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Tal vez les parezca útil a
los lectores un análisis sucinto de los múltiples aspectos que las
importantes manifestaciones de la Santísima Virgen en Fátima contienen.
Presupuestos y líneas generales de las apariciones
Para entender el conjunto
de visiones y comunicaciones con que Lucía, Francisco y Jacinta fueron
favorecidos, hay que tener en cuenta, ante todo, la doctrina católica
sobre la comunión de los santos. Las oraciones y méritos de una persona
pueden beneficiar a otra. De este modo, es lógico que las oraciones, los
sacrificios y el holocausto de la propia vida ofrecidos por los tres
niños, máxime después de beneficiados espiritualmente por las
apariciones de la Reina de todos los Santos, pueden aprovechar a un gran
número de almas e incluso a naciones enteras.
Nuestra Señora vino, pues,
a solicitar oraciones y sacrificios a los tres. A Jacinta y Francisco
les pidió también el holocausto de la vida, ofreciéndose como víctimas
expiatorias por los pecados de los hombres. A Lucía le pidió que se
quedara en este mundo para el cumplimiento de una misión de la cual
hablaremos más adelante.
La mediación universal de María Santísima
Otra noción preliminar
para la comprensión de los acontecimientos de Fátima es la de la
mediación universal de María Santísima. Ella actúa como Medianera
suprema y necesaria —por libre voluntad de Dios— entre el Redentor
ofendido y la humanidad pecadora. Por otro lado, es Medianera siempre
oída y, como tal, ejerce una verdadera dirección sobre los
acontecimientos. Es Medianera regia, que será glorificada con la
victoria de su Corazón maternal, que será la más alta expresión de la
victoria del propio Dios.
En Fátima, Nuestra Señora no habló solo para Portugal, sino para el mundo entero
Hablando a los pequeños
pastores, Nuestra Señora quiso hablar al mundo entero, exhortando a
todos los hombres a la oración, a la penitencia y a la enmienda de vida.
De modo especial habló al Papa y a la Sagrada Jerarquía, pidiéndoles la
consagración de Rusia a su Corazón Purísimo.
La situación altamente calamitosa del mundo en nuestros días
La Madre de Dios hizo
estos pedidos en vista de la situación religiosa en que se encontraba el
mundo en la época de las apariciones, es decir, en 1917.
Nuestra Señora señaló
dicha situación como altamente calamitosa. La impiedad y la impureza
habían dominado la tierra a tal punto que para castigar a los hombres
había estallado una verdadera hecatombe, que fue la Primera Guerra
Mundial. Esa conflagración terminaría en breve y los pecadores tendrían
tiempo para corregirse, atendiendo el pedido de Fátima.
Si ese pedido fuese oído, la humanidad conocería la paz. En caso de que no fuese oído, vendría otra guerra aun más terrible.
Y, en caso de que el mundo
continuase sordo a la voz de su Reina, una suprema hecatombe de raíz
ideológica y de proporción universal, implicando una grave persecución
religiosa, afligiría a todos los hombres, trayendo grandes sufrimientos
para el Romano Pontífice: Rusia esparcirá sus errores por el o,
promoviendo guerras y personas contra la Iglesia… El Santo Padre tendrá
mucho que sufrir.
Después de una suprema hecatombe de raíz ideológica y de proporción universal, vendrá el Reino de María
Quebrada así, a lo largo
de toda una cadena de calamidades, la dura cerviz de la humanidad
contemporánea, habrá una gran conversión de almas. Esa conversión será
específicamente una victoria del Corazón Purísimo de la Madre de Dios:
«Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará… » Será el reinado de María
sobre los hombres.
La meditación de los tormentos eternos es eficaz y adecuada para los hombres de este siglo
Con la intención de
incitar más eficazmente a la humanidad a acoger ese mensaje, Nuestra
Señora hizo ver a sus tres confidentes las almas condenadas al infierno;
cuadro trágico descrito por ellos de modo admirable, y apropiado para
reconducir a la virtud a los pecadores endurecidos. Esa visión lúgubre
muestra bien como se equivocan profundamente quienes afirman que es
inadecuada para los hombres de este siglo la meditación sobre los
tormentos eternos.
Pruebas de la autenticidad del Mensaje de Fátima
Con el fin de probar la
realidad de las apariciones, y por lo tanto la autenticidad del mensaje,
la Virgen dispuso tres tipos de acontecimientos:
a) La afluencia de una
gran número de espectadores en el momento en que Ella hablaba a los
videntes. Aunque sólo ellos fuesen los destinatarios inmediatos del
mensaje, los circunstantes, haciendo uso de la penetración psicológica
común, podían cerciorarse de que los tres niños no mentían ni eran
objeto de una ilusión al afirmar que estaban en contacto con Nuestra
Señora, sino que realmente oían y hablaban con un ser invisible para los
demás.
