ALGUNOS CONTORNOS DEL SUPREMO PODER DEL PONTIFICE ROMANO DE ACUERDO A SANTOS, PAPAS Y DOCTORES
SAN ROBERTO BELLARMINO: “(…) Así como es licito resistir al Pontífice que agrede el cuerpo, así también es lícito resistir al que agrede las almas, o que perturba el orden civil o, sobre todo, a aquel que intentase destruir la Iglesia. Digo que es lícito resistirle no haciendo lo que ordena e impidiendo la ejecución de su voluntad” (p. 70).
CAIETANO: “Se debe resistir de frente al Papa que públicamente destruye la Iglesia” (p. 70).
PAPA INOCENCIO III: “sólo por el pecado que cometiese en materia de fe podría yo ser juzgado por la Iglesia” (p. 14).
* * *
Para mejor comprensión de la colección de textos de Santos, Papas y Doctores que estudiaron o se pronunciaron, conforme el caso, siempre por amor a la Iglesia, sobre la hipótesis teológica del Papa hereje, publicamos hoy estos tres textos de la compilación difundida en la entrada anterior del blog "Aristocracia y Sociedad orgánica". Próximamente continuaremos con las restantes citas.
Traducidos del portugués, del libro del Dr. Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira sobre la Hipótesis teológica del Papa hereje
jueves, 26 de septiembre de 2019
jueves, 19 de septiembre de 2019
Contornos del Supremo Poder del Pontífice Romano de acuerdo a Santos, Papas y Doctores
ALGUNOS CONTORNOS DEL SUPREMO PODER DEL PONTIFICE ROMANO DE ACUERDO A SANTOS, PAPAS Y DOCTORES
SAN ROBERTO BELLARMINO: “(…) Así como es licito resistir al Pontífice que agrede el cuerpo, así también es lícito resistir al que agrede las almas, o que perturba el orden civil o, sobre todo, a aquel intentase destruir la Iglesia. Digo que es lícito resistirle no haciendo lo que ordena e impidiendo la ejecución de su voluntad” (p. 70).
CAIETANO: “Se debe resistir de frente al Papa que públicamente destruye la Iglesia” (p. 70).
PAPA INOCENCIO III: “sólo por el pecado que cometiese en materia de fe podría yo ser juzgado por la Iglesia” (p. 14).
SANTO TOMAS DE AQUINO, estudiando el episodio en que San Pablo reprendió a San Pedro, escribe: “a los prelados (les fue dado ejemplo) de humildad, para que no se nieguen a aceptar reprensiones de parte de sus inferiores y súbditos; y a los súbditos (fue dado) ejemplo de celo y libertad, para que no teman corregir a sus prelados, sobre todo cuando el crimen fuera público y redundara en peligro para muchos (…). La reprensión fue justa y útil y su motivo no fue leve: se trataba de un peligro para la preservación de la verdad evangélica (…). El modo como se dio la reprensión fue conveniente, pues fue público y manifiesto. Por eso San Pablo escribe: ‘Hablé a Cefas’, es decir a Pedro, ‘delante de todos’, pues la simulación practicada por San Pedro acarreaba peligro para todos” (p. 69).
CORNELIO A LAPIDE muestra que, de acuerdo a San Agustín, San Ambrosio, San Beda, San Anselmo y muchos otros Padres, la resistencia de San Pablo a San Pedro fue pública “para que de ese modo el escándalo público dado por San Pedro fuese remediado por una reprensión también pública” (p. 71),
CARDENAL JOURNET: “Los antiguos teólogos (Torquemada, Caietano, Bañez), que pensaban, de acuerdo con el “Decreto” de Graciano, que el Papa, infalible como Doctor de la Iglesia, podía sin embargo personalmente pecar contra la fe y caer en herejía, con mayor razón admitían que el Papa podía pecar contra la caridad, inclusive en cuanto ésta realiza la unidad de la comunión eclesiástica, y así caer en el cisma (…). En cuanto al axioma “donde está el Papa está la Iglesia”, vale cuando el Papa se comporta como Papa y jefe de la Iglesia; en caso contrario, ni la Iglesia está en él, ni él en la Iglesia (Caietano, II-II, 39, 1)” (p. 44).
SAN ROBERTO BELLARMINO sustenta que “el Papa hereje manifiesto deja por sí mismo de ser Papa y cabeza, del mismo modo que deja por sí mismo de ser cristiano y miembro del cuerpo de la Iglesia; y por eso puede ser juzgado y castigado por la Iglesia” (p. 32).
DOM GUÉRANGER: “Cuando el pastor se transforma en lobo le cabe al rebaño, en primer lugar, defenderse. (…) hay en el tesoro de la Revelación puntos esenciales, que todo cristiano, dado su propio título de cristiano, necesariamente conoce y obligatoriamente ha de defender” (pp. 67-68).
SUAREZ: “(…) sería contrario a la dignidad de la Iglesia obligarla a permanecer sujeta a un Pontífice hereje, sin poder expulsarlo de sí misma; pues tal como es el príncipe y el sacerdote, tal acostumbra ser el pueblo” (p. 26).
“DECRETUM” de Graciano: “El Papa (…) no debe ser juzgado por nadie a menos que se aparte de la fe” (p. 14).
WERNZ-VIDAL: “Los medios justos a ser empleados contra un mal Papa son, de acuerdo a Suárez (….), la advertencia o la corrección fraterna en secreto o inclusive pública, así como la legítima defensa contra una agresión sea física o moral” (p. 71).
SAN IVO DE CHARTRES: “no queremos privar las llaves principales de la Iglesia de su poder, (…) a menos que se aparte manifiestamente de la verdad evangélica” (p. 13).
PEINADOR cita y hace suyo el siguiente principio enunciado por Santo Tomás: “habiendo peligro próximo para la fe, los prelados deben ser argüidos, incluso públicamente, por los súbditos” (p. 72).
SUAREZ: “(…) el Pontífice herético niega a Cristo y a la verdadera Iglesia; luego, se niega también a sí mismo y a su cargo; luego está por eso mismo privado de ese cargo” (17).
SUAREZ: “Y de este segundo modo el Papa podría ser cismático, en caso de que no quisiera tener con todo el cuerpo de la Iglesia la unión y la conjunción debida, como sería (…) si quisiera subvertir todas las ceremonias eclesiásticas fundadas en tradición apostólica” (p. 43).
GUIDO DE VIENNE (CALIXTO II), SAN GODOFREDO DE AMIENS, SAN HUGO DE GRENOBLE y otros Obispos, reunidos en el Sínodo de Vienne (1112), enviaron al Papa Pascual II las decisiones que adoptaron, escribiéndole además: “Si, como absolutamente no creemos, escogiereis otro camino y os negareis a confirmar las decisiones de nuestra paternidad, válganos Dios pues así nos estaréis apartando de vuestra obediencia” (p. 12).
PAPA ADRIANO II: “Honorio fue anatematizado por los Orientales; pero se debe recordar que él fue acusado de herejía, único crimen que torna legítima la resistencia de los inferiores a los superiores, así como el rechazo de sus doctrinas perniciosas” (p. 11).
VI CONCILIO ECUMENICO, sobre cartas del Papa Honorio y del Patriarca Sergio: “habiendo verificado que se encuentran ellas en entero desacuerdo con los dogmas apostólicos y las definiciones de los santos Concilios y de todos los Padres dignos de aprobación, y por el contrario han seguido las falsas doctrinas de los herejes, nos las rechazamos de modo absoluto y las execramos como nocivas a las almas” (p. 9).
PAPA SAN LEON II: “Anatematizamos (…) a Honorio, que no ilustró esta Iglesia apostólica con la doctrina e la tradición apostólica sino permitió, por una traición sacrílega, que fuese manchada la fe inmaculada” (p. 10).
LOS TEOLOGOS MODERNOS en su casi totalidad reconocen, explícita o implícitamente, probabilidad a la tesis de que un Papa puede caer en herejía –no, evidentemente, cuando habla “ex cathedra”, pues en ese caso es infalible. Así se pronuncian, por ejemplo (*): Billot, Car. L., “De Eccl.”, 617 (p. 6); Bouix, 666 (p. 23); Chelodi, 245; Congar, 1306; Coronata, 367 (p. 62); Dublanchy, 1716-1717; Ferreres, 129; Hervé, 495; Hurter, 412; Iragui, 366; Journet, Card. C., I, 625 ss.; II, 1063 ss., 839 (p. 44); Kueng, 292 ss.; Lercher, I, 212-213; Mazzella, Card. C., 817, 819 (p. 63); Mazzella, H., 545 (p. 63); Mondillo, 163 ss., 185 ss. (p. 10, 14); Mora, 185; Palmieri, 630 ss. (8-9); Pesch, “Prael.”, 303; Pruemmer, 131 (63-64); Regatillo, I, 299; R. de M., 265-266; Salaverri, 718 (p. 16); Sipos, 156; Straub; §1068; Urdanoz, Com. Vitória, 427; Van Laak, 5065 ss.; Vermeersch-Creusen, I, 292; Wernz-Vidal, 517 ss., Wilmers, 258, 279; Zinelli, (p. 16).
ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº
(*) Indicamos las obras de esos teólogos en las pp. VIII ss. de este volumen. El número entre paréntesis indica las páginas del presente volumen.
lunes, 2 de septiembre de 2019
InfoVaticana: El Sínodo de la Amazonia al servicio de la agenda neo-pagana
Fotografía del sitio oficial de internet del Vaticano
INFOVATICANA : El Sínodo al servicio de la agenda neo-pagana
Lo que el Instrumentum laboris propone no es en definitiva sino un convite a que la humanidad dé el último paso rumbo al abismo final de la Revolución anticristiana: el anarco-primitivismo de John Zerzan y del terrorista Unabomber
José Antonio Ureta
21/06/19 2:24 PM
El periodista Edward Pentin, del National Catholic Register, tuvo la amabilidad de solicitar mis primeras impresiones sobre el Instrumentum laboris para la próxima Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, divulgado en el día de ayer. Lo hago con mucho gusto como editorial para el sitio de internet panamazonsynodwatch.org
En mi opinión, el Instrumentum laboris representa la abertura, de par en par, de las puertas del Magisterio a la Teología India y de la Ecoteología, dos derivados latinoamericanos de la Teología de la Liberación, cuyos corifeos, después del derrumbe de la URSS y del fracaso del «socialismo real», atribuyeron a los pueblos indígenas y a la naturaleza el rol histórico de fuerza revolucionaria, en clave marxista.
Al igual que la TL, el Instrumentum laboris toma como base de sus elucubraciones, no la Revelación de Dios contenida en la Biblia y en la Tradición, sino en la realidad de la supuesta «opresión» a la que estaría sujeta la Amazonía la cual, de simple área geográfica y cultural, pasa a ser «interlocutor privilegiado», «lugar teológico», «lugar epifánico» y «fuente de revelación de Dios» (n°2, 18 y 19).
