lunes, 17 de agosto de 2020

Discurso LA GESTA CORDILLERANA DE SAN MARTIN Y NICOLAS DAVILA, NOBLES HOMBRES DE CORAJE

 

LUNES, 17 DE AGOSTO DE 2020

Discurso LA GESTA CORDILLERANA DE SAN MARTIN Y NICOLAS DAVILA, NOBLES HOMBRES DE CORAJE

 

Cnel. Nicolás Dávila
Cnel. Nicolás Dávila, Héroe de Copiapó

Libertador Gral. José de San Martín


La Rioja, 17 de agosto de 2017

Acto cívico en honor del Libertador Gral. San Martín

Palabras a cargo del Prof. Luis María Mesquita Errea, por la Asociación Sanmartiniana

LA GESTA CORDILLERANA DE SAN MARTIN Y NICOLAS DAVILA, NOBLES HOMBRES DE CORAJE

Evocar la figura de San Martín y de los riojanos como Nicolás Dávila que respondieron a su pedido de auxilio para formar el Ejército de los Andes y concretar el plan continental es reavivar nuestras esencias, pues sin honrar sus tradiciones un pueblo se transforma en masa carente de identidad y fortaleza.

 

Era un arquetipo de hombre superior quien hacía este llamado desde Cuyo.¡El plan continental!, modelo de sabiduría guerrera, se cumplirá venciendo obstáculos gigantescos como la cordillera.  El Gobierno le dará facultades de “Jefe expedicionario  en tierras lejanas”, con sabor de leyenda,  clarines,  estandartes al viento, cóndores y lanzas..

Gobernador de Mendoza pone al servicio de estos objetivos su formación de alta escuela, que suma excelencias desde su entrada en el Seminario de Nobles de Madrid, a los 11 años y su ingreso como cadete al regimiento de Murcia, a los 12, inicio de su vertiginosa carrera militar. Con coraje frío y temerario gana las insignias de Teniente Coronel peleando contra las fuerzas del Gran Corso en el  berberisco campo de batalla de Bailén.  De allí trae el ágil sable corvo, símbolo de arrojo de sus épicos granaderos.

 

Llegado al país en 1812 la Junta le confirma el grado y organiza el Regimiento de Granaderos a Caballo. Su Bautismo de fuego en San Lorenzo, será con riesgo de vida para él…

En Mendoza monta la legendaria Maestranza, donde ni a él mismo le era dado entrar si no cumplía sus estrictas normas de vigilancia; allí se fabrican desde cañones hasta uniformes y objetos de piedad para sublimar con la Fe la virtud del coraje.

 

 “Cuando San Martín se hizo cargo del gobierno de Cuyo e inició la formación del Ejército (septiembre de 1814) –dice el Cnl. Lanús- gobernaba en La Rioja Don Francisco Xavier de Brizuela y Doria, a quien reemplazó su hijo Ramón, en 1815”… “Tanto estos dos gobernadores como los que los sucedieron, particularmente el Tte. Coronel Benito Martínez (…) colaboraron con entusiasmo en la organización del Ejército, facilitando el reclutamiento de personal y disponiendo envíos periódicos de ganado y elementos necesarios para su abastecimiento”. Así, “el nombre de la Provincia quedó honrosamente vinculado a este período de la empresa libertadora” (Lanús, pp. 95-6).

La Rioja no desmintió el legado de su heroico fundador Ramírez de Velasco.  Declarada autónoma con el Gobernador Ramón de Brizuela y Doria y con voz en el Congreso de Tucumán con el gran Castro Barros, superó las expectativas sanmartinianas.

 

En esos tiempos la sociedad era como una familia de familias, viviendo sin grandes lujos pero con distinción, en una economía natural sobria y productiva, sin emisión de moneda ni estatismo invasor.  Las capitales históricas eran ciudades-provincia con su historia, héroes y figuras típicas. Así, La Rioja fue capaz de enviar remesas enteras de pólvora para reserva y adiestramiento de tropa en el tiro, descuidado hasta entonces;  se habían mandado 900 mulas, 30 quintales de explosivo, 100 reclutas para el III Escuadrón de Húsares, como  consta en la memoria de Ramón Brizuela y Doria al Director Supremo Pueyrredón,  que agradece las elocuentes pruebas de su celo.  

En abril de 1816 San Martín pide 50 quintales de plomo para balas y 300 suelas para monturas,  artículos que, dice sólo esa provincia puede surtir…

Del Oeste riojano y Anguinán parten100 cargas de harina superior, con sus sacos y aperos. La caridad en La Rioja no empezaba por casa… En el 17, envía nuevas contribuciones de pólvora. pese a la carestía por haberse enajenado los agricultores de su alimento, y la falta de mano de obra por las levas frecuentes. El Supremo Gobierno tributa las más expresivas gracias a nuestros generosos coterráneos.

Asimismo hay otros aportes de personal para el Ejército, fuera del que integró la Expedición a Copiapó. Nuestra Rioja, señores, cumplió como pocas provincias.

