan importante donación, “Pepino da y no reclama en retorno sino oraciones” (Mourret).
La tercera asamblea se hizo el 28 de julio de 755 en la histórica Abadía de Saint-Denis, marco de una ceremonia de gran significado. El Papa renovó la consagración real de Pipino, asociando a ella a su hijo Carlomagno –y a su hermano, declarando a los tres Patricios de los Romanos.
Semejante consagración de un rey y de sus hijos por el Sumo Pontífice no tenía precedentes en la historia. No sólo confirmaba la legitimidad de Pipino y su descendencia, “sino parecía elevar la realeza de los francos por encima de las demás realezas de Europa”. Por lo que el Papa lo llamará “el ungido de San Pedro” (ibid.).
El título de ‘patricio de los romanos’ –a diferencia del de ‘patricio’ a secas, que había sido concedido anteriormente a otros por la Santa Sede, sugería la idea de un derecho de protección efectiva sobre el Estado pontificio. Habían perdido su razón de ser las funciones de Duque de Roma y la restauración de un exarca de Ravena (bizantino). “El Sacro Imperio se hallaba en germen en las actas de la asamblea de Saint-Denis” (ibid.).

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(*) Cfr. Sacralidad medieval: Pipino ungido Rey de los Francos por San Bonifacio, Apóstol de Germania y Legado papal

Ver artículos anteriores de esta serie haciendo click en el “tag” La civilización cristiana al vivo, 1200 años de Carlomagno, Sacro Imperio

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA

Godofredo Kurth, “Los orígenes de la civilización occidental”, Emecé Editores, Buenos Aires
Fernando Mourret, “Historia General de la Iglesia”, t. III La Iglesia y el mundo bárbaro, 2ª. ed., Barcelona – París – Bloud y Gay, Editores

Frantz Funck-Brentano, “Les Origines”, L’histoire de France racontée à tous, 10ª ed., Hachette, Paris

Henri Pirenne, “Mahoma y Carlomagno”, Ed. Claridad, B

viernes, 18 de julio de 2014

X Jornada de Cultura Hispanoamericana por la Civilización Cristiana y la Familia - Salta, 29 y 30 de agosto de 2014 - Cómo vencer en el combate por la Civ. Cristiana y la Familia

04/07/2014[edit]

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X JORNADA DE CULTURA HISPANOAMERICANA por la CIVILIZACION CRISTIANA y la FAMILIA – SALTA 29 y 30 de AGOSTO DE 2014

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Santa Juana de Arco era una joven campesina que un buen día oyó la voz del Arcángel San Miguel convocándola a defender a Francia, “hija primogénita de la Iglesia”. Así, la Providencia se valió de una desconocida doncella del campo para la alta misión de preservar un emblemático reino en que abundaban los guerreros, los pensadores, los príncipes católicos...

San Francisco Solano carbonilla dibujoSan Francisco Solano carbonilla dibujoindex SFS
San Francisco Solano, con su “violín milagrero”, se internó solo en las selvas y cerros del continente, destacadamente en El Tucumán (NOA), y con su música, su palabra y sus notorios hechos sobrenaturales convirtió a la verdadera Fe y civilización a miles de aborígenes, edificó una cristiandad de más de 30 poblaciones indígenas y sostuvo las incipientes ciudades católicas que constituyeron la armazón de nuestra querida Argentina, fundando imperecederas ceremonias y tradiciones. Por esa gesta digna de figurar en la Légende Dorée fue llamado “el Apóstol de América”.
Son ejemplos de lo que pueden los hombres cuando se disponen a oir la gracia de Dios. Pues:

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“Cuando los hombres resuelven cooperar con la gracia de Dios, se operan las maravillas de la Historia: es la conversión del Imperio Romano, es la formación de la Edad Media, es la reconquista de España a partir de Covadonga, son todos esos acontecimientos que se dan como fruto de las grandes resurrecciones de alma de que los pueblos son también susceptibles. Resurrecciones invencibles, porque no hay nada que derrote a un pueblo virtuoso y que verdaderamente ame a Dios” (“Revolución y Contra-Revolución”, Plinio Corrêa de Oliveira, parte II, cap. IX).
¿Qué harían personas de Fe como San Francisco Solano y Santa Juana de Arco en nuestros conturbados días? …

Animados por esos ejemplos, y ante la crisis moral e ideológica de la sociedad actual, convocamos a todos los que quieran defender nuestro estilo de vida y raíces católicas tradicionales a participar de la

X JORNADA de CULTURA HISPANOAMERICANA por la CIVILIZACION CRISTIANA y la FAMILIA
Museo de la Ciudad Casa de Hernández –Salta, 29 y 30 de agosto de 2014

Declarada de interés por el Poder Ejecutivo y la Hon. Cámara de Diputados de la Provincia de Salta
Próximamente daremos a conocer más detalles.
COMISION ORGANIZADORA
Informes e inscripción: civilizacioncristianaymariana@gmail.com

X Jornada

007 Roland recortadoCOMO DEBE LUCHAR UN CATOLICO PARA QUE TRIUNFEN  LOS IDEALES DE LA CIVILIZACION CRISTIANA
jóvenes en semana de estudios de carnaval
Analicemos estas palabras, de las que hemos citado una parte en la clarinada anterior:

“Existe una fuerza propulsora de la Contra-Revolución, así como existe otra para la Revolución.
1. Virtud y Contra-Revolución
Señalamos como la más potente fuerza propulsora de la Revolución, el dinamismo de las pasiones humanas desencadenadas en un odio metafísico contra Dios, contra la virtud, contra el bien y, especialmente, contra la jerarquía y contra la pureza. Simétricamente, existe también una dinámica contra-revolucionaria, pero de naturaleza por completo diversa. Las pasiones, en cuanto tales -tomada aquí la palabra en su sentido técnico- son moralmente indiferentes; es su desarreglo lo que las vuelve malas. Sin embargo, en cuanto reguladas, son buenas y obedecen fielmente a la voluntad y a la razón. Y es en el vigor de alma -que le viene al hombre por el hecho de que en él Dios gobierna la razón, la razón domina la voluntad, y ésta domina la sensibilidad- donde es preciso procurar la serena, noble y eficientísima fuerza propulsora de la Contra-Revolución.
2. Vida sobrenatural y Contra-Revolución
Tal vigor de alma no puede ser concebido sin tomar en consideración la vida sobrenatural. El papel de la gracia consiste exactamente en iluminar la inteligencia, en robustecer la voluntad y en templar la sensibilidad de manera que se vuelvan hacia el bien. De suerte que el alma lucra inconmensurablemente con la vida sobrenatural, que la eleva por encima de las miserias de la naturaleza caída y del propio nivel de la naturaleza humana. Es en esa fuerza de alma cristiana que está el dinamismo de la Contra-Revolución.
3. Invencibilidad de la Contra-Revolución
Se puede preguntar de qué valor es ese dinamismo. Respondemos que, en tesis, es incalculable, y ciertamente superior al de la Revolución: “Omnia possum in eo qui me confortat” (Filip. 4, 13) (1).
Cuando los hombres resuelven cooperar con la gracia de Dios, se operan las maravillas de la Historia: es la conversión del Imperio Romano, es la formación de la Edad Media, es la reconquista de España a partir de Covadonga, son todos esos acontecimientos que se dan como fruto de las grandes resurrecciones de alma de que los pueblos son también susceptibles. Resurrecciones invencibles, porque no hay nada que derrote a un pueblo virtuoso y que verdaderamente ame a Dios”.

