sábado, 16 de febrero de 2013

Consideraciones sobre el acto de renuncia de Benedicto XVI, por Roberto de Mattei



Consideraciones sobre el acto de renuncia de Benedicto XVI


Un rayo cae sobre la cúpula de la Basílica de San Pedro pocas horas después de la renuncia de Benedicto XVI. Foto Alessandro di Meo/AFP

Roberto de Mattei (*)

El 11 de febrero, día de la festividad de Nuestra Señora de Lourdes, el Santo Padre Benedicto XVI comunicó al Consistorio de Cardenales y a todo el mundo su decisión de renunciar al Pontificado.
El anuncio fue recibido por los Cardenales “casi enteramente incrédulos”, “con la sensación de pérdida”. “como un rayo en cielo sereno”, según las palabras dirigidas enseguida al Papa por el Cardenal decano Angelo Sodano.
Si fue tan grande la pérdida de los Cardenales, se puede imaginar cuán fuerte tiene que haber sido la desorientación de los fieles, sobre todo de aquellos que siempre vieron en Benedicto XVI un punto de referencia, y ahora se sienten, de algún modo “huérfanos”, si no aún abandonados, en una fase de grandes dificultades que enfrenta la Iglesia en el momento presente.
Sin embargo, la posibilidad de renuncia de un Papa al solio pontificio no es del todo inesperada. El Presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, Karl Lehmann, y el Primado de Bélgica, Gottfried Daneels, habían presentado la idea de “renuncia” de Juan Pablo II cuando su salud se deterioró.
El Cardenal Ratzinger, en su libro-entrevista “Luz del Mundo”, de 2010, le dijo al periodista alemán Peter Seewald, que si un Papa se da cuenta de que no es más capaz, “físicamente, psicológicamente y espiritualmente, de cumplir los deberes de su oficio, entonces él tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, también la obligación, de renunciar”.
También en 2010, 50 teólogos españoles habían manifestado su adhesión a la Carta Abierta del teólogo suizo Hans Küng a los Obispos de todo el mundo, con estas palabras: “creemos que el Pontificado de Benedicto XVI puede haberse agotado. El Papa no tiene la edad ni la mentalidad para responder adecuadamente a los graves y urgentes problemas con los que se enfrenta la Iglesia Católica. Pensamos, por lo tanto, con el debido respeto por su persona, que debe presentar su renuncia al cargo”.
Y cuando, entre 2011 y 2012, algunos periodistas como Giuliano Ferrara y Antonio Socci escribieron sobre la posible renuncia del Papa, esta hipótesis suscitó entre los lectores más desaprobación que asentimiento.
No hay duda sobre el derecho de un Papa a renunciar. El nuevo Código de Derecho Canónico prevé la posibilidad de renuncia del Papa en el cánon 332, párr. 2º, con estas palabras: “Si sucede que el Romano Pontífice renuncia a su cargo, para la validez se requiere que la renuncia sea hecha libremente y debidamente manifestada, pero no que sea aceptada por alguien”.
En los arts. 1º y 3º de la Constitución Apostólica “Universi Dominicis Gregis”, de 1996, sobre la vacancia de la Santa Sede, se prevé además la posibilidad de que la vacancia de la Sede Apostólica sea determinada no sólo por la muerte del Papa sino también por su renuncia válida.
No son muchos en la Historia los episodios documentados de abdicación. El caso más conocido sigue siendo el de San Celestino V, el monje Pietro da Morrone, que fue elegido en Perugia el 5 de julio de 1294 y coronado en L’Aquila el 29 de agosto siguiente.
Después de un reinado de tan sólo cinco meses, juzgó oportuno renunciar, por no sentirse a la altura del cargo que había asumido. Enseguida, preparó su abdicación, consultando antes a los Cardenales y promulgando una Constitución con la cual confirmaba la validez de las reglas ya establecidas por el Papa Gregorio X para la realización del próximo Cónclave.
El 13 de diciembre, en Nápoles, pronunció su abdicación ante el Colegio cardenalicio, se despojó de la insignia papal y de las ropas, y tomó el hábito de eremita. El 24 de diciembre de 1294, a su vez, fue electo Papa Benedicto Caetani, con el nombre de Bonifacio VIII.
Otro caso de renuncia papal –el último registrado hasta hoy- ocurrió en el curso del Concilio de Constanza (1414-1418). Gregorio XII (1406-1415), Papa legítimo, a fin de recomponer el Gran Cisma de Occidente (1378-1417), envió a Constanza su plenipotenciario Carlo Malatesta, para dar a conocer su intención de retirarse del oficio papal; las dimisiones fueron oficialmente acogidas por la Asamblea sinodal el 4 de julio de 1415 que al mismo tiempo depuso al anti-papa Benedicto XIII.
Gregorio XII fue reintegrado al Sacro Colegio con el título de Cardenal Obispo de Porto y con el primer puesto después del Papa. Abandonando el nombre y el hábito pontificio y retomando el nombre de Cardenal Angelo Correr, se retiró como Legado papal en la provincia italiana Le Marche, y murió en Recanati el 18 de octubre de 1417.
Por lo tanto, el caso de renuncia en sí no escandaliza: está contemplado en el Derecho Canónico y sucedió históricamente a lo largo de los siglos. Nótese, sin embargo, que el Papa puede renunciar y a veces, históricamente, ha renunciado al Pontificado, en cuanto éste es considerado un “cargo jurisdiccional de la Iglesia”, no indeleblemente asociado a la persona que lo ocupa.
La Jerarquía Apostólica ejerce, de hecho, dos poderes misteriosamente unidos en la misma persona: el poder de Orden y el poder de Jurisdicción (ver, p.ej., Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-IIae, q. 39, a.3, resp. III, q. 6-2).
Ambos poderes están enderezados a realizar los objetivos peculiares de la Iglesia, pero cada cual con características propias, que distinguen profundamente uno del otro: la “potestas ordinis” es el poder de distribuir los medios de la gracia divina, y se refiere a la administración de los sacramentos y al ejercicio del culto oficial; la “potestas jurisdictionis” es el poder de gobernar la institución eclesiástica y los simples fieles.
El poder de orden se distingue del poder de jurisdicción no sólo por la diversidad de naturaleza y de objeto, sino también por el modo según el cual el poder de orden es conferido, en virtud de tener como propiedad el ser dado con la consagración, o sea, por medio de un sacramento y con la impresión de un carácter sagrado. La posesión de la “potestas ordinis” es absolutamente indeleble, por cuanto sus grados no son oficios temporarios sino que imprimen carácter a quienes es concedida.
De acuerdo con el Código de Derecho Canónico, cuando un bautizado se torna diácono, sacerdote u obispo, es para siempre y ninguna autoridad humana puede excluir esa condición ontológica. Al contrario, el poder de jurisdicción no es indeleble, sino temporario y revocable; sus atribuciones, ejercidas por personas físicas, cesan con el término del mandato.
Otra característica importante del poder de orden es la no territorialidad, pues los grados de la jerarquía de orden son absolutamente independientes de cualquier circunscripción territorial, al menos en lo que respecta a la validez de su ejercicio.
Las atribuciones del poder de jurisdicción, al contrario, son siempre limitadas en el espacio y tienen en el territorio uno de sus elementos constitutivos, excepto el del Sumo Pontífice, que no está sujeto a limitación alguna de espacio.
En la Iglesia, el poder de jurisdicción pertenece, “jure divino”, al Papa y a los Obispos. La plenitud de este poder, entre tanto, reside tan sólo en el Papa que, como fundamento, sustenta todo el edificio eclesiástico. En él se encuentra todo el poder pastoral, y en la Iglesia no se puede concebir otro independiente.