Fue una hazaña que en breve San Martín lograra tener un ejército que requeriría 10.000 mulas y 1600 caballos para cruzar los Andes, y batirse con un enemigo fogueado en memorables batallas del Viejo Continente.

Las patricias mendocinas y Remedios de Escalada, quieren tener lista la bandera para el día de Reyes, como lo quiere el General. Le piden al Cristo del oratorio familiar que la victoria acompañe su paño azul y blanco, colores de la Inmaculada.

Hay expectación ante la inminente partida del Ejército: sólo faltan la bandera y la advocación divina.

Los campanarios de Mendoza inundan los aires de repiques sonoros. En la Iglesia Matriz, ante la multitud enfervorizada, Nuestra Señora del Carmen es llevada en procesión. San Martín toma la bandera y la presenta al sacerdote, que la bendice.

Terminada la misa cantada con el Te-Deum, la procesión se dirige a la Plaza mientras los cuerpos militares presentan armas. Se entroniza la Virgen, Patrona jurada del Ejército de los Andes por voluntad de su jefe. San Martín, bendecido su bastón de mando, lo pone en manos de la Emperatriz de América exclamando: ¡Soldados: esta es la primera bandera independiente que se ha levantado en América! batiéndola tres veces en medio de salvas de cañones y fusilería. La alegría de un pueblo fervoroso es preludio de victoria.

Rumbo a la cordillera!, aprovechando ardides de guerra psicológica ideados por San Martín.

Alvarez Condarco es rechazado por el Gobernador español , “por el camino más corto” , permitiéndole trazar un precioso croquis! Aparenta revelar a los toquis indígenas los puntos por dónde pasarán sus fuerzas. Ufanos de la confidencia, desparraman la falsa noticia.

Las fuerzas fernandinas desorientadas  se extienden a lo largo de 300 leguas reduciendo su concentración.

Avanza el Gran Capitán dispuesto a cruzar una de las cordilleras más altas del globo.  Sabe que es ahora o nunca.

Vence cuatro cordilleras intermedias. El río Los Patos lo hostiga sin piedad; la puna le ocasiona bajas. Las cumbres de la Espinacita lo dejan colgado sobre una bajada de 4000 mt. San Martín sufre y resiste.

Tales vicisitudes acosan a las 6 alas que incluyen las 4 columnas auxiliares.

Pero en Chile asoma el histórico triunfo de Chacabuco. Triunfan la audacia y estrategia de San Martín y las ganas de vencer que ha sabido transmitir al ejército. Imposible una coordinación más exacta, comenta Lanús.

 

Santiago festeja en aristocrática y fraterna tertulia hermanando a argentinos y chilenos. Vencidos los Andes la emancipación es irreversible. San Martín lo había dicho: ¡Animo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas arduas!

 

Es la mejor definición de nuestro héroe riojano Nicolás Dávila, hombre de acción, auténtico representante del modelo de varón de clase dirigente tradicional como enseña Pío XII en sus famosos discursos sobre Nobleza y élites tradicionales.

Dávila cuenta que avanzó en la noche (como un felino) para llegar a Copiapó  ese mismo 12 de febrero. Desprendió una partida de 20 infantes al mando del Teniente Larrahona aprovechando la oscuridad para tomar a la bayoneta la guardia del cuartel.

El BRAVO Larrahona ejecutó la orden, sin trepidar, y cuando el centinela dispara el fusil al oír el grito: ¡Viva la patria! dado con voz de trueno por aquel oficial, yo entraba –relata- por la otra bocacalle con los infantes desplegados en guerrilla al trote  y protegidos por la caballería. Las fuerzas enemigas quedan inutilizadas y economizada la sangre de nuestros milicianos, penetrando la división sin disparar un solo tiro.

El 16 recién entró el Coronel Zelada con el resto de la división en medio de las aclamaciones del pueblo, y observando el contingente de estos milicianos, tostados por el cierzo helado de los Andes, –agrega-  no se desdecían de la gloria de sus compañeros, que habían triunfado ya a en las llanuras de Chacabuco.

 

Nicolás Dávila nació y fue bautizado en esta ciudad de La Rioja el 14 de abril de 1786 según documentación aportada por el dedicado genealogista Alfredo Cabral. Fueron sus padres Don Francisco Javier de Brizuela y Doria y Doña María Rosa del Moral y Andrada.

Anotado como Nicolás Brizuela del Moral, llevaría el ilustre apellido Dávila como sus hermanos con excepción del mayor, Ramón de Brizuela y Doria,  cumpliendo normas establecidas por sus antepasados fundadores del Mayorazgo de San Sebastián. Nicolás y Ramón, y un tercer hermano, el valiente General Miguel Dávila, desempeñarían un rol histórico junto a su padre, en cuya hacienda se formaron en Sañogasta (casa 14), conforme censo de 1810.

 

Casado Nicolás adquirió tierras en Nonogasta, solar de su distinguida mujer Doña Ma. Vicenta Gordillo y Castro,  construyendo casa, hacienda, bodega y fundición de metales, más tarde Casa de la Moneda.

