miércoles, 8 de julio de 2020

32a. nota - Las profanaciones y la pérdida del Alto Perú (1810-1811)

Castelli aplicó las instrucciones de terror inspiradas en la Revolución Francesa mientras tenía el descaro de encargar misas por el Rey...

Dos retratos de Bernardo de Monteagudo (muy distintos entre sí). Las profanaciones de templos católicos escandalizaron a la población y llevaron a la pérdida del Alto Perú -un "servicio" anticristiano y muy poco patriótico



Siglos de Fe..., 32a. nota: Las profanaciones y la pérdida del Alto Perú (1810-1811)

NOTA 32ª
Las profanaciones y la pérdida del Alto Perú (1810-1811)
Como un relámpago de claridad sobrecogedora, la temida amenaza a la Fe se hizo patente durante la invasión del Alto Perú por la Expedición Auxiliadora de la Primera Junta, a despecho de las seguridades dadas al pueblo en la circular del 26 de mayo. El 31 de julio de 1810, ésta dicta un decreto que dispone la confiscación de bienes sin proceso y la pena de muerte: “El documento...impone un régimen de terror, sin ningún tipo de miramientos”, dice Bustos Argañaraz (Manual de Historia Argentina, p. 160).
Su representante es el Vocal Castelli, el fusilador de Cabeza de Tigre, quien recibe nuevas instrucciones secretas (fechadas el 12 de septiembre):
“Se le ordena actuar con la mayor severidad...”, y luego de la primera victoria “dejará que los soldados hagan estragos en los vencidos para infundir terror en los enemigos”. El 18 de noviembre Moreno le notifica que “la Junta aprueba el sistema de sangre y rigor que V.S. propone contra los enemigos” (ibid.).
Esta severidad que lleva la marca del terror jacobino llegará al extremo de arcabucear a ilustres mandatarios y jefes del bando contrario, contra las nobles prácticas de la guerra civilizada.
Entre tanto, Castelli hace oficiar con descaro misas por la salud del Rey!
El libertinaje y la herejía inficionan el ambiente; cunde la indisciplina y el descontento popular. “Nuestra revolución ha sido tan prolongada y sangrienta porque empezó destruyendo el ascendiente del principio religioso”, comenta el salteño Facundo de Zuviría.
El 7 de noviembre de 1810 triunfan las armas porteñas a orillas del río Suipacha, gracias a la participación de aguerridos efectivos de la Provincia de Salta al mando de Martín Miguel de Güemes. Durante las sublevaciones en Potosí y Charcas caen presos el Gobernador Sanz, el Mariscal Nieto y el Capitán Córdoba. “Cumpliendo fielmente sus instrucciones, Castelli procede a ejecutarlos..., provocando consternación en el pueblo” (Bustos Argañaraz, o.c., p. 160).
El Alto Perú cae en manos de los rioplatenses. “Sin embargo, los abusos cometidos por Castelli y el régimen de terror que impone fueron generando una actitud de desconfianza y rechazo por parte de la población. Algunos...oficiales profanaron templos y objetos sagrados y celebraron misas sacrílegas, llegando Bernardo Monteagudo al extremo de predicar desde un púlpito vestido de sacerdote”.
“Estas actitudes provocaron primero estupor y luego indignación en un pueblo de firmes creencias religiosas y dieron pie a que  Goyeneche (General del Virreinato del Perú) predicara una guerra santa contra los ‘porteños herejes’, que ganó pronto numerosos adeptos”.
“El 20 de junio (de 1811) tuvo lugar un nuevo enfrentamiento en Huaqui, en donde las fuerzas altoperuanas infringieron una aplastante derrota a las porteñas, perdiéndose definitivamente el Alto Perú” (Bustos Argañaraz, o.c., p. 160).
El cariz anticatólico –afirma Zuviría- fue gravoso “por los millares de prosélitos que quitaron a la causa de nuestra libertad e independencia”. Entre aquellos hechos lamentables enumera “los tres primeros que asaltan a mi memoria”:
1.      “El sermón de Viacha, predicado por uno de nuestros primeros hombres, y que hasta hoy se recuerda en el Alto Perú”. Si bien se refiere a Castelli, su secretario Monteagudo pronunció similar homilía sacrílega, evidenciando unidad de metas y métodos.
2.      “El ultraje al signo de nuestra redención (la Santa Cruz) arrastrado por las calles de Chuquisaca a presencia de los representantes de nuestro primer gobierno”.
3.      “La persecución y expulsión de...obispos y pastores” (ap. C. Bruno S.D.B., Historia de la Iglesia, VII, p. 379).

Las consecuencias no se hicieron esperar: derrotas militares, pérdida del Alto Perú, oposición de las poblaciones a la entrada de las fuerzas porteñas, motines populares contra los jefes, el descrédito y el repudio.
El abandono de nuestro pasado impulsado por el sector jacobino iba destruyendo la unidad virreinal y fragmentando el Imperio español, como lo deseaban las fuerzas anticristianas. “La patria había quedado reducida…a menos de la mitad de lo que había sido, al comenzar, en 1810, la Revolución”, dice Bernardo Frías (Tradiciones Históricas, 6ª. Tradición, ed. La Facultad, Bs. As., 1929, p. 210).
No faltaban personas clarividentes que percibían la gravedad de la fractura y lo consideraban “un castigo manifiesto”. Era la opinión que Don Tomás Manuel de Anchorena le expresaba a su hermano Nicolás en carta del 10 de agosto de 1811: “Lo que a mí me desconsuela, es el odio tan manifiesto de que se han poseído todas estas gentes contra nosotros (...); maldicen la conducta de nuestras tropas, culpando sobremanera a los oficiales y jefes. Yo creo que esta desgracia ha sido castigo manifiesto de los innumerables delitos que se han cometido...”.
Juicios similares expresan el Gral. Belgrano y otros jefes que encuentran a los pueblos totalmente cambiados y enemistados con quienes, en nombre de la libertad del pueblo, intentaban arrancarle la principal libertad de ser fieles a Dios.
Estos aspectos esclarecedores se ocultan para evitar que los argentinos veamos cómo nuestra patria fue violentamente apartada del camino que sus impulsos naturales la llevaban a seguir, desviándola hacia el proyecto de una nación artificial y extranjerizante, en contradicción con sus raíces.

