lunes, 4 de noviembre de 2019

El clamor del pueblo católico de la Amazonia despreciado por los Padres Sinodales



EL CLAMOR DEL PUEBLO CATÓLICO DE LA AMAZONIA HA SIDO DESPRECIADO POR LOS PADRES SINODALES
Pan-Amazon Synod Watch

El 4 de octubre pasado, en vísperas de la abertura de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la región Panamazónica, representantes del Instituto Plinio Corrêa de Oliveira (IPCO) entregaron oficialmente en la Secretaría del Sínodo un “Pedido a los Padres Sinodales: Por una Amazonia cristiana y próspera (No una inmensa ‘favela verde’ dividida en guetos tribales)”.
El documento llevaba las firmas de más de 20 mil residentes de la Amazonia brasileña, ecuatoriana y peruana, recogidas en campañas públicas en las calles de las principales ciudades amazónicas por jóvenes voluntarios del IPCO durante las vacaciones escolares.
Ninguno de los pedidos respetuosamente elevados por la población amazónica fue atendido en el Documento Final de la Asamblea Sinodal, pero sí las reivindicaciones de los medios internacionales que fomentan la psicosis ambientalista y las de una minoría de militantes indigenistas llevados a Roma por la Red Panamazónica.
La influencia de ese lobby ideológico-publicitario fue reconocida ya en el primer párrafo del propio Documento Final, donde los Padres Sinodales se felicitaron por la “presencia notable de personas venidas del mundo amazónico que organizaron actos de apoyo en diferentes actividades” y por la “masiva presencia de los medios de comunicación internacionales” (Documento Final, n° 1).
Mientras los signatarios de la petición del IPCO pedían que el Sínodo “diese gracias a Dios por la evangelización llevada a cabo por los misioneros y por la acción civilizadora de los colonizadores, que aportaron los beneficios del progreso” (Petición, n° 1), los Padres Sinodales denunciaron “la colonización militar, política y cultural” motivada por “la avaricia y la ambición de los conquistadores” (DF n° 15), consideraron negativo “el influjo de la civilización occidental” (DF n° 14) y, peor aún, declararon que “frecuentemente el anuncio de Cristo se realizó en connivencia con los poderes que explotaban los recursos y oprimían a las poblaciones” (DF n° 15), todo lo cual es absolutamente contrario a la verdad histórica y constituye una injuria a los heroicos misioneros que realizaron la mayor epopeya de la Fe desde la fundación de la Iglesia, según la afirmación del Papa Pio XII.
Además, los Padres Sinodales prácticamente renunciaron a convertir a los indígenas que se mantienen paganos declarando que “el diálogo ecuménico, interreligioso e intercultural debe ser asumido como camino irrenunciable de la evangelización” (DF n° 24) y que la Iglesia debe practicar una “conversión cultural”, limitando el anuncio de la Buena Nueva a “estar presentes, respetar y reconocer sus valores, vivir y practicar la inculturación y la interculturalidad” (DF n° 41). Los Padres Sinodales son categóricos en ese abandono de la misión tradicional: “Rechazamos una evangelización de estilo colonialista. Anunciar la Buena Nueva de Jesús implica reconocer los gérmenes del Verbo ya presentes en las culturas. La evangelización que hoy proponemos para la Amazonia es el anuncio inculturado que genera procesos de interculturalidad” (DF n° 55).
En lugar de escuchar el “clamor de angustia ante el peligro de que la Amazonia sea transformada en una inmensa ‘favela verde’” (Petición IPCO, n° 5), los Padres Sinodales, entrometiéndose indebidamente en asuntos de carácter científico en los cuales carecen de todo mandato divino y de competencia técnica (lo que representa una clara manifestación de “clericalismo”), declararon falsamente que la deforestación “se acerca a casi el 17% del bosque amazónico total y amenaza la supervivencia de todo el ecosistema” (DF n° 11); que “la región amazónica es esencial para la distribución de las lluvias en las regiones de América del Sur” (DF n° 6) y que “se necesita de modo urgente el desarrollo de políticas energéticas que logren reducir drásticamente la emisión de dióxido de carbono (CO2) y de otros gases relacionados con el cambio climático” (DF n° 77).
Más aún, el Documento Final describe una supuesta “dramática situación de destrucción que afecta a la Amazonia”, cuya selva se encontraría “en una carrera desenfrenada hacia la muerte”, acarreando “la desaparición del territorio y de sus habitantes, especialmente los pueblos indígenas” (DF n° 2), que serían resultado de la “apropiación y privatización de bienes de la naturaleza” y de lo que llaman “mega-proyectos no sostenibles”, es decir las “hidroeléctricas, concesiones forestales, monocultivos, carreteras, hidrovías, ferrocarriles y proyectos mineros y petroleros” (DF n° 10), fruto del actual “modelo económico de desarrollo depredador y ecocida” (DF n° 46) y del “extractivismo predatorio que responde a la lógica de la avaricia, propia del paradigma tecnocrático dominante” (DF n° 67).
Para los Padres Sinodales es necesario, por el contrario, una “conversión ecológica individual y comunitaria que salvaguarde una ecología integral” (DF n° 73), asumiendo “una vida simple y sobria” (DF n° 17) y “que lleve a cambiar nuestros hábitos alimenticios (exceso de consumo de carne y peces/mariscos) por estilos de vida más sobrios” (DF n° 84).
En lugar de “repudiar enérgicamente las ideologías neo-paganas” que difunden “un concepto deformado de respeto a la naturaleza” (Petición IPCO n° 2), el Documento Final del Sínodo afirma la necesidad de preservar “los ríos y bosques, que son espacios sagrados, fuente de vida y sabiduría” (DF n° 80), como también que la vida de las comunidades amazónicas “se refleja en la creencia y los ritos sobre el actuar de los espíritus de la divinidad, llamados de innumerables maneras, con y en el territorio, con y en relación con la naturaleza” (DF n° 14). Igualmente, el “buen vivir” de los pueblos indígenas (sic!), sería caracterizado por una existencia “en armonía consigo mismo, con la naturaleza, con los seres humanos y con el ser supremo, ya que hay una intercomunicación entre todo el cosmos, donde no hay excluyentes ni excluidos. (…) Tal comprensión de la vida se caracteriza por la conectividad y armonía de relaciones entre el agua, el territorio y la naturaleza, la vida comunitaria y la cultura, Dios y las diversas fuerzas espirituales” (DF n° 9).  
En lugar de “repudiar la utopía comuno-tribalista” de la Teología de la Liberación (Petición IPCO, n°3), los Padres Sinodales declararon que “la teología india, la teología de rostro amazónico y la piedad popular ya constituyen riqueza del mundo indígena, de su cultura y espiritualidad” (DF n° 54) y que “la eco-teología, la teología de la creación, las teologías indias, la espiritualidad ecológica” deben ser incluidas en los contenidos académicos de formación de un presbiterado con rostro amazónico (DF n° 108).
El Instituto Plinio Corrêa de Oliveira lamenta que, en lugar de abrir sus almas a su pedido final a la Santísima Virgen en el sentido de que preserve la unidad católica y la vocación de las naciones amazónicas, los Padres Sinodales hayan sido mucho más sensibles a los efluvios preternaturales emanados de la figura de la Pachamama, presente en el aula sinodal y en las ceremonias de culto idolátrico celebradas en su honor en los jardines del Vaticano y en la iglesia de Santa María en Transpontina, y que hayan ignorado el profundo choque que este hecho inédito ha producido en los fieles de todo el mundo,  no diciendo ni una palabra para deplorarlo de modo inequívoco.
El IPCO espera que, en la ya anunciada Exhortación Apostólica post-sinodal, el Papa Francisco rechace los errores denunciados precedentemente, así como la revolución eclesiológica solicitada por el Documento Final del Sínodo, con sus propuestas de conceder amplios ministerios eclesiales, oficiales y rotativos, a laicos de ambos sexos, abrir los ministerios de Lectorado y Acolitado a las mujeres, y autorizar la ordenación sacerdotal de líderes comunitarios casados.