Edificó la Iglesia de San Vicente Ferrer (MHN), y cruzando la cordillera a lomo de mula desde Copiapó con ella, entronizaron la artística talla del Patrono,  venerado con arcos de flores, alférez a caballo y procesión por sus descendientes y todo el pueblo.

Dice el historiador Zinny que Don Nicolás era “Comandante de la Capitanía de Famatina cuando el Gobernador Martínez, a fines de 1816, le ordenó preparar dos escuadrones de milicias para el 15 de enero siguiente”.¡Poco tiempo para tal empresa!

La Capitanía abarcaba los actuales departamentos Famatina y Chilecito, incluyendo Nonogasta y Sañogasta

En Sañogasta fue que Don Nicolás y su padre Don Francisco Javier de Brizuela y Doria “fundieron los primeros cañones argentinos, para luchar por la libertad”. Allí también estaba la fábrica de la pólvora enviada a San Martín.

Con la colaboración familiar y de una pléyade de patriotas tuvo listos sus escuadrones para la fecha fijada. Zinny dice: “… lo más selecto de la juventud riojana; se encontraban el Capitán Miguel Dávila, hermano del Comandante, el Capitán José Benito Villafañe, el Capitán Manuel Gordillo, los Oficiales Mateo Larrahona, Noroña y muchos otros”. Lo llama “Comandante” pues fue el verdadero jefe de la expedición, el Héroe de Copiapó.

Hemos mencionado los aportes de pólvora y mulas de su familia paterna venciendo carencias y dificultades. Su importancia para la emancipación consta en la carta con la que San Martín lo agradeció al Gobernador Ramón Brizuela y Doria, conservada en Sañogasta.

Partieron de la antigua Iglesia de Santa Rita de Chilecito luego de oír misa con 120 milicianos locales y otros 200 de la Capitanía de Los Llanos traídos por su Teniente, don Fulgencio Peñaloza. Recogieron avíos en Nonogasta y en el Vinculado; cruzaron la Sa. de Sañogasta y los cerros de Aicuña.  Se les facilitó el pastaje en las estancias del Mayorazgo de San Sebastián, dice Lanús.

Fue providencial que Don Nicolás conociera esos campos a la perfección, pues su padre le había confiado su administración.

Acometió la toma de Copiapó y El Huasco con pleno éxito. Conforme la estrategia sanmartiniana, aquel 12 de febrero todas sus fuerzas lograron su objetivo. Nicolás Dávila fue, en la misión encomendada a La Rioja, el ejecutor audaz, con generosidad para darlo todo a la causa de la Independencia.

Fue destacado Gobernador de la Provincia de 1821 a 1823 fomentando la educación y la agricultura;   en la Casa de la Moneda de Nonogasta acuñaba preciosas monedas de oro –muy valoradas hoy por autoridades en Numismática.

 

Su trayectoria, como dijimos,  fue un ejemplo del papel de las élites tradicionales cuya misión perenne, en perfecta compatibilidad con una verdadera democracia, es  preservar la tradición y ser así factor de progreso.

Pues la Tradición, sabiduría forjada en el pasado que debe guiar el presente, es un valor imprescindible; el progreso sin la tradición se transforma en un peligroso salto a la oscuridad, en barbarie organizada, enseña Pío XII -.

 

A esas élites tradicionales que representa el ejemplo de Nicolás Dávila les cabe una alta misión por el bien de toda la sociedad. Son, enseña el Papa, “…la comunidad de las familias que ponen por tradición todas sus energías al servicio del Estado, su Gobierno y su Administración, y con cuya fidelidad puede éste contar en todo momento”.

 

Magnífica definición que “recuerda las grandes estirpes de descubridores, colonizadores y agricultores que construyeron el progreso de las Américas y, manteniéndose fieles a sus tradiciones, constituyen la preciosa riqueza moral de las sociedades en que viven,” dice el Plinio Correa de Oliveira en su obra Nobleza y Elites tradicionales.

Por eso, celebrando en este día la gesta sanmartiniana queremos recordar esa misión que no puede faltar en la sociedad.

Para estar a la altura de ella -le dice Pío XII a cada oyente- debe ser hombre de valor, con una fortaleza de ánimo que ni las más duras pruebas consigan abatir; … que no solamente os convierta en perfectos soldados de Cristo para con vosotros mismos sino también, …, en animadores y sustentadores de quienes se sientan tentados de dudar o ceder.

Debe tener  una prontitud para la acción, que no se atemorice en previsión de ninguno de los sacrificios hoy exigidos por el bien común [que]… os preserven de caer en un ‘abstencionismo’ apático e inerte, que sería gravemente culpable en una época en la que están en juego los más vitales intereses de la religión y de la patria.

 Fortaleza de ánimo –prontitud para la acción – generosa adhesión a los preceptos católicos que forjaron la patria desde sus primeros albores, Nicolás Dávila dio sobradas pruebas de tenerlos… Que su ejemplo fructifique en nuestros jóvenes y en toda la sociedad siguiendo los pasos que hoy evocamos con agradecimiento y esperanza.