b) El prodigio de las
transformaciones cromáticas y de los movimientos del sol. Ese prodigio
se hizo ver en una zona mucho mayor que el lugar de las apariciones, a
punto de no poder ser explicado por un fenómeno de sugestión colectiva
(sumamente difícil de ocurrir, dicho sea de paso, con las 50 a 70 mil
personas que se hallaban en Cova da Iría)
c) Se confirmó la profecía
de que poco después de las apariciones de Fátima la Primera Guerra
Mundial acabaría; como se confirmó también la profecía de que, no
enmendándose la humanidad, otra guerra mundial estallaría. La luz
extraordinaria que iluminó los cielos de Europa antes de la segunda
conflagración fue un hecho observado en varios países y universalmente
conocido. La Señora había prevenido a los videntes de que esa sería la
señal del castigo inminente. Y el castigo vino enseguida.
d) La previsión del
castigo supremo, que es la difusión del comunismo, comenzó a realizarse
poco después de las apariciones. Es importante notar que la Santísima
Virgen anunció que Rusia esparciría sus errores por el mundo. Pero
cuando esa profecía fue hecha —13 de julio de 1917—, la expresión era
más o menos ininteligible.
En efecto, el zarismo
apenas acababa de caer, siendo substituido por el régimen burgués de
Kerensky, y no se podía saber cuáles serían esos errores rusos, pues es
evidente que no se trataba de la difusión de la religión
greco-cismática, momificada y privada de toda fuerza de expansión. De
este modo, la ascensión de los marxistas al poder en la infeliz Rusia,
en el mes de noviembre de 1917, fue, sin duda alguna, el elocuente
comienzo de la confirmación de la profecía.
Enseguida, el Partido
Comunista ruso inició la propagación mundial de sus errores, lo que
acentuó todavía más la coincidencia entre lo que la Virgen había
anunciado y el curso de los acontecimientos.
Después de la Segunda
Guerra Mundial, la expansión comunista se acentuó mucho más aún, porque
numerosas naciones, subyugadas mediante el fraude y la fuerza, cayeron
bajo el dominio soviético. Rusia se convirtió así en un peligro mundial.
Las dos familias de almas del mundo contemporáneo
Ante estas afirmaciones de
grandeza apocalíptica cabe hacer una observación. El mundo de hoy se va
dividiendo cada vez más en dos familias de almas. Una de ellas
considera que la humanidad es presa de una cadena de errores y de
iniquidades que comenzaron en la esfera religiosa y cultural con el
humanismo, el Renacimiento y la Pseudo-Reforma protestante. Dichos
errores se agravaron con el iluminismo y el racionalismo, y culminaron
en la esfera política con la Revolución Francesa. Del terreno político
pasaron al campo social y económico, en el siglo XIX, con el socialismo
utópico y con el socialismo llamado científico. Con el advenimiento del
comunismo en Rusia comenzó a verificarse la transposición, incipiente
pero maciza de todo ese montón de errores al orden concreto de los
hechos, naciendo de ahí el imperio comunista, moloch que iba desde el
corazón de Alemania hasta Vietnam. Al mismo tiempo, sobre todo a partir
de la Primera Guerra Mundial, la moralidad comenzó a declinar con
rapidez espantosa en Occidente, preparándolo para la capitulación ante
la más audaz expresión doctrinal e institucional de la amoralidad, que
es el comunismo (ya sea bajo la forma de capitalismo de Estado —hoy
aparentemente en vías de extinción— ya sea bajo la nueva y ladina
versión autogestionaria).
Para las incontables almas
de todos los estados y condiciones de vida y naciones, que comparten
este modo de pensar, el mensaje de Fátima es de lo más coherente que hay
con la doctrina católica y con la realidad de los hechos.
Existe también otra
familia de almas, para la cual los problemas del mundo contemporáneo
tienen poca o ninguna relación con la inmoralidad y la impiedad
(considerada como un desvío culpable de la inteligencia). Nacen ellos
exclusivamente de equívocos involuntarios que una buena difusión
doctrinal y un conocimiento objetivo de la realidad pueden disipar. Esos
equívocos resultan, además, de carencias económicas; son hijos del
hambre, que desaparecerán cuando en el mundo no haya más hambre, y no
antes que eso.
Con el auxilio de la
ciencia y de la técnica, la crisis de la humanidad se resolverá. Más
aún, no teniendo el factor culpa como fondo de cuadro de las catástrofes
y de los peligros en medio de los cuales nos debatimos, la noción de un
castigo universal se vuelve incomprensible. Tanto más cuanto que para
esta familia de al mas el comunismo no es intrínsecamente malo, y con él
son posibles acomodaciones que eviten persecuciones incómodas.
Por amor a la brevedad,
esta descripción de las dos familias de almas esquematiza un tanto el
panorama. Entre una y otra hay muchas gamas. No es nuestra intención
retratarlas aquí. Las corrientes intermedias tendrán mayor o menor
facilidad para comprender el mensaje de Fátima, según estén más próximas
a un polo o al otro. Fátima es pues, en ese sentido, un verdadero
divisor de aguas para las mentalidades contemporáneas.
De todas formas, con
excepción de la parte mantenida aún en secreto, los pedidos, las
amonestaciones y las profecías de Cova da Iría (todos con mero carácter
de revelaciones particulares, es verdad …) están lanzados y se van
confirmando ampliamente. A los escépticos les decimos: Qui vivra verra…
(Quien viva lo verá …).