Plinio Corrêa de Oliveira

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(N. del E. 1): “Todo puedo en Aquél que me da fuerzas”.

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“Revolución y Contra-Revolución”, Cap. IX – La fuerza propulsora de la Contra-Revolución

viernes, 11 de julio de 2014

Deshaciendo objeciones previas - Nobleza y élites tradicionales análogas - Cap. I - Visión de conjunto

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Nobleza y élites tradicionales análogas:
DESHACIENDO OBJECIONES PREVIAS
Visión de conjunto – Capítulo I

Presentamos el capítulo inicial de la obra en que el autor, Plinio Corrêa de Oliveira, aborda la misión esencial de la Nobleza y élites tradicionales análogas -y dirigentes auténticos de todo nivel en nuestros días.

Comienza dando respuesta a algunos interrogantes que surgen en el espíritu de los lectores, que sufren la influencia de los sofismas igualitarios difundidos por todas partes. Enfrenta así con el coraje y fidelidad al Papado que caracterizaron toda su existencia –reconocidos por expresivos documentos de la Santa Sede- la acción de los avasalladores medios de difusión revolucionarios y de los difusores de tales sofismas.
No pretendemos sino continuar brindando  una visión de conjunto, necesariamente resumida y limitada, recomendando vivamente la lectura de esta obra que está a disposición de quien desee adquirirla (nota: los subtítulos y textos en bastardilla pertenecen a nuestra Redacción; los subtítulos numerados y en letra normal son tomados del original).
***
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Cuando la psicología de muchos lectores parece prevenida respecto a la materia a tratar, la situación del escritor es como la de un maquinista de tren que advierte que la vía está abarrotada de obstáculos, y que el viaje sólo podrá comenzar apartándolos. Son tantos los prejuicios respecto a la Nobleza y élites tradicionales análogas, que el asunto sólo puede tratarse después de apartarlos.

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1. Sin prejuicio de una justa y amplia acción en pro de los trabajadores, oportuna actuación a favor de las élites

Hablar de reivindicaciones a favor de los trabajadores es altamente loable. Pero insistir unilateralmente en ellas sin considerar los problemas y necesidades de otras clases –cruelmente afectadas por la gran crisis contemporánea- supone olvidar que la sociedad se compone de clases diversas, con funciones, derechos y deberes específicos y no únicamente de trabajadores manuales.
Asimismo, la formación de una sociedad sin clases es una utopía que ha sido tema invariable de los sucesivos movimientos igualitarios desde el siglo XV, predicada en nuestros días por socialistas, comunistas y anarquistas.
Las TFP y entidades afines son favorables a que se hagan para la clase de los trabajadores todas las mejores oportunas, pero sin que implique la desaparición de las demás clases, o una tal mengua de su significado, deberes, derechos y funciones específicas en favor del bien común que equivalga a su virtual extinción.
Resolver la cuestión social achatando todas las clases en ilusorio beneficio de una sola, supone provocar una auténtica lucha de clases, ya que suprimirlas en beneficio exclusivo de la dictadura de una sola –el proletariado- supone reducir a las demás a la alternativa de aceptar su legítima defensa o la muerte.
Es menester que nuestros contemporáneos bien orientados, en colaboración con las iniciativas en pro de la paz social por medio del justo y necesario apoyo a los trabajadores, desenvuelvan en favor del orden social una actuación opuesta a la de socialistas y comunistas, que lleva hacia la lucha de clases. Y para que el orden social exista, es condición que a cada clase le sea reconocido lo que en derecho le corresponde para subsistir dignamente y que, respetada en sus derechos específicos, se sienta capaz de cumplir los deberes que le corresponden en orden al bien común.

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Así, es indispensable que la acción a favor de los obreros se conjugue con otra a favor de las élites.
La Iglesia no se interesa por la cuestión social porque ame exclusivamente a los obreros; no es un partido laborista fundado para proteger una sola clase; Ella ama, más que a las diversas clases consideradas aisladamente y sin nexo con las demás, la Justicia y la Caridad, y por eso ama a todas las clases sociales… incluso a la Nobleza, tan combatida por la demagogia igualitaria (cfr. Caps. IV, 8, y V, 6).

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Pío XII reconoce a la Nobleza una importante y peculiar misión -que corresponde análogamente a otras élites sociales. Lo hace en quince alocuciones concedidas al Patriciado y a la Nobleza romana (1940 a 1958).
Nadie ignora la multiforme ofensiva para mengua o extinción de la Nobleza y demás élites, ejerciendo una avasalladora presión para hacer abstracción, replicar o disminuir su papel.
En alguna medida, pues, la actuación a favor de la Nobleza y élites es hoy más oportuna que nunca. “Cabe por tanto formular con arrojo y serenidad la siguiente afirmación: en nuestra época, en la cual tan necesaria se ha vuelto la opción preferencial por los pobres, también se hace indispensable una opción preferencial por los nobles” y otras élites tradicionales “expuestas al riesgo de desaparecer y dignas de apoyo”.
(…)
“No, si la Nobleza debe ser considerada una clase parasitaria de dilapidadores de sus propios bienes; pero esta imagen de la Nobleza, que forma parte de la leyenda negra de la Revolución Francesa de 1789 y de las que la siguieron…es rechazada por Pío XII. Aun cuando afirma claramente que se han dado en sus medios abusos y excesos…dignos de severa censura…describe, en términos conmovidos, la consonancia de la misión de la Nobleza con el orden natural de las cosas instituido por el propio Dios, así como el carácter elevado y benéfico de esa misión”.

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2. La Nobleza: una especie dentro del género élites tradicionales

La expresión élites tradicionales designa una realidad socio-económica. Según los textos pontificios, la Nobleza constituye una élite, la más alta de ellas; pero no es, ciertamente la única.
Hay élites no nobiliarias ni hereditarias ex natura propria. V.gr. la condición de profesor universitario incorpora a sus titulares a lo que se puede llamar élite de una nación, como la condición de militar, diplomático y otras análogas. No pocos nobles se dedican a ellas sin que decaigan ipso facto de su condición; por el contrario, el ejercicio de esas actividades da fácilmente ocasión a que el noble marque su actuación en ellas con la excelencia de los atributos específicos de la Nobleza.

No se debe olvidar a las élites que propulsan la vida económica de una nación en la industria y el comercio, funciones lícitas, dignas y de evidente utilidad, cuya meta específica es el enriquecimiento de quienes las ejercen; enriqueciéndose, por una consecuencia colateral, enriquecen a la nación.
Esto no basta para dotar de un carácter de Nobleza a quienes las ejercen. Es indispensable una particular dedicación al bien común –especialmente a lo que tiene de más precioso, el cuño cristiano de la civilización- para que se pueda conceder esplendor nobiliario a una élite. No obstante, cuando las circunstancias proporcionan a industriales y comerciantes la ocasión de prestar servicios notables con sacrificio relevante de intereses personales legítimos, ese esplendor brille también en quienes los hayan prestado con la correspondiente elevación de espíritu.
Si una familia no noble, por una feliz conjugación de circunstancias, ejerce a lo largo de varias generaciones alguna de estas actividades, bien puede ser suficiente para elevarla a la condición de noble, como ocurrió con la Nobleza veneciana –habitualmente de comerciantes- que ejerció el gobierno de la Serenísima República y tuvo en sus manos el propio bien común de aquel Estado, elevándolo a la condición de potencia internacional. No sorprende que hayan accedido a la condición de nobles de modo tan efectivo y auténtico que asumieron todo el alto tono de cultura y maneras de la mejor Nobleza militar y feudal.