La teología progresista, por el contrario, sustenta en nombre del Vaticano II, una reforma de la Iglesia en un sentido sacramental y carismático que opone el poder de orden al poder de jurisdicción, la Iglesia de la caridad a la del derecho, la estructura episcopal a la monárquica.
El Papa, reducido a “primus inter pares”, en el interior del Colegio de los Obispos, ejercería apenas una función ético-profética, un primado de “honra” o de “amor”, pero no de gobierno y jurisdicción.
En esta perspectiva, Hans Küng y otros invocaron la hipótesis de un Pontificado “temporario”, y no vitalicio, como una forma de gobierno exigida por la celeridad de los cambios del mundo moderno y de la novedad continua de sus problemas. “No podemos tener un Pontífice de 80 años,  que ya no está totalmente presente del punto de vista físico y mental”, dijo Küng a la emisora “Südwestrundfunk”, que ve en la limitación del mandato del Papa un paso necesario para la reforma radical de la Iglesia.
El Papa sería reducido a presidente de un Consejo de Administración, a una figura meramente de arbitraje, al lado de una estructura eclesiástica “abierta”, como un Sínodo permanente, con poder de decisión.
Sin embargo, en caso de sostenerse que la esencia del Papado está en el poder sacramental de orden y no en el poder supremo de jurisdicción, el Pontífice jamás podría renunciar; si lo hiciera, perdería con la renuncia tan sólo el ejercicio del poder supremo, pero no el poder en sí, que es indeleble, como la ordenación sacramental de la cual deriva.
Quien admita la hipótesis de renuncia, debe admitir con eso que la “suma potestas” del Papa deriva de la jurisdicción que ejerce, y no del sacramento que recibe. La teología progresista está, por lo tanto, en contradicción consigo misma cuando trata de fundamentar el Papado sobre su naturaleza sacramental y después reivindica la renuncia de un Papa, la cual, a su vez, sólo puede ser admitida si su posesión, su cargo, se basa sobre el poder de jurisdicción.
Por la misma razón, no puede haber, después de la renuncia de Benedicto XVI “dos Papas” , uno en el cargo, y otro “retirado”, como se ha dicho impropiamente. Benedicto XVI volverá a ser Su Eminencia, el Cardenal Ratzinger, y no podrá ejercer prerrogativas como la de infalibilidad, que están íntimamente ligadas al poder de jurisdicción pontificio.
El Papa, por lo tanto, puede renunciar. Pero, ¿es oportuno que lo haga? Un autor, por cierto no “tradicionalista”, Enzo Bianchi, escribió en “La Stampa” del 1º de julio de 2002: “Según la gran tradición de la Iglesia de Oriente y Occidente, ningún Papa, ningún Patriarca, ningún Obispo, debería renunciar apenas por haber alcanzado el límite de edad. Es verdad que, hace cerca de 30 años,  en la Iglesia Católica, existe una disposición que invita a los Obispos a ofrecer sus propias renuncias al Papa, al llegar a los 75 años de edad, y es verdad que todos los Obispos reciben con obediencia esa invitación y presentan la renuncia, como también es cierto que normalmente son aceptadas y hechas efectivas. Pero se trata de una regla y una práctica reciente, fijada por Pablo VI y confirmada por Juan Pablo II: nada excluye que, en el futuro, pueda ser revisada, después de sopesadas las ventajas y los problemas que ella ha producido en las últimas décadas de aplicación”.
La norma por la cual los Obispos renuncian a sus diócesis a partir de los 75 años es una fase reciente en la historia de la Iglesia, que parece contradecir las palabras de San Pablo, para el cual el Pastor es nombrado “ad convivendum et commoriendum” (II Cor 7, 3), para vivir y morir junto a su rebaño. La vocación de un Pastor, como la de todos los bautizados, vincula de hecho no sólo hasta una cierta edad y a una buena salud, sino hasta la muerte.
Bajo este aspecto, la renuncia de Benedicto XVI al Pontificado, aparece como un acto legítimo del punto de vista teológico y canónico, pero, en el plano histórico, en absoluta discontinuidad con la tradición y la práctica de la Iglesia.
Del punto de vista de cuáles podrían ser sus consecuencias, se trata de un hecho no simplemente “innovador”, sino radicalmente “revolucionario”,  como lo definió Eugenio Scalfari en “La Repubblica” del 12 de febrero.
La imagen de la institución pontificia, ante los ojos de la opinión pública de todo el mundo, queda de hecho despojada de su sacralidad, para ser entregada a los criterios de juicio de la modernidad.
No por nada , en el “Corriere Della Sera” del mismo día, Máximo Franco habla del “síntoma extremo final, irrevocable, de la crisis de un sistema de gobierno y de una forma de papado”.
No se puede hacer una comparación, ni con Celestino V, que renunció después de haber sido arrancado por la fuerza de su celda eremítica, ni con Gregorio XII, que a su vez fue forzado a renunciar para resolver la gravísima cuestión del Gran Cisma de Occidente.