 

 


sábado, 1 de agosto de 2020

Nobleza y élites tradicionales análogas – Prólogo, por los Duques de Maqueda – Visión de conjunto (4)


Comienzan los Duques refiriéndose al autor del libro, Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, “figura ampliamente conocida en los medios católicos y conservadores de todo Occidente”. Evocan su actuación como diputado federal por la Liga Electoral Católica, y su brillante actividad docente; destacan su condición de conferenciante de gran reputación, y de colaborador asiduo en el mayor diario brasileño, la “Folha de Sao Paulo”, contando –entre libros y artículos- con dos mil quinientos títulos publicados.
Especial realce corresponde a En Defensa de la Acción Católica (1943) y a La libertad de la Iglesia en el Estado Comunista (1963), obras que merecieron significativas alabanzas de la Santa Sede.
En 1981, su manifiesto El socialismo autogestionario: frente al comunismo, ¿barrera o cabeza de puente?, análisis crítico del socialismo de Mitterrand, alcanza gran repercusión mundial, publicado en ciento cincuenta y cinco diarios de gran circulación en el Viejo y Nuevo Mundo, como la expresiva carta de apoyo del Prof. Hayek, premio Nobel de Economía.
Tal vez ninguna de sus obras haya tenido una repercusión tan profunda como el ensayo Revolución y Contra-Revolución, traducido a los principales idiomas. Describe la crisis del mundo moderno, detonada por el Humanismo, el Renacimiento y el Protestantismo, movimientos complementarios de sentido plenamente revolucionario, que dieron lugar a la Ilustración y la Revolución Francesa.
Estas doctrinas y tendencias se quintaesenciaron y dieron origen al marxismo y a la Revolución Rusa. Sobrevino la expansión mundial de la propaganda comunista y la súbita entrada en escena de una revolución cultural inaugurada por el movimiento de la Sorbona y los correlativos fenómenos del rock, movimiento hippie y punk, etc.
El Telón de Acero se desmoronó estrepitosamente y el comunismo pareció entrar en decadencia. Sin embargo Plinio Corrêa de Oliveira vio en estos hechos no tanto una acentuada decadencia, sino una astuta metamorfosis mediante la cual el comunismo, camuflado principalmente en la revolución ecológica de fondo socialista y autogestionario, procura imponer más que nunca al mundo moderno transformaciones radicales, respecto a las cuales el propio capitalismo de Estado no es, en el pensamiento de Marx, sino una etapa.
*       *       *
 A la luz de este ensayo el autor fundó un movimiento de inspiración católica: la Sociedad Brasileña de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad, que se extendió rápidamente fundándose, inspiradas en ella, entidades semejantes en casi toda América. Los ideales de la Tradición, Familia y Propiedad proyectaron su irradiación doctrinal en Europa, donde las TFPs actúan en casi todos los países. Además, se han constituido entidades afines o bureaux de representación en Africa, Asia y Oceanía.
Se formó así el mayor conjunto de entidades anticomunistas de inspiración católica del mundo contemporáneo, que actúan intensamente allí donde existen.