Desde el punto de vista teológico, el Instrumentum laboris no sólo recomienda la enseñanza de la Teología India «en todas las instituciones educativas», para «una mejor y mayor comprensión de la espiritualidad indígena» y para que «se tomen en consideración los mitos, tradiciones, símbolos, ritos y celebraciones originarios» (n° 98), sino que, a lo largo del documento, repite todos sus postulados. O sea, que las «semillas del Verbo» no sólo están presentes en las creencias ancestrales de los pueblos aborígenes sino que ya han «crecido y dado frutos» (n° 120), por lo que la Iglesia, en lugar de la evangelización tradicional que busca su conversión, debe limitarse a «dialogar» con ellos ya que «el sujeto activo de la inculturación son los mismos pueblos indígenas» (n° 122).
En ese diálogo intercultural, la Iglesia debe además enriquecerse con elementos claramente paganos y/o panteístas de tales creencias, como «la fe en Dios Padre-Madre Creador», las «relaciones con los antepasados», la «comunión y armonía con la tierra» (n° 121) y la conectividad con «las diferentes fuerzas espirituales» (n° 13). Ni siquiera la curandería queda al margen de ese «enriquecimiento». Según el documento, «la riqueza de la flora y de la fauna de la selva contiene verdaderas ‘farmacopeas vivas’ y principios genéticos inexplorados» (n° 86). En ese contexto, «los rituales y ceremonias indígenas son esenciales para la salud integral pues integran los diferentes ciclos de la vida humana y de la naturaleza. Crean armonía y equilibrio entre los seres humanos y el cosmos. Protegen la vida contra los males que pueden ser provocados tanto por seres humanos como por otros seres vivos. Ayudan a curar las enfermedades que perjudican el medio ambiente, la vida humana y otros seres vivos» (n° 87).
En el plano eclesiológico el Instrumentum laboris es un verdadero terremoto para la estructura jerárquica que la Iglesia tiene por mandato divino. En nombre de la «encarnación» en la cultura amazónica, el documento invita a reconsiderar «la idea de que el ejercicio de la jurisdicción (potestad de gobierno) ha de estar vinculado en todos los ámbitos (sacramental, judicial, administrativo) y de manera permanente al sacramento del orden» (n° 127). Resulta inconcebible que el documento de trabajo de un Sínodo pueda cuestionar una doctrina de fe, como es la distinción, en la estructura de la Iglesia, entre clérigos y laicos, afirmada desde el Primer Concilio de Nicea en adelante y basada en la diferencia esencial entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial de los clérigos, que tiene su raíz en la sucesión apostólica y está dotado de una potestad sacra. Se inserta en esa dilución del sacerdote católico en algo similar a un pastor protestante el llamado a reconsiderar la obligatoriedad del celibato (n° 129 § 2) y, más aún, el pedido de identificar qué tipo de «ministerio oficial» puede ser conferido a la mujer (§ 3). El Cardenal Joseph-Albert Malula, de Zaire, y Mons. Samuel Ruiz de Chiapas deben estar agitándose en sus tumbas al ver que los proyectos que trataron de implementar (y que fueron rápidamente interrumpidos por el Vaticano) ahora están siendo propuestos en un Sínodo que, según sus organizadores, tiene valor universal.
Desde el punto de vista ecológico, el Instrumentum laboris representa la aceptación por parte de la Iglesia de la divinización de la naturaleza promovida por las conferencias de la ONU sobre el medio ambiente.
En efecto, ya en 1972, en Estocolmo, sus actas oficiales decían que el hombre ha mal administrado los recursos naturales sobre todo por causa de «una determinada concepción filosófica del mundo». Mientras «las teorías panteístas … atribuían a los seres vivos una parte de la divinidad … los descubrimientos de la ciencia condujeron … a una especie de desacralización de los seres naturales», la cual retira su mejor justificación «en las concepciones judeo-cristianas, según las cuales Dios habría criado el hombre a su imagen y le habría dado la Tierra para que la someta». Al contrario, decía la ONU, las prácticas del culto a los ancestros «constituían un baluarte para el medio ambiente, en la medida en que los árboles, o los cursos de agua eran protegidos y venerados como reencarnación de los ancestrales» (Aspects éducatifs, sociaux et culturels des problèmes de l’environnement et questions de l’information, ONU, Asamblea General, Estocolmo, 5-6 junio 1972, A/CONF.48.9, p. 8 y 9).
Y en el discurso conclusivo de la Eco92, de Rio de Janeiro, el Secretario General de la ONU, Boutros Boutros-Ghali, declaró que «para los antiguos, el Nilo era un Dios que se venera, así como el Rhin, fuente infinita de mitos europeos, o la selva amazónica, madre de todas las selvas. En todas partes, la naturaleza era la habitación de las divinidades. Ellas confirieron a la selva, al desierto, a la montaña, una personalidad que imponía adoración y respeto. La Tierra tenía un alma. Reencontrarla, resucitarla, tal es la esencia de [la Conferencia Intergubernamental] de Rio» (A/CONF.151/26, vol. IV, p. 76).
¡Esa agenda neopagana de la ONU ahora es propuesta por una Asamblea Sinodal de la Iglesia Católica!
El Instrumentum laboris, citando un documento de Bolivia afirma que «la selva no es un recurso para explotar, es un ser o varios seres con quienes relacionarse» (n° 23) y prosigue afirmando que «la vida de las comunidades amazónicas aún no afectadas por el influjo de la civilización occidental [¡sic!] se refleja en la creencia y en los ritos sobre el actuar de los espíritus, de la divinidad – llamada de múltiples maneras – con y en el territorio, con y en relación a la naturaleza. Esta cosmovisión se recoge en el ‘mantra’ de Francisco: ‘todo está conectado’» (n° 25).
Desde el punto de vista económico-social, el Instrumentum laboris es una apología del comunismo, disfrazado de «comunitarismo». Y de la peor forma de comunismo, que es el colectivismo de las pequeñas comunidades. En efecto, según el documento, el proyecto de «buen vivir» (sumak kawsay) de los aborígenes supone «que hay una inter-comunicación entre todo el cosmos, en donde no hay excluyentes ni excluidos». La nota explicativa del vocablo indígena envía para una declaración de varias entidades indígenas, intitulada «El grito del sumak kawsay en la Amazonia», la cual afirma que dicho vocablo «es una Palabra más antigua y más actual» (con mayúscula en el texto; o sea, una Revelación divina) que nos propone «un estilo de vida comunitaria con un mismo SENTIR, PENSAR y ACTUAR» (también aquí las mayúsculas son del texto).
Esta frase nos recuerda la denuncia hecha por Plinio Corrêa de Oliveira, en 1976, del tribalismo indígena como una nueva etapa, todavía más radical, de la Revolución anárquica: «El estructuralismo ve en la vida tribal una síntesis ilusoria entre el auge de la libertad individual y del colectivismo consentido, en la cual este último acaba por devorar la libertad. En tal colectivismo, los varios ‘yo’ o las personas individuales, con su pensamiento, su voluntad, su sensibilidad y sus modos de ser, característicos y discrepantes, se funden y se disuelven, según ellos, en la personalidad colectiva de la tribu generadora de un pensar, de un querer, de un estilo de ser densamente comunes».
Lo que el Instrumentum laboris propone no es en definitiva sino un convite a que la humanidad dé el último paso rumbo al abismo final de la Revolución anticristiana: el anarco-primitivismo de John Zerzan y del terrorista Unabomber.
José Antonio Ureta
Archivado en: Sínodo Amazonía
lunes, 17 de junio de 2019
Escenas salteñas de hidalguía y heroísmo - 17 de junio - Instituto Güemesiano de Salta (conferencia)
ESCENAS SALTEÑAS DE HIDALGUIA Y HEROISMO
Luis María Mesquita Errea
Conferencia en acto del Instituto Güemesiano de Salta el 17 de junio de 2013
(Publicada en el Boletín del Instituto Güemesiano de Salta – ed. 2014)
Evocaremos en estas notas escenas y aspectos coloridos de aquella Salta que fue baluarte de resistencia, finalmente victorioso, a las tentativas invasoras del absolutismo. Que fue exponente de un estilo de vida muy argentino y norteño, gestado en más de dos siglos y medio a partir del nacimiento de la Argentina fundacional.
Estilo de vida marcado a fondo por valores como hidalguía, hospitalidad, cortesía y heroísmo, que daban un sabor particular a la existencia y eran el molde que explica este florecimiento de héroes que tuvo su máximo exponente en don Martín Miguel de Güemes. Valores que impregnaban el ambiente social y que quedaron plasmados en mil episodios, de la vida cotidiana o de grandes lances, como los que veremos a continuación.
I. ESTOCADA SALTEÑA A PREPOTENCIA NAPOLEONICA
Sobre el origen de los Moldes dice Bernardo Frías, a quien seguiremos en este primer episodio, que descienden del hidalgo gallego don Juan Antonio Moldes, quien llegó a Salta en el crepúsculo del tiempo virreinal con proyectos de establecerse como comerciante pujante y de largas miras.
Fundó aquí la rama americana de esta vieja familia casando con María Antonia Fernández, Sánchez de Loria del lado materno, “de singular belleza”, descendiente de primeros pobladores del Noroeste.
Con la de Gurruchaga, fueron las casas comerciales más poderosas de la región, que proveyéndose en principio directamente en Cádiz, surtían de mercaderías ultramarinas a una vasta red comercial al sur y al norte del subcontinente.
Afirma Frías que los empleos lucrativos americanos ofrecían oportunidades a la juventud distinguida de España –en aquellos tiempos de centralismo mercantilista – pero a su vez “los empleos públicos del gobierno del Rey en la Península, eran con facilidad ocupados por los jóvenes nobles y ricos de América”. Pues si daban prestigio “por estar al lado del Rey”, no daban fortuna, y para obtenerlos “era menester gastar mucho y mucho dinero” (“Tradiciones Históricas”, 6ta., p. 169).
Así, los hijos del matrimonio Moldes-Fernández Sánchez de Loria estudiaron en el Monserrat, en Córdoba, doctorándose uno de ellos en Chuquisaca y, por influencia paterna, fueron a proseguir su formación en la Metrópoli.
El más gallardo, José, el futuro Coronel Moldes, poseía las características de la Nobleza antigua, apreciando su honor más que la vida. Era arrogante y arrebatado, íntegro y austero, lujoso en su traje, valeroso y heroico. Obtuvo una plaza en la Guardia de Corps Americana, a la que sólo accedían miembros de familias principales, “puesto de rango y de alta distinción”, con el grado de Alférez. Formado en el Colegio de Nobles de Madrid, resultó un eximio maestro en el manejo del sable. Vivía en palacio y formaba parte de la guardia real. En ese escenario lo sorprendieron los acontecimientos dirigidos solapadamente por Napoleón para apoderarse de la Monarquía hispana.
Con pretexto de hacerle la guerra a Portugal obtuvo el pase de los ejércitos franceses por territorio español y, terminada victoriosamente la campaña, “las fuerzas francesas quedaron no más ocupando la Península”, en puntos estratégicos.
