sábado, 21 de noviembre de 2020

Revolución y Contra-Revolución (18) – Las tres profundidades de la Revolución: en las tendencias, en las ideas, en los hechos (Cap. V, 1 a 3)

 

















Escenas de la Revolución igualitaria universal freudo-marxista en las tendencias, en las ideas y en los hechos. No menos importante que el aspecto de inmoralidad es el procesivo, y el afán igualitario...

Capítulo V

Las tres profundidades de la Revolución:

en las tendencias, en las ideas, en los hechos

 

1. La Revolución en las tendencias

Como vimos, esta Revolución es un proceso compuesto de etapas, y tiene su origen último en determinadas tendencias desordenadas que le sirven de alma y de fuerza propulsora más íntima (cfr. Parte I, cap. III, 5).

Así, podemos también distinguir en la Revolución tres profundidades, que cronológicamente hasta cierto punto se interpenetran.

La primera, es decir, la más profunda, consiste en una crisis en las tendencias. Esas tendencias desordenadas por su propia naturaleza luchan por realizarse, no conformándose ya con todo un orden de cosas que les es contrario; comienzan por modificar las mentalidades, los modos de ser, las expresiones artísticas y las costumbres, sin tocar al principio, de modo directo -habitualmente, por lo menos- en las ideas.

 

2. La Revolución en las ideas

De esas camadas profundas, la crisis pasa al terreno ideológico. En efecto -como Paul Bourget puso en evidencia en su célebre obra “Le Démon du Midi”- "es necesario vivir como se piensa, so pena de, tarde o temprano, acabar por pensar como se ha vivido" (op.cit., Librairie Plon, París, 1914, vol. II, p. 375). Así, inspiradas por el desarreglo de las tendencias profundas, irrumpen nuevas doctrinas. Ellas procuran a veces, al principio, un modus vivendi con las antiguas, y se expresan de tal manera que mantienen con éstas un simulacro de armonía, el cual habitualmente no tarda en romperse en lucha declarada.

 

3. La Revolución en los hechos

Esa transformación de las ideas se extiende, a su vez, al terreno de los hechos, donde pasa a operar, por medios cruentos o incruentos, la transformación de las instituciones, de las leyes y de las costumbres, tanto en la esfera religiosa cuanto en la sociedad temporal. Es una tercera crisis, ya enteramente en el orden de los hechos.

 

Plinio Corrêa de Oliveira

 

Revolución y Contra-Revolución (18) – Las tres profundidades de la Revolución: en las tendencias, en las ideas, en los hechos (Cap. V, 1 a 3)

 

jueves, 19 de noviembre de 2020

Revolución y Contra-Revolución (17) – Las metamorfosis del proceso revolucionario (RCR 17, Cap. IV)

Card. Fleury 


Girondino Pétion de Villeneuve

El
El Terror: jacobinos del Comité de Vigilancia

Barras, del Directorio

El Consulado: se acerca Napoleón....

 






El "jacobino coronado"* Napoleón (*cf. Ranke)



Luis XVIII - Restauración de los Borbones
Carlos X - Derrocado en la nueva fase revolucionaria...

Capítulo IV

 

Las metamorfosis

del proceso revolucionario

 

Como se desprende del análisis hecho en el capítulo anterior, el proceso revolucionario es el desarrollo, por etapas, de ciertas tendencias desordenadas del hombre occidental y cristiano, y de los errores nacidos de ellas.

En cada etapa, esas tendencias y errores tienen un aspecto propio. La Revolución va, pues, metamorfoseándose a lo largo de la Historia.

Esas metamorfosis que se observan en las líneas generales de la Revolución se repiten, en menor escala, en el interior de cada gran episodio de la misma.

Así, el espíritu de la Revolución Francesa, en su primera fase, usó máscara y lenguaje aristocráticos y hasta eclesiásticos. Frecuentó la Corte y se sentó a la mesa del Consejo del Rey.

Después, se volvió burgués y trabajó por la extinción incruenta de la monarquía y de la nobleza, y por una velada y pacífica supresión de la Iglesia Católica.

En cuanto pudo, se hizo jacobino y se embriagó de sangre en el Terror.

Pero los excesos practicados por la facción jacobina despertaron reacciones. Volvió atrás, recorriendo las mismas etapas. De jacobino se transformó en burgués en el Directorio, con Napoleón extendió la mano a la Iglesia y abrió las puertas a la nobleza exilada, y, por fin, aplaudió el retorno de los Borbones. Terminada la Revolución Francesa, no concluye con ello el proceso revolucionario. He aquí que vuelve a explotar con la caída de Carlos X y la ascensión de Luis Felipe, y así, por sucesivas metamorfosis, aprovechando sus éxitos e inclusive sus fracasos, llegó hasta el paroxismo de nuestros días.

La Revolución usa, pues, sus metamorfosis no sólo para avanzar, sino también para practicar los retrocesos tácticos que tan frecuentemente le han sido necesarios.

A veces, movimiento siempre vivo, ella ha simulado estar muerta. Y ésta es una de sus metamorfosis más interesantes. En apariencia, la situación de un determinado país se presenta completamente tranquila. La reacción contra-revolucionaria se distiende y adormece. Pero, en las profundidades de la vida religiosa, cultural, social o económica, la fermentación revolucionaria va siempre ganando terreno. Y, al cabo de ese aparente intersticio, explota una convulsión inesperada, frecuentemente mayor que las anteriores.