San Pablo, 30 de octubre de 2019

Instituto Plinio Corrêa de Oliveira



lunes, 28 de octubre de 2019

Contornos del Supremo Poder del Pontífice Romano (2) - Por Santo Tomás de Aquino, el "Doctor Angélico"


Apoteosis de Santo Tomás de Aquino, por Zurbarán


SANTO TOMAS DE AQUINO, estudiando el episodio en que San Pablo reprendió a San Pedro, escribe: “a los prelados (les fue dado ejemplo) de humildad, para que no se nieguen a aceptar reprensiones de parte de sus inferiores y súbditos; y a los súbditos (fue dado) ejemplo de celo y libertad, para que no teman corregir a sus prelados, sobre todo cuando el crimen fuera público y redundara en peligro para muchos (…). La reprensión fue justa y útil y su motivo no fue leve: se trataba de un peligro para la preservación de la verdad evangélica (…). El modo como se dio la reprensión fue conveniente, pues fue público y manifiesto. Por eso San Pablo escribe: ‘Hablé a Cefas’, es decir a Pedro, ‘delante de todos’, pues la simulación practicada por San Pedro acarreaba peligro para todos” (p. 69).


jueves, 26 de septiembre de 2019

Contornos del Supremo Poder del Pontífice Romano - (1) Textos de San Roberto Bellarmino, Doctor de la Iglesia, Caietano y de S.S., el Papa Inocencio III

ALGUNOS CONTORNOS DEL SUPREMO PODER DEL PONTIFICE ROMANO DE ACUERDO A SANTOS, PAPAS Y DOCTORES
SAN ROBERTO BELLARMINO: “(…) Así como es licito resistir al Pontífice que agrede el cuerpo, así también es lícito resistir al que agrede las almas, o que perturba el orden civil o, sobre todo, a aquel que intentase destruir la Iglesia. Digo que es lícito resistirle no haciendo lo que ordena e impidiendo la ejecución de su voluntad” (p. 70).
CAIETANO: “Se debe resistir de frente al Papa que públicamente destruye la Iglesia” (p. 70).
PAPA INOCENCIO III: “sólo por el pecado que cometiese en materia de fe podría yo ser juzgado por la Iglesia” (p. 14).
                                                               *     *     *
Para mejor comprensión de la colección de textos de Santos, Papas y Doctores que estudiaron o se pronunciaron, conforme el  caso, siempre por amor a la Iglesia, sobre la hipótesis teológica del Papa hereje, publicamos hoy estos tres textos de la compilación difundida en la entrada anterior del blog "Aristocracia y Sociedad orgánica". Próximamente continuaremos con las restantes citas.

Traducidos del portugués, del libro del Dr. Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira sobre la Hipótesis teológica del Papa hereje

jueves, 19 de septiembre de 2019

Contornos del Supremo Poder del Pontífice Romano de acuerdo a Santos, Papas y Doctores