La escuadra española había sido destruida en Trafalgar, y en el país cundía la anarquía. Hacía de jefe del gobierno el ministro Godoy, cuyo infame encumbramiento es por todos conocido, y los dos bandos, el que lo apoyaba y el que lo detestaba -encabezado por el futuro Fernando VII-, se despedazaban frente al enemigo común que esperaba impaciente la ocasión de dar el zarpazo final –o que pensaba que sería final…
Era parte del teatro de desgracias, cientos de miles de víctimas y conmociones en que la Revolución Francesa y su continuador, Napoleón, habían colocado a la Europa de fines del Antiguo Régimen, comenzando por la propia Francia. La reacción contra lo que Pierre Gaxotte llama “la Terreur communiste”, hizo que la Revolución fuera retrocediendo, y en ese retroceso estratégico y previsto con décadas de anticipación jugó Bonaparte un papel fundamental (ver conversación entre Dantón y el Duque de Chartres, a quien le recomendó cuidarse pues sería el futuro “rey burgués” Luis Felipe, cuando las mareas de sangre en que el primero preveía su propia muerte se hubiesen aquietado, como sucedió).
General surgido de las filas de la izquierda “montagnarde”, Bonaparte encabezó la metamorfosis de la República en Consulado y finalmente en Imperio militarista y burocrático carente de toda tradición y arraigo.
Esto explica la expresión de Ranke, quien lo llama “jacobino coronado”, más precisamente auto-coronado, pues invitó al Papa al acto pero él mismo tomó la corona y se la puso en su propia cabeza.
Napoleón, fiel a su jacobinismo, y a la consigna “hemos de pisotear la flor de lis”, había degradado todo lo posible las antiguas dinastías, había repudiado a Josefina de Beauharnais para casarse con la Archiduquesa María Luisa de Habsburgo, hija del Emperador de Austria, para poder decir “nuestro abuelo Carlomagno” (¡), y cebándose en la decadente rama española de la Casa de Borbón, estaba por infligirle a España una de las mayores humillaciones de su historia en la “farsa de Bayona”.
Así, no extraña que peninsulares y americanos –sin llegar a calificarlo de “Anticristo”, como lo hacían los austríacos- detestaran al Corso y la naturaleza del régimen que se iba enseñoreando de la Península, más la alevosía y caradurez de sus procedimientos.
Un sonado lance caballeresco proyectaría la figura del Alférez José de Moldes a una situación de preeminencia entre sus pares americanos. Un militar napoleónico de alta graduación, de los que estaban pasando a estar de moda, de apellido Réguières y de la familia Mouton [n.: “carnero”, “borrego”], era obsequiado con un banquete en palacio. “En el momento de los brindis, relata Frías, el enviado francés, muy pagado con los triunfos casi universales de Napoleón, y algo perturbado el entendimiento por el exceso que había hecho de los vinos, hablando a su turno dijo, escapándosele el secreto de su amo (Napoleón): ‘Los franceses somos invencibles, el Emperador lo ha probado paseándose victorioso por Europa; y el día que se nos antoje, conquistaremos también y nos apoderaremos de España y de sus Colonias”.
“Un sordo murmullo de protesta se dejó oír en la concurrencia y, de su seno, alzóse como un león, un arrogante joven militar que con voz entera le dijo: ‘Los ingleses han probado que eso es más difícil de lo que a usted se le figura’.
“ ‘¡Bah! –respondió el francés con desprecio; -esos fueron unos estúpidos que se dejaron correr por la canalla de la calle!”
Para calibrar lo injurioso del calificativo, recordemos que a los inspiradores de la Revolución Francesa, notadamente a Voltaire, les encantaba volcar su desprecio por el pueblo simple, no “iluminado” –de quien se presentaban como “redentores”-, caracterizándolo como “la canalla”. Con la diferencia de que en las Invasiones Inglesas no peleó “canalla” alguna sino todo nuestro pueblo, con sus clases dirigentes a la cabeza, hasta los esclavos negros y aún los niños.
“-Esa canalla –le contestó Moldes avanzando hacia él- no es de la familia de los Mouton [“carneros”], y tiene el pecho más fuerte que el de usted –le dijo asentándole un golpe de puño en el pecho que lo derribó en tierra. - ¡Ya usted lo ve!
“Arreglóse en seguida un duelo a sable, y Moldes despachó en el lance al otro mundo a su adversario, herido malamente en la cabeza y en el costado”.
Comenta el Dr. Frías: “Dos pueblos a un tiempo, el pueblo argentino y el español, quedaban así vengados por mano del coronel Moldes.
“Aquel suceso, que resonó ruidosamente en España y en América, rodeó a Moldes de universal simpatía y popularidad. El Rey lo colmó de favores; uno de ellos fue su ascenso a Teniente Primero de la Guardia de Corps, título que equivalía a coronel en cualquier cuerpo del ejército español”.
Así, la hidalguía del Teniente Moldes había sido de aquellas que restauran la honra…
* * *
Napoleón, dueño del poder en la Península (1808), luego de Bayona, corona a su hermano José, apodado “Pepe Botella”. Madrid todo grita: “¡Mueran los franceses!”; grito que se extiende por todo el país inflamando la guerra de la Independencia hispana.
Ocasión excelente para defender los derechos de independencia de los “reinos de ultramar” o colonias contra el asaltante corso. Los jóvenes americanos residentes en Europa, con José de Moldes a la cabeza, actúan: Pueyrredón –recién llegado a Madrid- pega la vuelta para informar los sucesos, pero es interceptado en Cádiz. Moldes y Gurruchaga son tomados en prisión como sospechosos de alzamiento contra Napoleón en las colonias, cómplices con Pueyrredón. Hábilmente, sobornan la guardia y huyen.
Reunidos los jóvenes americanos, consternados, piden apoyo a Inglaterra. Moldes gestiona pasaje en buque inglés y se dirige a Cádiz.
Se había proclamado pena de muerte para todo el que se comunicara con la escuadra inglesa enemiga. Por 300 duros fleta una embarcación desafiando el peligro, con su hermano, y Juan y Manuel de Tezanos Pinto, de Jujuy, rumbo a la escuadra, bajo las sombras de la noche. El Capitán inglés vio lo interesante del proyecto para beneficio de su nación y les facilitó el pase a Londres; allí Moldes conferencia con Canning y acuerdan que Inglaterra apoyaría la insurrección de Buenos Aires con 8.000 soldados.
Mientras tanto, la situación política da un viraje de 180 grados; España pasó a ser, de enemiga, amiga de Francia (Frías, p. 181). Diputados de diferentes regiones de la Península van a Londres a solicitar alianza contra Napoleón, para revertir su conquista. Inglaterra tenía al mismo tiempo “dos interesantes suplicantes”: América y España. Prefirió a España, que ofrecía mayores ventajas. Moldes fracasó por esto, y 42 americanos se embarcaron rumbo a Buenos Aires a trabajar la opinión pública a favor de la independencia, dada la situación turbulenta que vivía España.
También fue Moldes quien costeó el pasaje de los que no podían pagarlo. Iban O’Higgins, Riva Agüero, Pueyrredón, Gurruchaga y “los Moldes hermanos del jefe”. Intentaban repartirse por todas las regiones, preparar los ánimos para tan trascendental y peligrosa empresa, ya que todas las autoridades –en ese momento de extraordinaria confusión- eran españolas, que podían considerar cualquier movimiento sospechoso como “alta traición” y castigarlo con la muerte.
Nada interesaba, sólo el gravísimo asunto, angustioso, de que podría Napoleón posesionarse de América. Había que lograr la independencia, al menos hasta que el Rey cautivo recobrara su libertad.
Así volvieron al continente americano, dejando lo ya adquirido en Europa, desdeñando las ofertas ventajosas de los napoleónicos y exponiendo la vida. Llegaron a Buenos Aires el 7 de enero de 1809.
Encontraron gran turbulencia, rumores y versiones mentirosas; en medio de ese ambiente debían estos jóvenes, testigos presenciales de los hechos en la Península, hablar de la verdad y, lo más difícil: ser creídos, cada uno en su tierra natal.
II. HIDALGA HOSPITALIDAD DE UN PATRIARCA RURAL – HACENDADOS SEÑORIALES
Transcurre más de una década. Tiempo después del trágico 17 de junio de 1821, llegan a Salta mineros ingleses. Vienen recorriendo nuestro extenso territorio observándolo todo con agudeza. Nos transmiten un testimonio directo de sus impresiones sobre las personas, los lugares, las costumbres.
Acompañemos este precioso relato.
“Después de andar unas trece leguas, llegamos a la estancia de un cabaIlero que fué figura notable en la revolución, grande y sincero patriota, aunque español. Fuimos allí cordialmente recibidos, por recomendación del doctor Redhead, de Salta. Llamábase Don Domingo Puch [n.: “Puche” en el texto citado], el amigo del doctor, y hubimos de quedar altamente gratos a su hospitalidad”.
En prueba de ello cuenta la siguiente anécdota:
“Acertaron a pasar por allí, en viaje a Potosí, poco tiempo antes de nuestra llegada, dos o tres súbditos ingleses, que, tomando la residencia de Don Puch por posada, aprovecháronse sin reatos [n.: sin escrúpulos] de las bondades que brindaba, pues tenían intención de pagar cuanto consumieran; hicieron de la casa, en resumen, lo que hubieran hecho de una posada en su país. Pidieron de comer lo mejor, no olvidando invitar el propietario al banquete. Llegado el momento de partir y al pedir la cuenta, contestóles el patriota vizcaíno que habían confundido la clase de lugar en que habían sentado sus reales, pues su casa no era "pulpería " y no sólo negóse a recibir nada en pago, sino que todavía les hizo seguir viaje a Salta en animales de su propiedad y gratis”.
Enlutado y melancólico, pero dueño de sí
e invariablemente generoso
“Era nuestro huésped [n.: anfitrión] padre político del general Güemes, bravo defensor de Salta contra las fuerzas realistas del Alto Perú. La muerte del valiente oficial y de la esposa de Puch, acaecidas casi al mismo tiempo, tornáronle gravemente melancólico, pues era su esposa dama a quien amaba entrañablemente, como amábanla también las gentes del lugar (…)”.
Interesante reconocimiento tributado aquí al “bravo defensor de Salta” y “valiente oficial”, General Güemes, de quien don Domingo Puch fue tan buen consejero y auxiliar, un verdadero padre político.
La hospitalaria mesa de Don Domingo Puch:
“la mejor vianda” de las comarcas sudamericanas
Hagamos un alto en la huella para un pequeño “test” gastronómico: ¿Cuál considera el lector el mejor plato que se puede degustar en nuestros campos? La elección de los viajeros puede sorprenderlo, pero coincide con la opinión de mucha gente de campo actual…
“La comida, en la hospitalaria mesa de don Domingo, fué digna de notar. Era abundante, y entre exquisita variedad de platos, una cazuela de armadillo [n.: quirquincho] que difícilmente encontraría rival en lo sabrosa. Con frecuencia habíamos observado ya esas como ratas con caparazón, corriendo por los caminos, pero como sucede con las vizcachas, los peones y gentes del campo no les dan valor por abundantes. He aquí, cómo casi perdimos la mejor vianda que se encuentre viajando por esas comarcas sudamericanas” (Andrews, o.c., pp. 128-29).