Se trataba de casos excepcionales. Pero ¿cuál es la excepción en el gesto de Benedicto XVI? La razón oficial manifestada en sus palabras pronunciadas el 11 de febrero, más que la excepción expresa la normalidad: “En el mundo de hoy, sujeto a rápidos cambios y agitado por cuestiones de gran importancia para la vida de la fe, para gobernar la barca de Pedro y anunciar el Evangelio, hace falta también el vigor, tanto del cuerpo como del alma, vigor que, en los últimos meses, disminuyó en mí de tal manera que debo reconocer mi incapacidad”.
No nos encontramos ante una deficiencia grave, como fue el caso de Juan Pablo II al final de su pontificado.
Las facultades intelectuales de Benedicto XVI están plenamente íntegras, como él lo demostró en una de sus últimas y más significativas meditaciones para el Seminario Romano, y su salud es “en general buena”, como afirmó el portavoz de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, según el cual, sin embargo, el Papa alertó en los últimos tiempos sobre “el desequilibrio entre las tareas, entre los problemas a resolver y las fuerzas de las que siente no disponer”.
Entre tanto, desde el momento de la elección, cada pontífice experimenta un comprensible sentimiento de inadecuación, notando la desproporción entre sus capacidades personales y el peso de la tarea a la que es llamado.
¿Quién puede afirmarse capaz de soportar con sus propias fuerzas el cargo de Vicario de Cristo?
Pero el Espíritu Santo asiste al Papa no sólo en el momento de la elección, sino también hasta su muerte, en cada momento, inclusive en los más difíciles, de su pontificado. Hoy, el Espíritu Santo es frecuentemente invocado en forma inadecuada, como cuando se pretende que El inspira cada acto y cada palabra de un Papa o de un Concilio.
En estos días, sin embargo, El es el gran ausente en los comentarios de los medios, que analizan el gesto de Benedicto XVI de acuerdo a un criterio puramente humano, como si la Iglesia fuese una multinacional guiada en términos de pura eficiencia; prescindiendo de todo influjo sobrenatural.
Pero la cuestión es: en dos mil años de historia, ¿cuántos fueron los Papas que reinaron con buena salud, que no sintieron declinar sus fuerzas ni sufrieron enfermedades y probaciones morales de toda clase? El bienestar físico nunca fue un criterio de gobierno de la Iglesia. ¿Pasará a serlo a partir de Benedicto XVI?
Un católico no puede dejar de plantearse estas preguntas, y si no lo hace, serán planteadas por los hechos, como en el próximo cónclave, cuando la elección del sucesor de Benedicto sea inevitablemente orientada hacia un Cardenal joven, en la plenitud de sus fuerzas, para poder ser considerado adecuado para la grave misión que lo espera.
A menos que el centro del problema no esté en aquellas “cuestiones de gran relevancia para la vida de la fe” a las que se refirió el Pontífice, y que podrían aludir a la situación de ingobernabilidad en que parece encontrarse hoy la Iglesia.
Sería poco prudente, bajo este aspecto, considerar ya “cerrado” el pontificado de Benedicto XVI, y dedicarse a balances prematuros antes de esperar el plazo fatal anunciado por él: la noche del 28 de febrero de 2013, una fecha que quedará grabada en la historia de la Iglesia.
Después de esa fecha, Benedicto VI aún podrá ser protagonista de escenarios nuevos e inesperados. De hecho, el Papa anunció su dimisión, pero no su silencio; y su decisión le restituye una libertad de la que tal vez se sintiera privado.
¿Qué dirá y hará Benedicto XVI, o el Cardenal Ratzinger, en los próximos días, semanas y meses? Y, sobre todo, quien guiará, y de qué manera, la barca de Pedro en las nuevas tempestades que inevitablemente le esperan?
(Fuente: “Corrispondenza Romana”, 12-II-13 – Traducido del portugués, de texto difundido por la Agência Boa Imprensa, San Pablo, Brasil, del 15-II-13).
*     *     *     *     *
(*) Historiador y periodista italiano, Roberto de Mattei, nacido en 1948, es uno de los más destacados líderes católicos contemporáneos. Es Profesor de Historia de la Iglesia y del Cristianismo en la Universidad Europea de Roma, en la cual es Coordinador de la Escuela de Ciencias Históricas. Entre 2004 y 2011 fue dos veces Vice-presidente del principal organismo estatal italiano de apoyo a las ciencias, el Consejo Nacional de Investigación. Miembro del Consejo de Administración del Instituto Histórico para la Edad Moderna y Contemporánea y de la Sociedad Geográfica Italiana, colabora con el Comité Pontificio de Ciencias Históricas. Fue distinguido con la insignia de la Orden de la Santa Sede de San Gregorio Magno, en reconocimiento por sus servicios prestados a la Iglesia.
En 2010, Roberto de Mattei publicó el libro “El Concilio Vaticano II – Una historia nunca escrita”, lo que le valió el más prestigioso premio italiano para libros históricos: el “Acqui Storia/2011”. Recientemente traducido al portugués y difundido en el Brasil por la Petrus Livraria, puede ser adquirido por medio de su sitio.