ALGUNOS CONTORNOS DEL SUPREMO PODER DEL PONTIFICE ROMANO DE ACUERDO A SANTOS, PAPAS Y DOCTORES
SAN ROBERTO BELLARMINO: “(…) Así como es licito resistir al Pontífice que agrede el cuerpo, así también es lícito resistir al que agrede las almas, o que perturba el orden civil o, sobre todo, a aquel intentase destruir la Iglesia. Digo que es lícito resistirle no haciendo lo que ordena e impidiendo la ejecución de su voluntad” (p. 70).
CAIETANO: “Se debe resistir de frente al Papa que públicamente destruye la Iglesia” (p. 70).
PAPA INOCENCIO III: “sólo por el pecado que cometiese en materia de fe podría yo ser juzgado por la Iglesia” (p. 14).
SANTO TOMAS DE AQUINO, estudiando el episodio en que San Pablo reprendió a San Pedro, escribe: “a los prelados (les fue dado ejemplo) de humildad, para que no se nieguen a aceptar reprensiones de parte de sus inferiores y súbditos; y a los súbditos (fue dado) ejemplo de celo y libertad, para que no teman corregir a sus prelados, sobre todo cuando el crimen fuera público y redundara en peligro para muchos (…). La reprensión fue justa y útil y su motivo no fue leve: se trataba de un peligro para la preservación de la verdad evangélica (…). El modo como se dio la reprensión fue conveniente, pues fue público y manifiesto. Por eso San Pablo escribe: ‘Hablé a Cefas’, es decir a Pedro, ‘delante de todos’, pues la simulación practicada por San Pedro acarreaba peligro para todos” (p. 69).
CORNELIO A LAPIDE muestra que, de acuerdo a San Agustín, San Ambrosio, San Beda, San Anselmo y muchos otros Padres, la resistencia de San Pablo a San Pedro fue pública “para que de ese modo el escándalo público dado por San Pedro fuese remediado por una reprensión también pública” (p. 71),
CARDENAL JOURNET: “Los antiguos teólogos (Torquemada, Caietano, Bañez), que pensaban, de acuerdo con el “Decreto” de Graciano, que el Papa, infalible como Doctor de la Iglesia, podía sin embargo personalmente pecar contra la fe y caer en herejía,  con mayor razón admitían que el Papa podía pecar contra la caridad, inclusive en cuanto ésta realiza la unidad de la comunión eclesiástica, y así caer en el cisma (…). En cuanto al axioma “donde está el Papa está la Iglesia”, vale cuando el Papa se comporta como Papa y jefe de la Iglesia; en caso contrario, ni la Iglesia está en él, ni él en la Iglesia (Caietano, II-II, 39, 1)” (p. 44).
SAN ROBERTO BELLARMINO sustenta que “el Papa hereje manifiesto deja por sí mismo de ser Papa y cabeza, del mismo modo que deja por sí mismo de ser cristiano y miembro del cuerpo de la Iglesia; y por eso puede ser juzgado y castigado por la Iglesia” (p. 32).
DOM GUÉRANGER: “Cuando el pastor se transforma en lobo le cabe al rebaño, en primer lugar, defenderse. (…) hay en el tesoro de la Revelación puntos esenciales, que todo cristiano, dado su propio título de cristiano, necesariamente conoce y obligatoriamente ha de defender” (pp. 67-68).
SUAREZ: “(…) sería contrario a la dignidad de la Iglesia obligarla a permanecer sujeta a un Pontífice hereje, sin poder expulsarlo de sí misma; pues tal como es el príncipe y el sacerdote, tal acostumbra ser el pueblo” (p. 26).
“DECRETUM” de Graciano: “El Papa (…) no debe ser juzgado por nadie a menos que se aparte de la fe” (p. 14).
WERNZ-VIDAL: “Los medios justos a ser empleados contra un mal Papa son, de acuerdo a Suárez (….), la advertencia o la corrección fraterna en secreto o inclusive pública, así como la legítima defensa contra una agresión sea física o moral” (p. 71).
SAN IVO DE CHARTRES: “no queremos privar las llaves principales de la Iglesia de su poder, (…) a menos que se aparte manifiestamente de la verdad evangélica” (p. 13).
PEINADOR cita y hace suyo el siguiente principio enunciado por Santo Tomás: “habiendo peligro próximo para la fe, los prelados deben ser argüidos, incluso públicamente, por los súbditos” (p. 72).
SUAREZ: “(…) el Pontífice herético niega a Cristo y a la verdadera Iglesia; luego, se niega también a sí mismo y a su cargo; luego está por eso mismo privado de ese cargo” (17).
SUAREZ:  “Y de este segundo modo el Papa podría ser cismático, en caso de que no quisiera tener con todo el cuerpo de la Iglesia la unión y la conjunción debida, como sería (…) si quisiera subvertir todas las ceremonias eclesiásticas fundadas en tradición apostólica” (p. 43).
GUIDO DE VIENNE (CALIXTO II), SAN GODOFREDO DE AMIENS, SAN HUGO DE GRENOBLE y otros Obispos, reunidos en el Sínodo de Vienne (1112), enviaron al Papa Pascual II las decisiones que adoptaron, escribiéndole además: “Si, como absolutamente no creemos, escogiereis otro camino y os negareis a confirmar las decisiones de nuestra paternidad, válganos Dios pues así nos estaréis apartando de vuestra obediencia” (p. 12).
PAPA ADRIANO II: “Honorio fue anatematizado por los Orientales; pero se debe recordar que él fue acusado de herejía, único crimen que torna legítima la resistencia de los inferiores a los superiores, así como el rechazo de sus doctrinas perniciosas” (p. 11).
VI CONCILIO ECUMENICO, sobre cartas del Papa Honorio y del Patriarca Sergio: “habiendo verificado que se encuentran ellas en entero desacuerdo con los dogmas apostólicos y las definiciones de los santos Concilios y de todos los Padres dignos de aprobación, y por el contrario han seguido las falsas doctrinas de los herejes, nos las rechazamos de modo absoluto y las execramos como nocivas a las almas” (p. 9).
PAPA SAN LEON II: “Anatematizamos (…) a Honorio, que no ilustró esta Iglesia apostólica con la doctrina e la tradición apostólica sino permitió, por una traición sacrílega, que fuese manchada la fe inmaculada” (p. 10).
LOS TEOLOGOS MODERNOS en su casi totalidad reconocen, explícita o implícitamente, probabilidad a la tesis de que un Papa puede caer en herejía –no, evidentemente, cuando habla “ex cathedra”, pues en ese caso es infalible. Así se pronuncian, por ejemplo (*): Billot, Car. L., “De Eccl.”, 617 (p. 6); Bouix, 666 (p. 23); Chelodi, 245; Congar, 1306; Coronata, 367 (p. 62); Dublanchy, 1716-1717; Ferreres, 129; Hervé, 495; Hurter, 412; Iragui, 366; Journet, Card. C., I, 625 ss.; II, 1063 ss., 839 (p. 44); Kueng, 292 ss.; Lercher, I, 212-213; Mazzella, Card. C., 817, 819 (p. 63); Mazzella, H., 545 (p. 63); Mondillo, 163 ss., 185 ss. (p. 10, 14); Mora, 185; Palmieri, 630 ss. (8-9); Pesch, “Prael.”, 303; Pruemmer, 131 (63-64); Regatillo, I, 299; R. de M., 265-266; Salaverri, 718 (p. 16); Sipos, 156; Straub; §1068; Urdanoz, Com. Vitória, 427; Van Laak, 5065 ss.; Vermeersch-Creusen, I, 292; Wernz-Vidal, 517 ss., Wilmers, 258, 279; Zinelli, (p. 16). 

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(*) Indicamos las obras de esos teólogos en las pp. VIII ss. de este volumen. El número entre paréntesis indica las páginas del presente volumen.



lunes, 2 de septiembre de 2019

InfoVaticana: El Sínodo de la Amazonia al servicio de la agenda neo-pagana

                                    Fotografía del sitio oficial de internet del Vaticano

INFOVATICANA : El Sínodo al servicio de la agenda neo-pagana

Lo que el Instrumentum laboris propone no es en definitiva sino un convite a que la humanidad dé el último paso rumbo al abismo final de la Revolución anticristiana: el anarco-primitivismo de John Zerzan y del terrorista Unabomber
José Antonio Ureta 

21/06/19 2:24 PM
El periodista Edward Pentin, del National Catholic Register,  tuvo la amabilidad de solicitar mis primeras impresiones sobre el Instrumentum laboris para la próxima Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, divulgado en el día de ayer. Lo hago con mucho gusto como editorial para el sitio de  internet panamazonsynodwatch.org
En mi opinión, el Instrumentum laboris representa la abertura, de par en par, de las puertas del Magisterio a la Teología India y de la Ecoteología, dos derivados latinoamericanos de la Teología de la Liberación, cuyos corifeos, después del derrumbe de la URSS y del fracaso del «socialismo real», atribuyeron a los pueblos indígenas y a la naturaleza el rol histórico de fuerza revolucionaria, en clave marxista.
Al igual que la TL, el Instrumentum laboris toma como base de sus elucubraciones, no la Revelación de Dios contenida en la Biblia y en la Tradición, sino en la realidad de la supuesta «opresión» a la que estaría sujeta la Amazonía la cual, de simple área geográfica y cultural, pasa a ser «interlocutor privilegiado», «lugar teológico», «lugar epifánico» y «fuente de revelación de Dios» (n°2, 18 y 19).