Susto y bondad paternal con los esclavos
Un pequeño incidente casero permite apreciar la afectividad que reinaba en esos tiempos entre señores y criados. Algo que nacía espontáneamente de las propias raíces de una sociedad familiar y orgánica.
“Partimos de la estancia de don Domingo el 25 rehusando aquél toda remuneración por el alboroto y molestias ocasionadas. Y digo alboroto porque mientras conversábamos la noche anterior con las señoras de casa, nos llamó de pronto la atención un grito estridente, y como acudiéramos rápido al lugar de donde procedía, con una vela encendida, encontramos a nuestro minerálogo que, distraído y a obscuras, había entrado en un cuarto vecino, donde se encontraba una negra vieja y arrugada que pasaba allí lo último que le quedaba de vida”.
¿Y quién sería esta añosa señora?
“Era esta mujer una fiel y antigua criada a quien se había cedido aquella habitación para pasar sus últimos años y hacer las paces con Dios, según costumbre muy común con los esclavos de aquel país” [n.: el destaque en negrita es nuestro].
Más larguezas: queso, charqui, jamon, dulces y una manteca prodigiosa
Ya lejos de la estancia de Puch, los viajeros descubren nuevas gentilezas desinteresadas del patriarca:
“Al abandonar el carruaje nos informó nuestro capataz que el bueno de don Domingo había introducido en él, con todo disimulo, un queso de respetables dimensiones, cierta cantidad de excelente charqui, un jamón y algunos dulces. Prueba esto la hospitalidad de aquellas gentes y sus sentimientos bondadosos para los ingleses. Asemejábase el queso por su tamaño al nuestro de Cheshire, y por su sabor y calidad al Stilton; el jamón, bueno, aunque no tan bien curado como el Yorkshire. Encontramos también una botella de piedra con leche, que, por el movimiento del coche, se había hecho manteca”.
Felicidad de situación de los peones
“Los peones de estancia, cuya subsistencia depende de los patrones, son la gente más alegre y feliz del país”.
Notable testimonio que harían bien en leer algunos desinformados, de hecho o por propia voluntad.
El patriarcal hacendado les regala dos jacas
“La mañana del 25 amaneció encantadora, y antes de partir fuimos obsequiados por nuestro huésped con un par de jacas, que contribuyeron a que dos de los nuestros hicieran el viaje con mayor comodidad, al mismo tiempo que resultaba agradable ejercicio esta manera de viajar”.
Atenciones del estanciero don Ignacio Sierra y de otros hacendados – Inalterable hospitalidad mas allá de los intereses materiales
La forma de recibir a los visitantes de Don Domingo Puch era simplemente magnífica, casi fabulosa, en una situación personal que ya no era nada floreciente; pero lo interesante del punto de vista histórico es que no se trataba de un caso aislado: era parte esencial de un estilo de vida, como dijimos al comienzo, y aún de hacer tratos comerciales en forma caballeresca y con beneficio de ambas partes, en contraste con el estilo actual, copiado de las violentas fantasías hollywoodianas, que va creando una realidad de pesadilla.
Algunos ejemplos:
“Era propietario de esta estancia don Ignacio Sierra, quien nos trató con todo género de atenciones: como necesitáramos caballos, los contratamos aquí para el resto del viaje hasta Salta, cincuenta leguas de distancia”.
La venida del Cap. Andrews a Salta a explorar distritos mineros generó imaginable expectativa en los propietarios, las que se vieron defraudadas al anunciarles que no venía en tren de concretar negocios. No obstante, la hospitalidad rural no se desmintió en modo alguno.
“Ese día nos detuvimos en varias estancias o granjas cuyos propietarios, advertidos de nuestra llegada, tenían preparadas para mostrarnos las muestras de oro de sus respectivas posesiones con la idea probablemente de hacer fortuna rápida, como alguno de los tenedores de acciones en nuestro país. No obstante el desengaño que experimentaban al saber que no nos encontrábamos en tren de negocios y no podíamos, por lo tanto, complacerles, nada excedería a la liberalidad de su conducta, a la franqueza del recibimiento, a la genuina hospitalidad que se nos dispensaba”. El destaque es nuestro; los comentarios huelgan.
Admirando La Lagunilla y cumbres “coronadas de rosas”
Otra diferencia con la mentalidad “metálica” corriente realza el interés de estas escenas. La intemperancia del hombre adorador del éxito modelo “Hollywood” lo hace incapaz de apreciar maravillas naturales o culturales. Mira y siente a través de una “S” surcada por una barra, o del oro, sin siquiera apreciar la excelencia de este noble metal.
Estos viajeros y sus anfitriones, hacendados, mineros, hombres de negocios, eran gente educada, con alma como para ver y apreciar. No perdían tiempo pero no eran esclavos de la agitación ni el apuro. Y se alimentaban de todo lo interesante, maravilloso, especialmente lo bello que encontraban en su camino, no considerando tiempo perdido el apartarse de la senda arrostrando peligros y trabajos para el supremo placer desinteresado de contemplar.
“El camino de Lagunillas a Salta corre paralelo a una hilera de montañas cubiertas hasta la cumbre de vegetación de infinita variedad. Las cimas, vistas desde abajo, parecían coronadas de rosas. Nos costó inmenso trabajo y mucho tiempo subir hasta donde esas rosas parecían crecer; una vez arriba nos convencimos que no se trataba de rosas, sino de grandes flores o capullos de algodoneros de montaña. Los nativos llaman a este árbol “yuchán” o “algodón del monte", y emplean el producto en rellenar almohadas, colchones, etc. El tamaño del yuchán o palo borracho puede calcularse en seis veces el del algodonero común” (o.c., paginas 132 33).
Los hombres de entonces no sólo eran atraídos por tesoros mineros. Los encantaba la exquisitez de formas y colores de la flor del palo borracho y la gracia de ese gran botellón, torreón acorazado de espinas, coronado de “rosas”, que custodia las sendas del Norte.
III. CORTESIA Y HEROISMO DE UN GUERRERO, JUAN ANTONIO ALVAREZ de ARENALES
Arenales nació en 1770 en Asturias, la legendaria tierra en que don Pelayo inició la Reconquista, de antigua estirpe. Huérfano a los 9 años, su educación quedó en manos de su pariente, el eclesiástico don Remigio Navamuel. Cadete a los 13, pasó al “Fijo” de Buenos Aires. Se destacó en la campaña de la Banda Oriental recibiendo despachos de Teniente Coronel acordados por el Virrey Arredondo. Cumplió funciones en el Alto Perú, favoreciendo a los indígenas. Preso en la revolución de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809, fue conducido al Callao; pero logró escapar y llegó a Salta, donde había fundado su hogar casándose con doña Serafina Hoyos.
Cabildante en esta ciudad, bajó de la hacienda de Pampa Grande con una milicia de gauchos y se puso al frente de la resistencia al absolutismo, liberando los prisioneros de Las Piedras que allí se encontraban, asumiendo el cargo de Gobernador provisional.
Combatió en la batalla de Salta “en la que tuvo descollante actuación”, dice Udaondo (“Grandes Hombres de nuestra Patria”, I, p. 107 y ss.).
Nombrado Gobernador de Cochabamba, desarrolló ”una campaña memorable, tan larga como heroica” (ibid.). Citando a Bartolomé Mitre comenta que ”por sus antecedentes, por su carácter típico y por la originalidad de sus hazañas, es uno de los hombres más extraordinarios de la revolución argentina”. “…se trataba a sí mismo con más dureza que a los demás: austero en sus costumbres, tenaz en sus propósitos y de una actividad infatigable, reunía las virtudes civiles del ciudadano, los talentos del administrador y una voluntad inflexible en el mando, una cabeza fértil en expedientes en medio de las circunstancias más difíciles de la guerra” (ibid.).
“En esa histórica campaña –prosigue Udaondo- Arenales, al frente de 300 hombres, en un ataque a 900 realistas al mando del coronel Blanco, en los campos de La Florida, el 25 de mayo de 1814, logró una espléndida victoria después de hacer gala de un denuedo romancesco. En esa memorable acción estuvo a punto de perder la vida, al combatir con estupendo valor contra un grupo de enemigos que le habían sorprendido y rodeado en momentos en que se consideraba terminada la lucha, y recibir catorce heridas”.
El triunfo de La Florida fue decisivo para la libertad de Santa Cruz y pesó en la evacuación del Norte por el ejército de Pezuela. En su homenaje se le dio el nombre a la tradicional calle Florida, de Buenos Aires.
Posteriormente, por orden de San Martín, Arenales abrió una nueva campaña en el Alto Perú, donde sus triunfos le valieron la promoción al grado de General. Más tarde prestó nuevos servicios al Libertador en su campaña al Perú, y encontrándose al mando de una división derrotó al General O’Reilly en la célebre batalla del Cerro de Pasco, iniciando luego la segunda campaña de la Sierra –que fue menos afortunada, de acuerdo a José Teófilo Goyret (“Nueva Historia Argentina”, IV, p. 340), pese a que procedió “con su reconocida decisión y capacidad táctica”. En el Perú fue nombrado Gran Mariscal y en Chile Mariscal de Campo, regresando a Salta luego de 15 años de servicios.
Aquí fue elegido gobernador en 1822, tomando las armas nuevamente para enfrentar al Gral. Olañeta.
Tuvo la responsabilidad de organizar el contingente salteño para la Guerra con el Brasil, enviando 500 veteranos bien armados.
Bernardo Frías elogia su valor, su rectitud, y destaca su talento sólido y despierto, inteligencia vivaz y poderosa y su constancia y actividad inquebrantables.
Admirado, Udaondo le atribuye un parecido moral y físico con Aníbal incluso en la forma de su cabeza, grande y como cuadrada. Supo ganarse el respeto de sus enemigos, “que habían de llegar a confiar en su delicadeza y caballerosidad: lo más caro de su corazón”.
Vestía siempre su uniforme militar. En campaña, era sumamente austero, pero no olvidaba de llevar consigo servilleta, y cubierto y jarro de plata. En viaje a Bolivia terminó sus días en brazos de sus hijos el 4 de diciembre de 1831 (Udaondo, cit.).
Brillo y capacidad de la sociedad salteña
El Capitán inglés J. Andrews, en su interesante travesía, pasa por Salta en tiempos en que gobernaba el General Arenales.
Queda favorablemente impresionado por la categoría de la sociedad, por la gracia y elegancia de las damas.
“Las damas de Salta –escribe- gozan de fama proverbial en las provincias por su belleza y finos modales, a lo que podría agregarse un porte lleno de vivacidad y distinción, que aumenta sus atractivos. La sociedad se clasificaría entre las de alto rango. “Los hombres no son menos sagaces, liberales y de inteligencia natural que los de cualquier otro pueblo sudamericano. Han adelantado tanto como pueden permitírselo sus condiciones naturales”.