Luis Ma. Mesquita Errea 

SIGLOS DE FE EN ARGENTINA Y AMÉRICA PREANUNCIAN UN FUTURO GLORIOSO –
La formación de la civilización cristiana y mariana en nuestro suelo y su resistencia a la Revolución igualitaria (ca. 1530-1830) - 
32a. nota
Sigue en nota 33a. Extremistas y moderados

31a. nota - El fusilamiento de un hombre-símbolo, Liniers

El católico mariano y reconquistador Liniers


El jacobino Castelli


Nota  31ª.

Siglos de Fe..., 31a. nota: El fusilamiento de un hombre-símbolo, Liniers

El fusilamiento de un hombre símbolo, Liniers (26 de agosto de 1810)

·        A la sombra de la oposición al absolutismo y el natural deseo de constituir un país soberano, fuerzas anticristianas trabajan para extinguir las raíces tradicionales.
·        Circulan catecismos masónicos
·        La resolución revolucionaria de mayo de 1810, emanada de un cabildo, es desconocida por el Virrey del Perú y las autoridades de Montevideo, Paraguay, Alto Perú y Córdoba. La Junta envía una fuerza militar, la Expedición Auxiliadora, para sofocar las reacciones.
·        Comienza una represión violenta, que varios autores califican de “terror revolucionario”. El oficio de la Junta a los gobiernos y Cabildos del norte, del 27 de junio, anuncia que aplicará “un castigo ejemplar, que escarmiente y aterre a los malvados”.
Liniers, el Gobernador de Córdoba, el Obispo y otros destacados cordobeses se disponen a resistir, pero al conocerse la envergadura del ejército porteño, de 1.150 hombres, las fuerzas locales se deshacen y sus jefes son capturados.
El Deán Funes es uno de sus acusadores; no obstante se horroriza al enterarse de las instrucciones que trae Vieytes de fusilar al héroe de la Reconquista y al Obispo (“sin dar lugar a minutos que proporcionasen ruegos y relaciones capaces de comprometer el cumplimiento de esta orden”; P. Bustos Argañaraz, Manual de Historia Argentina, p.158). Tales directivas iban “a dar a la revolución un carácter de atrocidad y de impiedad”, comenta Cayetano Bruno (Historia…, t. VIII, p. 304). Los integrantes de la Junta de Comisión son “asaltados” por las principales familias de Córdoba para evitarlo.
“Unánimemente, la población expresó su repudio y solicitó a Ortiz de Ocampo que no le diera cumplimiento” (Bustos Argañaraz, o.c., p. 159).
El Cnel. Francisco A. Ortiz de Ocampo pide a la Junta que reconsidere tan graves decisiones, para conservar “la adhesión y amor de todos estos pueblos”; es preciso, afirma, “no chocar descubiertamente la opinión pública”. Lo que más alarmaba era “la sola presunción de que el Obispo sería una de las víctimas de nuestras fuerzas”. Agregaba que esto sembraría el terror en los demás pueblos, que quedarían sujetados contra su voluntad: “Los dominaría la fuerza y no el amor”… (ibid.).
El pedido del Jefe militar riojano y sus compañeros es recibido con “repulsa y desdén” por Mariano Moreno, cabeza de los hombres furibundamente democráticos, quien escribe “groseramente” contra ellos. Temía que la presencia de Liniers, al ser conducido preso a Buenos Aires, produjera un vuelco de la opinión pública.
El sacerdote Alberti, Vocal de la Junta, no queriendo firmar condenas a muerte, se retira de la sala. Su voto podría haber salvado a las víctimas. La decisión final, por voto del Vocal Larrea, es mantener la fatal decisión exceptuando al Obispo y su secretario “en homenaje a los sentimientos religiosos de los pueblos, que mirarían como un sacrilegio, si eran arrastrados al patíbulo” (Bruno, o.c., p.  306).
Flagrantes contradicciones se manifiestan: el Padre Alberti vuelve a la Sala y expresa, con increíble audacia, que la decisión era injusta…“puesto que dicho Prelado era el único que debería morir, como instigador acérrimo y uno de los fautores de la contrarrevolución a la que había precipitado a sus correligionarios, cuando su ministerio era puramente de paz y concordia” (!); (ibid., p. 307). “Paz” y “concordia” que la Junta iba a conseguir con cañones, bayonetas y piquetes de fusilamiento.
Uno de los miembros más radicales, el Vocal Castelli, asesorado por Nicolás Rodríguez Peña y protegido por 40 húsares a las órdenes de French, parte a Córdoba para “ejecutar a los reos dondequiera los hallase”. Se trataba de dos conspicuos miembros de las logias establecidas por los ingleses, al igual que Manuel José García, Vieytes y Rivadavia, dice Bustos Argañaraz.
Los ilustres presos quedan en manos de un infame Oficial Urien, quien, bajo los efectos del vino, se llega a verlos “sólo para insultarlos con obscenidades e injurias” (ib., p. 309). Atropellos dignos de sans-culottes
Llegados a la Villa del Rosario consigue el Obispo a duras penas celebrar misa, pues Urien dice que “el reo de Estado no podía decir misa”.
Ante el cariz de los acontecimientos, se preparan para una muerte digna: “...comulgaron con especial devoción y recogimiento interior los cinco señores restantes; y luego todos juntos renovaron entre sí el juramento que habían hecho de fidelidad a Fernando VII y a la nación española, de defender sus derechos y derramar su sangre por la causa que seguían. ...fue el sagrado viático con que a los diez días entraron en la eternidad” (ibid.). Noble ejemplo de fidelidad…
La tropa, chocada por las bajezas de Urien, exige su destitución; lo reemplaza un Cap. Garayo, que trata a los prisioneros “con el decoro debido, esmerándose en asistirlos con toda puntualidad”. “La historia recuerda con gratitud su nombre”.
Cerca de la posta de Cabeza de Tigre se encuentran con la fuerza militar que viene a ejecutarlos. En el mayor misterio, se desvían del camino hacia un bosque. Esto alarma a Liniers, ya que supuestamente los conducían a Buenos Aires para ser juzgados. El Tcnl. Balcarce responde a sus inquietudes diciendo no saber por qué. Allí se dan con los húsares, todos ingleses que habían desertado durante las Invasiones, “pues no se atrevieron a llevar españoles”. Estos detalles desconocidos por la mayoría de los argentinos, ¿por qué fueron silenciados por los “defensores” de la libertad de prensa y de pensamiento?
El Obispo, “derramando lágrimas se pone de rodillas para abogar por ellos; y apenas había dicho ¿que cómo se les condenaba a muerte sin oírlos? ¿que por qué se les privaba de los auxilios espirituales como es la comunión, y se profanaba la fiesta del domingo? le interrumpió French diciéndole: Calle, usted, Padre, que aún no sabe la suerte que le espera”. Fouquier-Tinville no hubiera contestado de otro modo.
Liniers, maniatado, le pide al Obispo que saque el rosario de su bolsillo y paseándose, lo rezaba, preparándose para la confesión y la muerte: “parecía más glorioso que en sus victorias de la reconquista y defensa”. “Liniers rechazó la venda; y, ‘en voz perceptible imploró el auxilio de María Santísima (bajo el título del Rosario, de quien siempre fue muy devoto) hincado de rodillas; y con la vista fija en los soldados que estaban con las armas preparadas les dijo: Ya estoy, muchachos; y haciendo...la señal el oficial Juan Ramón Balcarce, se hizo la descarga’ ” (Bruno, ibid., p. 311). Fue rematado por French con un tiro en la frente.
Así fue eliminado indignamente un hombre-símbolo del Antiguo Régimen, que encabezara la reacción contra los herejes ingleses al amparo de la Virgen.
“La mezcla de consternación y repulsa que…causó en el ánimo de los cordobeses difícilmente pueda ser expresada. Al igual que en la Revolución Francesa, el terror comenzaba a imponerse...”, comenta Prudencio Bustos Argañaraz (o.c., p. 159).
En un árbol aparecieron escritos los nombres de los condenados, formando la palabra CLAMOR. Se trató, junto con la expulsión de los jesuitas, de “el hecho más atroz y más salvaje que registra la historia de la provincia”, de acuerdo al Dr. Pablo J. Rodríguez (ibid.).
Luis Ma. Mesquita Errea 
SIGLOS DE FE EN ARGENTINA Y AMÉRICA PREANUNCIAN UN FUTURO GLORIOSO –
La formación de la civilización cristiana y mariana en nuestro suelo y su resistencia a la Revolución igualitaria (ca. 1530-1830) - 