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Hay élites tradicionales fundadas desde su inicio en capacidades y virtudes cuya transmisibilidad –genética y del ambiente y educación familiares- es patente. Así se constituyen familias y aún vastos conjuntos de familias que se destacan por sus señalados servicios al bien común: surge así una élite tradicional.
“En ella se alía a la condición de élite el valioso predicado de ser tradicional; y muchas veces no se constituye formalmente como clase noble por el mero hecho de que la legislación de muchos países –influenciada por las doctrinas de la Revolución Francesa- veda al Poder público el otorgamiento de títulos de Nobleza. En ese caso se encuentran no sólo ciertos países europeos, sino también los del continente iberoamericano”.
Las enseñanzas pontificias sobre Nobleza son en gran medida aplicables a esas élites tradicionales por fuerza de analogía de situación; de ahí la importancia y actualidad de esas enseñanzas para quienes, aun siendo portadores de auténticas y elevadas tradiciones familiares, no hayan sido honrados con un Título de Nobleza, pero a quienes corresponde una noble misión en sus respectivos países a favor del bien común y de la Civilización Cristiana.
Lo mismo se puede decir de las élites no tradicionales, en la medida en que se van haciendo tradicionales.

(Continúa en el próximo boletín)
Será un gusto recibir sus consultas o comentarios a través del site o por mail a: donpelayodeasturias@gmail.com –

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lunes, 9 de junio de 2014

Opción preferencial: ¿qué significa esta expresión? Test sobre Nobleza y élites tradicionales análogas

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RESPUESTA AL Test sobre Nobleza y élites – Opción preferencial: ¿qué significa esta expresión? – “La opción preferencial por los nobles y la opción preferencial por los pobres no se excluyen, y menos aún se combaten…” – (Visión de conjunto – 2) -

 

¿Cuál es la opción preferencial que anima este libro?
A) Una opción preferencial por los ricos.
B) Una opción preferencial por los pobres.
C) Una opción preferencial por los nobles.

Una opción preferencial que ayude a los pobres a atender sus necesidades…
A) Es obligatoria.
B) Puede ser de estricta justicia.
C) Es una injusticia para las demás clases sociales.
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La antítesis entre nobles y pobres, ¿tiene razón de ser? ¿Por qué?
A) No; cada vez tiene menos razón de ser, pues la pobreza va alcanzando un número creciente de nobles.
B) Sí; basta que existan nobles y pobres para que surja espontáneamente el conflicto de clases.
C) Sí, porque los nobles son cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres.

El noble pobre, ¿se encuentra en una situación más lamentable que el pobre no noble?
A) No, porque sin más recurre a sus parientes nobles y ricos y asunto solucionado.
B) Sí, porque el hecho de ser noble lo lleva a no pedir auxilio y esconder su nombre.
C) No, porque la sociedad actual se apresura a socorrer a los nobles pobres.

¿Sólo el pobre en recursos materiales merece una opción preferencial?
A) Sí, únicamente el pobre en recursos materiales merece una opción preferencial.
B) No, únicamente el noble merece una opción preferencial.
C) También merecen una opción preferencial aquellos que tienen deberes especialmente arduos a cumplir y les corresponde una mayor responsabilidad en su cumplimiento. En esas condiciones se encuentran frecuentemente miembros de la Nobleza contemporánea.

De acuerdo a lo enseñado por Juan Pablo II, la opción preferencial por los nobles y la opción preferencial por los pobres, ¿se excluyen?
A) S.S. Juan Pablo II enseñó que la opción preferencial por los pobres no es exclusiva ni excluyente, pues el mensaje de la salvación está destinado a todos.
B) Juan Pablo II siempre ha enseñado que su opción es por los pobres; por tanto, excluye una opción preferencial por los nobles.
C) Cristo vino a salvar a los pobres; los ricos y los nobles no son pobres, y por tanto el mensaje de salvación ni está destinado a ellos, ni ellos lo quieren escuchar. La opción preferencial por los nobles no existe.

¿Qué utilidad tiene la opción preferencial por los nobles expresada en este libro?
A) Darle ánimo a los nobles en su enfrentamiento con los pobres.
B) Mostrar que no existe la lucha de clases.
C) Esclarecer a los que, animados por el espíritu de lucha de clases, imaginan que existe una inevitable conflictividad en las relaciones entre el noble y el pobre. Evitar que la “opción preferencial” expresada por el Pontífice sea interpretada (de manera apasionada y facciosa) como “preferencia exclusiva”. La preferencia de un objeto entre varios no indica la forzosa exclusión de los demás.

 

Referencias para las respuestas:
* “Nobleza y élites tradicionales análogas”, Introducción
* Opción preferencial: ¿qué significa esta expresión? – “La opción preferencial por los nobles y la opción preferencial por los pobres no se excluyen, y menos aún se combaten…” – Visión de conjunto (2)

* Entradas de este sitio con el “tag” Nobleza y élites tradicionales análogas – Visión de Conjunto, Test sobre Nobleza y élites

Plinio Correa de Oliveira, “Nobleza y élites tradicionales análogas – En las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana” –

 

 

sábado, 7 de junio de 2014

Clarinadas - Epopeya de San Fernando de Castilla - Acción estudiantil frena misa negra en Harvard - Día campero de Fe y Tradición - Actos güemesianos - Congreso Red Fed. de Familias - Homenaje fundación de Barco

Clarinadas – La epopeya de San Fernando III de Castilla – Acción estudiantil católica impide misa negra en Harvard – Día campero de Fe y Tradición en Sañogasta -Patrióticos actos güemesianos en Salta – Congreso de la Red Federal de Familias en Corrientes – Homenaje a la fundación de la Ciudad del Barco en Tucumán

07/06/2014
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LA EPOPEYA DE SAN FERNANDO DE CASTILLA (video)

En este video, nuestros lectores encontrarán imágenes muy valiosas, especialmente la de San Fernando como joven rey de imponente y sacral varonilidad y más tarde, en la edad madura, llegando a adquirir un notable parecido con Cristo Rey.