¿Podremos decir lo mismo de la Argentina actual? ¿Ha adelantado tanto “como pueden permitírselo sus condiciones naturales”? Que la historia nos sirva de llamador y estímulo…
Aludiendo a versiones distorsionadas, no raras en autores “ilustrados” que hablaban del “remoto” mundo hispano-americano, dice:
“Nada habrá que desengañe tanto a quien se haya formado mezquinas ideas de esa gente, como [de] su estado social. De su capacidad superior adquirí irrefutables pruebas en las diversas conferencias y comunicaciones que tuve con ellos”.
Al tratar de Juan Antonio Alvarez de Arenales comunica con calor sus impresiones:
“No debo terminar mis anotaciones sobre Salta sin ocuparme del gobernador, general Arenales, que distinguióse con brillo en la revolución, especialmente en las campañas de las provincias del Río de la Plata, Chile y Perú. Cítase principalmente entre sus hechos de armas la victoria que obtuvo en Pasco contra la columna realista enviada desde Lima, al mando del general O'Reilly; encontrábase allí con una pequeña división del ejército libertador, dejada por San Martín para distraer al enemigo. En conocimiento de que el general O'Reilly había salido de Lima con propósito de atacarle, resolvió valientemente anticipar el encuentro, y relativamente con un puñado de hombres arremetió contra las fuerzas realistas en Huamanga, valle de Xauja, destruyendo o tomando prisionero todo el ejército. Llámase comúnmente a esta batalla de Pasco, y pasa por una de las victorias más importantes en sus consecuencias entre las obtenidas durante la guerra. Después de la batalla de Pasco, Arenales se reunió con San Martín en Huara, al norte de Lima”.
A esta altura hace una afirmación curiosa con respecto a la edad de Arenales, que planteamos como un enigma pendiente de aclaración:
“Frisa actualmente en los ochenta años y lleva las cicatrices de numerosas heridas que atestiguan su valor en batalla. Consérvase aún activo e infatigable en el desempeño de los importantes deberes de su cargo. Gobierna con firmeza y equidad que le hacen acreedor al respeto y estimación de todos”
Finaliza con este breve y atrayente retrato del guerrero:
“Físicamente es alto y delgado, y hay en su aspecto vestigios de grandes luchas morales y penurias materiales sobrellevadas. En su mejilla izquierda se deja ver una profunda herida de sable, que aumenta el aspecto singularmente interesante de su grave rostro español”.
* * *
Nos despedimos de Andrews y del estimado lector con sus amenas impresiones que completan el cuadro general que hemos intentado pintar, de un estilo de vida marcado por valores tradicionales:
“El viajero encuentra en Salta la misma bondadosa hospitalidad que en cualquiera de las otras ciudades que visité en Sud América. Puede decirse que es ésta una de las características de las gentes de allí, pues adonde uno vaya ha de encontrar siempre las puertas abiertas y exquisita cortesía en armonía con la buena educación y el deseo de ser agradable a los extranjeros”.
No dudamos de que en este pasaje y los restantes se reflejan características del verdadero pueblo de América del Sur, que no han desaparecido enteramente a pesar de la masificación y el deterioro cultural, y que es tarea de quienes amamos la historia y la tradición mantener vivas para nuestro presente y futuro.
BIBLIOGRAFIA
ANDREWS, J. – “Viaje de Buenos Aires a Potosí y Arica”, Ed. Hyspamérica, Biblioteca Argentina de Historia y Política – Buenos Aires, 1988
BARRUEL, Abbé Augustin – “Mémoires pour servir à l’Histoire du Jacobinisme”, Ed. “Diffusión de la Pensée Française”, Nouvelle Édition 1973, 2 tomos
FRÍAS, Bernardo - “Historia del Gral. Güemes y de la Prov. de Salta”, t. II - Buenos Aires, 1971 -
FRIAS, Bernardo – “Tradiciones Históricas” – El Coronel Moldes – VI Tradición – Ed. “La Facultad”, Buenos Aires, 1929
GAXOTTE, Pierre, de l’Académie Française – “La Révolution Française” – Arthème Fayard - ca. 1971
GOYRET, Teófilo – “Las campañas libertadoras de San Martín”, en “Nueva Historia de la Nación Argentina”, Ed. Planeta, t. IV, pp. 315-46 – Buenos Aires, 2000
MESQUITA ERREA, Luis María – “El guerrero y el caballo en la gesta hispanoamericana”, Boletín del Inst. Güemesiano nº 36 – Salta
RANKE, Leopold von – „Geschichte der Welt“ – 12 tomos –
„Preuβische Geschichte“ – Ed. DTV
UDAONDO, Enrique et al. – “Grandes hombres de nuestra Patria” – Ed. Pleamar, 3 tomos – v. Juan Antonio Alvarez de Arenales
sábado, 25 de mayo de 2019
Siglos de Fe en Argentina y América preanuncian un futuro glorioso - El período fundacional
II
Jornada de Cultura Hispanoamericana por la Civilización Cristiana
Cabildo
histórico de Salta
SIGLOS DE FE EN ARGENTINA Y AMÉRICA PREANUNCIAN UN FUTURO GLORIOSO –
La formación de la
civilización cristiana y mariana en nuestro suelo y su resistencia a la
Revolución igualitaria (ca. 1530-1830)
Luis María Mesquita Errea[1]
8 de septiembre de 2006, fiesta del Nacimiento
de Nuestra Señora “que regocijó a todo el universo”
Objetivo:
brindar un panorama del desarrollo de la Civilización Cristiana en
Argentina durante el período hispánico, y mostrar la crisis que sufrió en los
períodos iluminista-absolutista y de ruptura de lazos con España.
Es de fundamental importancia para entender y valorar nuestra identidad
comprender que lo que se encuentra en nuestros orígenes no es sólo la extensión
de la civilización hispánica del siglo XVI a esta parte de América sino una
realidad superior, que existió vigorosamente y aún existe, como lo enseña San
Pío X:
· (...) la civilización no está por
inventar, ni la ciudad nueva por construir en las nubes. Ha existido, existe;
es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de
instaurarla y restaurarla sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana, de la
revolución y de la impiedad: omnia instaurare in Christo" (Notre
Charge Apostolique[2]).
Procuraremos mostrar con ejemplos su formación y el ataque planificado
de que fue objeto a partir del siglo XVIII, apoyados en tres pilares: la Fe católica
y las enseñanzas pontificias, los datos históricos y la sana crítica.
Abordando el tema
Con los matices y excepciones que comportan las divisiones temporales,
consideramos a grandes rasgos cuatro períodos, teniendo en cuenta ciertas
constantes:
I. Fundacional –al que llamamos “Siglo de Oro”-, circa 1530-1630;
II. De consolidación –que llamaremos “Siglo de Plata”-, ca. 1630-1750;
III. Del resquebrajamiento provocado del Imperio Español (ca. 1750-1810);
IV. De ruptura de vínculos con España y acción de gobiernos
influenciados por las ideas de la Revolución Francesa, que deben reconocer la
catolicidad del pueblo argentino (ca.
1810-1830)
I.
PERÍODO FUNDACIONAL – “SIGLO DE ORO” (ca. 1530-1630)
Está marcado por fundaciones perdurables y procesos creadores que justifican llamarlo
nuestro “Siglo de Oro”.
Evangelización
Se inicia el más valioso y decisivo de estos procesos:
la evangelización, meta primordial perseguida por los Reyes de la Casa de
Austria en América, herederos del afán misionero de Isabel la Católica,
expresado en su
célebre codicilo:
"Cuando nos fueron
concedidos por la Santa Sede Apostólica las islas y tierra firme del mar
océano, nuestra principal intención fue de procurar inducir y traer los
pueblos de ellas y los convertir a nuestra Santa Fe Católica (...)”.
Esta “principal intención” es
reiterada constantemente y da lugar a una de las mayores obras de apostolado de
la Historia.
Ciudades
Comienza la etapa de fundación de ciudades, uno de los
bienes más preciados que, con la Fe, la lengua y la unidad política y cultural,
aporta España. Es un proceso coherente, como se ve en el Tucumán. En la
precariedad inicial, dentro de las limitaciones materiales y con visión de
futuro, nacen con aspiraciones de cristiana grandeza. Concretan un excelente
ordenamiento jurídico y se inspiran en una sublime concepción de la vida, un
estilo, una cultura, que es parte viva de la Cristiandad; se dan en el marco
del estado misional español, como lo define Cayetano Bruno, S.D.B.
Las ciudades son el alma de los nuevos reinos de ultramar, miembros geográficamente
lejanos nutridos de la savia de un Imperio que asume la misión de extender la
Fe y defender el mundo cristiano contra los musulmanes y herejes y promover la
Contra-Reforma.
Una aspiración parcialmente realizada, a la espera de
su plena concreción
Esto no se da de manera perfecta e íntegra, pues ya están
presentes los fermentos de la crisis cultural del Renacimiento y de la
pseudo-Reforma protestante. Ambos
movimientos son parte de esa misma Revolución plurisecular que denuncia San Pío
X, que en la Edad Moderna va generando un tipo humano nuevo: el hombre ávido de
ganancias, pragmático, sensual, quisquilloso y autosuficiente[3].
Estos defectos provocarán enemistades y crisis, e
incidirán en guerras entre españoles, como las del Perú, y con los aborígenes,
como la de Castañeda y Juan Calchaquí, que produce daños irreparables. El
desarreglo tendencial explica la dualidad de proceder de muchos hombres de la
Conquista, no siempre coherentes con su acendrada Fe católica, y aún en
flagrante contradicción con ella.
Un sueño quedará realizado en parte, y en parte permanecerá latente, a la espera
de su entera concreción: el de constituir una Cristiandad de plenitud similar,
o aún mayor, a la que se forjó en la Edad Media, realidad histórica que León XIII
describe así:
"Hubo un tiempo en que
la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados. En esa época la influencia de
la sabiduría cristiana y su virtud divina penetraban las leyes, las
instituciones, las costumbres de los pueblos, todas las categorías y todas las
relaciones de la sociedad civil. Entonces la religión instituida por
Jesucristo, sólidamente establecida en el grado de dignidad que le es debido,
era floreciente en todas partes gracias al favor de los príncipes y a la
protección legítima de los magistrados. Entonces el Sacerdocio y el Imperio
estaban ligados entre sí por una feliz concordia y por la permuta amistosa de
buenos oficios. Organizada así, la sociedad civil dio frutos superiores a toda
expectativa, cuya memoria subsiste y subsistirá, consignada como está en
innumerables documentos que ningún artificio de los adversarios podrá corromper
u obscurecer" (Encíclica Immortale Dei).
Una
visión equilibrada y veraz
Aunque menos plena, nuestra Cristiandad, fue auténtica;
y confiamos en que algún día desarrollará todas sus potencialidades (cf. L.
Mesquita Errea, Puntos clave para una
restauración de la Argentina auténtica).
Al describir con admiración sus venerables trazos no
olvidamos los factores negativos señalados, evitando caer en una idílica
“leyenda rosa”; pero lo negativo no invalida las luminosas realidades
históricas que no obstante se dieron. Dignos de mención especial son los
portentosos hechos milagrosos, desde Guadalupe en adelante, cuya vigencia se mantiene
intacta luego de siglos, que los positivistas y marxistas fingen ignorar,
mutilando la Historia.