  

jueves, 10 de enero de 2013

El antiguo cadete del Seminario de Nobles de Madrid tenía en mente a cuerpos de élite como los granaderos del Rey Sol - (10ª nota) - El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana


 
 Infantería prusiana y granaderos de la Maison du Roi (la Casa del Rey Luis XIV) -
Tropas de élite que sirvieron de inspiración al Libertador para formar
los legendarios Granaderos a caballo sumando excelencias europeas y argentinas
Continuamos difundiendo "El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana" (ver 9ª nota el 14 de diciembre de 2012) 
El antiguo cadete del Real Seminario de Nobles de Madrid tenía en mente algo como los granaderos montados que había creado Luis XIV, el “Rey Sol”, dice Fernando Romero Carranza. Los que, en 1830, el “rey populista” Luis Felipe de Orleáns, hijo de “Felipe Igualdad”, disolverá “por considerar que los granaderos configuraban un arma excesivamente aristocrática” para su gusto mediocre.
Para lograr el grado de excelencia requerido, San Martín basó la composición de su cuerpo en una estricta selección de  aspirantes.
Aristocrático no se oponía a criollo: “Entre los arreos de montar San Martín impuso como silla para la tropa el lomillo o recado de creación y  uso gauchesco, privilegiando así la equitación local, sólo permitiendo  en  los oficiales el uso de la silla inglesa;  para él, la elección de los caballos, su adiestramiento y su estado eran de gran importancia”.
Será el 3 de febrero de 1813 la oportunidad de poner a prueba sus granaderos en el combate de San Lorenzo. Llega desde Buenos Aires haciendo el excepcional recorrido de 80 km diarios (Goyret). Allí se produce el  bautismo de fuego de los 125 soldados del cuerpo de élite y sus caballos criollos.
San Martín pelea valientemente montado en un bayo, pelaje típico de la herencia del caballo español, al que Solanet atribuye características de especial brío y nobleza. El  caballo cae heroicamente en la refriega. El correntino Sargento Cabral con fuerza hercúlea solivia el animal muerto y salva al jefe, muriendo él. Manuel Díaz Vélez carga con tanto ímpetu que se desbarranca y muere de las heridas recibidas (Rosa).
Luego, en preparativos para la invasión a Chile, San Martín pide al gobierno de Buenos Aires 1500 caballos de pelea para los granaderos, “esa caballería maniobrera que nos dará decidida ventaja por desconocerla  en mucho por parte del enemigo”.
Esos caballos criollos con aptitudes y morfología apta para la acción rápida y la maniobra envolvente,  olvidada en España por los ejércitos de los Borbones, darán a San Martín la razón. 
(Finaliza en la siguiente entrega, que publicaremos próximamente)




San Martín logró el sueño de formar una versión original argentina
de los célebres cuerpos prusianos y franceses del Antiguo Régimen:
los históricos Granaderos a caballo, de valor, resistencia y destreza a toda prueba

viernes, 21 de diciembre de 2012

¿Por qué el Niño Dios quiso nacer de sangre real en un humilde pesebre? Luminosas enseñanzas de San Pío X


 




Adoración de los Santos Reyes Magos y de los pastores por  Pinturicchio, 
Gentile da Fabriano, un Anónimo español del Siglo de Oro, 
Fra Angelico y Gustave Doré.
En el Pesebre se reunieron los grandes  y los pequeños, y cada uno adoró
al Niño Dios a su manera, en armonía, de acuerdo a su identidad y a los planes
de Dios.
Es lo que enseña el inmortal Pontífice San Pío X.
¡FELIZ NAVIDAD!
Comisión Don Pelayo