Desde el punto de vista teológico, el Instrumentum laboris no sólo recomienda la enseñanza de la Teología India «en todas las instituciones educativas», para «una mejor y mayor comprensión de la espiritualidad indígena» y para que «se tomen en consideración los mitos, tradiciones, símbolos, ritos y celebraciones originarios» (n° 98), sino que, a lo largo del documento, repite todos sus postulados. O sea, que las «semillas del Verbo» no sólo están presentes en las creencias ancestrales de los pueblos aborígenes sino que ya han «crecido y dado frutos» (n° 120), por lo que la Iglesia, en lugar de la evangelización tradicional que busca su conversión, debe limitarse a «dialogar» con ellos ya que «el sujeto activo de la inculturación son los mismos pueblos indígenas» (n° 122).
En ese diálogo intercultural, la Iglesia debe además enriquecerse con elementos claramente paganos y/o panteístas de tales creencias, como «la fe en Dios Padre-Madre Creador», las «relaciones con los antepasados», la «comunión y armonía con la tierra» (n° 121) y la conectividad con «las diferentes fuerzas espirituales» (n° 13). Ni siquiera la curandería queda al margen de ese «enriquecimiento». Según el documento, «la riqueza de la flora y de la fauna de la selva contiene verdaderas ‘farmacopeas vivas’ y principios genéticos inexplorados» (n° 86). En ese contexto, «los rituales y ceremonias indígenas son esenciales para la salud integral pues integran los diferentes ciclos de la vida humana y de la naturaleza. Crean armonía y equilibrio entre los seres humanos y el cosmos. Protegen la vida contra los males que pueden ser provocados tanto por seres humanos como por otros seres vivos. Ayudan a curar las enfermedades que perjudican el medio ambiente, la vida humana y otros seres vivos» (n° 87).
En el plano eclesiológico el Instrumentum laboris es un verdadero terremoto para la estructura jerárquica que la Iglesia tiene por mandato divino. En nombre de la «encarnación» en la cultura amazónica, el documento invita a reconsiderar «la idea de que el ejercicio de la jurisdicción (potestad de gobierno) ha de estar vinculado en todos los ámbitos (sacramental, judicial, administrativo) y de manera permanente al sacramento del orden» (n° 127). Resulta inconcebible que el documento de trabajo de un Sínodo pueda cuestionar una doctrina de fe, como es la distinción, en la estructura de la Iglesia, entre clérigos y laicos, afirmada desde el Primer Concilio de Nicea en adelante y basada en la diferencia esencial entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial de los clérigos, que tiene su raíz en la sucesión apostólica y está dotado de una potestad sacra. Se inserta en esa dilución del sacerdote católico en algo similar a un pastor protestante el llamado a reconsiderar la obligatoriedad del celibato (n° 129 § 2) y, más aún, el pedido de identificar qué tipo de «ministerio oficial» puede ser conferido a la mujer (§ 3). El Cardenal Joseph-Albert Malula, de Zaire, y Mons. Samuel Ruiz de Chiapas deben estar agitándose en sus tumbas al ver que los proyectos que trataron de implementar (y que fueron rápidamente interrumpidos por el Vaticano) ahora están siendo propuestos en un Sínodo que, según sus organizadores, tiene valor universal.
Desde el punto de vista ecológico, el Instrumentum laboris representa la aceptación por parte de la Iglesia de la divinización de la naturaleza promovida por las conferencias de la ONU sobre el medio ambiente.
En efecto, ya en 1972, en Estocolmo, sus actas oficiales decían que el hombre ha mal administrado los recursos naturales sobre todo por causa de «una determinada concepción filosófica del mundo». Mientras «las teorías panteístas … atribuían a los seres vivos una parte de la divinidad … los descubrimientos de la ciencia condujeron … a una especie de desacralización de los seres naturales», la cual retira su mejor justificación «en las concepciones judeo-cristianas, según las cuales Dios habría criado el hombre a su imagen y le habría dado la Tierra para que la someta». Al contrario, decía la ONU, las prácticas del culto a los ancestros «constituían un baluarte para el medio ambiente, en la medida en que los árboles, o los cursos de agua eran protegidos y venerados como reencarnación de los ancestrales» (Aspects éducatifs, sociaux et culturels des problèmes de l’environnement et questions de l’information, ONU, Asamblea General, Estocolmo, 5-6 junio 1972, A/CONF.48.9, p. 8 y 9).
Y en el discurso conclusivo de la Eco92, de Rio de Janeiro, el Secretario General de la ONU, Boutros Boutros-Ghali, declaró que «para los antiguos, el Nilo era un Dios que se venera, así como el Rhin, fuente infinita de mitos europeos, o la selva amazónica, madre de todas las selvas. En todas partes, la naturaleza era la habitación de las divinidades. Ellas confirieron a la selva, al desierto, a la montaña, una personalidad que imponía adoración y respeto. La Tierra tenía un alma. Reencontrarla, resucitarla, tal es la esencia de [la Conferencia Intergubernamental] de Rio» (A/CONF.151/26, vol. IV, p. 76).
¡Esa agenda neopagana de la ONU ahora es propuesta por una Asamblea Sinodal de la Iglesia Católica!
El Instrumentum laboris, citando un documento de Bolivia afirma que «la selva no es un recurso para explotar, es un ser o varios seres con quienes relacionarse» (n° 23) y prosigue afirmando que «la vida de las comunidades amazónicas aún no afectadas por el influjo de la civilización occidental [¡sic!] se refleja en la creencia y en los ritos sobre el actuar de los espíritus, de la divinidad – llamada de múltiples maneras – con y en el territorio, con y en relación a la naturaleza. Esta cosmovisión se recoge en el ‘mantra’ de Francisco: ‘todo está conectado’» (n° 25).
Desde el punto de vista económico-social, el Instrumentum laboris es una apología del comunismo, disfrazado de «comunitarismo». Y de la peor forma de comunismo, que es el colectivismo de las pequeñas comunidades. En efecto, según el documento, el proyecto de «buen vivir» (sumak kawsay) de los aborígenes supone «que hay una inter-comunicación entre todo el cosmos, en donde no hay excluyentes ni excluidos». La nota explicativa del vocablo indígena envía para una declaración de varias entidades indígenas, intitulada «El grito del sumak kawsay en la Amazonia», la cual afirma que dicho vocablo «es una Palabra más antigua y más actual» (con mayúscula en el texto; o sea, una Revelación divina) que nos propone «un estilo de vida comunitaria con un mismo SENTIR, PENSAR y ACTUAR» (también aquí las mayúsculas son del texto).
Esta frase nos recuerda la denuncia hecha por Plinio Corrêa de Oliveira, en 1976, del tribalismo indígena como una nueva etapa, todavía más radical, de la Revolución anárquica: «El estructuralismo ve en la vida tribal una síntesis ilusoria entre el auge de la libertad individual y del colectivismo consentido, en la cual este último acaba por devorar la libertad. En tal colectivismo, los varios ‘yo’ o las personas individuales, con su pensamiento, su voluntad, su sensibilidad y sus modos de ser, característicos y discrepantes, se funden y se disuelven, según ellos, en la personalidad colectiva de la tribu generadora de un pensar, de un querer, de un estilo de ser densamente comunes».
Lo que el Instrumentum laboris propone no es en definitiva sino un convite a que la humanidad dé el último paso rumbo al abismo final de la Revolución anticristiana: el anarco-primitivismo de John Zerzan y del terrorista Unabomber.
José Antonio Ureta

Archivado en: Sínodo Amazonía

lunes, 17 de junio de 2019

Escenas salteñas de hidalguía y heroísmo - 17 de junio - Instituto Güemesiano de Salta (conferencia)






ESCENAS SALTEÑAS DE HIDALGUIA Y HEROISMO
Luis María Mesquita Errea
Conferencia en acto del Instituto Güemesiano de Salta el 17 de junio de 2013
(Publicada en el Boletín del Instituto Güemesiano de Salta – ed. 2014)

Evocaremos en estas notas escenas y aspectos coloridos de aquella Salta que fue baluarte de resistencia, finalmente victorioso, a las tentativas invasoras del absolutismo. Que fue exponente de un estilo de vida muy argentino y norteño, gestado en más de dos siglos y medio a partir del nacimiento de la Argentina fundacional. 
Estilo de vida marcado a fondo por valores como hidalguía, hospitalidad, cortesía y heroísmo, que daban un sabor particular a la existencia y eran el molde que explica este florecimiento de  héroes que tuvo su máximo exponente en don Martín Miguel de Güemes. Valores que impregnaban el ambiente social y que quedaron plasmados en mil episodios, de la vida cotidiana o de grandes lances, como los que veremos a continuación.