El águila bicéfala – Austria est imperari orbi universi (A.E.I.O.U.)
Los cimientos de la Argentina no se edifican en el
siglo XIX, como quisiera la historia oficial. Las naciones hispanoamericanas
nacen de España, verdad tan obvia que no sería necesario recordar si no hubiese
una gigantesca muralla de olvido y mala fe.
No sólo nace la Argentina de España: en el siglo XVI
–dicen autores como el tradicional Vicente Sierra y el liberal José L. Romero-
se forja la matriz psicológica, la propia alma del argentino.
Ese momento capital del alumbramiento se da en nuestro
caso bajo la influencia personal de Felipe II, bisnieto de la Reina Isabel e
hijo del célebre Emperador Carlos V, Sacra
Majestad Cesárea en cuyos dominios no
se ponía el sol.
El Imperio en que nacimos con todos los fueros es el mayor
que vio la historia. Su Rey es un monarca militantemente católico, compenetrado
de la misión de la España de Don Pelayo y San Fernando, de la que participan
sus reinos de ultramar, a los que gobierna con solicitud. En su persona reúne
ricas tradiciones de las que es síntesis viva, de la Alemania imperial,
Flandes, Portugal y Castilla.
La Casa de Austria, a la que pertenece, se ha ido
destilando orgánicamente en el Sacro Imperio que forjó Carlomagno como
institución clave de la comunidad de naciones cristiana. El águila bicéfala, su símbolo heráldico, se
incorpora a las armas de España y extiende sus alas en nobles pórticos de la
América Española.
La sigla A.E.I.O.U. expresa un llamado dinástico, que
el Emperador Federico III interpretaba así: “A Austria le corresponde gobernar
sobre todo el mundo”; y: “Austria será en el mundo la última” (la que llegará
hasta el fin del mundo).
Don Felipe, en esos tiempos de racionalismo, mantiene
rasgos de rey de leyenda. El auge de su lucha contra los enemigos del
Cristianismo es la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571. Intervienen en este magno acontecimiento
grandes varones. El Papa San Pío V forja la Santa Alianza con España y Venecia.
Unidas a la flotilla papal constituyen una magnífica armada que comanda el
medio hermano de Felipe, don Juan de Austria, a quien el Papa aplicaba palabras
del Evangelio, considerándolo un enviado de Dios: hubo un hombre enviado de Dios, cuyo nombre era Juan….
Esta santa alianza se funda principalmente sobre el
poderío español, lo que no es poca gloria, e inflige una inolvidable derrota al
poder musulmán, con el auxilio manifiesto de la Virgen. El Papa –a quien la Madre de Dios comunica
sobrenaturalmente el resultado- instituye la festividad de Nuestra Señora del
Rosario de la Victoria para conmemorar eternamente el histórico triunfo.
Legítimo rey de Portugal, adquiere Felipe el Brasil y soñados reinos de “mil y una noches” en
Africa, Arabia y la India. Las
circunstancias lo ponían en situación del mayor poderío y gloria como Señor de
un Imperio fabuloso nunca visto en el mundo (cf. José Luis Busaniche, Historia Argentina, cap. VII).
El sueño de la Casa de Austria se hace realidad. Incluye
en lugar de honra al Nuevo Mundo, que Pío XII llamará “continente de la
esperanza”. Esperanza de ser el bastión de una comunidad iberoamericana de
naciones renovada que glorifique a María Reina y realice la civilización cristiana
y mariana.
Nacen
la primera ciudad y la nación argentina
En este marco de grandeza católica universal, nace la
primera ciudad argentina en nombre del Rey Carlos I de España, Sacro Emperador
de Alemania. El acta de fundación de Barco es más que esto: es el acta de
nacimiento de la Argentina como nación, como sostienen sabiamente Alejandro
Moyano Aliaga y otros historiadores cordobeses (citado por Prudencio Bustos
Argañaraz en Manual de Historia Argentina).
Los fundadores de ciudades las erigen plenamente
conscientes de las virtualidades de lo que fundan. Veían más allá que ciertos
historiadores, que no ven más que ranchos de adobe y gallinas, sin comprender
que es la civilización que da el tono en el mundo que llega, la del Prado y el
Escorial, la de Santiago de Compostela y la Catedral de Sevilla, la de Lope y
San Juan de la Cruz, la de Las Meninas y el Entierro del Conde de Orgaz, la de San
Ignacio y Santa Teresa.
En tiempos de Aguirre llaman al Tucumán Reino y Provincia del Nuevo Maestrazgo
de Santiago y Nueva Tierra de Promisión. Pues no son burócratas de
Harvard sino soñadores-realizadores de espíritu hidalgo. Desde el Norte estiran
el brazo hacia la Patagonia y conectan el Perú con España por el Río de la
Plata. Lo intentó en la Gran Entrada Francisco de Mendoza, lo reintenta Aguirre
y lo concretan definitivamente Cabrera y Garay.
Fe y Resistencia
El Barco se consolida con Francisco de Aguirre, quien
la rebautiza Santiago del Estero. Los tres traslados anteriores costaron a sus
habitantes inmensas pérdidas y desaliento. Pero no se entregaron, continúan
afrontando penurias y venciendo dificultades que Teresa Piossek describe con
maestría.
Su característica es el espíritu de resistencia y Fe. Su
mayor sufrimiento no es exponer la vida sino el no tener sacerdotes. Como están privados de sacramentos, no son tradicionales
rezadoras sino los vecinos
principales quienes rezan y organizan rogativas y procesiones. Los curtidos en
cien combates. Los que empuñan el arado con los indios. Los que reproducen el
milagro de la viña o del olivo entre quebrachales y algarrobales. En las
riberas del Dulce resuenan cánticos religiosos de Talavera de la Reina o
Medellín...
La tentación de volver al Perú y abandonar una tierra sin
oro ni plata, donde hay enemigos con flechas que hacen morir cruelmente, es
rechazada para que no se pierdan las almas de los naturales en vías de
conversión. Son las palabras que conserva la historia del veterano Cap. Miguel
de Ardiles al Teniente Juan Gregorio Bazán: su voto es decisivo.
El mismo espíritu sopla en el Plata. En 1536, el Adelantado Pedro de Mendoza ha establecido
un asiento precario en el Río de Solís que pasa por indecibles probaciones. Santa María de los Buenos Aires, pese a lo
breve de su existencia, levanta cuatro capillas.
Se
configura el orden cristiano
La Cristiandad hispánica argentina da pasos ciertos:
Nace su primera gobernación, el Tucumán, desde la cuna
vinculada al Perú, centro de nobles
virreyes, graves estadistas, sabios prelados y aún de santos. Felipe II, su creador, la enriquece con tres
regalos dignos de un Rey: el escudo de armas de Santiago, la milagrosa Sábana
Santa y la presencia de San Francisco Solano.
A pedido del monarca, Pío V, Papa y santo, instituye
el Obispado de la Sta. Cruz del Tucumán, primera
diócesis argentina.
Grandes
de nuestra Historia
El Papa y el Rey Católico son, para los primeros
pobladores, las dos Majestades: servirlas es el ideal supremo de vida. La clase noble
tiene sentido trascendente de la existencia; lo reconoce un autor como José
Luis Romero, que no simpatiza con nobles ni trascendencias.
Los conquistadores dan principio a linajes y tradiciones.
Aguirre, Juan Gregorio Bazán, Mexía y Mirabal, Juan Pérez de Zurita, Jerónimo
Luis de Cabrera, Juan Ramírez de Velasco, son grandes señores y esforzados capitanes
que dejan su impronta.
Entre los de heroísmo excepcional se cuenta Francisco
de Argañaraz y Murguía. Sus antepasados, Señores de Mayorazgo, se destacan en
la famosa batalla de Mühlberg, donde el Emperador, con el “gallardo y noble
talle” que pintó Tiziano, bate a los electores protestantes. Les toca la gran
responsabilidad de custodiar al general vencido, príncipe Mauricio de Sajonia.
En la toma del fuerte de la Florida, el padre de nuestro Argañaraz derrota a
punta de espada la guardia de franceses calvinistas y abre las puertas al
ejército español.
Su hijo es el que, desafiando desalentadores presagios
que templan más su acero, funda Jujuy, cerrando el prolífico ciclo fundacional.
El coraje proverbial de su estirpe lo lleva a la increíble captura del cacique
Viltipoco, sacado de sus sueños por el audaz capitán, que se filtra en plena
noche en un cerro desconocido, erizado de guerreros enemigos. No le hace daño
al prisionero, y el buen trato que le da, sumado a su afán apostólico, obra la
conversión del jefe y gana el valle.
Lo dice Sierra: “en las duras jornadas, son
misioneros los conquistadores y conquistan tierras los misioneros”.
Un
gobernador exponencial
La gran empresa de organizar el Tucumán con sus
700.000 km2 de cerros y selvas es fruto del pensamiento de una pléyade de
estadistas de la talla de Toledo y Matienzo. Desde Lima y Charcas trazan las
líneas maestras que ejecutan sobre el terreno hombres como Ramírez de Velasco,
dice Roberto Levillier.
Felipe II lo eligió a él para gobernar el Tucumán.
Pertenecía al linaje, de origen real, de “los verdaderos Ramírez”, aglutinados
a la manera feudal en la Divisa Solar de Nuestra Señora de la Piscina
Probática. Antes de radicarse aquí con su familia, lleva a su primogénito a
rendir pleito-homenaje al Señor Divisero.
Embarca también a nobles para que echen raíces y eleven el ambiente,
cumpliendo su misión de promover excelencia. Uno de ellos es Francisco de
Argañaraz, que en su honor llama a la ciudad San Salvador de Velasco en el
valle de Jujuy.
Su gobierno, como es usual, tiene como
presupuesto y meta el bien común y genera progreso moral y material. También es
fundador: Madrid de las Juntas y
Todos-Santos de la Nueva Rioja.
Es para los vecinos
un padre, y su mujer –de noble casa-
muy grande onrradora.
Se verifica lo de Salvador de Madariaga: lo que España hizo en América fue
ennoblecer.
Encuentro
con el indígena
Las ciudades adoptan nombres que no sólo son poéticos,
son proclamas de Fe.
Ellas atraen al indio, que allí se encuentra con el español, y en las
misiones, encomiendas y reducciones. Pues otra idea vigente es que “en
poblar y en encomendar es el mayor servicio que…se pueda hacer en esta tierra a
Dios”.
Para conocer las
encomiendas, tan calumniadas hoy, podemos recurrir a los expedientes de las
Visitas, donde quedaron asentados los dichos de los indios. Hay denuncias
contra encomenderos pero son poco numerosas; en cambio hay testimonios
abundantes de indígenas que reconocen el buen trato que reciben de aquellos. Hay
expresiones de afecto de los señores por sus encomendados, y existe la
interesante práctica de pedir la conformidad de la comunidad indígena para la
designación de un nuevo encomendero (cf. Alicia Sosa de Alippi, Registro de Encomiendas en territorio
argentino – Siglo XVII, p. 28).