 Es dentro de este enorme acervo de producción intelectual y de actuaciones concretas como ha de comprenderse el alcance de la más reciente obra del profesor Corrêa de Oliveira, a ser difundida en los cinco continentes.
Responde cuestiones fundamentales para el hombre contemporáneo, que duda entre dos modelos de sociedad. Uno, de inspiración nítidamente católica y tradicional, fundado en el supuesto de que las desigualdades proporcionales y armónicas entre las diversas clases sociales están en total consonancia con la doctrina católica y los principios básicos de la Civilización Cristiana.
El otro parte de la idea de que toda desigualdad es injusta, y conduce la sociedad a la lucha de clases y a la esterilidad -o a la sub-producción.
Los que aceptan el primer modelo encuentran simpática e importante la opción preferencial por los pobres, tan encomiada por el Papa Juan Pablo II, y también simpática y esencial para el buen orden social la existencia de élites auténticas, con vigorosa base religiosa y familiar. Pues una sociedad sin élites es como un cuerpo sin cabeza.
Al ilustre pensador brasileño le parece importante preservar esta gran verdad en los medios católicos, minados hoy por una crisis de autoridad y casi diríamos, de identidad, que llevó al Papa Pablo VI a afirmar que “La Iglesia atraviesa hoy un momento de inquietud. Algunos se ejercitan en la autocrítica, se diría que hasta en la autodemolición”; y que se tiene la sensación de que “por alguna fisura ha penetrado el humo de Satanás en el templo de Dios” (cf. Discurso al Pontificio Seminario Lombardo, 7/12/68, y homilía Resistite Fortes in Fide, 29/6/1972, en Insegnamenti di Paolo VI, Tipografía Vaticana, vol. VI, p. 1, 188 y vol. X, p. 707).
Tomando en consideración el carácter esencialmente jerárquico de la Iglesia fundada por N.S.J.C., y la suprema autoridad en el ejercicio de las funciones de enseñar, santificar y gobernar a los fieles, que corresponde a los Soberanos Pontífices, el autor pensó con acierto que, para orientar a las multitudes católicas, nada podría compararse en eficacia a un estudio que diera a conocer los principales documentos pontificios sobre esta materia. Para los millones de católicos que hay en el mundo, ninguna voz se asemeja en prestigio y autoridad a la de los sucesores de San Pedro.
Se trataba de poner en evidencia que, sin perjuicio de la opción preferencial por los pobres, los católicos fieles deben ejercer también una opción preferencial por los nobles.
Este objetivo le llevó a estudiar a fondo las catorce magníficas alocuciones con que Pío XII habló con paternal afecto y entusiasmante sabiduría sobre qué es en nuestros días la Nobleza y cuáles los deberes que le corresponde cumplir, aún cuando, privada de los bienes de fortuna, conserva todavía el brillo del nombre ilustre y las tradiciones de un pasado que ha de ser continuado con fidelidad.
También Pío XII demostró que las puertas de la Nobleza deben abrirse para ciertas categorías nuevas, puestas en relieve en el mundo contemporáneo por las transformaciones sociales y económicas, en un régimen de colaboración y ósmosis gradual.
La Nobleza debe ir extendiendo hacia esas categorías los predicados de una verdadera élite, ayudándolas a ascender gradualmente desde las carencias intelectuales y morales del “nuevo-riquismo” hacia los altos valores de la tradición. Estas deben mostrarse ávidas de asimilarlos en bien propio y para el bien común de la sociedad, transformándose en élites análogas y hermanas de la Nobleza, y no en rivales y adversarias de ésta.
Tenemos la seguridad de que estas enseñanzas, completadas con citas de otros Papas, de Santo Tomás y de otros Doctores de la Iglesia ayudarán a la Nobleza e Hidalguía españolas a conservar celosamente su identidad consigo mismas, y a encontrar la definición precisa de su misión y de su propia razón de ser en la sociedad contemporánea.
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Séanos lícito acentuar junto con el profesor Plinio Corrêa de Oliveira, que la condición fundamental impuesta por Pío XII para que la Nobleza, Hidalguía y élites análogas cumplan sus importantes misiones de modo ejemplar es que perseveren con firmeza en la Fe, en la práctica ejemplar de los Mandamientos y en la vida de piedad, alimentada por la asidua frecuencia de los Sacramentos, pues sin estos recursos sobrenaturales el apóstol de nuestros días nada conseguirá hacer, como nada hubieran hecho los apóstoles de antaño. […]




viernes, 31 de julio de 2020

El riquísimo contenido de "Nobleza y élites tradicionales análogas" - El autor no vaciló en enfrentar los prejuicios antinobiliarios - Visión de conjunto (3)

  1978. Juan Pablo II acaba de ser elegido sucesor de San Pedro.

Su título oficial es el de Obispo de Roma,

Vicario de Jesucristo,

Sucesor del Príncipe de los Apóstoles,

Sumo Pontífice de la Iglesia Universal,

Patriarca de Occidente, Primado de Italia,

Arzobispo Metropolitano de la Provincia Romana,

Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano,

Siervo de los Siervos de Dios

El nuevo Papa da su bendición urbi et orbi:

a la ciudad de Roma y al mundo entero.

Hace 20 años vio la luz Nobleza y élites tradicionales análogas”, con un mensaje al lector que hoy sintetizamos. El histórico acontecimiento tuvo lugar el 19 de marzo de 1993, bajo los auspicios de San José, Príncipe de la Casa de David y Obrero, cuya festividad se celebraba.

El mensaje evocaba los artículos publicados en 1956 por Plinio Corrêa de Oliveira en la revista “Catolicismo”, comentando las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana.
Los comentarios permiten percibir la penetración de espíritu y personalidad del autor, que no vaciló en enfrentar los prejuicios antinobiliarios difundidos en Occidente, con una actitud considerada “iconoclasta” ante los principios igualitarios de la Revolución Francesa y la comunista, verdaderos ídolos para muchos de nuestros contemporáneos.
Al publicar la obra hizo las necesarias adaptaciones, ampliando y actualizando sus comentarios en función de las cambiadas condiciones del momento, e incluyó textos de alocuciones de Juan XXIII y de Pablo VI –no pudiendo hacerlo con textos de Juan Pablo II por no encontrarse referencias sobre el tema en las publicaciones oficiales del Vaticano.
El interés de la materia suscitaba el deseo de estudiar el asunto también en la doctrina de los antecesores de Pío XII. Siendo imposible remontarse al santo y glorioso pontificado de San Pedro, debió trazarse un límite definido, remontándose hasta Pío IX, cuyo pontificado inaugura la serie de los que se podrían calificar como Papas contemporáneos, posteriores a las convulsiones de la Revolución Francesa.
La lectura de todos esos documentos muestra que sólo Pío XII trató metódicamente el tema, explicando qué es la Nobleza, cuál fue su misión y cual era en los días del recordado Pontífice; misión que continúa siendo fundamentalmente la misma hoy. Por esa razón se ofrece al público de lengua castellana la transcripción de las referidas alocuciones. Se incluyen citas de otros documentos y también la alocución de Benedicto XV al Patriciado y a la Nobleza romana (9.I.1920), por la profundidad y amplitud en que trata el tema.
Pío XII supo soslayar la repetición temática ofreciendo siempre aspectos nuevos del tema, extendiéndolo hasta sus más ricas profundidades.