¿POR QUE EL NIÑO DIOS QUISO NACER DE SANGRE REAL EN UN HUMILDE PESEBRE?
LUMINOSAS ENSEÑANZAS
DE SAN PIO X
A
sí como a un romano o un judío penetrado de la mentalidad de su época le costaría entender y venerar el misterio de la Navidad, un joven o un adulto actual que no resista a la cultura inmoral y masificante  que impone en los hogares la tv, a la irracionalidad y brutalidad que crecen día a día, y al mal ejemplo y mala educación que difunden los gestos y actitudes de los “modelos” y “referentes” impuestos por la propaganda y la demagogia,  difícilmente estará en condiciones de contemplar, admirar y adorar al Divino Rey.
En otros tiempos, ciertamente, le bastaría al fiel entrar en el recinto sagrado de cualquier Iglesia católica y dejarse impregnar por las verdades y el ambiente de recogimiento y de espíritu navideño. Pero hoy, lamentablemente, con la penetración del neo-paganismo publicitario y de doctrinas “progresistas” e igualitarias de raíz marxista, hasta ciertas misas y sermones se convierten en “ejercicios de lucha de clases”, y son utilizados para difundir “relecturas del Evangelio”, como advirtió el Santo Padre Juan Pablo II (“Instrucción sobre algunos aspectos de la 'Teología de la liberación'”   - 6-8-1984, Congregación para la Doctrina de la Fe; Declaración de Puebla).
¿Qué tienen en común todas las visiones erradas y deformaciones de la revolución cultural y del “progresismo cristiano”, desconectadas sólo en apariencia? La negación de la Grandeza infinita de Dios hecho hombre, nacido de una Mujer “a cuyo imperio está sometido todo lo que está debajo de Dios”, y que es “la obra maestra de la Creación” (cf. “Consagración de sí mismo a Jesucristo por manos de María”; “Rosario Meditado”;  San Luis Ma. Gr. de Montfort).
Esto implica desconocer el valor infinito de la Redención que nos trae, en la grandeza y pobreza del Pesebre, el Niño Jesús. De ahí deriva toda una actitud ateo-práctica ante este sagrado e inabarcable Misterio que enciende las almas en todo lo que resta de Cristiandad en el mundo.
Para contrarrestarla e inspirarnos en el ejemplo de los pastores, a los que pronto se agregarán los Magos de Oriente, venidos a adorar al Rey de Reyes, unos con preciosos regalos de huertos, fincas, arroyos y campos, otros con regios dones maravillosos,  a los pies de Jesús, María y José presentamos estas reflexiones del gran Papa San Pío X, sobre “la campana” -las enseñanzas vivas-  de Belén:
“La campana de Belén es una escuela en la cual, si el cumplimiento de las promesas divinas no es revelado a los sabios y a los prudentes del siglo, sino sólo a los párvulos, esto es, a los simples pastores, esto no sucede ciertamente porque Jesús quiera demostrar preferencias en las condiciones humanas.
La sociedad de los hombres es la obra de Dios. Dios mismo ha querido la diversidad de condiciones, y Jesús no ha venido a cambiar este orden, llamando a sí sólo a los pobres.  Ha nacido para todos.
Esto es tan cierto, que para demostrar este carácter de universalidad, completamente propio de su divina misión, quiso nacer en lugar donde a ninguno le fuese vedado el acceso; quiso descender de sangre real, para que no le desdeñasen los príncipes; quiso nacer pobre, para que todos sin excepción pudiesen acercarse a Él; quiso, en fin, aparecer niño, para hacerse todo a todos y para que ninguno tuviese temor de avecinarse a El (Sermón a los Cardenales de 23 de diciembre de 1904).
D
e este modo, San Pío X nos enseña porqué Jesús quiso descender de sangre real y nacer pobre, en un modesto y digno pesebre, al que cualquier hombre, mujer o niño pudiese llegar a adorar y recibir un torrente de bendiciones, y para que los príncipes –a ejemplo de los Santos Reyes Magos- encontraran al Hijo de Dios de Majestad infinita ,  tan “Rey de Reyes y Señor de Señores” en su trono celestial a la derecha del Padre, como reclinado en un montoncito de paja y envuelto en los pañales purísimos preparados por María Virgen, “fulgurante de raza real” (*), presente junto a su casto esposo San José, “ilustre Príncipe de la Casa de David” (**), padre adoptivo y responsable del Divino Infante (* León XIII, Actas, t. VII, pp. 169-70, ed. francesa Bonne Presse; **) Letanías de San José).
Que esta dulcísima Medianera de todas las Gracias que le dio al Verbo Infinito su carne y su sangre,  nos  conceda acercarnos al pesebre con confianza, devoción y admiración, como su Divino Hijo, nuestro Redentor, lo merece, en esta Santa Navidad (A.D. 2012).

viernes, 14 de diciembre de 2012

"Debían ser excelentes jinetes, acostumbrados a vivir a caballo" - El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana (9ª nota)

 
                      "...acorazados con los guardamontes, que producían 
                              un ruido atronador  al golpear de las azoteras..."
                                 El guardamontes caracteriza a los camperos del Norte argentino
                                      y les da, con sus montas,  una estampa inconfundible 

Proseguimos la publicación de este trabajo sobre "El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana", presentado en el Inst. Güemesiano de Salta en junio de 2010

Ver nota anterior en este mismo sitio: http://aristocraciacatolica.blogspot.com.ar/2012/08/el-guerrero-y-el-caballo-9-nota-habia.html
 