II Jornada de Cultura Hispanoamericana por la Civilización Cristiana, Cabildo histórico de Salta, 2006

31a. Nota
Sigue en nota 32a. Las profanaciones y la pérdida del Alto Perú (1810-1811)

martes, 7 de julio de 2020

30a. nota - Siglos de Fe... - IV PERIODO: DESPUES DE LA RUPTURA DE VINCULOS CON ESPAÑA (ca. 1810-1830) - LA DOMINACION DE GOBIERNOS REVOLUCIONARIOS QUE DEBEN RECONOCER LA CATOLICIDAD DEL PUEBLO ARGNTINO - Primera Proclama de la I Junta, "dando seguridades al pueblo de que defenderá el altar y el trono"

La Argentina tradicional, heredera del espíritu hispánico,
en el siglo XIX - Estanciero boleando un suri, óleo de Rugendas
Abajo:
la primera proclama de la I Junta

30ª nota: 1ª proclama de la I Junta, "dando seguridades al pueblo de que defenderá el altar y el trono"

Continuamos la publicación de nuestras notas de historia argentina desde un ángulo católico y rescatando de la omisión el papel de las élites en el proceso histórico de Argentina e Iberoamérica


IV PERIODO - DESPUÉS DE LA RUPTURA DE VÍNCULOS CON ESPAÑA (ca. 1810-1830) – LA DOMINACIÓN DE GOBIERNOS REVOLUCIONARIOS QUE DEBEN RECONOCER LA CATOLICIDAD DEL PUEBLO ARGENTINO

Hechos destacados:• La primera proclama de la Primera Junta
• Liniers fusilado a escondidas, con tropas inglesas al mando del “furibundo” Castelli
• La reacción ante los desmanes anticatólicos en el Alto Perú
• El repudio a las reformas eclesiásticas de Rivadavia
• La opinión pública argentina: una abrumadora mayoría católica y tradicional
• Los gobiernos revolucionarios, en los que se hará sentir la influencia de las logias, intentarán aplicar criterios semejantes a los del absolutismo –la omnipotencia del Estado ante las leyes de Dios y de la Iglesia-, pero se encontrarán con una valla poderosa: la tradición católica, hecha carne en el pueblo argentino.

No cabe en los límites de esta ponencia un análisis detallado del período histórico que se abre a partir de mayo de 1810 en lo que hace a la lucha de la Revolución y la civilización cristiana en nuestro suelo, lucha sorda y no declarada pero muy real, que se desarrolla en medio de contiendas políticas que parecen ajenas a esa guerra a muerte.
A la Revolución anticristiana no le conviene manifestarse pues, de lo contrario, despierta reacciones. Su modus operandi característico es promover acciones con fines acotados que aparentan estar desconectados de la demolición sistemática de nuestra identidad profunda. Estos aspectos, que dan el verdadero cariz a los hechos, están patentes con la suficiente claridad como para plantear que nuestra nación, asistida por gracias especiales, frenó considerablemente los avances de la Revolución y mantuvo la Fe católica y vigorosos elementos de tradición hispanoamericana.Al hablar de Revolución con mayúscula (ver nota al respecto en las primeras páginas de esta ponencia), nos referimos al proceso de destrucción del orden tradicional en nuestra patria movido por el espíritu de la Revolución Francesa, como se dio en concreto en el siglo XIX, y no a la emancipación en sí.

Primera proclama de la I Junta ante la alarma del pueblo, que sintió “el altar y el trono” amenazados (26 de mayo de 1810)
En los acontecimientos de Mayo abundan episodios confusos y contradictorios, muchos de ellos “cocinados” en la trastienda por pequeños cenáculos que evitan la luz del día.
Participan con destaque grupos de presión que respaldan a los agentes más activos en el momento preciso. Se trata esencialmente de minorías bien organizadas por las sociedades secretas, que la historia oficial arteramente llama “pueblo”.
En España reina el caos provocado por la Francia revolucionaria; por primera vez la dinastía legítima parece próxima a su liquidación por el poder napoleónico. La confusión acerca de quién tiene el poder es la señal para que en Buenos Aires se instale un poder de facto, desvinculado del Reino del que formamos parte durante tres siglos de historia americana.
El pueblo auténtico, con sus clases dirigentes, estaba alarmado porque ese poder parecía inclinado a romper seculares vínculos de fidelidad y quizás a amenazar la propia Fe. Se desprende claramente de la primera circular que la Primera Junta se apresuró en dictar para tranquilizar y evitar una comprometedora reacción, emitida el 26 de mayo de 1810 en forma de Proclama:
• “(...) Fixad pues vuestra confianza, -dice- y aseguraos de nuestras intenciones. Un deseo eficaz, un celo activo, y una contracción viva y asidua a proveer por todos los medios posibles la conservación de nuestra Religión Santa, la observancia de las Leyes que nos rigen...y el sostén de estas Posesiones en la mas constante fidelidad y adhesión á nuestro muy amado Rey y Señor Don Fernando VII y sus legítimos sucesores en la corona de España: ¿No son estos vuestros sentimientos? Esos mismos son los grandes objetos de nuestros conatos. Reposad en nuestro desvelo y fatigas...”. Luego siguen más exhortaciones a depositar la confianza en el nuevo gobierno, dando seguridades al pueblo de que defenderá el altar y el trono (ver facsímil del documento en Historia de la Argentina de Ernesto Palacio, t. II, p. 8).