El lector encontrará también en la obra temas relacionados con el asunto central, como por ejemplo:
• la formación orgánica de las élites tradicionales análogas a la Nobleza;
• los conceptos revolucionaros de libertad, igualdad y fraternidad, esparcidos mundialmente por la Revolución Francesa, en contraposición a los conceptos correlativos de la doctrina católica;
• la doctrina católica sobre las formas de gobierno: monarquía, aristocracia y democracia;
• la indispensable necesidad de que exista la Nobleza en una sociedad auténticamente católica.
Estos asuntos forman una especie de corona en torno al tema central del libro: la función social de la Nobleza y de las élites tradicionales análogas en la sociedad contemporánea. Que han sido objeto de luminosas enseñanzas pontificias y de comentarios de Santos y Doctores de las más variadas épocas. Para satisfacer el deseo de quien quiera profundizar dichos temas, el autor completa la obra con una muy expresiva selección de documentos, y  nuevas reflexiones enriquecedoras.
Nos alegra hoy, 20 años después de su aparición, hacer llegar a nuestros lectores esta visión de conjunto de “Nobleza y élites tradicionales análogas – en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana”, para estimular la lectura de una obra “angustiosamente actual” (como la calificó el Cardenal Alfons Stickler), clave para la restauración de un orden temporal católico.

Un joven recluta de la Guardia Suiza Pontificia jura la bandera, en el patio de San Dámaso del Sacro Palacio Apostólico, en el Vaticano

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martes, 21 de julio de 2020

Opción preferencial: ¿qué significa esta expresión? - "Nobleza y élites tradicionales análogas" de Plinio Correa de Oliveira - (Visión de conjunto, 2)



Opción preferencial…
Padre de los nobles – Padre de los pobres

“La opción preferencial por los nobles y la opción preferencial por los pobres no se excluyen, y menos aún se combaten…” – Visión de conjunto (2)

Opción preferencial por los nobles: la expresión quizá pueda sorprender a primera vista a quienes se han familiarizado con una fórmula grata a Juan Pablo II: “opción preferencial por los pobres”. No obstante, es precisamente una opción preferencial por los nobles la que anima este libro.

La gran objeción que esta afirmación puede suscitar es que ex natura rerum -por lo menos- un noble tiene relaciones, es importante y rico. Por lo tanto, si incidentalmente se encuentra en una situación de penuria, cuenta con múltiples medios para salir de ella. La opción preferencial ha sido ya ejercida en su favor por la Providencia, que le ha dado todo lo necesario para recuperar su situación.

Exactamente lo contrario le ocurre al pobre: no es ilustre, no dispone de relaciones útiles, le faltan frecuentemente los recursos para remediar sus propias carencias. En consecuencia, una opción preferencial que le ayude a atender sus necesidades -al menos las esenciales- puede ser de estricta justicia.

Así pues, una opción preferencial por los nobles podría parecer un sarcasmo contra los pobres.
En realidad, esta antítesis entre nobles y pobres tiene cada vez menos razón de ser si se considera, conforme lo recuerda Pío XII en sus alocuciones al Patriciado y a la Nobleza romana, que la pobreza va alcanzando progresivamente un número cada vez mayor de nobles, y que el noble pobre se encuentra en una situación más lamentable que el pobre no noble, pues este último, por las propias limitaciones de su condición, puede y debe despertar el sentido de justicia, así como la generosidad del prójimo.

Por el contrario, el noble, por el propio hecho de serIo, tiene razones para no pedir auxilio, y prefiere esconder su nombre y su origen cuando no le queda otro remedio sino dejar aparecer su pobreza. Es lo que, con expresivo lenguaje, se llamaba otrora pobreza vergonzante.

Atender las necesidades de estos nobles -así como las de los empobrecidos de cualquier otra clase social- era objeto de especial encomio por parte de los antiguos, y la caridad cristiana encontraba mil artificios para aliviar la situación de los pobres vergonzantes, a fin de que recibiesen la ayuda necesaria sin que sintieran herida su propia dignidad [1].
Pero no sólo el pobre en recursos materiales merece una opción preferencial, sino también aquellos a quienes, por las circunstancias de su vida, tienen deberes especialmente arduos para cumplir, y les corresponde una mayor responsabilidad en el cumplimiento de esos deberes, tanto por la edificación que de ahí puede resultar para el cuerpo social, como, en sentido contrario, por el escándalo que su transgresión puede acarrear al mismo.
Como se muestra en la presente obra [2], en estas condiciones se encuentran frecuentemente miembros de la Nobleza contemporánea.