Eran esos gauchos de Chicoana, El Carril, El Bañado y Rosario de Lerma y de tantos otros pueblos y parajes de variados puntos de la provincia, los que Güemes, como dice Vicente Fidel López, se consagró a organizar y disciplinar, apuntando a todos los habitantes capaces de montar a caballo y tomar las armas. Juntó excelentes caballadas y preparó potreros donde mantenerlos con vigor; organizó la población en grupos de 20 hombres mandados por dos oficiales, y cada cuatro grupos bajo un jefe experto; les distribuyó armas de fuego y les hacía hacer evoluciones rápidas, sorpresas, correrías dentro de los bosques, acorazados con los guardamontes, que producían un ruido atronador al golpear de las azoteras: unas veces tiraban el lazo a la carrera, otras hacían fuego sin desmontarse o echaban pie a tierra para maniobrar como infantería. Les aseguraba a todos que aquello tenía por objeto defender la patria (ap. L. A. Torino).
Pues los gauchos, hombres de campo, grandes o pequeños ganaderos subestimados por los invasores, conocían “perfectamente el área geográfica donde se desarrollaban las acciones bélicas, conocían el clima, sus cerros, sus valles, su monte, el régimen de crecida de sus ríos. Nada para ellos les era extraño, lo que les dio la ventaja de poder elegir la táctica precisa” (Apolo Premoli López).
El guerrero criollo “se valía en esta guerra de su gran conocimiento del medio y de elementos muy rudimentarios como lanzas, boleadoras, puñales y algunas armas de fuego. Con su caballo y montura hacía prodigios para engañar al enemigo, como el galope escondido, figurarse muerto aún con su caballo y en el monte golpear los guardamontes para hacer gran barullo y aparentar ser más numerosos o salir de improviso de entre los árboles” (Ercilia Navamuel).
Era el hijo de la tierra, que defendía su suelo y su estilo de vida, defendiendo así la patria.
Ese criollo ecuestre que gustaba del entrevero fue la materia prima que usó San Martín para preparar un cuerpo de caballería de línea cuyo nivel estuviese a la altura de los que luchaban en Europa. “Debían ser excelentes jinetes, acostumbrados a vivir a caballo, y…poseer un físico adecuado, de alta estatura, bien formados, fornidos y de excelente salud, condiciones que necesitarían para sobrellevar la dura disciplina y permanente ejercitación que impuso el comandante” (Scenna).
(continúa próximamente)


sábado, 1 de diciembre de 2012

Bienes de alma en la vida popular - Pueblo y masa

El fenómeno de la
transformación del pueblo en masa
está en la raíz de la falta de reactividad
ante los avances de la Revolución
anticristiana. Es fundamental entenderlo
y combatirlo con los medios a nuestro alcance.
 Fiel al magisterio pontificio, Plinio Corrêa de Oliveira lo comprendió
en toda su profundidad mucho antes de que llegara al auge en que
se encuentra actualmente.
En el ameno artículo que presentamos a continuación, compara la riquísima individualidad
de un grupo de pastores del Portugal de antaño con las masas
silenciosas subyugadas por los medios de comunicación en nuestros días
de civilización mecanizada.
Esperamos sus comentarios.




 E
  

l Museo de Arte Antiguo de Portugal conserva, entre otras cosas preciosas, el Pesebre de San Vicente de Fora, de Joaquín Machado de Castro, del s. XVIII. Presentamos aquí un detalle del Pesebre: los pastores venidos a adorar al Niño Dios.
Aunque la intención del escultor haya sido representar gente de campo de Judea del tiempo del nacimiento de Nuestro Señor, harapienta, como muchas veces lo eran en Oriente los pastores, los tipos humanos, las fisonomías, los gestos, los modos de ser que reflejó en su obra corresponden a personas del ambiente que rodeaba al artista, el buen pueblo menudo de campo del Portugal del siglo XVIII.

C
onsiderando la escena, algún observador tendrá a primera vista una sensación de desorden. Estamos acostumbrados a las
 masas disciplinadas y sin alma de las grandes ciudades modernas, que llenan silenciosamente los cines, o cruzan sombría y apresuradamente las calles, cuando el pitido del agente de tránsito o un semáforo detienen el tráfico vehicular para dejarlas pasar. Esas multitudes sin alma y padronizadas hasta cuando gritan o aplauden juntas en grandes manifestaciones colectivas como si fueran un solo ente inmenso en el que se hubieran disuelto las personas como gotas de agua en el mar.

En tal perspectiva, ese montón de gente causa extrañeza.  Todos, luego de oir el mensaje angélico, corren al encuentro del Pesebre. Hasta el perro, en el primer plano, está apurado. Pero en cada figura es tan peculiar la nota personal, que el grupo tiene en su conjunto algo de efervescente y caótico.
         En efecto, cada modo de caminar o de correr, expresa una reacción enteramente personal en relación a la Buena Nueva. Los dos jovencitos del frente parecen simplemente movidos por la curiosidad. Es la despreocupación real, y tantas veces excesiva, de su edad. Un campesino, más maduro, de ojos dilatados y brillantes de alegría y de fisonomía inteligente parece intuir con discernimiento el alcance del gran acontecimiento. Más atrás, un viejo de sombrero de ala ancha levantada, grita y llora de emoción. Al fondo, un personaje de capucha y barba blanca, veloz y meditativo al mismo tiempo, se muestra profundamente impresionado.