I. ESTOCADA SALTEÑA A PREPOTENCIA NAPOLEONICA

Sobre el origen de los Moldes dice Bernardo Frías, a quien seguiremos en este primer episodio, que descienden del hidalgo gallego don Juan Antonio Moldes, quien llegó a Salta en el crepúsculo del tiempo virreinal con proyectos de establecerse como comerciante pujante y de largas miras. 
Fundó aquí la rama americana de esta vieja familia casando con María Antonia Fernández, Sánchez de Loria del lado materno, “de singular belleza”, descendiente de primeros pobladores del Noroeste.
Con la de Gurruchaga, fueron las casas comerciales más poderosas de la región, que proveyéndose en principio directamente en Cádiz, surtían de mercaderías ultramarinas a una vasta red comercial al sur y al norte del subcontinente.
Afirma Frías que los empleos lucrativos americanos ofrecían oportunidades a la juventud distinguida de España –en aquellos tiempos de centralismo mercantilista – pero a su vez “los empleos públicos del gobierno del Rey en la Península, eran con facilidad ocupados por los jóvenes nobles y ricos de América”. Pues si daban prestigio “por estar al lado del Rey”, no daban fortuna, y para obtenerlos “era menester gastar mucho y mucho dinero” (“Tradiciones Históricas”, 6ta., p. 169).  
Así, los hijos del matrimonio Moldes-Fernández Sánchez de Loria estudiaron en el Monserrat, en Córdoba, doctorándose uno de ellos en Chuquisaca  y, por influencia paterna, fueron a proseguir su formación en la Metrópoli. 
El más gallardo, José, el futuro Coronel Moldes, poseía las características de la Nobleza antigua, apreciando su honor más que la vida. Era arrogante y arrebatado, íntegro y austero, lujoso en su traje, valeroso y heroico. Obtuvo una plaza en la Guardia de Corps Americana, a la que sólo accedían miembros de familias principales, “puesto de rango  y de alta distinción”, con el grado de Alférez. Formado en el Colegio de Nobles de Madrid, resultó un eximio maestro en el manejo del sable.  Vivía en palacio y formaba parte de la guardia real. En ese escenario lo sorprendieron los acontecimientos dirigidos solapadamente por Napoleón para apoderarse de la Monarquía hispana.
Con pretexto de hacerle la guerra a Portugal obtuvo el pase de los ejércitos franceses por territorio español y, terminada victoriosamente la campaña, “las fuerzas francesas quedaron no más ocupando la Península”, en puntos estratégicos.
La escuadra española había sido destruida en Trafalgar, y en el país cundía la anarquía. Hacía de jefe del gobierno el ministro Godoy, cuyo infame encumbramiento es por todos conocido, y los dos bandos, el que lo apoyaba y el que lo detestaba -encabezado por el futuro Fernando VII-, se despedazaban frente al enemigo común que esperaba impaciente la ocasión de dar el zarpazo final –o que pensaba que sería final…
Era parte del teatro de desgracias, cientos de miles de víctimas y conmociones en que la Revolución Francesa y su continuador, Napoleón, habían colocado a la Europa de fines del Antiguo Régimen, comenzando por la propia Francia. La reacción contra lo que Pierre Gaxotte llama “la Terreur communiste”, hizo que la Revolución fuera retrocediendo, y en ese retroceso estratégico y previsto con décadas de anticipación jugó Bonaparte un papel fundamental (ver conversación entre Dantón y el Duque de Chartres, a quien le recomendó cuidarse pues sería el futuro “rey burgués” Luis Felipe, cuando las mareas de sangre en que el primero preveía su propia muerte se hubiesen aquietado, como sucedió). 
General surgido de las filas de la izquierda “montagnarde”,  Bonaparte encabezó la metamorfosis de la República en Consulado y finalmente en Imperio militarista y burocrático carente de toda tradición y arraigo.
Esto explica la expresión de Ranke, quien lo llama “jacobino coronado”, más precisamente auto-coronado, pues invitó al Papa al acto pero él mismo tomó la corona y se la puso en su propia cabeza.
Napoleón, fiel a su jacobinismo, y a la consigna “hemos de pisotear la flor de lis”,  había degradado todo lo posible las antiguas dinastías, había repudiado a Josefina de Beauharnais para casarse con la Archiduquesa María Luisa de Habsburgo, hija del Emperador de Austria, para poder decir “nuestro abuelo Carlomagno” (¡), y cebándose en la decadente rama española de la Casa de Borbón, estaba por infligirle a España una de las mayores humillaciones de su historia en la “farsa de Bayona”.
Así, no extraña que peninsulares y americanos –sin llegar a calificarlo de “Anticristo”, como lo hacían los austríacos-  detestaran al Corso y la naturaleza del régimen que se iba enseñoreando de la Península, más la alevosía y caradurez de sus procedimientos.
Un sonado lance caballeresco proyectaría la figura del Alférez José de Moldes a una situación de preeminencia entre sus pares americanos. Un militar napoleónico de alta graduación, de los que estaban pasando a estar de moda,  de apellido Réguières y de la familia Mouton [n.: “carnero”, “borrego”], era obsequiado con un banquete en palacio. “En el momento de los brindis, relata Frías, el enviado francés, muy pagado con los triunfos casi universales de Napoleón, y algo perturbado el entendimiento por el exceso que había hecho de los vinos, hablando a su turno dijo, escapándosele el secreto de su amo (Napoleón): ‘Los franceses somos invencibles, el Emperador lo ha probado paseándose victorioso por Europa; y el día que se nos antoje, conquistaremos también y nos apoderaremos de España y de sus Colonias”. 
“Un sordo murmullo de protesta se dejó oír en la concurrencia y, de su seno, alzóse como un león, un arrogante joven militar que con voz entera le dijo: ‘Los ingleses han probado que eso es más difícil de lo que a usted se le figura’.
“ ‘¡Bah! –respondió el francés con desprecio; -esos fueron unos estúpidos que se dejaron correr por la canalla de la calle!”
Para calibrar lo injurioso del calificativo, recordemos que a los inspiradores de la Revolución Francesa, notadamente a Voltaire, les encantaba volcar su desprecio por el pueblo simple, no “iluminado” –de quien se presentaban como “redentores”-, caracterizándolo como “la canalla”. Con la diferencia de que en las Invasiones Inglesas no peleó “canalla” alguna sino todo nuestro pueblo, con sus clases dirigentes a la cabeza, hasta los esclavos negros y aún los niños. 
“-Esa canalla –le contestó Moldes avanzando hacia él- no es de la familia de los Mouton [“carneros”], y tiene el pecho más fuerte que el de usted –le dijo asentándole un golpe de puño en el pecho que lo derribó en tierra. - ¡Ya usted lo ve!
“Arreglóse en seguida un duelo a sable, y Moldes despachó en el lance al otro mundo a su adversario, herido malamente en la cabeza y en el costado”.
Comenta el Dr. Frías: “Dos pueblos a un tiempo, el pueblo argentino y el español, quedaban así vengados por mano del coronel Moldes.
“Aquel suceso, que resonó ruidosamente en España y en América, rodeó a Moldes de universal simpatía y popularidad. El Rey lo colmó de favores; uno de ellos fue su ascenso a Teniente Primero de la Guardia de Corps, título que equivalía a coronel en cualquier cuerpo del ejército español”.
Así, la hidalguía del Teniente Moldes había sido de aquellas que restauran la honra… 
                                          *          *         *
Napoleón, dueño del poder en la Península (1808), luego de Bayona, corona a su hermano José, apodado “Pepe Botella”. Madrid todo grita: “¡Mueran los franceses!”; grito que se extiende por todo el país inflamando la guerra de la Independencia hispana. 
Ocasión excelente para defender los derechos de independencia de los “reinos de ultramar” o colonias contra el asaltante corso. Los jóvenes americanos residentes en Europa, con José de Moldes a la cabeza, actúan: Pueyrredón –recién llegado a Madrid- pega la vuelta para informar los sucesos, pero es interceptado en Cádiz. Moldes y Gurruchaga son tomados en prisión como sospechosos de alzamiento contra Napoleón en las colonias, cómplices con Pueyrredón. Hábilmente, sobornan la guardia y huyen. 
Reunidos los jóvenes americanos, consternados, piden apoyo a Inglaterra. Moldes gestiona pasaje en buque inglés y se dirige a Cádiz. 
Se había proclamado pena de muerte para todo el que se comunicara con la escuadra inglesa enemiga. Por 300 duros fleta una embarcación desafiando el peligro, con su hermano, y Juan y Manuel de Tezanos Pinto, de Jujuy, rumbo a la escuadra, bajo las sombras de la noche. El Capitán inglés vio lo interesante del proyecto para beneficio de su nación y les facilitó el pase a Londres; allí Moldes conferencia con Canning y acuerdan que Inglaterra apoyaría la insurrección de Buenos Aires con 8.000 soldados. 
Mientras tanto, la situación política da un viraje de 180 grados; España pasó a ser, de enemiga, amiga de Francia (Frías, p. 181). Diputados de diferentes regiones de la Península van a Londres a solicitar alianza contra Napoleón, para revertir su conquista. Inglaterra tenía al mismo tiempo “dos interesantes suplicantes”: América y España. Prefirió a España, que ofrecía mayores ventajas. Moldes fracasó por esto, y 42 americanos se embarcaron rumbo a Buenos Aires a trabajar la opinión pública a favor de la independencia, dada la situación turbulenta que vivía España. 
También fue Moldes quien costeó el pasaje de los que no podían pagarlo. Iban O’Higgins, Riva Agüero, Pueyrredón, Gurruchaga y “los Moldes hermanos del jefe”. Intentaban repartirse por todas las regiones, preparar los ánimos para tan trascendental y peligrosa empresa, ya que todas las autoridades –en ese momento de extraordinaria confusión- eran españolas, que podían considerar cualquier movimiento sospechoso como “alta traición” y castigarlo con la muerte.
Nada interesaba, sólo el gravísimo asunto, angustioso, de que podría Napoleón posesionarse de América. Había que lograr la independencia, al menos hasta que el Rey cautivo recobrara su libertad. 
Así volvieron al continente americano, dejando lo ya adquirido en Europa, desdeñando las ofertas ventajosas de los napoleónicos y exponiendo la vida. Llegaron a Buenos Aires el 7 de enero de 1809. 
Encontraron gran turbulencia, rumores y versiones mentirosas; en medio de ese ambiente debían estos jóvenes, testigos presenciales de los hechos en la Península, hablar de la verdad y, lo más difícil: ser creídos, cada uno en su tierra natal.