Luis Ma. Mesquita Errea 
SIGLOS DE FE EN ARGENTINA Y AMÉRICA PREANUNCIAN UN FUTURO GLORIOSO –
La formación de la civilización cristiana y mariana en nuestro suelo y su resistencia a la Revolución igualitaria (ca. 1530-1830) - 
II Jornada de Cultura Hispanoamericana por la Civilización Cristiana, Cabildo histórico de Salta, 2006
30a. nota
Sigue en nota 31a. El fusilamiento de un hombre símbolo, Liniers (26 de agosto de 1810)

29a. nota - Ocasión para instaurar un régimen señorial, frustrada por los enemigos de la Tradición



Estancias argentinas que encarnan un original espíritu señorial y aristocrático que brotó en nuestro suelo, muy marcado en el contexto iberoamericano. Es una manifestación no exenta de sentido de grandeza de las virtualidades escondidas en la Argentina profunda, la que el liberalismo igualitario logró desviar de su cauce natural a fines del período hispánico, cuando nuestro país estaba maduro para consolidar su sistema señorial y capitular desarrollado a lo largo de dos siglos y medio. Sistema incompatible con las teorías liberales y socialistas, perfectamente acorde a la doctrina tradicional de la Iglesia: la aristocracia. Hoy podemos ver los resultados de ese desvío, simplemente abriendo un diario...
Continuamos, con esta 29ª nota, publicando nuestro ensayo de visión católica y señorial de la historia argentina 

29ª nota - Ocasión para instaurar un régimen señorial, frustrada por los enemigos de la Tradición


Ocasión para instaurar un régimen señorial frustrada por los enemigos de la Tradición· 
. El pueblo se mantuvo fiel
· Los lazos con España se mantenían firmes
· El Imperio hispano representaba un escollo al progreso de la descristianización
· Excelente ocasión para un régimen orgánico y señorial
· Y para formar la comunidad iberoamericana de naciones
· La Revolución frustró estos anhelos que hubiesen evitado muchos males actuales
La Cristiandad del Plata había triunfado. El pueblo se mantuvo fiel a Dios y al Rey, a pesar del absolutismo y de la tremenda decadencia de la monarquía española en los días de Carlos IV y de Fernando, de Godoy y de Bayona, cuando España se había transformado en “feudo del regicidio”, en longa manus del jacobino coronado Napoleón, al decir de Burke y de Ranke.
Fue una prueba incontrastable de que los lazos de estos reinos de ultramar con la Península se mantenían firmes en los albores de la emancipación. Y de que mucha sangre habría de correr para imponer la "voluntad general" revolucionaria sobre las tendencias reales de los argentinos, que aspiraban a emanciparse sin desgarramientos ni renegar de sus bienamadas tradiciones.
Pero 260 años de crecimiento y espíritu de autonomía, en grandes provincias-países, conducía a una definición.
La conspiración jacobina mundial persistía en su designio de desmantelar el Imperio español, obstáculo para el avance del nivelador mundo de la máquina y del liberalismo socializante que se insinuaba, precursor de fenómenos como el marxismo demoledor o el hedonismo igualitario de Hollywood, antítesis del espíritu hispánico que se intentaba borrar.
Se planteaba la cuestión de la forma de gobierno. En un mundo monárquico, era una excelente ocasión para formar un gobierno que representara fielmente nuestra idiosincrasia católica e hispánica, en que las élites dirigentes, depositarias naturales de la Tradición, desempeñaran el papel preponderante que les corresponde, según el magisterio pontificio. Los siglos de gobierno capitular las preparaban ampliamente para ello.
Existía una arraigada aristocracia de hecho, aunque comprimida por el absolutismo auto-demoledor. Ella debería haber acentuado sus caracteres y hacer que el día de hoy no fuera la negación del de ayer sino su armónica continuación, por ejemplo manteniendo la forma monárquica con algún príncipe legítimo que estuviera a la altura de las circunstancias.
Era una excelente oportunidad, asimismo, para formar la confederación de naciones hispánicas al servicio del común legado cultural y religioso. Así se hubieran evitado muchos males, como la supremacía de las naciones anglo-sajonas en el mundo iberoamericano
Pero esas posibilidades de gobierno orgánico contrariaban profundamente la conjuración anticristiana. Y las logias apoyadas por las primeras potencias mundiales harían lo imposible para impedir que esta solución pudiese concretarse. Aquellas encarnaban un capitalismo economicista que si bien favorecía sus intereses materiales, promovía al mismo tiempo un proyecto enemigo de toda grandeza –aún de la anglo-sajona-, la utopía igualitaria y anárquica.
León XIII remarca este aspecto ideológico en su condena a la obra de la masonería (Enc. “Humanum Genus”), que muchos “tradicionalistas restrictos” olvidan, reduciendo el problema al avance de las potencias anglo-sajonas. La Revolución marcha “de requinte en requinte”; si en nuestros días parece favorecer a los Estados Unidos, mañana intentará demolerlo para implantar el viejo sueño de jacobinos y marxistas, la República Universal (más aún ante las imprevistas reacciones que despuntan con fuerza contra el aborto y otras demoliciones de Occidente).