Su principal razón de ser es convertir a los naturales
y consolidar las poblaciones brindando un incentivo a los beneméritos que las gobiernan y defienden sin sueldo alguno.
¿Cómo logra Ramírez de Velasco la vital conversión de
don Juan Calchaquí hijo? Invitándolo a visitar las ciudades y las encomiendas.
Lo que más toca su alma son las ceremonias religiosas.
El aborigen se maravilla por los misterios de la Fe pues “la forma del alma es
la inmensidad” (cf. San Bernardo ap. L’Esthétique
du Moyen-Âge).
Van naciendo cofradías de aborígenes con sus cantos y
tradiciones, trajes típicos y arcos de flores, que influyen en el ambiente y
costumbres de las ciudades fundadas por los blancos. Podemos verlas también hoy
en día en los a y l l i s del Niño Alcalde
y en los Chinos de la Virgen de Andacollo
en La Rioja. Las multitudes de
peregrinos que acuden a los santuarios van germinando en esas primeras
conversiones del alma indígena y mestiza.
Con
la propia sangre
No todo son rosas aquí…ni en ninguna parte ni época. Diversos
factores –barbarie, paganismo, deseo de expulsar a los venidos de otra parte,
malos tratos e injusticias, odios raciales y religiosos- hacen brotar de las
entrañas de la tierra furiosas oleadas de indios
de guerra.
Lo fundado ha costado sangre, sudor y lágrimas. Es parte de una realidad sagrada que
Jesús vino a traer a todos los hombres y compró con su Sangre preciosísima. La
autoridad del Rey, conferida por la Sede Apostólica, no debe ser humillada por
los paganos.
Los Vecinos Feudatarios salen al frente de sus
mesnadas integrando pequeños y aguerridos ejércitos de connotaciones feudales
comandados por el Gobernador, su Teniente o algún vecino Maestre de Campo. Es obligación
del feudatario atender las convocatorias sin demora y en forma personal, secundados
por sus hijos y paniaguados. No es
menuda carga ni tiene cantidad de días por año. Cuando haga falta, con buen o
mal tiempo, oportuna o inoportunamente. No sabe si volverá, pero va porque “Dios lo quiere”…
Son realidades trascendentes que, a diferencia de
tiempos que vendrán, tienen plena vigencia en este mundo aún emparentado a la
Edad Media y a Isabel, ajeno a la mentalidad de colonia defendida por
mercenarios. Antes morir que abandonar la tierra donde fue plantada la Cruz,
donde nacen cristianos de sangre criolla, mestiza, aborigen y negra. Donde ya se cosechan frescas uvas,
se toma vino torrontés y se multiplican las reses. Donde arde frente al
sagrario el aceite de las olivas del Arauco, honrando la presencia real del
“Pan de los Angeles”, que antes de la transubstanciación fuera harina del trigo
de las haciendas.
Criollos
de pro
Son éstas en realidad verdaderos feudos aunque la
Corona, influenciada por los legistas, niegue a los feudatarios la concesión de
jurisdicción política, para que no sean señores feudales en toda la extensión
del término (cf. Nobleza y élites
tradicionales análogas – Revolución y Contra-Revolución en las tres Américas).
En los siglos XVI y XVII se destacan prohombres hijos
de la tierra provenientes, casi todos, de nobles linajes: fray Hernando de
Trejo y Sanabria, Obispo del Tucumán, y su medio hermano Hernandarias, primer
Gobernador criollo del Río de la Plata; el General y Gobernador Jerónimo Luis de Cabrera II,
nieto de dos fundadores de ciudades; el Gobernador interino Francisco Vera
Mujica; el Teniente de Gobernador Miguel Salas y Valdez, que traslada Ibatín;
el cronista Ruy Díaz de Guzmán; los Avila Barrionuevo, los Gregorio Bazán, los
Tejeda, los Toledo Pimentel, los Luna y Cárdenas; el fundador de Nuestra Señora
de Belén, Maestro (sacerdote) Bartolomé de Olmos y Aguilera; el hidalgo jesuita
mártir, San Roque González de Santa Cruz; el noble vecino encomendero y
misionero, Pe. Pedro Ortiz de Zárate, mártir de Santa María de Jujuy.
La grandeza en todos los órdenes estaba al alcance de
los nacidos en suelo americano. Y ellos estuvieron a la altura de las
circunstancias…
Cabildantes
La nueva ciudad no es sostenida ni gobernada por el
Estado. En cada fundación se designan los vecinos que la gobernarán por un año a
través del cabildo, presidido por el Gobernador o su Teniente. De manera
espontánea y natural, la dignidad de cabildante tiende a hacerse hereditaria: se
forma una aristocracia de profundo arraigo, íntimamente vinculada a los
intereses de la población y al bien común, que juega un papel protagónico en
toda nuestra historia.
Santiago
Apóstol protege el linaje de Juan Gregorio Bazán
Estos focos urbanos de Cristiandad y sus
pobladores pasan por muchas vicisitudes y son frecuentemente asolados por los indios de guerra.
En el Tucumán, como en toda América, se suceden
apariciones del Patrono San Santiago, “luz y espejo de las Españas”, que ampara
a los cristianos en los momentos críticos.
Una de los episodios más dolorosos de la época es la
tragedia del Benemérito de Indias Juan Gregorio Bazán. Acaba de traer a su
mujer, recién llegada de España, luego de añares de separación, ya que por fin está
en condiciones de recibirla con nobleza y dignidad, para vivir juntos para
siempre. Pero en la guazabara del río Siancas se frustran cruelmente los sueños
familiares. A su perentoria indicación, los miembros de su familia huyen
despavoridos antes de consumarse la desgracia. La sangre del heroico Bazán y la
de su yerno, Diego Gómez de Pedraza, riegan el suelo salteño.
Perdidos en lo desconocido del Nuevo Mundo, la viuda
del conquistador, su hija María, también
viuda, y los pequeños huérfanos van siguiendo en penosa travesía a un
misterioso jinete, al que nunca logran alcanzar. Los indios los persiguen, pero
un obstáculo desconocido les impide abalanzarse sobre ellos. ¿Quién los guía y
ampara al mismo tiempo?
El joven esclavo Francisco Congo declara que no es
otro que San Santiago el que los hace llegar a Esteco milagrosamente.
En Antinaco, sobre el Cerro Velasco, se venera una original
imagen del Apóstol caballero. Lo representa en natural simbiosis de guerrero
hidalgo y de gaucho, atropellando a los moros al galope empuñando su espada de
plata. Es tradición que los devotos
corran detrás del santo en las fiestas patronales, evocando, al parecer, el milagro
que preservó el linaje de los Bazán, que hizo historia en La Rioja virreinal.
Los relámpagos de San Simón y San
Judas en San Miguel de Tucumán – Proeza de Gaspar de Medina
Otro memorable hecho milagroso salvó a San Miguel de Tucumán. Se debió
a la intercesión de San Simón y San Judas.
El 28 de octubre de 1578, día de la fiesta de dichos Apóstoles, se
produce una brutal acometida de los aborígenes, liderados por el cacique
Gualán, indio de talla descomunal, quien en horas de la noche “mató parte de
los habitantes, pegó fuego a las casas, que todas hubieran quedado reducidas a
cenizas a no haberse aparecido…los Apóstoles San Simón y San Judas, cuya fiesta
se celebraba aquel día, en un torbellino de relámpagos que espantó a los
bárbaros y los obligó a huir precipitadamente”.
A la acción de los Santos se sumó el coraje del
Teniente de Gobernador Gaspar de Medina. La ciudad estaba sin sus vecinos, que
habían salido en expedición con Abreu. Prácticamente solo, se abre paso entre
la indiada enardecida y mata a Gualán.
Los apóstoles
fueron reconocidos solemnemente por patronos de la ciudad. El cronista, P.
Francisco Charlevoix, agrega que ‘más tarde, trataron varias veces los
Calchaquíes de arruinarla, pero siempre inútilmente; y la piedad de los
habitantes les ha hecho atribuir perpetuamente su conservación a la asistencia
de sus santos protectores’ (cf. Celia Terán, Arte y Patrimonio en Tucumán: Siglos XVI y XVII, cit. por
L.Mesquita Errea in Devisadero de luces doradas en aquel reino del Tucumán.
San Blas enceguece a los indios desde la Torre de Gaboto
El relato de este milagroso hecho histórico
se lo debemos a Ruy Díaz de Guzmán en La
Argentina manuscrita, primera crónica general de la historia argentina. La
guarnición de la casa fuerte de Corpus Christi, en el Paraná, a punto de ser
exterminada por los guaraníes, es salvada inesperadamente por San Blas quien,
espada en mano, los enceguece y pone en fuga, desde la punta de la “torre de
Gaboto”.
La
cruz de Urunday – Un rayo mata al cacique atacante
De similares características es el milagro de la maravillosa
cruz de Urunday: “Nuestra ciudad, y este es un motivo de orgullo –dice un
genealogista correntino-, es la única fundada en la Argentina por un
Adelantado, don Juan Torres de Vera y Aragón, habiendo sido puesta su iglesia
matriz bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, el 3 de abril del
citado año 1588.
“Luego, el día 9, el fuerte
fundacional es atacado por los indios guaraníes, que intentan quemar la cruz
que se encontraba fuera de la fortificación. Se produce entonces el milagro, el leño no se quema y un rayo mata al
cacique Canindeyú. Ante ello, los indios se retiran y aceptan el dominio
español y la fe que estos traen.
“Desde entonces Corrientes
venera al santo madero de urunday, que es conocido como la Cruz de los Milagros
y se conserva hasta hoy en el templo homónimo en nuestra ciudad” (Dr.
Francisco José Scaramellini Guerrero, 5 de agosto de 2006, comunicación al Foro
Isabel de Hispanoamérica).
Santos
contrarreformadores
Nuestra ciudad católica fue forjada por grandes
hombres y aun por santos contrarreformadores de la talla de Santo Toribio de
Mogrobejo, Arzobispo de Lima. De la Arquidiócesis de Los Reyes era sufragánea
la diócesis tucumanense, campo de acción privilegiado de San Francisco Solano.
Se dan numerosos hechos dignos de la Légende Dorée, como aquel Padre
Jarandilla que pasaba en su mula por
encima de los ríos crecidos, para admiración de los indios a quienes
consagró su vida, como nos cuentan los amenos y acreditados relatos de fray
Reginaldo de Lizárraga; San Blas que aparece y protege a los defensores de
Corpus Christi; San Francisco Solano que devuelve la vida a los muertos y toca
inolvidables melodías en honor de la Virgen. Llena el espíritu el sonido de ese
misterioso violín milagrero por nuestros valles y campos despertando resonancias
y consonancias profundas en el alma aborigen.
San Francisco Solano y un Pentecostés en La Rioja - El Niño Alcalde
La Rioja, habitada por pocos
centenares de españoles e indios, con sólo dos años de vida es amenazada por la
avasalladora fuerza de 9.000 diaguitas de guerra. Le han cortado el agua que va
por la acequia, intentando doblegarla por la sed antes de exterminarla. El
Teniente y los vecinos se disponen a vender cara su vida, en ese Jueves Santo
del año 1593.