No se ha correspondido al Mensaje de Fátima
¿Se cumplirán los
acontecimientos previstos en Fátima que aún no se han realizado? Eso es
lo que la humanidad contemporánea se pregunta. En principio no hay cómo
dudar de ello, pues una parte de las profecías ya se ha realizado con
impresionante precisión, lo que prueba su carácter sobrenatural. Y,
probado ese carácter, no se puede poner en duda que el mensaje celestial
se cumpla hasta el fin.
Pero, alguien podría
objetar que las profecías del 13 de julio de 1917 tienen un cariz
condicional. Ellas se realizarán en el caso de que el Papa y los Obispos
(en unión con él) no hagan la consagración de Rusia y del mundo al
Inmaculado Corazón de María.
En Cova da Iría Nuestra
Señora formuló dos condiciones, ambas indispensables para que se aparten
los castigos con los que Ella nos amenazó.
Una de esas condiciones
era la consagración. Digamos que haya sido realizada según el pedido de
la Santísima Virgen. Falta la segunda condición: la divulgación de la
práctica de la comunión reparadora de los cinco primeros sábados. Nos
parece evidente que esa devoción no se ha propagado hasta hoy por todo
el orbe católico en la medida deseada por la Madre de Dios.
Y hay aún otra condición,
implícita en el mensaje, pero también indispensable: es la victoria del
mundo sobre las mil formas de impiedad y de impureza que lo vienen
dominando. Todo indica que esa victoria no ha sido alcanzada y que, por
el contrario, nos acercamos cada vez más al paroxismo en esa materia.
Así, un cambio de rumbo de la humanidad se va haciendo cada vez más
improbable; y a medida que caminamos hacia ese paroxismo, más probables
se hacen los castigos…
Cabe hacer aquí una
observación. Y es que, de no verse las cosas así, el mensaje de Fátima
sería absurdo. Pues si Nuestra Señora afirmó en 1917 que los pecados del
mundo habían llegado a un tal grado que clamaban por el castigo de
Dios, no parece lógico creer en el presente que ese castigo no venga,
después que esos pecados han continuado creciendo desde 1917 hasta
nuestros días y el mundo se ha rehusado, obstinadamente y hasta el fin, a
hacer caso a lo que fue dicho en Fátima. Sería lo mismo que si Nínive
no hubiese hecho penitencia y a pesar de eso las amenazas del profeta no
se hubiesen realizado.
Más aún, la misma
consagración pedida por Nuestra Señora no tendrá el efecto de apartar el
castigo, si el género humano sigue aferrándose cada vez más a la
impiedad y al pecado, pues mientras eso sea así, la consagración estaría
como que incompleta y desprovista de contenido real.
En resumen, puesto que no
se operó en el mundo la inmensa transformación espiritual pedida en Cova
da Iría, vamos caminando cada vez más hacia el abismo. Y, a medida que
caminamos, esa transformación se va haciendo más improbable.
Los resplandores sacrales de la aurora del Reino de María
Al concluir estas
reflexiones, conviene que nuestro espíritu se detenga en la
consideración de las últimas perspectivas del mensaje de Fátima. Más
allá de la tristeza y de los castigos sumamente probables hacia los
cuales caminamos, nos esperan los resplandores sacrales de la aurora del
Reino de María: Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. Es la
perspectiva grandiosa de la victoria universal del corazón regio y
materno de la Santísima Virgen. Es una promesa tranquilizante, atrayente
y, sobre todo, majestuosa y entusiasta.
Para evitar el castigo en
la escasa medida en que es evitable; para obtener la conversión de los
hombres en la modesta medida en que, según la economía común de la
gracia, ella es aún obtenible antes del castigo; para apresurar cuanto
sea posible la aurora bendita del Reino de María; y para ayudamos a
caminar en medio de las hecatombes que tan gravemente nos amenazan, ¿qué
podemos hacer?.Nuestra Señora nos, lo indica: que nos enfervoricemos en
la devoción a Ella, en la oración y en la penitencia.
Para estimulamos a rezar,
en la última aparición Nuestra Señora se revistió sucesivamente de los
atributos propios de las advocaciones de Reina del Santo Rosario, de
Madre Dolorosa y de Nuestra Señora del Carmen, indicándonos cuán grato
le es ser conocida, amada y venerada así.
Igualmente, la Virgen de
Fátima insistió de modo muy especial en la devoción a su Inmaculado
Corazón. Ella se refirió siete veces a su Corazón en sus mensajes (y
Nuestro Señor, nueve).
Así, el valor teológico de
la devoción al Inmaculado Corazón de María, por lo demás ya tan
comprobado, encuentra en Fátima una impresionante corroboración. Por
otro lado, la insistencia de la Santísima Virgen prueba hasta la
saciedad que esa devoción es eminentísimamente oportuna.
Por lo tanto, quien toma
en serio las revelaciones de Fátima debe hacer de la devoción al Corazón
Purísimo de María uno de los más altos objetivos de la verdadera
piedad. 
* Extraído de Catolicismo, nº 197, mayo de 1967.
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