Plinio Corrêa de Oliveira

Revolución y Contra-Revolución (17) – Las metamorfosis del proceso revolucionario (RCR 17, Cap. IV)

Nota: los destaques en negrita y bastardilla son de la Redacción de Aristocracia y Sociedad Orgánica




martes, 17 de noviembre de 2020

Revolución y Contra-Revolución (16) - Revolución, Contra-Revolución y dictadura (Cap. III, 5, F)

 


El  contraste no puede ser mayor entre las Cortes españolas medievales, donde estaban representados los tres estamentos, Clero, Nobleza y pueblo, ante la presencia y autoridad del Rey católico..., y la dictadura revolucionaria de un Hitler, Castro, Maduro, Kim Jong Un, Putin o Xi Jin Ping 


F. Revolución, Contra-Revolución y dictadura

Las presentes consideraciones sobre la posición de la Revolución y del pensamiento católico ante las formas de gobierno suscitarán en varios lectores una interrogación: ¿es la dictadura un factor de Revolución, o de Contra-Revolución?

Para responder con claridad a una pregunta a la cual han sido dadas tantas soluciones confusas y hasta tendenciosas, es necesario establecer una distinción entre ciertos elementos que se enmarañan desordenadamente en la idea de dictadura, tal como la opinión pública la conceptúa. Confundiendo la dictadura en tesis, con lo que ella ha sido in concreto en nuestro siglo, el público entiende por dictadura un estado de cosas en el cual un jefe dotado de poderes irrestrictos gobierna un país. Para el bien de éste, dicen unos. Para el mal, dicen otros. Mas en uno y otro caso, tal estado de cosas es siempre una dictadura.

Ahora bien, este concepto envuelve dos elementos diferentes:

       - omnipotencia del Estado;

- concentración del poder estatal en una sola persona.

En el espíritu público, parece que el segundo elemento llama más la atención. Sin embargo, el elemento básico es el primero, por lo menos si entendemos por dictadura un estado de cosas en que, suspendido todo orden jurídico, el poder público dispone a su antojo de todos los derechos. Que una dictadura pueda ser ejercida por un Rey (la dictadura real, es decir, la suspensión de todo orden jurídico y el ejercicio irrestricto del poder público por el Rey, no se confunde con el Ancien Régime, en el cual estas garantías existían en considerable medida, y mucho menos con la monarquía orgánica medieval) o un jefe popular, una aristocracia hereditaria o un clan de banqueros, o hasta por la masa, es enteramente evidente.

En sí, una dictadura ejercida por un jefe o un grupo de personas no es revolucionaria ni contra-revolucionaria. Será una u otra cosa en función de las circunstancias en que se originó, y de la obra que realice. Y esto, tanto esté en manos de un hombre como de un grupo.

Hay circunstancias que exigen, para la salus populi, una suspensión provisoria de los derechos individuales, y el ejercicio más amplio del poder público. La dictadura puede, por tanto, ser legítima en ciertos casos.

Una dictadura contra-revolucionaria y, pues, enteramente guiada por el deseo de Orden, debe presentar tres requisitos esenciales:

+ Debe suspender los derechos, no para subvertir el Orden, sino para protegerlo. Y por Orden no entendemos solamente la tranquilidad material, sino la disposición de las cosas según su fin, y de acuerdo con la respectiva escala de valores. Hay, pues, una suspensión de derechos más aparente que real, el sacrificio de las garantías jurídicas de que abusaban los malos elementos en detrimento del propio orden y del bien común, sacrificio éste todo orientado a la protección de los verdaderos derechos de los buenos.

+ Por definición, esta suspensión debe ser provisoria, y debe preparar las circunstancias para que lo antes posible se vuelva al orden y a la normalidad. La dictadura, en la medida en que es buena, va haciendo cesar su propia razón de ser. La intervención del Poder público en los distintos sectores de la vida nacional debe hacerse de manera que, lo más pronto posible, cada sector pueda vivir con la necesaria autonomía. Así, cada familia debe poder hacer todo aquello que por su naturaleza es capaz, siendo apoyada sólo subsidiariamente por grupos sociales superiores en aquello que sobrepase su ámbito. Esos grupos, a su vez, sólo deben recibir el apoyo del municipio en lo que excede su normal capacidad, y así sucesivamente en las relaciones entre el municipio y la región, o entre ésta y el país.

       +El fin primordial de la dictadura legítima debe ser, hoy en día, la Contra-Revolución. Lo que, por lo demás, no implica afirmar que la dictadura sea normalmente un medio necesario para la derrota de la Revolución. Pero puede serlo en ciertas circunstancias.

Por el contrario, la dictadura revolucionaria tiende a eternizarse, viola los derechos auténticos y penetra en todas las esferas de la sociedad para aniquilarlas, desarticulando la vida de familia, perjudicando a las élites genuinas, subvirtiendo la jerarquía social, alimentando de utopías y de aspiraciones desordenadas a la multitud, extinguiendo la vida real de los grupos sociales, y sujetando todo al Estado: en una palabra, favoreciendo la obra de la Revolución. Ejemplo típico de tal dictadura fue el hitlerismo.