[Con esta entrada finalizamos el III PERÍODO – EL RESQUEBRAJAMIENTO PROVOCADO DEL IMPERIO ESPAÑOL (ca. 1750-1810) - Próxima entrada: IV PERIODO - DESPUÉS DE LA RUPTURA DE VÍNCULOS CON ESPAÑA (ca. 1810-1830) – LA DOMINACIÓN DE GOBIERNOS REVOLUCIONARIOS QUE DEBEN RECONOCER LA CATOLICIDAD DEL PUEBLO ARGENTINO 
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Luis María Mesquita Errea

8 de septiembre de 2006, fiesta del Nacimiento de Nuestra Señora “que regocijó a todo el universo”
29a. nota
Sigue en nota 30a. IV PERIODO - DESPUÉS DE LA RUPTURA DE VÍNCULOS CON ESPAÑA (ca. 1810-1830) – LA DOMINACIÓN DE GOBIERNOS REVOLUCIONARIOS QUE DEBEN RECONOCER LA CATOLICIDAD DEL PUEBLO ARGENTINO 

lunes, 6 de julio de 2020

28a. nota - Siglos de Fe... - Derrota marial de los ingleses enemigos de la Fe, el Rey y la Patria



Continuamos difundiendo nuestro ensayo de visión católica y señorial de la Historia Argentina
Reacciones del espíritu tradicional argentino frenan el avance de la ofensiva anticristiana:
. Derrota marial de los ingleses enemigos de la Fe, el Rey y la Patria

28a. nota - Derrota marial de los ingleses enemigos de la Fe, el Rey y la Patria

Tal Cristiandad escondía virtualidades insospechadas y, como los buitres que acechan la hacienda, Inglaterra ya en 1741 hablaba de emancipar América del yugo del Rey Católico para substituirlo por el del monarca anglicano, patrocinador de la nueva era liberal e industrializadora a ultranza (ver papeles del Almte. Vernon citados por J. L. Busaniche). Nótese la afinidad de la idea con los postulados del enciclopedismo revolucionario.
En 1806 se desarrolla en el subcontinente una operación conjunta con Miranda, “el Precursor” -ex general de la Revolución Francesa, afiliado a las logias inglesas- en el norte y en el sur. Los ingleses invaden Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, pensando encontrar una población ansiosa por romper las cadenas que la atan a España para echarse en los brazos de Gran Bretaña.
Nuestros guerreros, sorprendidos por el fácil triunfo inicial del invasor, al verlos instalados en el fuerte, rompen sus fusiles contra las paredes y gritan “¡traición!”. Los ingleses prometen hábilmente que respetarán la Santa Fe católica y ofrecen ventajas comerciales. Sólo la minoría de logistas los apoya.
Llega la gran festividad de Corpus. Liniers, prestigioso jefe militar y devoto del Santo Rosario, se presenta en Santo Domingo para las acostumbradas honras al Santísimo. No hay tal… El Obispo, temiendo ofensas por parte de los herejes, ha prohibido la procesión, reduciéndola a una catacumbal ceremonia entre cuatro paredes que sabe a vergüenza.
Seguimos en líneas generales la documentada relación de Cayetano Bruno, S.D.B. en su Historia de la Iglesia en la Argentina (vol. VII, Secc. 2ª, Las Invasiones Inglesas). En la persona de Liniers se cristaliza la indignación general. Hace voto solemne a la Virgen del Rosario de entregarle las banderas del enemigo, si Ella lo ayuda a conquistarlas. Cruza el río y vuelve con fuerzas desde Montevideo. Beresford no acepta su intimación a rendirse. Cuenta con su situación de fuerza, y sus regimientos famosos en el mundo.
Liniers cuenta con tropas bisoñas pero aguerridas, y con un pueblo que las acompaña sin temer a la muerte. Y con algo más... que no tenían los enemigos del catolicismo.
La guerra toma aires de cruzada mariana. Muchos llevan como distintivo el escapulario. Otros, el estandarte de la Virgen de Luján y del Rey. Niños hasta de 10 años animan a las tropas, gritando a voz en cuello “¡viva España!”, y deshacen sus ponchos cuando se acaban los tacos, para disparar las piezas de artillería; y hasta hacen de artilleros cuando éstos caen bajo la metralla.
En cada rincón se combate contra el enemigo de la fe, del Rey y de la Patria. Hasta los negros esclavos se baten por esos tres valores, según consta en las actas capitulares.
Liniers vence, vence la cruzada. La Virgen del Rosario de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires recibe los trofeos de regimientos que se midieron con los mejores ejércitos europeos, derrotados por el coraje y la Fe de argentinos, orientales (uruguayos), y altoperuanos (bolivianos), hermanados en el Virreinato.
Al año siguiente se produce el nuevo intento de conquista con poderosas fuerzas navales y terrestres. El carácter de guerra por la Fe, el Rey y la Patria se acentúa en la II Invasión. El Cabildo de Córdoba pide al Prior de Santo Domingo que se realice la “solemne procesión con la milagrosa imagen (de N.S. del Rosario del Milagro)...para alcanzar victoria contra los enemigos del Estado y nuestra Religión”.
Al conocerse la caída de Montevideo, el 6 de febrero de 1807, en Buenos Aires la multitud se enardece “clamando y diciendo a voces que todos querían ir a reconquistar la plaza de Montevideo, y (que) estaban prontos a derramar toda su sangre para conservar al Rey sus dominios, y que en parte alguna se extinga la religión de Jesucristo que profesaron sus mayores”. Un emisario inglés queda asombrado ante el espectáculo de “gente que cubría los castillos particulares y el entusiasmo que desplegaban a gritos” (ibid., pp. 101 y 104).
La toma de Santo Domingo determina la victoria. El prior niega a los patriotas el acceso a la torre, lo que aprovecha el enemigo para introducirse; costará la vida a varios frailes, atravesados por sus bayonetas.
El perjuro Tte. Cnl. Pack logra recuperar las banderas de la I Invasión entregadas a la Virgen, que expone triunfalmente en la torre de la Iglesia. Desde allí “nos hacían un fuego dominante y cierto”, protegidos por los muros y parapetados de colchones y muebles, dice la Relación de la Defensa. Pero “María Santísima dirigía nuestras balas” (ibid., p. 107). Después de un encarnizado combate, los herejes son derrotados; sólo el amparo del prior consigue salvar a Pack del furor de los patriotas. Lo que más electrizó los ánimos fue la recuperación de las banderas dedicadas a Nuestra Señora del Rosario.
Setenta religiosas catalinas que están rezando por el triunfo de las armas católicas son invadidas por los impíos y se disponen al martirio. Hay profanación del templo y de la clausura; una mano sacrílega despedaza el sagrado rostro de la soberana reina y madre santísima del Rosario, y la efigie del patriarca Santo Domingo es degollada (carta de la Madre priora Teresa de la Ssma. Trinidad); pero la Virgen las ampara y un sargento inglés excepcional pasa dos días seguidos protegiéndolas de la soldadesca.
Finalmente, tras recios combates en los que muere el 90 por ciento de los invasores, son liberadas y aliviadas por la solicitud del Alcalde Alzaga y del Reconquistador Liniers –futuras víctimas de los jacobinos.
En las jornadas de julio las apacibles calles de Buenos Aires se transformaron en “sendas de muerte” para el enemigo de la Fe. Como en la invasión napoleónica a España, “la superior potencia de los ejércitos invasores se estrella y desvanece sin gloria al contacto del alma popular, que lucha por lo más sagrado de su patrimonio” (ibid., p. 113).
El derrotado General Whitelocke tratará de justificarse alegando que esperaba “encontrar una gran porción de habitantes preparados a secundar nuestras miras; pero resultó ser un país completamente hostil, en el cual ni por conciliación ni por interés no nos era posible dar con un amigo que nos ayudase, aconsejase ni proporcionase los datos más insignificantes”.
El Tte. Cnl. Duff atestiguará que “estaba en medio de una ciudad donde todos eran enemigos, todos armados, desde el hijo de la vieja España hasta el negro esclavo” (ibid., p. 113). Fue, para la “Reina de los Mares” -reconoció el fiscal inglés- una “deshonra de las armas británicas” y un “inesperado y sin igual desastre”.
Los sermones, discursos y fiestas públicas expresan el reconocimiento de que este desastre para las fuerzas anticatólicas fue obra de María Santísima: “Ella hizo caminar el terror delante de nuestras tropas...tomó a su cuidado la constancia con que debían sostenerse en medio de los peligros...los rodeó de su fuerza y...puso a su frente al inmortal Reconquistador” (oración del Deán Funes).
“Impresionó vivamente”, dijo un testigo, “el haberse verificado la victoria el primer domingo del mes de julio, día consagrado a Nuestra Señora del Rosario, a quien estaban votadas las banderas inglesas, que venían los enemigos con ánimo de rescatar...” (ibid., p. 115). El Cabildo dejó constancia de su “humilde y perpetuo reconocimiento a aquella soberana Madre, cuya poderosa mediación fue sin duda el más poderoso agente para su logro”.