Los historiadores intervinientes brindan interesantes informaciones de su obra, como su promoción del castellano, la difusión del Fuero Juzgo, su carácter de gran conquistador, la toma de Sevilla a los musulmanes atacándola por mar y tierra, la construcción de bellas catedrales y su espíritu mariano en su incansable batallar contra el Islam, siempre victorioso. Fue el arquetipo de rey español, brillante en el campo de batalla, como estratega, político, y verdaderamente progresista. Muere queriendo llevar la Reconquista al continente africano. ¿Qué habría ocurrido con la Reconquista si hubiese tenido herederos a su altura? La respuesta, en el video…

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                                                                              007 Roland recortadoVICTORIOSA ACCION ESTUDIANTIL CATOLICA CONTRA LA MISA NEGRA PROGRAMADA EN LA UNIVERSIDAD DE HARVARD –

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Pío XII enseña que los miembros de las élites tradicionales y dirigentes auténticos deben tener una fortaleza de ánimo que ni las más duras pruebas puedan abatir, que los convierta en perfectos soldados de Cristo, animadores y sustentadores de los tentados a dudar y ceder. Asimismo les recomienda prontitud para la acción, no desanimar ante los sacrificios hoy exigidos por el bien común, fervor en cumplir el deber de católico y ciudadano que los preserven de un abstencionismo que sería gravemente culpable estando en juego los intereses más vitales de la religión y la patria.

Es lo que ha inspirado a los jóvenes de la TFP Student’s Action a oponerse públicamente a que la Universidad de Harvard (ver fotografía), la más antigua y prestigiosa de los Estados Unidos, fuese usada por los satanistas para su abominable propósito.
Parafraseando a Santa Juana de Arco, podemos decir: “los hombres lucharon y Dios concedió la victoria”.

 

http://www.tfpstudentaction.org/what-we-do/news-and-updates/black-mass-stopped-how-god-won-at-harvard.html
http://www.tfp.org/tfp-home/catholic-perspective/harvard-s-black-mass-and-demonic-action.html

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007 Roland recortado8 DE JUNIO: DIA CAMPERO DE FE Y TRADICION EN HONOR DE LA VIRGEN DE LA CANDELARIA, en el antiguo MAYORAZGO DE SAN SEBASTIAN DE SAÑOGASTA, LA RIOJA

El Talar 2014
“Parece gente despidiéndose para una cruzada” (Plinio Corrêa de Oliveira)

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007 Roland recortado 17 DE JUNIO: ACTOS GÜEMESIANOS EN SALTA


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INSTITUTO GÜEMESIANO DE SALTA

GENERAL MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

HÉROE NACIONAL LEY 26.125

Salta,   Junio de 2014



El Instituto Güemesiano de Salta, se complace en invitar a Ud. /s. a los actos en homenajes al Gral. Martín Miguel de Güemes, que se llevarán a cabo los días: 7, 17 y 18 del corriente.

Día 7: A horas 10,00: En el Monolito de Plaza Belgrano, lugar donde el Gral. Güemes fue herido.    Apertura del acto a cargo de la Sra. presidente del Instituto Güemesiano de Salta, Prof. Ercilia     Navamuel. Colocación de Ofrenda Floral y Palabras alusivas a la fecha, a cargo del Sr. Guillermo Echazú.                                              

Día 17: A horas 19,00: Acto Académico conmemorando el 193º aniversario del fallecimiento del Gral. Martín Miguel de Güemes, en Museo de la Ciudad Casa de Hernández, Florida 97, Salta.

*Apertura y palabras alusivas de la Sra. presidente del Instituto Güemesiano Prof. Ercilia Navamuel.

* Presentación de Banderas, Himno Nacional Argentino e Himno al Gral. Martín M. de Güemes.

CONFERENCIAS:

* Presentación del libro “Guardián del Norte” del Dr. D. Julio C. Borda, a cargo del vicepresidente del Instituto Güemesiano de Salta, DUGH Leandro Plaza Navamuel.

* Tema, “Doña Magdalena de Goyechea y de la Corte” a cargo de la Dra. Marta de la Cuesta.

* Tema, “Señorío y patriotismo” a cargo del Prof. Luis María Mesquita.

* Tema, “El Coronel Moldes y el Gral. Güemes” a cargo de la Prof. Margarita I. González.

* Tema, “Güemes Héroe Nacional” a cargo del Dr. Marcelo Rubial.

21,00 Hs. Retiro de las Banderas y cierre del Acto.

Día 18: A horas 09,00: Salida desde Avda. Belgrano y Sarmiento, para realizar un acto conmemorativo en Capilla y Cementerio del Chamical, sitio donde en 1821 fue sepultado el Gral. Güemes.

Visita al museo de finca La Cruz y al monolito de la Quebrada de la Horqueta.    


http://argentinagrandeza.blogspot.com.ar/2014/06/v-behaviorurldefaultvmlo.html

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007 Roland recortado 20 y 21 de junio: CONGRESO DE LA RED FEDERAL DE FAMILIAS   EN CORRIENTES

Informan los organizadores:

Estan cordialmente invitados a participar del IV Congreso Nacional de Familia y Vida que se organiza para este 20 y 21 de junio en Corrientes.

Importantes temas, destacados disertantes, oportunidad de contactarse y compartir la Cultura de la VIDA!!!

¡¡ya va siendo hora de ponerse al día, y luchar por la vida y la familia!!!

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       007 Roland recortado      28 de junio: TUCUMAN: II EVOCACION DE LA FUNDACION DE LA CIUDAD DE BARCO -

Homenaje por los 464 años de la fundación de la Ciudad de Barco, ocurrida el 29 de junio de 1550.

 

Barco Acto 1
Inst Cultura Hispánica Tucumán

EL INSTITUTO TUCUMANO DE CULTURA HISPÁNICA, tiene el agrado de invitar a Ud. y en su caso a la institución que pertenece, al acto de Homenaje por los 464 años de la fundación de la Ciudad de Barco, ocurrida el 29 de junio de 1550.
Esta marcha de conmemoración y acto de homenaje, será la segunda comitiva evocando el origen de la argentinidad, la confluencia étnica y la entidad de la nacionalidad. La primera que realizamos el año pasado tuvo calificada concurrencia, además de adhesiones de todo el país e internacionales. Este año, por cuestiones logísticas, realizaremos el acto el sábado 28 de junio.

Dr. Justino Terán
Presidente

Participación: cel. 0381 155 290682 Adhesiones: j_teran@arnet.com.ar

Acompañamos: Programa y también crónicas y fotos del acto del año 2013.

http://argentinagrandeza.blogspot.com.ar/2014/05/invitacion-ciudad-de-barco-homenaje-los.html


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jueves, 15 de mayo de 2014

INVITACION - "Argentina 2014 - La crisis, las causas, la solución - Razones de esperanza" - Conferencia de Alejandro Ezcurra Naón

El jueves 22  de Mayo a las 19 horas,
Alejandro Ezcurra Naón
disertará  sobre:
“Argentina 2014 - La crisis, las causas, la solución
Razones de esperanza”
Invitan:
Asociación Civil Fátima La Gran Esperanza
Fundación Argentina del Mañana
fadm@fadm.org.ar (011) 48014681  y
Por la Paz del Campo
 
Palacio Balcarce: Av. Quintana 161  Ciudad de Buenos Aires
 

sábado, 10 de mayo de 2014

Sacralidad medieval: Pipino ungido Rey de los Francos por San Bonifacio, Apóstol de Germania y Legado papal