Por esto, la dictadura revolucionaria es fundamentalmente anticatólica. En efecto, en un ambiente verdaderamente católico no puede haber clima para tal situación. Lo cual no quiere decir que la dictadura revolucionaria, en éste o en aquel país, no haya procurado favorecer a la Iglesia. Pero se trata de una actitud meramente política, que se transforma en persecución franca o velada, tan pronto como la autoridad eclesiástica comience a detener el paso a la Revolución.

Plinio Corrêa de Oliveira


 Revolución y Contra-Revolución (16) - Revolución, Contra-Revolución y dictadura (Cap. III, 5, F)

viernes, 13 de noviembre de 2020

Revolución y Contra-Revolución (15) - Monarquía, república y Religión (Cap. III, 5, E)

       

S. S. Papa Pío VI                                            S.S.  San Pío X


        

Kaiser Franz Josef niño                                             Tradicionales fiestas populares en Baviera


      

Republicanismo revolucionario: Abbé Sieyès          Demagogia revolucionaria igualitaria

E. Monarquía, república y Religión

A fin de evitar cualquier equívoco, conviene acentuar que esta exposición no contiene la afirmación de que la república es un régimen político necesariamente revolucionario. León XIII, al hablar de las diversas formas de gobierno, dejó en claro que "todas y cada una son buenas, siempre que tiendan rectamente a su fin, es decir, al bien común, razón de ser de la autoridad social" (Encíclica “Au Milieu des Sollicitudes”, l6.II.1892 – “Bonne Presse”, París, vol. III, p. 116).

Tachamos de revolucionaria, eso sí, la hostilidad profesada, por principio, contra la monarquía y la aristocracia, como si fueran formas esencialmente incompatibles con la dignidad humana y el orden normal de las cosas. Es el error condenado por San Pío X en la Carta Apostólica “Notre Charge Apostolique”, del 25 de agosto de 1910. En ella el grande y santo Pontífice censura la tesis del "Sillon", de que "sólo la democracia inaugurará el reino de la perfecta justicia", y exclama: "¿No es esto una injuria a las otras formas de gobierno, que son rebajadas de ese modo a la categoría de gobiernos impotentes, aceptables a falta de otro mejor?" (A.A.S., vol. II, p. 618).

Ahora bien, sin este error, entrañado en el proceso de que hablamos, no se explica enteramente que la monarquía, calificada por el Papa Pío VI como, en tesis, la mejor forma de gobierno -"praestantioris monarchici regiminis forma" (Alocución al Consistorio, l7.VI.1793, “Les Enseignements Pontificaux - La Paix Intérieure des Nations - par les moines de Solesmes”, Desclée & Cie., p. 8), haya sido objeto, en los siglos XIX y XX, de un movimiento mundial de hostilidad que echó por tierra los tronos y las dinastías más venerables. La producción en serie de repúblicas para el mundo entero es, a nuestro modo de ver, un fruto típico de la Revolución, y un aspecto capital de ella.

No puede ser tachado de revolucionario quien para su Patria, por razones concretas y locales, salvaguardados siempre los derechos de la autoridad legítima, prefiere la democracia a la aristocracia o a la monarquía. Pero sí quien, llevado por el espíritu igualitario de la Revolución, odia por principio, y califica de injusta o inhumana en esencia la aristocracia o la monarquía.

De ese odio antimonárquico y antiaristocrático nacen las democracias demagógicas, que combaten la tradición, persiguen las élites, degradan el tonus general de la vida, y crean un ambiente de vulgaridad que constituye la nota dominante de la cultura y de la civilización... si es que los conceptos de civilización y de cultura se pueden realizar en tales condiciones.

Diverge de esta democracia revolucionaria la democracia descripta por Pío XII: "Según el testimonio de la Historia, donde reina una verdadera democracia la vida del pueblo está impregnada de sanas tradiciones, que es ilícito abatir. Representantes de esas tradiciones son, ante todo, las clases dirigentes, o sea, los grupos de hombres y mujeres o las asociaciones que, como se acostumbra a decir, dan el tono en la aldea y en la ciudad, en la región y en el país entero.

"De ahí la existencia y el influjo, en todos los pueblos civilizados, de instituciones eminentemente aristocráticas, en el sentido más elevado de la palabra, como son algunas academias de amplia y bien merecida fama. Pertenece también a este número la nobleza" (Alocución al Patriciado y a la Nobleza Romana, 16.I.1946 – “Discorsi e Radiomessaggi”, vol. VII, p. 340).

Como se ve, el espíritu de la democracia revolucionaria es bien diverso de aquel que debe animar una democracia conforme a la doctrina de la Iglesia.

Los subrayados son de la Redacción de Aristocracia y Sociedad Orgánica

Plinio Corrêa de Oliveira

Revolución y Contra-Revolución (15) - Monarquía, república y Religión (Cap. III, 5, E)













martes, 10 de noviembre de 2020

Revolución y Contra-Revolución (14) - Comunismo (Cap. III, 5, D)



a       San Francisco de Sales, Obispo Príncipe Elector del Sacro Imperio, advirtió al Duque de Saboya contra las tendencias igualitarias republicanas

David Jorisz, anabaptista profundamente igualitario







                                                       


Babeuf (izq.) -, el de la "Conjuración de los Iguales"                                          Karl Marx (der.)