[lea en la próxima nota: Ocasión para instaurar un régimen señorial frustrada por los enemigos de la Tradición
Luis Ma. Mesquita Errea 
SIGLOS DE FE EN ARGENTINA Y AMÉRICA PREANUNCIAN UN FUTURO GLORIOSO –
La formación de la civilización cristiana y mariana en nuestro suelo y su resistencia a la Revolución igualitaria (ca. 1530-1830) - 
II Jornada de Cultura Hispanoamericana por la Civilización Cristiana, Cabildo histórico de Salta, 2006
28a. nota
Sigue en nota 29a. Ocasión para instaurar un régimen señorial, frustrada por los enemigos de la Tradición

27a. nota - Ante el absolutismo revolucionario de fines del s. XVIII, reacciones del espíritu tradicional argentino

Apostolado de la Mama Antula (gentileza Instituto San Cayetano)

Ante el absolutismo revolucionario de fines del s. XVIII, reacciones del espíritu tradicional argentino - 27ª nota

De la entrada anterior (nota 26ª)

La Real Ordenanza no era otra cosa que el hacha asestada al pie del tronco. Una agresión avasalladora recibida de la Metrópoli donde estaba el Rey absolutista, rodeado de aquellos “felinos del Iluminismo” –como los llama Busaniche- que actuaban en la Corte, ya abiertamente, ya en la trastienda, moviendo misteriosos hilos conspirativos en América, que no eran otros que los movidos por las logias en toda la Cristiandad.
“El absolutìsmo real, que parecía la consolidación del principio de autoridad, no era sino un principio revolucionario: la omnipotencia del Estado ante las leyes de Dios y de la Iglesia”, observa con agudeza Plinio Corrêa de Oliveira.

Reacciones del espíritu tradicional argentino frenan el avance de la ofensiva anticristiana
Rebrote ignaciano

Entretanto, nuestra entrañable Civilización Cristiana, fundada en los siglos de oro y de plata, daba signos de vitalidad, y del algarrobo hachado surgía inesperadamente un brote nuevo. Expulsados los jesuitas, la tradición ignaciana no muere. Impregnada del espíritu del campeón de la Contra-Reforma, la distinguida seglar María Antonia de Paz y Figueroa, descendiente de encomenderos y primeros pobladores santiagueños, recorre el Tucumán organizando los Ejercicios Espirituales con éxito sorprendente, en pleno auge del Iluminismo.
Buenos Aires se muestra como una refractaria plaza a conquistar. Y la Mama Antula la conquista, desafiando las incomprensiones y oposiciones. En una de sus concurridas tandas tiene la alegría de recibir la visita y el respaldo de los dos Obispos, tucumanense y bonaerense.
Luis María Mesquita Errea
SIGLOS DE FE EN ARGENTINA Y AMÉRICA PREANUNCIAN UN FUTURO GLORIOSO –La formación de la civilización cristiana y mariana en nuestro suelo y su resistencia a la Revolución igualitaria (ca. 1530-1830) 
27a. nota
Sigue en nota 28a. Derrota marial de los ingleses enemigos de la Fe, el Rey y la Patria

domingo, 5 de julio de 2020

26ª nota - El resquebrajamiento provocado del Imperio Español: lo que había por detrás del Régimen de Intendencias



La Argentina temprana y toda Iberoamérica fueron beneficiadas por la formación de una sociedad orgánica, cuya vitalidad y originalidad emanaba de adentro, cuyos profundos fundamentos derivaban del "estado misional" español (como lo llama Cayetano Bruno, OSB). Si bien en la desarticulación del Imperio Español influyeron poderosamente potencias protestantes y enemigas de España, en el plano político internacional, y competidoras en el plano comercial, como Inglaterra, es preciso precaverse contra una visión materialista, economicista y naturalista que desconoce que la esencia de ese proceso fueron tendencias e ideas anticristianas derivadas del iluminismo y el trabajo de las logias por implantar la utopía vista en las notas anteriores. Era necesario para la Revolución anticristiana que ese orden vivo, que existía vigorosamente en la segunda mitad del siglo XVIII, fuese acorralado y reducido en toda la medida de lo posible, instaurando progresivamente un centralismo absolutista (de raíz igualitaria pese a las apariencias de la monarquía borbónica), precursor del superestado moderno. Una de sus acciones principales fue la implantación del Régimen de Intendencias, dirigido sibilinamente contra los cabildos y la aristocracia vecinal gestada en dos siglos de existencia.