09/05/2014
330px-St-Denis_Pippin-Berthe Pipino el joven, primer rey de los francos del linaje carolingio, ungido por el propio San Bonifacio, junto a la reina Bertrada la joven, su mujer, representados con gran sacralidad -como realmente fueron. Mausoleo en la Abadía de Saint-Denis. Foto de Axel Brocke (Wikipedia.De) 255px-Basilique_Saint-Denis_chapelle_de_la_Vierge Bellísima Capilla de la Virgen en la Abadía de Saint-Denis. Foto: Myrabella 330px-St_Denis_Choir_Glass Coro de la espléndida abadía real de Saint-Denis (Wikipedia.De) 330px-PipinStich Pipino representado en monedas de época con inscripciones relativas a la Santa Lanza con la que Longinos hirió el costado del Rey de Reyes. (Wikipedia.De) 330px-Dokkum,_reliekschrijn_van_de_heilige_Bonifatius Reliquias del misionero mártir San Bonifacio, legendario apóstol de germanos y francos (en Dokkum). Foto: I, Bouwe Brouwer 330px-Bonifatius_Donareiche Con gran energía y sin temer por su vida, San Bonifacio derriba el roble del dios del trueno. Con el roble caía el paganismo y se elevaban los pueblos germanos al reinado de la santa Cruz. Dibujo de Bernhard Rode (s. XVIII) 255px-Bonifazius Imponente estatua del Apóstol de Germania y Legado papal, San Bonifacio, en la Catedral de Mainz. Foto: Martin Bahmann 255px-Basilique_Saint-Denis_Dagobert_tombeau Magnífico mausoleo del rey merovingio Dagoberto (Saint-Denis). Foto: Myrabella 255px-Emil_Pierre_Joseph_de_Cauwer_Saint-Denis La tumba real de Luis XII y Ana de Bretaña (St.-Denis), por Émile Pierre Joseph de Cauwer

“El propio San Pedro ha ungido a Pipino
constituyéndolo en el libertador y el defensor
de la Iglesia” (Esteban II Papa)