Alexandra Kollontai, feminista rusa que promovió 
la revolución sexual comunista
 

                                                             La expresión de odio de Lenin, un "icono" de la Revolución

D. Comunismo

En el protestantismo nacieron algunas sectas que, transponiendo directamente sus tendencias religiosas al campo político, prepararon el advenimiento del espíritu republicano. San Francisco de Sales, en el siglo XVII, previno contra estas tendencias republicanas al Duque de Saboya (cfr. Sainte-Beuve, “Études des lundis - XVIIème siècle - Saint François de Sales”, Librairie Garnier, París, 1928, p. 364). Otras, yendo más lejos, adoptaron principios que, si no pueden ser llamados comunistas en todo el sentido actual del término, son por lo menos pre-comunistas.

De la Revolución Francesa nació el movimiento comunista de Babeuf. Y más tarde, del espíritu cada vez más vivaz de la Revolución, irrumpieron las escuelas del comunismo utópico del siglo XIX y el comunismo llamado científico de Marx.

¿Y qué hay de más lógico? El deísmo tiene como fruto normal el ateísmo. La sensualidad, sublevada contra los frágiles obstáculos del divorcio, tiende por sí misma al amor libre. El orgullo, enemigo de toda superioridad, habría de embestir contra la última desigualdad, es decir, la de fortunas. Y así, ebrio de sueños de República Universal, de supresión de toda autoridad eclesiástica o civil, de abolición de toda Iglesia y, después de una dictadura obrera de transición, también del propio Estado, ahí está el neo-bárbaro del siglo XX, producto más reciente y más extremado del proceso revolucionario.

Plinio Corrêa de Oliveira

Revolución y Contra-Revolución (14) - Comunismo (Cap. III, 5, D)

Nota: Los destaques en negrita son de la Redacción de Aristocracia y Sociedad Orgánica







viernes, 6 de noviembre de 2020

Plinio Corrêa de Oliveira AMBIENTES, COSTUMBRES, CIVILIZACIONES Almas delicadas sin debilidad, y fuertes sin brutalidad

 

Plinio Corrêa de Oliveira

AMBIENTES, COSTUMBRES, CIVILIZACIONES

Almas delicadas sin debilidad,

y fuertes sin brutalidad

 

 


Si, en la era del romanticismo, la opinión pública se inclinaba a las almas delicadas, sutiles, frágiles, exageradamente delicadas, exageradamente sutiles -diríamos exageradamente frágiles, si la fragilidad no fuese ya de por sí un defecto y una exageración…-; en nuestros días, cuando la lucha por la vida del alma y del cuerpo impone un incesante esfuerzo, la admiración se torna más a menudo hacia las almas poderosas, fuertes, realizadoras, enérgicas. Y, como todo lo humano está sujeto a exageración, no raramente nos sentimos propensos a glorificar, como valores absolutos y supremos, la fuerza física de los boxeadores y atletas, o la casi hipnótica fuerza de ciertos dictadores.

En esto, como en todas las cosas, se impone un sano equilibrio. Y, de ese equilibrio, es maestra la Iglesia Católica, fuente de toda virtud.

Entre la fuerza y la delicadeza de alma no existe incompatibilidad siempre que, tanto una como otra, sean entendidas rectamente. Y un alma puede al mismo tiempo ser delicadísima, sin debilidad alguna, y fortísima, sin ninguna brutalidad .

En verdad, no hay en Brasil persona piadosa alguna que no haya leído “El alma de todo Apostolado” de Dom Chautard, el famoso abad trapense que vivió un tiempo en nuestro país, donde intentó – en vano, lamentablemente - fundar un Monasterio de su Orden en Tremembé, Estado de San Pablo. No es posible leer las admirables páginas de ese libro, cuya unción recuerda por momentos la “Imitación de Cristo”, sin sentir los tesoros de delicadeza que su gran alma acumulaba.

Dom Chautard fue, no obstante, un gran luchador. Contemplativo por vocación, las circunstancias permitidas por la Providencia le exigieron entrar en numerosas luchas. Se enfrentó con éxito a Clemenceau, el famoso ministro anticlerical francés que pasó a la historia como "El Tigre", y que durante la Primera Guerra Mundial fue como si encarnara todo el coraje y la resistencia del pueblo francés. Y de tal manera su alma grande se impuso a Clemenceau, que éste sentía hacia Dom Chautard un respeto que conservó hasta sus últimos días.

La fuerza del hombre se percibe en su pujante personalidad, impregnada de toda la calma de un contemplativo, de toda la decisión de una voluntad de hierro, y de toda la majestad de un espíritu robusto, profundo, penetrado por entero por las cosas de Dios. La mirada es como si fuera una síntesis de todas esas cualidades. Mirada noble y dominadora, con la que Dom Chautard hacía proezas. Durante un viaje a Oriente se topó con un león enjaulado, fijó atentamente sus ojos en él e hipnotizó la fiera.

*   *   *


Todos aquellos que convivieron con el gran Monseñor Fray Vital María Gonçalves de Oliveira encomiaron la extraordinaria dulzura de su trato y la gran delicadeza de su alma… A lo largo de su gloriosa lucha con las autoridades masonizadas, Mons. Vital reveló una firmeza que hizo de él uno de los mayores Obispos que la Iglesia tuvo. Ancha frente noble y como vivificada por el soplo de grandes ideas, cejas vigorosas, de línea implacablemente regular, ojos igualmente de impresionante regularidad de diseño y de admirable nitidez, -de los que se desprende una mirada calma, fuerte y profunda, que ve a lo lejos y está habituada a considerar las cosas por sus aspectos más altos, más trascendentes, y por tanto más reales... Nariz dotada de una línea de indiscutible franqueza, barba espesa y varonil, porte erecto... Todo en Mons. Vital indica el Pastor que ama ardientemente a cada una de sus ovejas, y que, por lo mismo, es capaz de luchar contra cualquier clase de fiera para expulsarla del rebaño.