El resquebrajamiento provocado del Imperio Español: Lo que había por detrás del Régimen de Intendencias - 26ª nota

Retomamos hoy la publicación de este ensayo de visión católica y señorial de la Historia Argentina. Para mejor orientación del lector, recordamos un par de elementos que configuran el cuadro general para entender la importancia de algo aparentemente inocuo y burocrático, el Régimen de Intendencias (en letra azul clara). A continuación, la nota de hoy.

III PERÍODO – EL RESQUEBRAJAMIENTO PROVOCADO DEL IMPERIO ESPAÑOL (ca. 1750-1810)
Dos fuerzas disociadoras:
·
 El enciclopedismo revolucionario o jacobinismo
· El centralismo absolutista, compresor de los estamentos, abolicionista de los derechos privados adquiridos o privilegios

[...]

La otra cara de la demolición: el absolutismo monárquico exacerbadoHaciendo “pendant” con la difusión de las ideas enciclopedistas en nuestro medio, actuaba el centralismo monárquico exacerbado, cuya política se conoce como despotismo ilustrado.
Si los enciclopedistas intentaban cavar una fosa entre América y España por la guerra de ideas, el absolutismo, especialmente durante el reinado de Carlos III, le proporcionaba una ayuda preciosa. Era el zonda que secaba el monte, mientras el jacobinismo le prendía fuego en todo lugar donde podía.
Dos medidas que tomó fueron particularmente funestas:
· La expulsión de los Jesuitas, que tuvo como antecedente el despojo a la Compañía y a los vasallos guaraníes (hecho inédito) de 7 pueblos jesuíticos entregados a Portugal en ocasión del Tratado de Permuta (1750);
· La Real Ordenanza de Intendentes (1782; 1785).
[...]
26ª nota - Lo que había por detrás del Régimen de Intendencias
El otro gran golpe asestado a esta parte del Imperio fue el establecimiento del Régimen de Intendencias. En Francia, el sistema fue una poderosa arma de los absolutistas para deprimir a la Nobleza. En la Argentina temprana, para anular la influencia de los Vecinos, de la Nobleza de Indias, de las clases dirigentes tradicionales.
Contrariamente al país sereno, orgánico y vecinal que se había formado en dos siglos, creó unos burocráticos e intrusos Intendentes privando a los Cabildos de sus funciones adquiridas por el curso natural de las cosas, en torno a los cuales se habían consolidado las familias señoriales provenientes de la Hidalguía de Indias. Es claro que instituciones del arraigo de los Cabildos no se dejaron maniatar tan fácilmente, y en las numerosas querellas que surgieron, los descendientes de los Beneméritos lograron imponerse no pocas veces. Harán falta para consumar la obra las convulsiones sangrientas de las guerras civiles, que pronto seguirán.
La Real Ordenanza no era otra cosa que el hacha asestada al pie del tronco. Una agresión avasalladora recibida de la Metrópoli donde estaba el Rey absolutista, rodeado de aquellos “felinos del Iluminismo” –como los llama Busaniche- que actuaban en la Corte, ya abiertamente, ya en la trastienda, moviendo misteriosos hilos conspirativos en América, que no eran otros que los movidos por las logias en toda la Cristiandad.
“El absolutìsmo real, que parecía la consolidación del principio de autoridad, no era sino un principio revolucionario: la omnipotencia del Estado ante las leyes de Dios y de la Iglesia”, observa con agudeza Plinio Corrêa de Oliveira.


Luis María Mesquita Errea

Fuente: II Jornada de Cultura Hispanoamericana por la Civilización Cristiana
Cabildo histórico de Salta

SIGLOS DE FE EN ARGENTINA Y AMÉRICA PREANUNCIAN UN FUTURO GLORIOSO –
La formación de la civilización cristiana y mariana en nuestro suelo y su resistencia a la Revolución igualitaria
 (ca. 1530-1830)

26a. nota
Sigue en nota 27a. Ante el absolutismo revolucionario de fines del s. XVIII, reacciones del espíritu tradicional argentino

25a. nota - La otra cara de la demolición: el absolutismo monárquico exacerbado


La Revolución Igualitaria universal avanzó poderosamente en América bajo el reinado de Carlos III, de marcado centralismo absolutista. La expulsión de los Jesuitas y la implantación del Régimen de Intendencias sacudieron los propios fundamentos del Imperio Español preparando su desmembramiento. Se desmantelaría así un gran conjunto de países hispanos y católicos en beneficio del proceso de destrucción de la Cristiandad. Es clara la acción autodemoledora del Iluminismo, cuyas bases hemos descripto en entregas anteriores.



La otra cara de la demolición: el absolutismo monárquico exacerbado - 25ª nota

La otra cara de la demolición: el absolutismo monárquico exacerbado
Haciendo “pendant” con la difusión de las ideas enciclopedistas en nuestro medio, actuaba el centralismo monárquico exacerbado, cuya política se conoce como despotismo ilustrado.Si los enciclopedistas intentaban cavar una fosa entre América y España por la guerra de ideas, el absolutismo, especialmente durante el reinado de Carlos III, le proporcionaba una ayuda preciosa. Era el zonda que secaba el monte, mientras el jacobinismo le prendía fuego en todo lugar donde podía.
Dos medidas que tomó fueron particularmente funestas:
· La expulsión de los Jesuitas, que tuvo como antecedente el despojo a la Compañía y a los vasallos guaraníes (hecho inédito) de 7 pueblos jesuíticos entregados a Portugal en ocasión del Tratado de Permuta (1750);
· La Real Ordenanza de Intendentes (1782; 1785).