Pipino el Joven (Alemania) o Pipino el breve (Francia),  “era de baja estatura pero singularmente robusto, y los cronistas nos han transmitido anécdotas épicas a su respecto. Su carácter era lleno de fuego y audacia. En la energía de sus resoluciones y la rapidez con que las ejecutaba recordaba a su padre, Carlos Martel”.
Así nos lo presenta Funck-Brentano, a los 37 años, sin conflictos con su hermano Carlomán, que  había renunciado a sus derechos, atraído por la vida monástica. En sus documentos, el padre de Carlomagno hacía constar esta fórmula: “aquel a quien el Señor ha confiado la responsabilidad de gobernar”, manifestando conciencia de su misión corroborada por los hechos.
En 751 envía al Papa San Zacarías la célebre embajada integrada por Fulrad, Abad de Saint-Denis, y Burchard, Obispo de Würzburg, a consultarle “con respecto al rey que reinaba sobre los francos sin autoridad”.
Se trataba del rey, considerado miembro de la estirpe fundada por Clodoveo y Santa Clotilde dos siglos y medio antes, que él y Carlomán habían llevado a salir del monasterio para ocupar formalmente el trono (sin poder real), y así cumplir con la tradición del pueblo y mantener el orden en el respeto a las costumbres.
La dinastía merovingia había decaído terriblemente y desde hacía varias generaciones estaba limitada a una función meramente ornamental, mientras los carolingios ascendían orgánicamente, prestando históricos servicios al reino y la Cristiandad, verdaderas proezas! (*).
Esa situación anómala se desprende a las claras de un documento de Carlomán, heredero del gobierno de la mitad del reino que, al fin de su vida, le entregara su padre, Carlos Martel, al dividirlo en dos partes –una para cada hermano. El documento reza:
“Childerico, rey de los Francos, al eminente Carlomán, Mayordomo del Palacio, que nos ha establecido sobre el trono…”.
Tal era esa regresión que la historia designa a los merovingios de la decadencia “rois fainéants” (“reyes que no hacen nada”), expresión que muchos textos históricos traducen como “reyes holgazanes”.
Pero más allá de estas circunstancias importantes, en un plano más alto aún, impregna este nuevo período una clave esencial para “conocer la civilización cristiana al vivo”. El brillante historiador Louis Halphen abordó el asunto con especial interés. Es el aspecto místico, simbólico, altamente significativo, del carácter que asumió la monarquía del primer soberano carolingio, Pipino, que dará, con la bendición del Papa, el necesario paso de reinar no sólo de hecho sino de pleno derecho, substituyendo legítima y ordenadamente al rey figurativo.
El ambiente sacral y orgánico que iba germinando en esa monarquía rumbo a su plena definición se percibe en otro documento de Carlomán, antes de consagrarse a la vida religiosa:
“En nombre de Nuestro Señor Jesucristo, Yo, Carlomán, duque y príncipe de los francos, en base al consejo de los servidores de Dios y de mis grandes, he reunido a los Obispos y a los sacerdotes que hay en mi reino…para que ellos me den consejo sobre el medio de restaurar la ley de Dios y de la Iglesia, corrompidas en tiempos de los anteriores príncipes, a fin de que el pueblo cristiano pueda asegurar la salvación de su alma y no se deje arrastrar a su pérdida por falsos sacerdotes” (cit. por L. Halphen).
Es una muestra al vivo de monarquía orgánica medieval: un príncipe que, “en su reino”, no actúa como rey absoluto sino teniendo en cuenta a los Obispos y grandes señores. La aristocracia entonces vigente, dentro del orden monárquico, implicaba la obligación de sus miembros de aconsejar lealmente a la cabeza del reino. Es un exponente, asimismo, de monarquía sacral, ejercida “en nombre de Nuestro Señor Jesucristo”, con la expresa finalidad de que “el pueblo cristiano pueda asegurar la salvación de su alma”. ¡Bella interpenetración del orden temporal y el espiritual, una suma de esfuerzos en que cada orden mantenía su naturaleza y ámbito propios!
Estas medidas, consigna Louis Halphen, tienden todas a la restauración de la Iglesia franca bajo la égida de San Bonifacio, “enviado de San Pedro” -a quien ya Carlos Martel había brindado su imprescindible apoyo (*). El gran misionero anglo-sajón había sido llamado por Carlomán y Pipino para regenerar la práctica de la Fe y los mandamientos en sus Estados.
Los apóstoles medievales –como se desprende del artículo de Plinio Corrêa de Oliveira, “Los dedos del caos y los dedos de Dios”- tenían la excelsa misión de ir limpiando las almas de la terrible barbarie germánica. Causa pavor evocar las escenas de sangre y terror de las ceremonias paganas que se desarrollaban frecuentemente en los bosques, antes de la conversión de estos pueblos.
La lucha de San Bonifacio no era sólo contra los brujos paganos que, entregados al demonio, las promovían, más allá del Rin. Las malas costumbres habían cundido también entre los sacerdotes católicos de la Galia.
Tenía, así como los Papas y los carolingios, grandes horizontes, grandes sueños apostólicos y grandes luchas para hacerlos realidad. Se había empeñado a fondo en cambiar las mentalidades y formas de vida. Ocurre que para reformar al mundo era preciso reformar primero a la Iglesia, empezando por reformar a sus miembros consagrados. San Bonifacio lo había comprendido así; mucho tiempo antes de poder convocar los concilios nacionales,  uno de sus más hermosos títulos de gloria, “había declarado la guerra al clero corrompido de su tiempo…” (Kurth).
                                            * * *
A mediados del siglo VIII, en 747, acompañado por muchos nobles y caballeros, Carlomán se dirige a Roma para abrasar la vida monástica, siendo acogido paternalmente por el Papa Zacarías.
A Pipino lo vemos ejerciendo las duras tareas de gobierno en su palacio de Attigny, “rodeado de sus grandes” –Obispos, Duques y Condes del reino-, ejerciendo el poder “que le ha sido confiado por Dios”.
Las cosas habían ido madurando. Ya era tiempo de que la corona de la monarquía franca pasara a los verdaderos soberanos, los señores de Heristall. Es entonces cuando Pipino envía, como vimos, al Abad Fulrad y al Obispo Burchard a hacer la crucial consulta al Sumo Pontífice acerca de “los reyes que en Francia, en ese tiempo, no detentaban el poder real”, para saber “si estaba bien o no que así fuera”.
A lo que el santo Pontífice respondió: “que era mejor llamar rey al que tenía, más que a aquel que no tenía, el poder real” (cf. Anales Reales, ap. L. Halphen, cit.). Pues, consideraba el Vicario de Cristo, “el que está investido de poder legítimo debe también llevar su título para que no se perturbe el orden“, (Ann. Lauriss., año 751).
El parecer del Papa se difundió a los cuatro vientos, con imaginable impacto en la opinión pública. En 751, Pipino decidió dar el paso definitivo de reenviar a Childerico al convento –para que continúe su vida de monje, interrumpida por su breve reinado formal. Nadie resistió esta decisión que no parece haber causado sorpresa alguna.
A continuación convocó a los francos a una gran asamblea en la emblemática Soissons, donde – a la usanza tradicional, more Francorum-, fue alzado por los guerreros sobre un gran escudo pasando a revestir el carácter de rey electo. No fue, por tanto, como dicen algunos historiadores con espíritu racionalista y esquemático ajeno a los tiempos, una usurpación, sino el punto final de una gradual maduración. Pues,  constituía una anomalía chocante ver a los soberanos designados con otro nombre -mayordomos de palacio- que el que les correspondía, y que la corona no estuviese sobre la cabeza del héroe en cuyas manos estaba el cetro en razón de un derecho hereditario.
Algo trascendente estaba ocurriendo para la Cristiandad y la historia del mundo. En aquella jornada memorable, el nuevo rey electo recibió a seguir la unción santa de manos del Obispo de Germania, San Bonifacio, enviado personal del Papa.
El representante del Vicario de Cristo dejaba ver a los francos que el nuevo orden tomaba forma en total conformidad “con aquel que debía ser considerado el más legítimo intérprete de la voluntad divina” (L. Halphen).
El gesto del gran Apóstol de germanos y de francos, al derramar óleo santo sobre la cabeza de Pipino, hacía del príncipe carolingio el elegido de Dios al mismo tiempo que el elegido del pueblo.
Renovada de los tiempos bíblicos, la coronación-unción (le sacre), retomaba a los ojos de todos su antiguo valor. Así como habían sido Saúl y David, Pipino era “el ungido del Señor”. En ese espíritu, era su mandatario; de El tenía el cargo del que estaba investido.
“Verdadero sacerdocio” dice Halphen, (que obviamente no se confunde con el Orden Sagrado), que implicaba graves responsabilidades que pesaban en las conciencias de los medievales.
En el nuevo mundo que amanecía, la historia de Saúl y David estará muy presente, y será vista como una especie de prototipo de la propia historia carolingia. Era una realidad de Légende Dorée! Era ver lo maravilloso manifestándose realmente en la Historia –aunque hoy a los que están ciegos a las realidades superiores y reducen todo al entrechoque de intereses egoístas y afán de poder, les cueste entenderlo.
Daban el tono quienes debían darlo, varones como San Bonifacio, que ejercía una acción irresistible sobre las masas. Sin duda Dios no habrá dejado de apoyarlo con la presencia angélica afín a la luz de las feéricas cúpulas y vitrales de la Abadía de Saint-Denis, el canto sagrado, y una ceremonia como la de Soissons, en que el Legado papal consagra la elevación al mayor poder temporal de Occidente de “uno de los príncipes más notables de la Edad Media”, “de incomparable majestad”, como expresa, admirado, Godofredo Kurth.
El espíritu de la civilización cristiana contenía las simientes de una concepción sacral de la autoridad. Ya en el siglo VI, el cristiano rey merovingio Gontrán se sentía inspirado por las palabras de la Sabiduría: “Per me regnant reges…”. “Es por Mí que reinan los reyes y que los legisladores ordenan lo que es justo; por Mí los príncipes mandan y los poderosos dictan justicia” (Proverbios, VIII, 15-16).
Pipino puede ahora decirle al Señor, con Salomón: ‘Tú me has elegido rey’. Sus descendientes serán “reyes por la gracia de Dios”, es decir: “Con la ayuda de Dios, que nos ha puesto en el trono” (Halphen).
No se trataba de puras fórmulas protocolares, sino de la afirmación  de una doctrina: el Rex Francorum, a partir de aquí, ha recibido de Dios la misión personal de reinar sobre el pueblo franco “y de trabajar apoyándose sobre El para el triunfo de la religión de Cristo” (ibid.).
La voz de Pedro había resonado en el Occidente cristiano. La mano de su Pontífice había elevado al rey de los francos ante todos los pueblos a un prestigio que no había tenido ninguno de sus predecesores.
El reconocimiento de los carolingios no se hizo esperar ;  el Papa había afirmado el trono carolingio con sus bendiciones; así también ellos iban a sostener el del Pontífice con sus armas. “Tiempo era, en verdad, de que una espada poderosa saliese en defensa del jefe de la cristiandad…” (Godofredo Kurth).
Por qué y cómo, intentaremos mostrarlo en la próxima nota.
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Ver las notas anteriores en este mismo sitio - 
* Un linaje que surgió de la resistencia al Islam y el amor ardiente al Papado
** “La hora de la aristocracia”: héroes y santos fundan la estirpe carolingia
*** Carlos Martel, héroe del linaje carolingio, frena al Islam y es ‘campeón invencible de la civilización cristiana’
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BIBLIOGRAFIA CONSULTADA:
Plinio Corrêa de Oliveira, “Os dedos do caos e os dedos de Deus”, “Catolicismo”, n° 499, Julio de 1992 (www.catolicismo.com.br)
Louis Halphen, “Charlemagne et l’empire carolingien”, serie L’évolution de l’humanité, Albin Michel, Paris, © 1968
Godofredo Kurth, “Los orígenes de la civilización occidental”, Emecé Editores, Buenos Aires
Frantz Funck-Brentano, “Les Origines”, L’histoire de France racontée à tous, 10ª ed., Hachette, Paris
Henri Pirenne, “Mahoma y Carlomagno”, Ed. Claridad, Buenos Aires, 2013

lunes, 28 de abril de 2014

Carlos Martel, héroe carolingio, frena al Islam y es "campeón invencible de la civilización cristiana"

Batalla de Poitiers por Carl von Steuben detalle
Carlos Martel, el “martillo” de los enemigos de la Cristiandad, con su hacha guerrera deshizo los planes de conquista del mahometano Abderramán, que quería borrar la cruz e implantar la media luna