Se encuentra en la aldea San Francisco Solano, quien se
adelanta al entrevero y les habla en una lengua que –prodigiosamente- aborígenes
y españoles entienden. Su palabra es como un dardo transformador; los indios desisten de su propósito y se
convierten.
Siguen luego días de catequesis y contacto con el
santo. Los guerreros se bautizan y se hacen amigos de los cristianos y vasallos
de Su Majestad -que fue, recordemos, quien
envió a este hombre de Dios.
Este Pentecostés
riojano muestra las virtualidades de la obra misionera y las gracias
especiales que Dios concedió a nuestros antepasados. San Francisco presenta a
los diaguitas como su Señor al Niño Dios vestido de alcalde, de terciopelo
oscuro, gorro de piel, hebillas y botones de plata, empuñando la vara del mismo
metal, como lo vemos en el Convento de La Rioja.
El oficio de alcalde era exclusivo de los vecinos feudatarios
o encomenderos, dignidad que se vio enaltecida de tal modo por la mayor figura
misional de América.
Tocó San Francisco varias claves: la unión del orden
espiritual y temporal, de lo español y lo indígena, la idea del alcalde como
protector providencial. Engrandeció al mismo tiempo un tipo humano que sería
denigrado sistemáticamente por los enemigos de nuestro pasado.
Fue un milagro fundacional. Toda La Rioja revive en él
su Tradición desde hace 400 años.
Taumaturgo
y profeta
San Francisco Solano… La magia de su música y el
atractivo de los imponderables que transmitía, cautivaron al salvaje, sacudiendo el alma turbia..., como dice la
zamba.
Dios le dio el poder de obrar milagros reiterados y
evidentes que el proceso de canonización registra cuidadosamente. Resucita un
indiecito; descubre tramas ocultas; ve cosas que pasan en otros lugares;
anuncia la suerte que espera a las ciudades: “Salta saltará, Tucumán florecerá
y Esteco desaparecerá”: todo se cumplió religiosamente.
En el Perú anuncia que, por sus pecados: “perderse
tiene Trujillo...”. Algunos franciscanos minimizan estas palabras ante los pecadores que, con un saludable sobresalto que
podría haber obrado su conversión y evitado el castigo, los consultan. Finalmente,
el terremoto viene y ellos desaparecen en él! La Justicia divina no hablaba en
vano por boca del Apóstol de América...
Hace brotar agua salvadora en poblados atenazados por
la sed: Río Hondo, Trancas Viejo, Metán, La Rioja... Domina lenguas indígenas
que aprende con rapidez inusitada. Gana a los naturales hablando mejor que
ellos su propio idioma, como en Socotonio, La Magdalena, La Rioja…
Es un artífice de nuestros cimientos nacionales.
Encanto
hispano-indígena
Así se va formando la Argentina hispano-indígena… Florece
la originalidad y fuerza del arte colonial mestizo en la gracia de los Angeles
Arcabuceros, en las macizas torres de las capillas quebradeñas, en los nombres
de lugares, llenos de poesía, donde se entremezclan las voces castellanas con
las de los juríes, diaguitas y
comechingones.
La
Argentina: Tierra de plata
Las historias de la Sierra de la Plata y del Rey
Blanco hacen soñar a los conquistadores e ir en pos de ellas. De aspiraciones
envueltas en la niebla dorada de la fábula va asomando el nombre de la
Argentina. El afán de “haber riquezas” se entremezcla con el atractivo de la
excelencia de los metales. El río de Solís se transforma en la promisoria vía
del Río de la Plata.
El nombre de la patria nace de ese sueño, preanunciado en la Argentina y Conquista
del Río de la Plata, de
Barco Centenera. El encanto del timbre bautiza a La Argentina manuscrita de Ruy Díaz de Guzmán.
La aristocrática marca distingue a un país de
armónicos contrastes, contorneado por una muralla nevada que roza los cielos, y
un río que desemboca majestuoso en el océano; una quebrada de coloridas cumbres,
sombreada por nubes que parecen ciudades, y una tierra de fuego erizada de
antárticos hielos magallánicos.
La
sociedad ennoblecida - El gobierno del Marqués
En el mundo hispanoamericano florece la sociedad
orgánica y familiar (ver nuestra ponencia sobre La Civilización Cristiana, Mariana y orgánica de la Argentina auténtica).
En Lima el Marqués de Cañete, Virrey del Perú, pasea a
caballo sin guardias ni escribientes, y se detiene a conversar con la gente.
Regala un género, que la Marquesa le ha traído de España, a un armero, porque
lo ve trabajando en traje de gala, para que se haga uno de trabajo. Y además lo
trata de pariente, por apellidarse Mendoza, como él.
El Virrey representa al Rey, que es padre de sus
vasallos, como lo documentan las Reales Cédulas de Felipe II en el Archivo de
Charcas, que mandan a determinados fulanos olvidadizos volver a España “a hacer
vida con su mujer”.
Desde su palacio, el Marqués de Cañete ve el duelo de
dos nobles espadachines y su coraje lo admira. No permite que los encarcelen y
se aboca el caso como Justicia Mayor del Virreinato. Los “arresta” en una
posada donde son bien atendidos hasta curar de sus heridas. Les envía barras de
plata en premio de su gallardía. Finalmente, los reúne y los reprende suavemente,
volviéndolos amigos.
Como Isabel la Católica con las niñas nobles pobres,
educan en palacio –él y su mujer- a los hijos de conquistadores. A veces los
manda con las mejores comidas de su cocina a agasajar a sus madres. Considera –contra
el absolutismo que ya se insinúa- que los
vasallos son los brazos del reino cuya cabeza es el Rey, y que, como tales,
deben ser fuertes (exactamente lo contrario de lo que se proponen los
gobernantes de hoy…).
La que aplasta la serpiente y eleva la civilización
Estos aspectos caracterizan una civilización
cristiana.
Existen lados negativos y pecados, que, todos sabemos,
se encuentran en cualquier sociedad. Si se la compara con la de los aztecas, incas o bárbaros chiriguanos, ¡qué diferencia!
Del día a la noche, a pesar de los indigenistas.
Una esencial es que en las sociedades paganas son raros o inexistentes
los perceptibles impulsos al bien, cuando
no se los persigue implacablemente con costumbres aberrantes (ver nuestra
ponencia La Antropología
indigenista: Revolución cultural que amenaza a la Iberoamérica cristiana).
En nuestro “Siglo de Oro”, pese a excepciones como
Lerma y otros malvados, que por supuesto no faltan, la virtud y el bien son enseñados
y promovidos, y constituyen el fundamento de la sociedad.
El bien más preciado de la historia fundacional
americana es la presencia mariana. El 12 de diciembre de 1531, Nuestra Señora
se manifiesta como la bíblica zarza ardiente, Purísima e Inmaculada, en Guadalupe, que en lengua náhua significa “la
que aplasta la cabeza de la serpiente”. Tal vez señalaba la misión de América
de, por una unión especial con María, aplastar la serpiente de la Revolución
anticristiana. Lo cierto es que la aparición inaugura la gran época marial de
Iberoamérica.
En Itatí concede a la Argentina naciente gracias de caudal
paranaense, mereciendo el bello título de
Reina de la Civilización en la
Cuenca del Plata.
A Córdoba, que recurre a Ella por medio del Cabildo, le arregla su economía a principios del siglo
XVII. Será la base del esplendor cordobés que podemos admirar en la manzana
jesuítica, en las haciendas y capillas que blanquean las alegres serranías de Punilla
y Chancaní.
En América revisten sin
igual importancia las revelaciones de El Buen Suceso a Sor Mariana de Jesús
Torres y Berriochoa, en el Monasterio de la Limpia Concepción de Quito, que
comienzan a fines del siglo XVI. Prevén sucesos de los siglos venideros hasta
la derrota del proceso que oprime la patria y la Iglesia, en las proximidades del
siglo XX; y señalan el llamado primacial de América a ser el lugar privilegiado
del renacer de la Fe, las instituciones y las costumbres católicas (cf. Elena Beatriz Brizuela y Doria de
Mesquita, Profecias de El
Buen Suceso: en
1634, para nuestros
dias).
Un siglo después de Guadalupe, llega desde Brasil la
Imagen de la Purísima Concepción, rumbo a una hacienda santiagueña (donde sólo llegará
su compañera, la Virgen de la Consolación de Sumampa, Patrona de los
transportistas).
Una fuerza misteriosa frena a bueyes y carretas a la
vera del Río Luján, donde se queda. Comienza su gesta sobrenatural de
traslados, gracias y visitas. Vuelve con sus hábitos bordados de cadillo,
provocando las amorosas reprimendas del Negro Manuel, ufano de ser su esclavo. La primera fundadora de la Villa de Luján envía
densas nubes que envuelven a los malones impidiéndoles devastar el pueblo y las
haciendas comarcanas. Desde su trono en las pampas es Patrona de la Argentina.
Maravilla y prosaismo
Lanzamos ahora una mirada retrospectiva.
Cuántas cosas han pasado en el siglo que va desde
Guadalupe y las exploraciones en el Plata a Luján... En contraste con lo duro y
prosaico propio de esta vida y de la agreste América, nace la Argentina en una
atmósfera en que lo milagroso y lo maravilloso están presentes, dulcificando la
existencia, encendiendo luces de progreso y elevación y abriendo panoramas de
grandeza y esperanza.
Balance monumental
Año 1623. El cronista González Dávila
hace un “balance del primer siglo” de la obra de España en América.
El estado misional español,
con el esfuerzo de colonizadores e indígenas fieles, han levantado 70 mil iglesias, 500 conventos,
numerosas doctrinas para la enseñanza y buen gobierno de las Indias,
patriarcados, arzobispados, obispados, gobiernos y presidios (fuertes) para la defensa; se han fundado más de 200 ciudades y muchas villas,
“colonias de nuestra España, que tienen el mismo traje, lengua, costumbres y
leyes..., Reynos opulentos” (ap. V. Sierra, El
sentido misional de la conquista de América).
Herederos de este pasado, y
del futuro que es legítimo esperar de tales antecedentes, cerramos este
capítulo dando gracias a Dios y a la Virgen Reina de nuestra Civilización iberoamericana.
[1] Profesor de Historia,
Presidente del Centro de Estudios Históricos, Genealógicos y Heráldicos del
Mayorazgo de San Sebastián de Sañogasta
[2] Ver bibliografía al final
[3]
Humanismo, Renacimiento y Protestantismo
constituyeron la I Revolución, a la que siguió la Revolución Francesa (II), proceso
que continúa en la Revolución comunista
(III); actualmente nos encontramos en la etapa de la IV Revolución, anárquica y
libertaria, camino a fases cada vez más radicalizadas en el intento de concretar
la utopía revolucionaria de libertad completa e igualdad absoluta, como
denuncia y demuestra el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira en su magistral
obra cumbre, conocida mundialmente, “Revolución y Contra-Revolución”, Ed.
Tradición – Familia – Propiedad, Bs.
As., 1992).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