C
ada alma, en este grupo de lúcidos analfabetos, es como un mundo interior del que brota con fuerza la expresión de una pujante personalidad.
Ignorantes, iletrados, no han sido sometidos a los terribles procesos de padronización de la civilización mecánica del siglo XX. No tienen el pensamiento impuesto por los mismos diarios, la sensibilidad modelada por el mismo cine, la atención subyugada el día entero por la atracción magnética de la radio y la televisión. Esto nos recuerda el trecho admirable –nunca suficientemente citado - de Pío XII sobre “pueblo y masa”:
“Pueblo y multitud amorfa o, como suele decirse, masa, son dos conceptos diferentes. El pueblo vive y se mueve con vida propia; la masa es de por sí inerte y no puede ser movida sino desde fuera.
El pueblo vive de la plenitud de vida de los hombres que lo componen, cada uno de los cuales —en su propio puesto y a su manera— es una persona consciente de sus propias responsabilidades y convicciones. La masa, por el contrario, espera el impulso del exterior, fácil juguete en las manos de cualquiera que sepa manejar sus instintos o sus impresiones, pronta para seguir alternadamente hoy esta bandera, mañana aquella otra.”
“De la exuberancia de vida de un verdadero pueblo, la vida se esparce, abundante y rica, por el Estado y por todos sus órganos, infundiendo en ellos, con vigor incesantemente renovado, la conciencia de su propia responsabilidad, el verdadero sentido del bien común”.
(Pío XII Radiomensaje de Navidad de 1944).
Plinio Corrêa de Oliveira 
SERIE AMBIENTES, COSTUMBRES, CIVILIZACIONES
“Catolicismo” – mayo de 1960


sábado, 24 de noviembre de 2012

Reforma del Código Civil: ¿Se promueve la disolución social? ¿Se desprotege a los más débiles? Objeciones de una tradicional familia salteña

Agradecemos al sitio "Bastión del Norte" y a la familia Patrón Costas-Lemos el texto que transcribimos, que muestra claramente los peligros que se ciernen sobre nuestra Patria si se impone por los recursos del totalitarismo de Estado pseudo-democtrático la reforma del Código de Vélez Sarsfield, que sirvió de base para cimentar la cristiana grandeza de la Argentina. Es alentador que quienes recibieron valiosas tradiciones familiares y experiencias, como dice Pío XII, se hagan presentes en las grandes cuestiones nacionales. Es un signo de que nuestro querido País tiene importantes reservas en todos los niveles de nuestro pueblo.
"Aristocracia y Sociedad Orgánica"
Comisión Don Pelayo
  "El recetario del caos, la infidelidad y la tragedia"      Para Bastión del Norte
                                  http://bastionfamilia.blogspot.com.ar/2012/11/reforma-del-codigo-se-quiere-promover.html

                              Quienes escribieron esta propuesta de Código,
                           ¿pensaron en el fruto del matrimonio, es decir, los hijos?
  ¿Se quiere promover la descomposición social con estas leyes?

Bastión del Norte brinda hoy a sus lectores la lúcida ponencia que Alejandro Patrón Costas, con su mujer, Mariana Lemos, presentaron en la audiencia del 9 del cte. en Salta, con agudos interrogantes de fondo que se plantean los argentinos ante este aberrante proyecto que amenaza el futuro de los hijos, la tasa de natalidad y la estabilidad del matrimonio, base de la familia, pilar de la sociedad. (Nota: los destaques en negrita son de nuestra Redacción)           
 
Sres. Senadores Nacionales,
Soy padre de familia, tengo 7 hijos, 6 de ellas mujeres. Hoy estoy acá
profundamente preocupado por la reforma del Código Civil y Comercial
fundamentalmente en aquellos aspectos relacionados con las modificaciones
respecto al Matrimonio y la manipulación de la Vida del No Nacido. Me
preocupa el futuro de la sociedad donde mis hijos, sobre todo mis hijas, se
van a tener que desenvolver en caso de que se apruebe este proyecto.
Además de agradecerles esta oportunidad de expresar mis opiniones y dudas respecto a la reforma, les pido tengan a bien solicitar ante quien corresponda un mayor debate respecto a la misma y más tiempo para que toda la Sociedad pueda entender de qué se trata esto, artículo por artículo.
Da la sensación de que se quiere avanzar rápidamente, vaya uno a saber apurados por quién o quienes, cuando es algo que, como dijo, una de sus escritoras, la Sra Kelmemajer de Carlucci, “…es importante que estos aspectos figuren en el Código Civil y no en legislaciones especiales, porque el Código es el cuerpo que se supone va a tener una estabilidad.” Es decir este nuevo Código va a trascender gobiernos y por supuesto regirá sobre nuestras vidas y por sobre las de nuestros descendientes. Durante un siglo y medio hemos vivido con el actual, cual es la necesidad de tanto apuro?, es sin dudas un asunto que requiere de mucho análisis, estudios y debate.
Tanto Marisa Herrera, colaboradora del Proyecto de Reforma, como
Kelmemajer de Carlucci hacen referencia, en sendas entrevistas al Diario El
Tribuno, de que es necesario reglar lo que ya existe, “…por un compromiso
de no ser hipócritas.”, dice la primera de ellas cuando se refería al comercio
ilegal de los alquileres de vientre. Es cierto, no hay que ser hipócritas pero
tampoco legislar contra algo que está mal proponiendo algo que también
está mal!
            Las leyes, normas, códigos tienen un efecto pedagógico muy importante para la sociedad, nos enseñan lo que se puede o no se puede hacer, nos ordenan hacia lo que, en teoría, es bueno. En nuestra cultura, en nuestra sociedad, tenemos internalizado que esto es así y es por ello que las respetamos. Por lo tanto una norma, una ley, no sólo regula algo ya existente sino que nos muestra un camino a seguir.
Porque aunque haya personas que no son fieles ni habitan un mismo techo, no es bueno destruir al Matrimonio quitándole a sus partes el deber jurídico de la cohabitación y fidelidad mutua, me refiero a la supresión de
los arts. 198, 199 y 200 y su reemplazo por el propuesto Art. 431. Porque, si
bien hay maridos o esposas que abandonan a su cónyuge, NO es bueno que
el divorcio se pueda lograr unilateralmente por unas de las partes y en un
tiempo tan rápido que impida siquiera una posible reconciliación de las
partes antes de la decisión drástica y dramática de la ruptura definitiva del
vínculo. (Art 437). No es bueno debilitar los vínculos ni favorecer su ruptura,
claramente lo que se debe hacer es lo contrario, trabajar y legislar para
promover que esos vínculos sean cada vez más fuertes.