II. HIDALGA HOSPITALIDAD DE UN PATRIARCA RURAL –  HACENDADOS SEÑORIALES

Transcurre más de una década. Tiempo después del trágico 17 de junio de 1821, llegan a Salta mineros ingleses. Vienen recorriendo nuestro extenso territorio observándolo todo con agudeza. Nos transmiten un testimonio directo de sus impresiones sobre las personas, los lugares,  las costumbres.
Acompañemos este precioso relato.
“Después de andar unas trece leguas, llegamos a la estancia de un cabaIlero que fué figura notable en la revolución, grande y sincero patriota, aunque español. Fuimos allí cordialmente recibidos, por recomendación del doctor Redhead, de Salta. Llamábase Don Domingo Puch [n.: “Puche” en el texto citado], el amigo del doctor, y hubimos de quedar altamente gratos a su hospitalidad”. 
En prueba de ello cuenta la siguiente anécdota:
“Acertaron a pasar por allí, en viaje a Potosí, poco tiempo antes de nuestra llegada, dos o tres súbditos ingleses, que, tomando la residencia de Don Puch por posada, aprovecháronse sin reatos [n.: sin escrúpulos] de las bondades que brindaba, pues tenían intención de pagar cuanto consumieran; hicieron de la casa, en resumen, lo que hubieran hecho de una posada en su país. Pidieron de comer lo mejor, no olvidando invitar el propietario al banquete. Llegado el momento de partir y al pedir la cuenta, contestóles el patriota vizcaíno que habían confundido la clase de lugar en que habían sentado sus reales, pues su casa no era "pulpería " y no sólo negóse a recibir nada en pago, sino que todavía les hizo seguir viaje a Salta en animales de su propiedad y gratis”. 

Enlutado y melancólico, pero dueño de sí 
e invariablemente generoso
“Era nuestro huésped [n.: anfitrión] padre político del general Güemes, bravo defensor de Salta contra las fuerzas realistas del Alto Perú. La muerte del valiente oficial y de la esposa de Puch, acaecidas casi al mismo tiempo, tornáronle gravemente melancólico, pues era su esposa dama a quien amaba entrañablemente, como amábanla también las gentes del lugar (…)”.
Interesante reconocimiento tributado aquí al “bravo defensor de Salta” y “valiente oficial”, General Güemes, de quien don Domingo Puch fue tan buen consejero y auxiliar, un verdadero padre político.

La hospitalaria mesa de Don Domingo Puch: 
“la mejor vianda” de las comarcas sudamericanas
Hagamos un alto en la huella para un pequeño “test” gastronómico: ¿Cuál considera el lector el mejor plato que se puede degustar en nuestros campos? La elección de los viajeros puede sorprenderlo, pero coincide con la opinión de mucha gente de campo actual…
“La comida, en la hospitalaria mesa de don Domingo, fué digna de notar. Era abundante, y entre exquisita variedad de platos, una cazuela de armadillo [n.: quirquincho] que difícilmente encontraría rival en lo sabrosa. Con frecuencia habíamos observado ya esas como ratas con caparazón, corriendo por los caminos, pero como sucede con las vizcachas, los peones y gentes del campo no les dan valor por abundantes. He aquí, cómo casi perdimos la mejor vianda que se encuentre viajando por esas comarcas sudamericanas” (Andrews, o.c., pp. 128-29).

Susto y bondad paternal con los esclavos 
 Un pequeño incidente casero permite apreciar la afectividad que reinaba en esos tiempos entre señores y criados. Algo que nacía espontáneamente de las propias raíces de una sociedad familiar y orgánica.
“Partimos de la estancia de don Domingo el 25 rehusando aquél toda remuneración por el alboroto y molestias ocasionadas. Y digo alboroto porque mientras conversábamos la noche anterior con las señoras de casa, nos llamó de pronto la atención un grito estridente, y como acudiéramos rápido al lugar de donde procedía, con una vela encendida, encontramos a nuestro minerálogo que, distraído y a obscuras, había entrado en un cuarto vecino, donde se encontraba una negra vieja y arrugada que pasaba allí lo último que le quedaba de vida”. 
¿Y quién sería esta añosa señora?
“Era esta mujer una fiel y antigua criada a quien se había cedido aquella habitación para pasar sus últimos años y hacer las paces con Dios, según costumbre muy común con los esclavos de aquel país” [n.: el destaque en negrita es nuestro]. 