La opción preferencial por los nobles y la opción preferencial por los pobres no se excluyen, y menos aún se combaten, según enseña Juan Pablo II: “Sí, la Iglesia hace suya la opción preferencial por los pobres. Una opción preferencial, nótese; no, por lo tanto, una opción exclusiva o excluyente, porque el mensaje de la salvación está destinado a todos” [3].

Estas diversas opciones son modos de manifestar el sentido de justicia y caridad cristianas que no pueden sino hermanarse al servicio del mismo Señor, Jesucristo, modelo de los nobles y de los pobres, según nos enseñan con insistencia los Romanos Pontífices [4].
Sirvan estas palabras de esclarecimiento para quienes, animados por el espíritu de lucha de clases -de momento en evidente declinio-, imaginan la existencia de una inevitable conflictividad en las relaciones entre el noble y el pobre. Esta intelección equivocada ha llevado a muchos de ellos a interpretar las palabras opción preferencial, usadas por S.S. Juan Pablo II, como preferencia exclusiva. Dicha interpretación, apasionada y facciosa, carece de cualquier objetividad. Las preferencias de alguien pueden incidir simultáneamente y con diversos grados de intensidad, sobre varios objetos; por su propia naturaleza, la preferencia por
uno de ellos no indica de ningún modo una forzosa exclusión de los demás.

Plinio Correa de Oliveira, “Nobleza y élites tradicionales análogas – En las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana” –

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(Páginas preliminares)
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1) Cfr. Documentos II.
2) Cfr. Capítulo I, 1 y 3; Capítulo II, 1; Capítulo IV, 9 y 10, Capítulo VII, 8.
3) Ad Patres Cardinales et Curiae Romanae Pontificalisque Domus Praelatos, imminente Nativitate Domini coram admissos, 21/12/84 in A AS LXXVII [1985] 511.
4) Cfr. Capítulo IV, 8; Capítulo V. 6: Documentos IV.

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domingo, 19 de julio de 2020

"Nobleza y élites tradicionales análogas", de Plinio Correa de Oliveira: una obra "angustiosamente actual" (Cardenal Stickler) - Visión de conjunto, 1

Carta del Cardenal Alphons Maria Stickler,  S.D.B., al Prof. Plinio Corrêa de Oliveira: “A estos mis votos agrego fervientes oraciones al Señor y a la Madre de la Iglesia, a fin de que le sostengan en la obra tan benéfica como angustiosamente actual para el tiempo que vivimos”.    
(Ilustración de abajo) …transponiendo a las élites del Nuevo Continente el papel que le cabe a la Nobleza en Europa…

 Estas notas van dirigidas especialmente a los numerosos interesados en la misión actual de la Nobleza y de las élites tradicionales, tema central de esta obra cumbre del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira.
 Contenido
El importante y documentado libro contiene íntegramente las famosas alocuciones de Pío XII y un estudio analítico. Incluye también enseñanzas de otros Papas,  destacándose la categórica declaración de Paulo VI de que el Magisterio de su predecesor conserva entera actualidad después del Concilio Vaticano II.
La obra constituye un compendio sobre la misión contemporánea de las élites tradicionales, sus deberes y derechos, y su protagonismo en la consecución del bien común de la sociedad, transponiendo al Continente americano el papel que le cabe a la nobleza europea.
Ha merecido elogiosas cartas de apoyo que se brindan al lector, por ejemplo de los Cardenales Ciappi, Oddi y Stickler, y de los teólogos Spiazzi y Fray Victorino Rodríguez y Rodríguez, quienes resaltan la oportunidad y el alcance del Libro.
El Card. Stickler afirmó que se trata de una obra tan benéfica cuanto angustiosamente actual en el tiempo en que vivimos.
Editada inicialmente en España, Italia y Portugal, y luego en Alemania, Estados Unidos, Francia y Austria, su tiraje inicial en castellano fue de 15.000 ejemplares,  prologados por los Duques de Maqueda. La edición portuguesa cuenta con el prólogo de S.A.I.R.  D. Luiz de Orleáns y Braganza, Jefe de la Casa Imperial brasileña; y la francesa, del historiador Georges Bordonove.
La campaña de difusión tiene como objetivo contribuir a que las auténticas élites realicen una acción ejemplar rumbo a la elevación religiosa, moral y cultural de los pueblos hispanos.¡Lo invitamos a participar de ella! Escríbanos…