        Cinco potencias, a comienzos del siglo VIII, marcaban el curso de los acontecimientos en el Occidente cristiano (*).
Los árabes, que querían implantar el Islam y borrar la civilización cristiana;
el Imperio bizantino, de antiguo prestigio cada vez más declinante;
los reinos franco y lombardo, únicos sobrevivientes de los estados germanos de aquellos “siglos salvajemente movimentados” de principios del Medioevo.
Sobre el poder restante dice Paul Kirn:
“De esencia ante todo moral, constituía en su índole propia una potencia incomparable: el Papado”.
De un solo golpe había caído el decadente reino visigodo de España en manos de los sarracenos, sumido en la traición y la complicidad de personajes ruines como el Conde Julián o el Obispo Don Opas. Los “hijos del desierto” anhelaban implantar la media luna desde el Atlántico hasta el Báltico, y proclamar el nombre de Mahoma en la propia alma de la Cristiandad y sede del Papado, Roma, y pisar con los cascos de sus caballos el suelo de San Pedro.
La única potencia temporal que podía, al menos en principio, hacerle frente, era el reino franco, comparable en ese momento a una medalla de hierro con dos caras.
De un lado la dura realidad de un pueblo heterogéneo en gestación. Que lidiaba con dos barbaries, la del antiguo paganismo del mundo romano convertido a medias, y la del teutónico y tribal al norte del Rin. Mentalidades, atavismos e intereses contrapuestos en constantes luchas, edificios sociales  que se levantaban para caer al cabo de un tiempo, con una dinastía que muchas  veces no parecía la heredera de Clotilde y Clodoveo.
De otro lado, era un mundo nuevo (Pirenne) que iba surgiendo, como el lucero del alba, al que el Redentor parecía dirigir estas palabras del Padre Eterno al Hijo, que consigna Gregorio de Tours en sus disputas con los arrianos: “Je t’ai engendré dans mon sein avant l’étoile du jour”; te he engendrado en mi seno antes de la estrella matutina
El mundo de la promesa de que Dios jamás abandona a su pueblo, a su Iglesia, que siempre ha de triunfar por la fidelidad de los buenos, reunidos en torno de su Madre, “porque la asiste Vuestra protección” (Plinio Corrêa de Oliveira).
Pues la Providencia había suscitado una “hija primogénita” para realizar una alta misión. Presentida por los “apóstoles de la sublimidad” (de que habla el mismo autor), el ideal de un ascenso ilimitado, semejante a las agujas de una catedral gótica por construir entre todos…
Se da entonces, afirma Godofredo Kurth, “uno de los espectáculos más raros de la historia: el de una sucesión de hombres ilustres transmitiéndose de uno en otro el genio con la sangre”.
Era la estirpe carolingia, “que tuvo la gran fortuna de reunir muy temprano en su seno a los descendientes de Arnulfo y a los de Pipino, heredando así el prestigio de ambos. Salida de dos troncos tan gloriosos, era desde entonces la verdadera familia real de Austrasia”.
Este proceso muestra cómo se eleva una sociedad por sus familias dirigentes cuando, fieles a su misión, desarrollan sus cualidades propias: ”La Germania cristiana se complacía en admirar su propio vigor moral en los miembros de la familia carolingia…que aparecían como los frutos más sabrosos de una raza regenerada por el cristianismo” (ibid.).
¡Qué diferencia con la realidad actual! “Ni aún en la cima más elevada de las prosperidades humanas perdieron de vista las cosas de la eternidad, y toda una pléyade de santos y santas florecieron en las múltiples ramas del tronco carolingio”. Los francos “la sirvieron con fidelidad duradera, porque veían en ella a los mejores elementos de su raza”.
                 768px-Karl_Martell wikimedia comm J Patrick Fischer autocor
Escultura que muestra la conciencia de su misión plasmada en los rasgos varoniles del legendario Carlos Martel, gran exponente del linaje carolingio,  en su tumba en la Abadía de St Denis – Foto de J. Patrick Fischer
El rasgo más característico del santo es su heroísmo. Y fue, si no un santo, un héroe colosal el varón más característico de la estirpe, (exceptuado su nieto, Carlomagno) aquel que sería llamado Carlos Martel,  a quien la Providencia suscitó para salvar una situación humanamente desesperada. Para ser “el campeón invencible de la civilización cristiana” (Kurth). Pues “se acumulaba la tempestad más espantosa que jamás haya amenazado a la sociedad europea”;  cuando el mundo corría peligro de convertirse en propiedad de la espada del Islam (Ranke).
Imperio musulman 
Haciendo click se agranda este mapa que muestra el avance impresionante de los árabes. Sólo la fuerza de Carlos Martel y la ayuda de la Providencia le permitieron vencer a la media luna
A los mahometanos “no les quedaba más que una batalla por ganar: si la lograban, su diluvio destruiría toda la civilización cristiana y Europa quedaría entregada al Islam” (Kurth).
El príncipe Carlos –después de la batalla, Carlos Martel- era hijo ilegítimo de Pipino de Heristall.Su padre, el segundo Pippin, Mayordomo de Palacio y Duque de Austrasia, fue estadista y luchador de envergadura, que gobernaba como “un gran dinasta”. Resistiendo a las fuerzas facciosas que se habían adueñado de Neustria, sin desanimarse por reiteradas derrotas, se había impuesto y logrado reunir a todo el reino franco bajo su autoridad efectiva.
A la muerte de Pipino de Heristall, en 714, los tres reinos que integraban el Imperio en formación –Austrasia, Neustria y Borgoña- reiniciaban sus querellas intestinas.
Su hijo Carlos, que daría al linaje el nombre de carolingios, se encontraba impedido de actuar. Pues la viuda de su padre, Plektrude, lo había relegado a un injusto encierro.
Los facciosos de Neustria le exigían a Plektrude el tesoro reunido por su marido.
Era la hora de Carlos que logra evadirse cuando el reino, desgarrado por facciosos y atacado por frisios y alamanes, se desmoronaba a la vista complacida de los ismaelitas “ad portas”.
Carlos sale a la arena a luchar por el legado de su padre y por el reino. Esperanza para los leudes austrasianos,  no todos corren a ponerse bajo su bandera.
Una leyenda histórica lo describe siguiendo cautelosamente, con sólo 200 hombres,  al ejército de Neustria que regresa con el tesoro quitado a Plectrudis.
Mientras el  enemigo descansa, Carlos lo observa desde un alto. Un guerrero pide su autorización para cargar solo contra todos. Su arremetida temeraria transforma el campamento neustrio en avispero. Espada en mano y al galope grita “¡Carlos! ¡Carlos!”, y sus compañeros, al mando del caudillo,  ponen en desbandada al enemigo y recuperan el tesoro.
Versátil e infatigable, enfrenta a los frisones con una novedosa fuerza naval. Más tarde, desarrollará otra especialidad, la del asedio, para terminar de expulsar a los musulmanes y sus aliados en Avignon y Narbona. No transcurrirá un año de su vida sin emprender campañas contra los enemigos de Austrasia y del nombre cristiano.