Expulsión de la Compañía de JesúsLa Compañía de Jesús había desplegado una señalada acción misionera y educadora. Fundó pueblos y reducciones que prosperaron espiritual y materialmente. Formó intelectuales y doctores en su universidad e introdujo la imprenta. Trajo sabios de Alemania, Flandes, Italia y España, capaces de forjar industrias y de montar otra imprenta empleando maderas locales.
Logró resultados admirables cultivando las almas de aquellos pueblos salvajes, como lo ilustra el coro formado por el Pe. Paucke con jóvenes indios del Chaco que encantó a los ambientes cultos bonaerenses. Fue una muestra de las alturas a que se podría haber llegado si no se hubiese cortado el impulso ascensional.
Siguiendo el ejemplo de aquel felino del iluminismo que era el ministro portugués Pombal, un terrible decreto de Carlos III dispone su expulsión y la confiscación de sus bienes en 1767. Se ejecuta del día a la noche, “a punta de pistola”, brutalidad innecesaria reveladora del odio ideológico que crepitaba bajo las apariencias civilizadas del Antiguo Régimen.
No se les permite ni siquiera despedirse de aquellos a quienes consagraban su vida por amor a Dios, pudiendo llevar poco más que lo puesto.
De sus universidades, colegios, estancias, reducciones y pueblos no le quedará nada: fue uno de los mayores despojos de nuestra historia. Cayó como un rayo sobre la provincia jesuítica del Paraguay, cuyo centro se encontraba en Córdoba, que contaba con 300 sacerdotes, 100 coadjutores, 11 colegios, 2 residencias y la Universidad. En la región bajo jurisdicción de la Real Audiencia de Charcas, se encontraban 18 colegios, 50 estancias y 45 pueblos de indios.
Si bien hay señales de que algunos sectores jesuitas se habían abierto un tanto al enciclopedismo, en conjunto representaban un formidable escollo a la descristianización, con su ensamble de instituciones y personas de mentalidad tradicional, que incluía los ejércitos de guaraníes que tantos servicios prestaron al Reino.
Esa muralla debía ser derribada para el avance del iluminismo absolutista dieciochesco, antecesor del super-estado moderno, frente al cual las instituciones y personas son insignificantes.
“El brazo implacable del absolutismo borbónico condenaba al destierro a los más firmes impulsores del desarrollo cultural de sus posesiones americanas, a las que causaba un irreparable perjuicio, resintiendo cada vez más sus ya débiles lazos afectivos con ellas”, dice Prudencio Bustos Argañaraz. La monarquía absolutista timoneada por las Fuerzas Secretas tomaba el rumbo de su auto-demolición.
Así lo confirman otros testimonios históricos:
“Ningún hecho más atroz, más salvaje, registra tal vez la historia de Córdoba, excepción hecha del asesinato político de Liniers y sus compañeros, que la expulsión de los jesuitas de todos los dominios españoles” (Dr. Pablo J. Rodríguez, 1883, ap. Bustos Argañaraz).
“...produjo en numerosas familias criollas un horror a España, que al cabo de siete generaciones no se ha desvanecido todavía” (Ramiro de Maeztu, ibid.).
Agrega el brillante historiador cordobés que en el Río de la Plata significó el abandono progresivo de las misiones, a pesar de los esfuerzos en contrario, pues los naturales no confiaban en otros que en los jesuitas. Muchos retornaron a la vida salvaje y se pusieron en contra de los blancos. “España perdió con ellas un formidable escudo contra el avance lusitano” (ibid.).
“...el peso de la tradición –dice Antonio Tovar- siguió siendo fuerte, y tocar los aspectos religiosos, sociales y económicos de la vida hispánica en América era conmover sus bases mismas y poner en peligro la gigantesca construcción” (in “Lo medieval en la Conquista y otros ensayos americanos”, p. 15).

(De: SIGLOS DE FE EN ARGENTINA Y AMÉRICA PREANUNCIAN UN FUTURO GLORIOSO –
La formación de la civilización cristiana y mariana en nuestro suelo y su resistencia a la Revolución igualitaria (ca. 1530-1830) -
 III Período: El resquebrajamiento provocado del Imperio Español (ca. 1750-1810) - 
Luis María Mesquita Errea

25ª nota).
Sigue en nota 26a, El resquebrajamiento provocado del Imperio Español: lo que había por detrás del Régimen de Intendencias

sábado, 4 de julio de 2020

24a. nota - Siglos de Fe... - Iluministas, precursores del comunismo, promovían la abolición de "la Religión la Familia y la Propiedad"



(Haciendo click, la imagen se agranda).
En lugar de destaque, debajo de Robespierre, vemos a Adam Weishaupt, "Espartaco", alma de los Iluministas de Baviera, que se hicieron fuertes en una universidad católica, constante histórica que recuerda a tantas instituciones infiltradas por la Revolución anticristiana, actualmente por la Teología de la "Liberación" y otras vertientes.
El fin principal de las sectas masónicas no es el dominio del mundo para adueñarse del oro y el poder; éstos son medios (imprescindibles, pero medios al fin) para fortalecer el poder revolucionario y atraer colaboradores para su verdadera finalidad, que es destruir el orden creado por Dios, vigente en una civilización cristiana.
Es fácil entender el odio de la Revolución a la Religión y la Familia, pero a muchos confunde el odio a la Propiedad. En este texto queda claro que la Propiedad es odiada principalmente en cuanto fuente de desigualdad, ya que el igualitarismo es la esencia de la Revolución "gnóstica e igualitaria" (cf. "Revolución y Contra-Revolución", de Plinio Corrêa de Oliveira - Texto completo disponible en internet)

Iluministas, precursores del comunismo, promovían la abolición de "la Religión, la Familia y la Propiedad" - 24ª nota

Precursores del comunismoEntre estos jacobinos se encontraban los Iluministas de Baviera, que se hicieron fuertes en la universidad benedictina de Ingolstadt, baluarte de la secta.
“Espartaco” Weishaupt, su jefe, pensaba del mismo modo que lo harían Proudhon y Marx; consideraba al primer hombre que había dicho “esto es mío”, un criminal, pues la posesión de bienes, sea una tapera o un palacio, es para él la fuente de la desigualdad. Enemigo radical de la propiedad, lo era también de la familia, promoviendo la abolición de la religión, la familia y la propiedad (cf. L. Blanc, Histoire de la Révolution; ap. Abbé Barruel, “Mémoires...”, t. II).
La importancia de conocer estos antecedentes radica en que, como afirma un autor nada sospechoso de tradicionalismo, José Luis Romero, en su Historia de las Ideas Políticas en Argentina, había aquí jacobinos e iluministas audaces y activos. Ellos son presentados como grandes hombres por la tendenciosa historia oficial.

Luis María Mesquita Errea
SIGLOS de FE en ARGENTINA y AMERICA preanuncian un FUTURO GLORIOSO - La formación de la civilización cristiana y mariana en nuestro suelo y su resistencia a la Revolución igualitaria (ca. 1530-1830)
24a. nota
Sigue en nota 25a. La otra cara de la demolición: el absolutismo monárquico exacerbado