Dom Chautard, trapense de gran mérito, modelo de vida


contemplativa…; Mons. Vital, capuchino eximio, modelo de vida activa…; uno y otro obras maestras de equilibrio entre la fuerza y la delicadeza de alma, bien nos muestran hasta qué punto la Fe puede vivificar con invencibles energías a los hombres en éste, nuestro siglo, de luchas de todos los momentos y de todos los aspectos.

                "Catolicismo" Nº 52 - Abril de 1955 

Fuente: www.pliniocorreadeoliveira.info

domingo, 1 de noviembre de 2020

Declaración de Plinio Corrêa de Oliveira y las TFPs: La política de distensión del Vaticano con los gobiernos comunistas - Para la TFP: ¿omitirse o resistir? - abril de 1974

La política de distensión del Vaticano con los gobiernos comunistas - Para la TFP: ¿cesar la lucha o resistir?





 I - Los hechos

Al regresar de Cuba, vía Méjico, Monseñor Agostino Casaroli, Secretario del Consejo para Asuntos Públicos del Vaticano, enunció los resultados de su viaje en una entrevista concedida en esa ciudad. Afirmó Su Excelencia que "los católicos que viven en Cuba son felices dentro del régimen socialista". No es preciso decir de qué especie de régimen socialista se trata, pues es conocido que el régimen vigente en Cuba es el comunista.

Siempre hablando del régimen de Fidel Castro, Su Excelencia continúa: "Los católicos, y de un modo general el pueblo cubano, no tienen el menor problema con el gobierno socialista".

Deseando tal vez dar a estas declaraciones estremecedoras cierto aire de imparcialidad, Monseñor Casaroli lamentó al mismo tiempo que el número de sacerdotes fuese insuficiente en Cuba: sólo doscientos. Agregó haber pedido a Castro mayores posibilidades de practicar cultos públicos. Y terminó afirmando muy inesperadamente que "los católicos de la isla son respetados en sus creencias como cualesquiera otros ciudadanos".

Para no considerar si no lo que desde un primer momento se nota en estas declaraciones, causa perplejidad que Monseñor Casaroli reconozca que los católicos cubanos sufren restricciones en su culto público y al mismo tiempo afirme que ellos son "respetados en sus creencias". Como si el derecho al culto público no fuese una de las más sagradas de sus libertades.

Si los súbditos no católicos del régimen cubano son tan respetados cuanto los católicos, es el caso de decir que en Cuba nadie es respetado...

¿En qué consiste, entonces, esa "felicidad" que, según Monseñor Casaroli, disfrutan los católicos cubanos? Parece que es la dura felicidad que el régimen comunista dispensa a todos sus súbditos: la de agachar la cabeza. Pues Monseñor Casaroli afirma que "la Iglesia Católica cubana y su guía espiritual procuran siempre no crear ningún problema al régimen socialista que gobierna en la isla".

Profundizando más, las observaciones que el alto dignatario del Vaticano recogió de su viaje conducen a conclusiones aún de mayor alcance.

En una época en que Su Santidad Paulo VI ha realzado más que nunca la importancia de la normalidad de las condiciones materiales de existencia, como factor propicio para la práctica de la virtud, no es concebible que Monseñor Casaroli considere "felices dentro del régimen socialista" de Fidel Castro a los católicos cubanos si éstos están sumergidos en la miseria. De donde debemos deducir que, según Monseñor Casaroli, ellos gozan de condiciones económicas por lo menos soportables.

Ahora bien, todos saben que eso no es verdad. Y, más aún, los católicos que toman en serio las Encíclicas de León XIII, Pío XI y Pío XII, saben que eso no puede ser así, pues estos Papas enseñaron que el régimen comunista es lo opuesto al orden natural de las cosas, y la subversión del orden natural —tanto en la economía como en cualquier otro campo— sólo puede producir frutos catastróficos.

Por esta razón, los católicos de cualquier parte del mundo, ingenuos o mal informados sobre la verdadera doctrina social de la Iglesia, si leyesen los resultados de las averiguaciones que Monseñor Casaroli hizo en Cuba, serían inducidos a una conclusión diametralmente opuesta a la realidad. Es decir, que nada tienen que temer de la implantación del comunismo en sus respectivos países, pues en esta hipótesis serán perfectamente "felices", tanto en lo que respecta a sus intereses religiosos cuanto a su situación material.

Duele decirlo, pero la verdad obvia es ésta: el viaje de Monseñor Casaroli a Cuba redundó en una propaganda de la Cuba Fidelcastrista.

Este hecho, terrible en si mismo, es un lance en la política de distensión que el Vaticano viene ejecutando, desde hace mucho tiempo, con relación a los regímenes comunistas. Varios de estos lances son muy conocidos por el público.