Donde triunfan sus armas vienen los apóstoles itinerantes, los misioneros anglo-sajones –San Willibrordo, San Bonifacio, Kilian, Corbinian…-, fundando iglesias y conventos, convirtiendo, bautizando, arriesgando su vida derribando el mismísimo “árbol del trueno”, el sagrado roble de los sajones, en el corazón de sus bosques. Caía el árbol del paganismo y se elevaba el de la cruz, al amparo de la autoridad siempre creciente del nuevo Príncipe y Duque de Austrasia.
La tempestad mahometana seguía preparándose “en inmensa escala”. Abderramán, el virrey del Califa, quiere invadir la región galorromana entera. “Todo el mundo mahometano contemplaba la expedición con intensa ansiedad” (Nöldeke).
   Le ordena a un subalterno, Otmán, avanzado en Galia, arrasar Aquitania. Pero éste ha cerrado un pacto con Eudes, Duque de la provincia, que para salvar su Ducado le había entregado su propia hija.   Enterado del inicuo acuerdo, Abderramán marcha contra Otmán, que, separado de la princesa aquitana, se tira de un precipicio. El final de ésta es horrible: es enviada como presa del harem del Califa de Damasco.
Comienza el virrey musulmán su célebre marcha. Llevará –así lo espera-  el estandarte del profeta a los confines de la Cristiandad. Su avance siembra la desesperación en toda Europa, que desde los días de Atila no había visto armamento tan formidable y destructor. “Conflagraciones, ruinas, los alaridos de la castidad violada y las lamentaciones de los moribundos, hicieron de esta memorable invasión más el trabajo de un demonio que de un hombre” (Nöldeke).
El ejército de Eudes es arrasado. Ante el infortunio,  pide apoyo y perdón a Carlos. Este, no duda. Había venido preparando sus efectivos en silencio para el gran combate, reuniendo guerreros de todas partes del reino. El momento de jugarse el todo por el todo, con carolingia determinación, había llegado, y será el ápice de su vida.
Batalla de Poitiers por Carl von Steuben 
La Batalla de Poitiers,  óleo de Carl von Steuben
Avanza con audacia a enfrentar a Abderramán.  Luego de siete días de escaramuzas, el octavo es el del choque. Los árabes se despliegan sobre el campo; al grito de los muecines rezan a su dios, Alá. El virrey da la señal de ataque.
Pero el ejército católico estaba bajo el amparo de Nuestra Señora, “terrible como un ejército en orden de batalla”. Llueven las flechas de los arqueros berberiscos. La caballería ataca al grito de guerra “Alá es grande!” y cae como inmenso huracán sobre el frente cristiano.
“La larga línea de los francos no afloja, se mantiene inmóvil como un muro de hierro en el espantoso choque”. Veinte veces cargan los musulmanes con la velocidad del rayo; otras tantas su carga impetuosa se estrella contra la muralla inquebrantable. “Los colosos de Austrasia, erectos en sus grandes caballos belgas, recibían a los árabes sosteniendo la espada de punta, atravesándolos de parte a parte con tremendas estocadas…”
 Abderramán cae exclamando, quizás, como Juliano el Apóstata: “¡Venciste, Galileo!” Tal vez le fue dado ver, antes de presentarse al juicio de Dios, al paladín que hacía estragos en sus filas, dando “martillazos” con el hacha guerrera, salvando la Cristiandad. Era Carlos, de ahora en más “el martillo” („der Hammer“), Karl Martell.
La muerte de aquel cuya invasión era más obra de demonios que de hombres  hace cundir el pánico en los guerreros de Alá. La contienda ha durado una jornada entera. “Mañana se define la batalla”, piensan los cristianos.
“Al despunte del amanecer, los francos ven nuevamente blanquear las tiendas enemigas en el mismo lugar y en el mismo orden que la víspera; ningún movimiento aparecía en el campo árabe. Karle envía batidores. Estos avanzan a través de miles de cuerpos muertos, y entran en las primeras tiendas: están vacías: no quedaba ni un solo hombre con vida en este gran campo”. Los restos arrasados del ejército musulmán habían partido al amparo de las tinieblas abandonando todo (Henri Martin).
“La Cristiandad estaba salvada”, comenta aliviado Theodor Nöldeke. “El Papa y el monje, el príncipe y el campesino, en un éxtasis de agradecida devoción, acuden a las iglesias a darle gracias al  cielo por una victoria que, a pesar de lo que les había costado a los verdaderos servidores de Dios, había infligido un golpe tan señalado a los infieles que su regreso nunca más fue intentado.
“Esta victoria de larga fama, obtenida en el año 732, sembró la consternación a lo largo de todo el mundo musulmán”.
 El Cid dibujo
Los nueve años que le restan de vida a Carlos Martel son el eco de esta jornada, que, al decir de Paul Kirn, fue un  „Wendepunkt“,  un punto de inflexión, un remolino de la historia. Consolidar el reino,  promover las misiones, edificar la civilización cristiana siguió siendo su norte.
Se le objeta al gran guerrero no haber ayudado al Papa cuando le envió una distinguida embajada, con las “llaves de San Pedro”. Y, sobre todo, numerosas violencias contra miembros del Clero, buenos y malos, el apoderamiento de bienes eclesiásticos –que la Iglesia pusiera a su disposición para vencer las fuerzas de la barbarie, de la intriga y del Islam- que entregaba como beneficio a fin de reunir jefes que reclutaran guerreros, sin los cuales la Cristiandad estaba perdida. Sin duda constituyen graves interrogantes.
Pero las misiones fundacionales en el reino franco y Germania, pilares del orden católico europeo,  no habrían tenido el éxito perdurable que tuvieron si no fuese por su amparo.
La Edad Media de los cruzados y Doctores, de las catedrales y los reyes justicieros, y de los inmortales Pontífices como San Gregorio VII y Urbano II, no hubiera visto la luz si no  arriesgara el todo por el todo el legendario “Martillo” en Poitiers.
Con esas reservas, y admiración impregnada de agradecimiento, decimos, con el Cardenal Hergenröther, Godofredo Kurth y otros autores, que este coloso y precursor del Sacro Imperio fue el “campeón invencible de la civilización cristiana”.
Crónica de la batalla de Poitiers, por Henri Martin (hacer click para agrandar) Poitiers

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“La hora de la aristocracia”: Héroes y santos fundan la estirpe carolingia

Un linaje que brotó de la resistencia al Islam y el amor ardiente al Papado


Bibliografía consultada:
Plinio Corrêa de Oliveira, “Via Crucis”
Del mismo autor: conferencias sobre la sociedad orgánica
Godofredo Kurth, “Los orígenes de la civilización occidental”, Emecé Editores, Buenos Aires
Frantz Funck-Brentano, “Les Origines”, L’histoire de France racontée à tous, 10ª ed., Hachette, Paris
Henri Pirenne, “Mahoma y Carlomagno”, Ed. Claridad, Buenos Aires, 2013
Grégoire de Tours, “Histoire des Francs”
“Choses de guerre et gens d’épée”
            „Das Frankenreich“, Paul Kirn, t. III, Propyläen Weltgeschichte, Berlín
            “The Arabs in Europe”, Theodor Nöldeke, “The Historians’ History of the World”, t. VIII, “The Times”, Londres