En la misma entrevista, Kelmemajer de Carlucci sostiene que la “familia será un concepto cultural, no de la naturaleza”. Porqué?, porque a ella se le ocurre?, el verbo que utiliza, “será” habla a las claras de una imposición. La Naturaleza realmente no tiene nada que ver en esto?. “…esta familia tradicional, biologicista, pensada para tener hijos y continuar con la especie” (como ella lo expresa) que evolucionó desde tiempos prehistóricos logrando el desarrollo pleno de las personas y SÍ porqué no, la continuación de la especie, no tiene más cabida?
En esa entrevista, esta señora afirma que “…de la familia tradicional queda todo, para el que quiera vivir en el modo tradicional.” Y que “…en la sociedad existen muchas clases de familia y que el legislador se debe ocupar de todas.” Pues bien, esto no es así, es una descarada media verdad porque el nuevo Código NO admite un matrimonio donde los cónyuges se
comprometan JURIDICAMENTE a habitar en el mismo techo y deberse
fidelidad, no es posible ya que el nuevo código, en su Art 436 quita esta
posibilidad.
Me surgen muchas dudas, compartidas con muchas personas con las que he hablado de este tema mostrando a las claras que falta mucha información, mucha explicación, mucho debate.
Quienes escribieron esta propuesta de código, pensaron en los frutos del
matrimonio, es decir los hijos?, pensaron en la mayor desprotección que
tendrán las mujeres?, no son ellas las que tienen mucho más por perder en
estas posibles situaciones?  De un día para el otro la mujer, seguramente
madre, se puede quedar sola sin más trámite que la sola presentación de su marido expresando su voluntad de divorcio?. Y, si además éste fuera infiel, la mujer, no tiene nada para reclamar?
Si no existe obligación de cohabitar, quien vive con los hijos?, como se constituye el bien de familia?, qué protección tienen esos niños sobre su futuro?
Si un marido no tiene la obligación de cohabitar con su mujer y su
moral le permite la infidelidad, puede tener alguna relación (incluso convivir)
con otra mujer sin riesgo jurídico?, pudiendo eventualmente tener hijos con
ella, qué derechos tendrán esos hijos de esa otra relación? y los hijos que
tuvo con su mujer “legal”?, no se genera una injusticia para con ellos?
Por otro lado, si una esposa no vive con su marido, y su moral le permite la infidelidad, podrá tener relaciones con otro hombre; entonces, que garantías
tendrá su marido de que el embarazo de su mujer es suyo?. Sin dudas, la
Paternidad, más que nunca, será una cuestión de Fé…
Para Kelmemajer de Carlucci, el límite es la poligamia porque “…contraría un principio fundamental que es no discriminar a las mujeres”, esto último no se entiende porque en pos de ser creativo y progresista podríamos pensar un
familias conformadas por una mujer con varios varones, o una mujer +
varones + mujeres, o + trans, etc…. De todos modos, si bien el código no
permitiría estas figuras no las favorece aunque no tenga legalidad?
Genera además un caldo de cultivo (hoy ya existente) para la violencia extrema  por celos y venganza.
Es impresionante ver cómo aumentan los casos de
violencia contra niños donde el culpable del aberrante hecho es una nueva relación de alguno de los padres de ese niño o una relación pasada de esa persona. Esas situaciones de descomposición social se quieren promover con la sanción de estas leyes? O se quieren promover vínculos débiles y frágiles de manera de disminuir aún más la tasa de natalidad en nuestro país?, pues esto también ocurrirá, las mujeres ante tal incertidumbre, dejarán de tener hijos pues ellas son los que cargan con el mayor peso, no me quedan dudas de esto último…Nos estarán llevando a un inexorable achicamiento y envejecimiento de la población, como ya le ocurre a Europa, cuando lo que necesita nuestro país es justamente lo contrario.
El camino que se está tomando no sólo es el equivocado, es también
peligroso; se debe trabajar, por el contrario, en fortalecer vínculos, entre
marido y mujer y entre padres e hijos. En la solidez y salud de esos vínculos estará la solidez y buena salud de nuestra sociedad. Se debe trabajar en ese sentido y tendremos hijos sanos, equilibrados y con su autoestima en alto y así la Nación tendrá asegurado su futuro. No hay caso, en esto, la naturaleza tiene milenios de experiencia, y es sabia.
            Sin dudas el matrimonio está en crisis, no por eso hay que destruirlo. El Matrimonio NO es una cuestión de las religiones, es una Institución social
basada en el Orden Natural. Es deber del Estado defenderla y fortalecerla por
su propio bien, el de la Nación y el de la Patria.
              Desde Novo Libertas nos proponemos colaborar con Uds. en la elaboración de proyectos de ley que promuevan el fortalecimiento de esos vínculos.
              Por último quiero dejar sentado que estoy en total desacuerdo con la
manipulación y deshecho de embriones y, adelantando mi postura sobre el
debate que se viene con la legalización del aborto, quiero dejar sentado
también que estoy totalmente en contra del mismo independientemente
también del estado de salud presente o futuro de su madre.
Muchas Gracias,
APC