Uno de ellos fue el viaje realizado a Rusia en 1971 por Su Eminencia el Cardenal Willebrands, Presidente del Secretariado para la Unión de los Cristianos. El objetivo oficial de la visita era asistir a la instalación del Obispo Pimen en el Patriarcado "ortodoxo" de Moscú. Pimen es el hombre de confianza, para asuntos religiosos, de los ateos del Kremlin. La visita era por sí misma altamente prestigiosa para el prelado heterodoxo, a justo título considerado la "bête noire" de todos los "ortodoxos" no comunistas en el mundo entero. Durante su discurso en el Sínodo que lo eligió, Pimen afirmó la nulidad del acto por el cual, en 1595, los ucranianos abandonaron el cisma y volvieron a la Iglesia Católica. Esto significaba proclamar que los ucranianos no deben estar bajo la jurisdicción del Papa, sino bajo la de Pimen y sus congéneres. En lugar de tomar una actitud frente a esta estridente agresión a los derechos de la Iglesia Católica, y la conciencia de los católicos ucranianos, el Cardenal Willebrands y la delegación que lo acompañaba se mantuvieron mudos. Quien calla, otorga, enseña el Derecho Romano. Distensión...

Como es natural, esta capitulación traumatizó profundamente a aquellos católicos que siguen con atención continua la política de la Santa Sede. El trauma fue aún mayor entre los millones de católicos ucranianos diseminados por Canadá, por los Estados Unidos y otros países. Y tuvo relación con las disensiones dramáticas entre la Santa Sede y Su Eminencia el Cardenal Slipyj, valeroso arzobispo mayor de los ucranianos, durante el Sínodo de Obispos realizado en Roma en 1971.

La conducta de Su Eminencia el Cardenal Silva Henríquez, Arzobispo de Santiago, vista en su conjunto, constituye otro lance de la distensión con los gobiernos comunistas promovida por la diplomacia vaticana. Como es notorio —y la Sociedad Chilena de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad (TFP) lo demostró en un lúcido manifiesto reproducido en varios órganos de la prensa nacional e internacional—, el Purpurado chileno empeñó toda la influencia y autoridad inherentes a su cargo para que Allende ascendiera al poder, para festejar su toma de posesión y para ayudarle a mantenerse en la primera magistratura hasta el momento trágico en que el líder ateo se suicidó. Con una flexibilidad que muy poco habla a su favor, el Eminentísimo Cardenal Silva Henríquez procuró acomodarse, por medio de algunas declaraciones públicas, al orden de cosas que sucedió al régimen de Allende. Sin embargo, no por eso cesaron las manifestaciones de su constante simpatía hacia los marxistas chilenos. Así, Su Eminencia celebró una misa de "requiem" en la capilla de su palacio cardenalicio por el alma de otro comunista, el "camarada" Tolla, ex ministro de Allende, él también un infeliz suicida. Al acto asistieron familiares y amigos del muerto.

No consta que el Purpurado haya sufrido la menor censura por todas estas actitudes, tan aptas para acercar los católicos al comunismo. Si hubo quien imaginase que él perdería su Arquidiócesis, hubiera esperado en vano hasta hoy. El Cardenal Silva Henríquez continúa tranquilamente investido de la misión de conducir hacia Jesucristo las almas de su populosa e importante Arquidiócesis.

Mientras éste la conserva, por imposición de la política de distensión, otro Arzobispo, por el contrario, perdió la suya. Se trata de una de las figuras más admirables de la Iglesia en el siglo XX, cuyo nombre es pronunciado con veneración y entusiasmo por todos los católicos fieles a las tradicionales enseñanzas económico-sociales emanadas de la Santa Sede. Más aún, el nombre de este prelado es acatado con sumo respeto por personas de las más distintas religiones. El es un florón de la gloria de la Iglesia, inclusive ante los ojos de los que no creen en ella. Este florón fue quebrado hace poco. El Eminentísimo Cardenal Mindszenty fue destituido de la Arquidiócesis de Esztergom para facilitar la aproximación con el gobierno comunista húngaro.

Como se ve, la visita de Monseñor Casaroli a Cuba —inclusive haciendo abstracción de sus posteriores declaraciones más arriba mencionadas— constituyen un eslabón de una cadena de hechos que se vienen produciendo desde hace varios años. ¿Dónde terminará esta cadena? ¿Para qué sorpresas dolorosas, para qué nuevos traumas morales deben aún prepararse los que siguen aceptando, con todas sus consecuencias, la inmutable doctrina social y económica enseñada por León XIII, Pío XI y Pío XII? Estamos seguros de que incontables católicos, al releer estas noticias, al enterarse de las perplejidades de las angustias y de los traumas expresados en estas líneas, sentirán retratado su propio drama interior: el más íntimo y el más doloroso de los dramas, porque por encima, muy por encima de las cuestiones apenas sociales y económicas de que se trata, tiene un carácter esencialmente religioso. Se refiere a lo que hay de más fundamental, vivo y tierno en el alma de un católico apostólico romano: su vinculación espiritual con el Vicario de Jesucristo.  

II - Católicos, apostólicos, romanos

La TFP es una entidad cívica y no religiosa. Sus directores, socios y militantes son, sin embargo, católicos, apostólicos y romanos. Y, en consecuencia, católica es la inspiración que los ha movido en todas las campañas emprendidas por la TFP en bien del país.

La posición fundamentalmente anticomunista de la TFP resulta de las convicciones católicas de los que la componen. Es porque son católicos, y en nombre de los principios católicos, que los directores, socios y militantes de la TFP son anticomunistas.