Más larguezas: queso, charqui, jamon, dulces y una manteca prodigiosa
Ya lejos de la estancia de Puch, los viajeros descubren nuevas gentilezas desinteresadas del patriarca:
“Al abandonar el carruaje nos informó nuestro capataz que el bueno de don Domingo había introducido en él, con todo disimulo, un queso de respetables dimensiones, cierta cantidad de excelente charqui, un jamón y algunos dulces. Prueba esto la hospitalidad de aquellas gentes y sus sentimientos bondadosos para los ingleses. Asemejábase el queso por su tamaño al nuestro de Cheshire, y por su sabor y calidad al Stilton; el jamón, bueno, aunque no tan bien curado como el Yorkshire. Encontramos también una botella de piedra con leche, que, por el movimiento del coche, se había hecho manteca”.

Felicidad de situación de los peones
 “Los peones de estancia, cuya subsistencia depende de los patrones, son la gente más alegre y feliz del país”.
Notable testimonio que harían bien en leer algunos desinformados, de hecho o por propia voluntad.

El patriarcal hacendado les regala dos jacas
 “La mañana del 25 amaneció encantadora, y antes de partir fuimos obsequiados por nuestro huésped con un par de jacas, que contribuyeron a que dos de los nuestros hicieran el viaje con mayor comodidad, al mismo tiempo que resultaba agradable ejercicio esta manera de viajar”. 

Atenciones del estanciero don Ignacio Sierra y de otros hacendados – Inalterable hospitalidad mas allá de los intereses materiales
La forma de recibir a los visitantes de Don Domingo Puch era simplemente magnífica, casi fabulosa, en una situación personal que ya no era nada floreciente; pero lo interesante del punto de vista histórico es que no se trataba de un caso aislado: era parte esencial de un estilo de vida, como dijimos al comienzo, y aún de hacer tratos comerciales en forma caballeresca y con beneficio de ambas partes, en contraste con el estilo actual, copiado de las violentas fantasías hollywoodianas, que va creando una realidad de pesadilla.
Algunos ejemplos:
“Era propietario de esta estancia don Ignacio Sierra, quien nos trató con todo género de atenciones: como necesitáramos caballos, los contratamos aquí para el resto del viaje hasta Salta, cincuenta leguas de distancia”.
La venida del Cap. Andrews a Salta a explorar distritos mineros generó imaginable expectativa en los propietarios, las que se vieron defraudadas al anunciarles que no venía en tren de concretar negocios. No obstante, la hospitalidad rural no se desmintió en modo alguno.
“Ese día nos detuvimos en varias estancias o granjas cuyos propietarios, advertidos de nuestra llegada, tenían preparadas para mostrarnos las muestras de oro de sus respectivas posesiones con la idea probablemente de hacer fortuna rápida, como alguno de los tenedores de acciones en nuestro país. No obstante el desengaño que experimentaban al saber que no nos encontrábamos en tren de negocios y no podíamos, por lo tanto, complacerles, nada excedería a la liberalidad de su conducta, a la franqueza del recibimiento, a la genuina hospitalidad que se nos dispensaba”. El destaque es nuestro; los comentarios huelgan.

Admirando La Lagunilla y cumbres “coronadas de rosas”
Otra diferencia con la mentalidad “metálica” corriente realza el interés de estas escenas. La intemperancia del hombre adorador del éxito modelo “Hollywood” lo hace incapaz de apreciar maravillas naturales o culturales. Mira y siente a través de una “S” surcada por una barra, o del oro, sin siquiera apreciar la excelencia de este noble metal.
Estos viajeros y sus anfitriones, hacendados, mineros, hombres de negocios, eran gente educada, con alma como para ver y apreciar. No perdían tiempo pero no eran esclavos de la agitación ni el apuro. Y se alimentaban de todo lo interesante, maravilloso, especialmente lo bello que encontraban en su camino, no considerando tiempo perdido el apartarse de la senda arrostrando peligros y trabajos para el supremo placer desinteresado de contemplar.
“El camino de Lagunillas a Salta corre paralelo a una hilera de montañas cubiertas hasta la cumbre de vegetación de infinita variedad. Las cimas, vistas desde abajo, parecían coronadas de rosas. Nos costó inmenso trabajo y mucho tiempo subir hasta donde esas rosas parecían crecer; una vez arriba nos convencimos que no se trataba de rosas, sino de grandes flores o capullos de algodoneros de montaña. Los nativos llaman a este árbol “yuchán” o “algodón del monte", y emplean el producto en rellenar almohadas, colchones, etc. El tamaño del yuchán o palo borracho puede calcularse en seis veces el del algodonero común” (o.c., paginas 132 33).
Los hombres de entonces no sólo eran atraídos por tesoros mineros. Los encantaba la exquisitez de formas y colores de la flor del palo borracho y la gracia de ese gran botellón, torreón acorazado de espinas, coronado de “rosas”, que custodia las sendas del Norte.

III. CORTESIA Y HEROISMO DE UN GUERRERO, JUAN ANTONIO ALVAREZ de ARENALES

Arenales nació en 1770 en Asturias, la legendaria tierra en que don Pelayo inició la Reconquista, de antigua estirpe. Huérfano a los 9 años, su educación quedó en manos de su pariente, el eclesiástico don Remigio Navamuel. Cadete a los 13, pasó al “Fijo” de Buenos Aires. Se destacó en la campaña de la Banda Oriental recibiendo despachos de Teniente Coronel acordados por el Virrey Arredondo. Cumplió funciones en el Alto Perú, favoreciendo a los indígenas. Preso en la revolución de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809, fue conducido al Callao; pero logró escapar y llegó a Salta, donde había fundado su hogar casándose con doña Serafina Hoyos. 
Cabildante en esta ciudad, bajó de la hacienda de Pampa Grande con una milicia de gauchos y se puso al frente de la resistencia al absolutismo, liberando los prisioneros de Las Piedras que allí se encontraban, asumiendo el cargo de Gobernador provisional.
Combatió en la batalla de Salta “en la que tuvo descollante actuación”, dice Udaondo (“Grandes Hombres de nuestra Patria”, I, p. 107 y ss.).
Nombrado Gobernador de Cochabamba, desarrolló ”una campaña memorable, tan larga como heroica” (ibid.). Citando a Bartolomé Mitre comenta que ”por sus antecedentes, por su carácter típico y por la originalidad de sus hazañas, es uno de los hombres más extraordinarios de la revolución argentina”. “…se trataba a sí mismo con más dureza que a los demás: austero en sus costumbres, tenaz en sus propósitos y de una actividad infatigable, reunía las virtudes civiles del ciudadano, los talentos del administrador y una voluntad inflexible en el mando, una cabeza fértil en expedientes en medio de las circunstancias más difíciles de la guerra” (ibid.).
“En esa histórica campaña –prosigue Udaondo- Arenales, al frente de 300 hombres, en un ataque a 900 realistas al mando del coronel Blanco, en los campos de La Florida, el 25 de mayo de 1814, logró una espléndida victoria después de hacer gala de un denuedo romancesco. En esa memorable acción estuvo a punto de perder la vida, al combatir con estupendo valor contra un grupo de enemigos que le habían sorprendido y rodeado en momentos en que se consideraba terminada la lucha, y recibir catorce heridas”. 
El triunfo de La Florida fue decisivo para la libertad de Santa Cruz y pesó en la evacuación del Norte por el ejército de Pezuela. En su homenaje se le dio el nombre a la tradicional calle Florida, de Buenos Aires.
Posteriormente, por orden de San Martín, Arenales abrió una nueva campaña en el Alto Perú, donde sus triunfos le valieron la promoción al grado de General. Más tarde prestó nuevos servicios al Libertador en su campaña al Perú, y encontrándose al mando de una división derrotó al General O’Reilly en la célebre batalla del Cerro de Pasco, iniciando luego la segunda campaña de la Sierra –que fue menos afortunada, de acuerdo a José Teófilo Goyret (“Nueva Historia Argentina”, IV, p. 340), pese a que procedió “con su reconocida decisión y capacidad táctica”. En el Perú fue nombrado Gran Mariscal y en Chile Mariscal de Campo, regresando a Salta luego de 15 años de servicios.
Aquí fue elegido gobernador en 1822, tomando las armas nuevamente para enfrentar al Gral. Olañeta.
Tuvo la responsabilidad de organizar el contingente salteño para la Guerra con el Brasil, enviando 500 veteranos bien armados. 
Bernardo Frías elogia su valor, su rectitud, y destaca su talento sólido y despierto, inteligencia vivaz y poderosa y su constancia y actividad inquebrantables.   
Admirado, Udaondo le atribuye un parecido moral y físico con Aníbal incluso en la forma de su cabeza, grande y como cuadrada. Supo ganarse el respeto de sus enemigos, “que habían de llegar a confiar en su delicadeza y caballerosidad: lo más caro de su corazón”. 
Vestía siempre su uniforme militar. En campaña, era sumamente austero, pero no olvidaba de llevar consigo servilleta, y cubierto y jarro de plata. En viaje a Bolivia terminó sus días en brazos de sus hijos el 4 de diciembre de 1831 (Udaondo, cit.).