 010 Visión de conjunto rojo

miércoles, 15 de julio de 2020

Una Noche de Reyes durante la Fronda


 Ana de Austria tenía toda la presencia y personalidad de una Infanta. Como Reina de Francia le tocará defender el trono de su hijo Luis XIV durante la Fronda. Fueron sus palabras: “si cedo a las exigencias del Parlamento, mi hijo sería poco más que un rey de cartas”
Las costumbres tradicionales en el Ancien Régime, la torta de reyes, la presencia de ánimo de las personas de sangre real ante el peligro y las incomodidades surgen de esta sustanciosa historia
Luis XIII, Rey de Francia, valiente y de buenas costumbres, murió relativamente joven, en 1643, poco después que su todopoderoso Primer Ministro, el Cardenal Richelieu.  Le correspondió ejercer la regencia a su mujer, la vigorosa Reina Ana de Austria, hija del Rey de España, durante la minoridad de su hijo y heredero del trono, Luis XIV. El que, de acuerdo a Funck-Brentano,  “proyectaría sobre el trono de Francia un brillo sin igual –un brillo legendario”, quien a la muerte de su padre, contaba con sólo 5 años.
La política centralista de la Corte y la susceptibilidad, no exenta de tintes revolucionarios, del Parlamento de París, que agitaba al pueblo, no tardaron en causar desavenencias entre la Reina y el Parlamento, que desembocaron en la “Fronda parlamentaria” y la guerra civil.
La Reina decía que, si cediera a las exigencias del Parlamento, “mi hijo sería poco más que un rey de cartas”.
La situación en París se había tornado riesgosa para Ana y el pequeño Luis, en aquella helada noche de Reyes del año 1649. Celebrando la “fiesta de los Reyes Magos”, en cada hogar de Francia se cortaba una torta conteniendo un haba, y a quien le tocaba el haba, era proclamado rey. La inocente costumbre contenía ese año una amarga ironía.
“Fui a ver a la Reina –cuenta Madame de Motteville en sus memorias- “y la encontré en su pequeño cuarto, atendiendo al juego del Rey, sin aires de pensar en otra cosa.
“Madame de La Trémoille, que estaba sentada junto a ella, me dijo muy despacio: ‘se rumorea que esta noche la Reina está dejando Paris’. Me encogí de hombros ante una idea que me parecía fantasiosa…
“La Reina se veía más animada que de costumbre. Los Príncipes y Mazarino vinieron a presentarle sus respetos pero no se quedaron, ya que iban a comer a lo del Mariscal de Gramont, que, en esa noche, recibía siempre con esplendor…
“Para entretener al Rey, la Reina cortó la torta, y el haba le tocó a ella misma… Las damas de compañía comimos como de costumbre en la habitación del guardarropas… y tan bien engañadas estábamos, que todas nos reímos con ganas, con la Reina, de los que habían difundido el rumor de que ella estaba dejando Paris esa noche…”
         El Mariscal de Villeroi dejó dormir al Rey, que tenía 10 años, hasta las tres de la mañana. A esa hora lo despertó, y también al pequeño Monsieur, su hermano, ubicándolos en el carruaje que los esperaba en la puerta del jardín. La Reina fue con ellos por la escalera secreta que conducía al jardín, y cuando llegaron al patio Cours la Reine, la Reina paró a esperar al resto de la familia real. Las calles estaban a oscuras y ella llevaba sólo una pequeña linterna.
El Castillo de Saint-Germain-en-Laye acogió a la Reina y a Luis XIV niño en la helada noche de Reyes en que debieron abandonar París
Acompañados por Gastón de Orleáns y Condé, se dirigieron a la residencia de campo de Saint-Germain. Aún estaba oscuro cuando las carrozas entraron al patio del palacio, en el que no había ni una cama, ni una silla, ni una alfombra. Enviar muebles hubiera despertado sospechas. “Hasta el Rey y la Reina carecían de todo lo necesario para sus sagradas personas”, escribe Jean Vallier, el maître d’hotel.
Entre los acompañantes del Rey se encontraba su joven prima Ana María Luisa de Orleáns. Mademoiselle era la princesa más rica de Francia, nieta de Enrique IV e hija de la sangre real  
Acostumbrada a un servicio de 60 personas, mayor que el que habían tenido sus tías, la Reina de España, la Reina de Inglaterra y la Duquesa de Saboya antes de casarse, no tenía a nadie. Esa noche debió pasarla tiritando de frío sobre un jergón de paja, con una de sus hermanas, niña que –en el palacio vacío- todo el tiempo veía fantasmas.
 Comía con su tío, Monsieur,  cuya mesa “era muy pobre”. “Pero eso no me privó de estar animosa” –cuenta ella misma.  Monsieur me admiraba por no quejarme. Las incomodidades nunca me dejan disgustada, y estoy muy por encima de las pequeñas dificultades”.
Otro tanto ocurría con la Reina: “Nunca he visto a nadie tan alegre como ella”. Hasta se podía pensar que había ganado la contienda.
Ana de Austria se sentía aliviada de poder adoptar una línea brava, luego de tantos meses de concesiones. Así, también, sin duda, se sentía Luis.

Fuentes: Louis XIV, Vincent Cronin, The Reprint Society, London
Histoire de France – II Monarchie Française, F. Funck-Brentano, Flammarion
Larousse gastronomique
La “Fiesta de los Reyes” dio lugar a tortas y roscas llenas de colorido en todos los países cristianos