La diplomacia de distensión del Vaticano con los gobiernos comunistas crea, no obstante, para los católicos anticomunistas una situación que los afecta a fondo, mucho menos en cuanto anticomunistas que en cuanto católicos. Pues en cualquier momento se les puede hacer una objeción sumamente embarazosa: ¿la acción anticomunista que efectúan no conduce a un resultado precisamente opuesto al deseado por el Vicario de Jesucristo? ¿Y cómo se puede comprender la figura de un católico coherente, cuya actuación camina en dirección opuesta a la del Pastor de los Pastores? Tal pregunta trae como consecuencia, para todos los católicos anticomunistas, una alternativa: cesar la lucha o explicar su posición.

Cesar la lucha, no podemos. Y es por imperativo de nuestra conciencia de católicos que no podemos. Pues si es deber de todo católico promover el bien y combatir el mal, nuestra conciencia nos impone que difundamos la doctrina tradicional de la Iglesia y combatamos la doctrina comunista.

En el mundo contemporáneo resuenan por todas partes las palabras "libertad de conciencia". Son pronunciadas en todo Occidente, y hasta en las mazmorras de Rusia... o Cuba. Muchas veces esta expresión, de tan usada, toma incluso significados abusivos. Pero en lo que ella tiene de más legítimo y sagrado, se inscribe el derecho del católico a actuar en la vida religiosa, como en la vida cívica, según los dictámenes de su conciencia.

Nos sentiríamos más encadenados en la Iglesia que Solzhenitzyn en la Rusia soviética, si no pudiésemos actuar en consonancia con los documentos de los grandes Pontífices que ilustraron la Cristiandad con su doctrina.

La Iglesia no es, la Iglesia nunca fue, la Iglesia jamás será tal cárcel para las conciencias. El vínculo de la obediencia al Sucesor de Pedro, que jamás romperemos, que amamos con lo más profundo de nuestra alma, al cual tributamos lo mejor de nuestro amor, ese vínculo lo besamos en el mismo momento en que, triturados por el dolor, afirmamos nuestra posición. Y de rodillas, mirando con veneración la figura de Su Santidad el Papa Paulo VI, le manifestamos toda nuestra fidelidad.

En este acto filial decimos al Pastor de los Pastores: nuestra alma es Vuestra, nuestra vida es Vuestra. Mandadnos lo que querais. Sólo no nos mandéis que crucemos los brazos delante del lobo rojo que embiste. A esto nuestra conciencia se opone.  

III - La solución en el Apóstol San Pablo

Sí, Santo Padre —continuamos—, San Pedro nos enseña que es necesario "obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hechos, V-29). Sois asistido por el Espíritu Santo y hasta reconfortado —en las condiciones definidas por el Vaticano I— por el privilegio de la infalibilidad. Lo que no impide que en ciertas materias o circunstancias la flaqueza a que están sujetos todos los hombres pueda influenciar y hasta determinar Vuestra actuación. Una de ésas es —tal vez por excelencia— la diplomacia. Y aquí se sitúa Vuestra política de distensión con los gobiernos comunistas.

¿Ahí, qué hacer? Las páginas de la presente declaración serían insuficientes para contener el elenco de todos los Padres de la Iglesia, Doctores, moralistas y canonistas —muchos de ellos elevados a la honra de los altares— que afirman la legitimidad de la resistencia. Una resistencia que no es separación, no es rebelión, no es acritud, no es irreverencia. Por el contrario, es fidelidad, es unión, es amor, es sumisión.

"Resistencia" es la palabra que escogimos a propósito, pues ella es usada por el propio San Pablo para caracterizar su actitud. Habiendo tomado el primer Papa, San Pedro, medidas disciplinarias referentes a la permanencia de prácticas remanentes de la Antigua Sinagoga en el culto católico, San Pablo vio en esto un grave riesgo de confusión doctrinal y de perjuicio para los fieles. Se levantó entonces y "resistió cara a cara" a San Pedro (Gal. II, 11). Este no vio en el lance inspirado y fogoso del Apóstol de los Gentiles un acto de rebeldía, sino de unión y de amor fraterno. Y, sabiendo bien en qué era infalible y en qué no lo era, cedió ante los argumentos de San Pablo. Los Santos son modelos de los católicos. En el sentido en que San Pablo resistió, nuestro estado es de resistencia.

Y en esto encuentra paz nuestra conciencia.  

IV - Resistencia

Resistir significa que aconsejaremos a los católicos para que continúen luchando contra la doctrina comunista con todos los recursos lícitos en defensa de la Patria y de la Civilización Cristiana amenazada.

Resistir significa que jamás emplearemos los recursos indignos de la contestación, y menos aún tomaremos actitudes que en cualquier punto discrepen de la veneración y de la obediencia que se debe al Sumo Pontífice, en los términos del Derecho Canónico.

Resistir, sin embargo, comporta emitir respetuosamente nuestro juicio, en circunstancias como la entrevista de Mons. Casaroli sobre la "felicidad" de los católicos cubanos.

En 1968, el Santo Padre Paulo VI estuvo en la próspera capital colombiana, Bogotá, para el 39.° Congreso Eucarístico Internacional. En un discurso dado un mes después, desde Roma al mundo entero, afirmó que allí había visto la "gran necesidad de aquella justicia social que coloque inmensas categorías de gente pobre (en Iberoamérica) en condiciones de vida más ecuánime, más fácil y más humana" (Discurso del 28-9-68).