Brillo y capacidad de la sociedad salteña 
El Capitán inglés J. Andrews, en su interesante travesía, pasa por Salta en tiempos en que gobernaba el General Arenales.
Queda favorablemente impresionado por la categoría de la sociedad, por la gracia y elegancia de las damas.
“Las damas de Salta –escribe- gozan de fama proverbial en las provincias por su belleza y finos modales, a lo que podría agregarse un porte lleno de vivacidad y distinción, que aumenta sus atractivos. La sociedad se clasificaría entre las de alto rango.  “Los hombres no son menos sagaces, liberales y de inteligencia natural que los de cualquier otro pueblo sudamericano. Han adelantado tanto como pueden permitírselo sus condiciones naturales”.
¿Podremos decir lo mismo de la Argentina actual? ¿Ha adelantado tanto “como pueden permitírselo sus condiciones naturales”? Que la historia nos sirva de llamador y estímulo…
Aludiendo a versiones distorsionadas, no raras en autores “ilustrados” que hablaban del “remoto” mundo hispano-americano, dice:
“Nada habrá que desengañe tanto a quien se haya formado mezquinas ideas de esa gente, como [de] su estado social. De su capacidad superior adquirí irrefutables pruebas en las diversas conferencias y comunicaciones que tuve con ellos”. 

Al tratar de Juan Antonio Alvarez de Arenales comunica con calor sus impresiones:
“No debo terminar mis anotaciones sobre Salta sin ocuparme del gobernador, general Arenales, que distinguióse con brillo en la revolución, especialmente en las campañas de las provincias del Río de la Plata, Chile y Perú. Cítase principalmente entre sus hechos de armas la victoria que obtuvo en Pasco contra la columna realista enviada desde Lima, al mando del general O'Reilly; encontrábase allí con una pequeña división del ejército libertador, dejada por San Martín para distraer al enemigo. En conocimiento de que el general O'Reilly había salido de Lima con propósito de atacarle, resolvió valientemente anticipar el encuentro, y relativamente con un puñado de hombres arremetió contra las fuerzas realistas en Huamanga, valle de Xauja, destruyendo o tomando prisionero todo el ejército. Llámase comúnmente a esta batalla de Pasco, y pasa por una de las victorias más importantes en sus consecuencias entre las obtenidas durante la guerra. Después de la batalla de Pasco, Arenales se reunió con San Martín en Huara, al norte de Lima”. 
A esta altura hace una afirmación curiosa con respecto a la edad de Arenales, que planteamos como un enigma pendiente de aclaración:
“Frisa actualmente en los ochenta años y lleva las cicatrices de numerosas heridas que atestiguan su valor en batalla. Consérvase aún activo e infatigable en el desempeño de los importantes deberes de su cargo. Gobierna con firmeza y equidad que le hacen acreedor al respeto y estimación de todos” 
Finaliza con este breve y atrayente retrato del guerrero:
“Físicamente es alto y delgado, y hay en su aspecto vestigios de grandes luchas morales y penurias materiales sobrellevadas. En su mejilla izquierda se deja ver una profunda herida de sable, que aumenta el aspecto singularmente interesante de su grave rostro español”.
                                            *         *          *
Nos despedimos de Andrews y del estimado lector con sus amenas impresiones que completan el cuadro general que hemos intentado pintar, de un estilo de vida marcado por valores tradicionales:
“El viajero encuentra en Salta la misma bondadosa hospitalidad que en cualquiera de las otras ciudades que visité en Sud América. Puede decirse que es ésta una de las características de las gentes de allí, pues adonde uno vaya ha de encontrar siempre las puertas abiertas y exquisita cortesía en armonía con la buena educación y el deseo de ser agradable a los extranjeros”. 
No dudamos de que en este pasaje y los restantes se reflejan características del verdadero pueblo de América del Sur, que no han desaparecido enteramente a pesar de la masificación y el deterioro cultural, y que es tarea de quienes amamos la historia y la tradición mantener vivas para nuestro presente y futuro.

BIBLIOGRAFIA

ANDREWS, J. – “Viaje de Buenos Aires a Potosí y Arica”, Ed. Hyspamérica, Biblioteca Argentina de Historia y Política – Buenos Aires, 1988
BARRUEL, Abbé Augustin – “Mémoires pour servir à l’Histoire du Jacobinisme”, Ed. “Diffusión de la Pensée Française”, Nouvelle Édition 1973, 2 tomos
FRÍAS, Bernardo - “Historia del Gral. Güemes y de la Prov. de Salta”, t. II - Buenos Aires, 1971 -   
FRIAS, Bernardo – “Tradiciones Históricas” – El Coronel Moldes – VI Tradición – Ed. “La Facultad”, Buenos Aires, 1929
GAXOTTE, Pierre, de l’Académie Française – “La Révolution Française” – Arthème Fayard -  ca. 1971
GOYRET, Teófilo – “Las campañas libertadoras de San Martín”, en “Nueva Historia de la Nación Argentina”, Ed. Planeta, t. IV, pp. 315-46 – Buenos Aires, 2000
MESQUITA ERREA, Luis María – “El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana”, Boletín del Inst. Güemesiano nº 36 – Salta
RANKE, Leopold von – „Geschichte der Welt“ – 12 tomos – 
„Preuβische Geschichte“ – Ed. DTV
UDAONDO, Enrique et al. – “Grandes hombres de nuestra Patria” – Ed. Pleamar, 3 tomos – v. Juan Antonio Alvarez de Arenales