Esto, en el Continente en que la Iglesia goza de mayor libertad.

Por el contrario, Monseñor Casaroli no vio en Cuba más que felicidad.

Ante esto, resistir es enunciar, con serena y respetuosa franqueza, que hay una peligrosa contradicción entre esas dos declaraciones, y que la lucha contra la doctrina comunista debe proseguir.

He aquí un ejemplo de lo que es la verdadera resistencia.  

V - Panorama interno de la iglesia universal

Es posible que a algunos lectores, la presente declaración les cause sorpresa. Porque, habiendo evitado al máximo tomar la actitud pública que hoy asume, la TFP no divulgó cuánto desconcierto y disconformidad corroe a los católicos de los más variados países como consecuencia de la distensión del Vaticano con los gobiernos comunistas. Y prolongaría demasiado este ya extenso documento hacerlo aquí. Nos limitamos a resumir, a título de facilitar la más cabal explicación de nuestra actitud, lo que ocurre actualmente entre los católicos germanos. Lo dice el ex diputado federal alemán Hermann M. Goergen, católico de pensamiento y conducta serenos.

En un importante matutino sudamericano ("Correo do Povo", 23-3-74, Porto Alegre, Brasil) escribió un artículo en el que se refiere a la publicación de dos libros de autores alemanes sobre la política del Vaticano: "Wohin steuert der Vatikan?" (¿Hacia dónde va el Vaticano?), de Reinhard Raffalt, y "Vatikan Intern" (El Vaticano por dentro), publicado bajo el pseudónimo de "Hieronymus". Ambos encontraron tal eco, que "están en el orden del día de los intelectuales y políticos alemanes". El señor Goergen considera la obra de "Hieronymus" satírica, hipercrítica y exagerada. Por el contrario, encuentra la de Raffalt, "sobria", con "tesis bien fundamentadas", inspiradas “en un profundo amor a la Iglesia”. Y Raffalt proclama: "El Papa Paulo VI es un socialista".

El señor Goergen agrega que, poco después de la divulgación de la obra de primera calidad de Raffalt, un periódico alemán publicó una caricatura mostrando a Paulo VI paseando en compañía de Gromiko. Al pasar por un cuadro exhibiendo al Cardenal Mindszenty, Gromiko dice a Paulo VI: "Bueno, cada uno tiene su Solzhenitsyn".

Continúa informando el señor Goergen que un jesuita alemán, Simmel, publicó en el tradicional semanario "Rheinischer Merkur", "conservador y defensor intransigente de la Fe y de los Papas, una crítica considerada por Roma hasta irreverente'', con el título: "No, Señor Papa!". Afirma luego el señor Goergen, a propósito de la destitución del Cardenal Mindszenty: "Una verdadera ola de apoyo (al Cardenal) recorrió a los católicos alemanes". La "Frankfurter Allgemeine Zeitung" habló abiertamente de los "sueños cristiano-marxistas" del Papa Paulo VI. Y la "Paulus Gesellschaft" (Sociedad de Pablo), portavoz del diálogo entre cristianos y marxistas, condenó la "Ostpolitik" del Vaticano, denunciándola como "maquiavélica" por querer "imponer al mundo una paz romano-soviética". Ante este lenguaje, resalta más fácilmente cuán comedido es el de la TFP.

No podemos concluir nuestro comentario al artículo del señor Hermann Goergen sin destacar una grave afirmación que éste hace: en Polonia, así como en Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia, los contactos y acuerdos con la Santa Sede no impidieron que continuara intensa la persecución religiosa. Esto también lo afirmó, en lo referente a su patria, el Cardenal Mindszenty.

Esto nos conduce a una perplejidad. La perspectiva de una atenuación de la lucha antirreligiosa era el gran argumento (insuficiente a nuestro entender) de los entusiastas de la distensión vaticana. La práctica muestra que tal distensión no alcanza este resultado, y favorece sólo a la parte comunista. Cuba es otro ejemplo de esto. Y un autorizado promotor de la distensión, como Mons. Casaroli, declara que, en el régimen de persecución los católicos viven felices. Preguntamos entonces si distensión no es sinónimo de capitulación.

Si lo es, ¿cómo no resistir a la política de distensión, presentando públicamente su enorme desacierto?

Es un ejemplo más de cómo entendemos la resistencia.  

VI - Conclusión

Esta explicación se imponía. Tiene el carácter de una legítima defensa de nuestras conciencias de católicos, ante un sistema diplomático que nos hacía el aire irrespirable y que coloca a los católicos anticomunistas en la más penosa de las situaciones, que es la de hacerse inexplicables ante la opinión pública. Lo repetimos, a título de epilogo, al cerrar esta declaración.

Ningún epílogo, sin embargo, sería completo si no incluyera la reafirmación de nuestra obediencia irrestricta y amorosa no sólo a la Santa Iglesia, sino también al Papa, en todos los términos mandados por la doctrina católica.

Nuestra Señora de Fátima nos ayude en este camino que recorremos por fidelidad a Su Mensaje y en la alegría anticipada de que se cumplirá la promesa hecha por ella: "Por fin, Mi Inmaculado Corazón triunfará". 

São Paulo, 8 de abril de 1974

Plinio Corrêa de Oliveira