lunes, 6 de julio de 2009

Sociedad orgánica y tipos humanos (II): "Padronización e imitación", de la serie Ambientes, Costumbres, Civilizaciones



Publicamos a continuación la 2ª nota, anunciada en la entrada anterior. Recomendamos la lectura de la Introducción, para facilitar el aprovechamiento de este artículo.
PADRONIZACION E IMITACION
Plinio Corrêa de Oliveira
Serie "Ambientes - Costumbres - Civilizaciones"
Nuestros lectores reconocerán de inmediato, en los clichés que publicamos hoy, el traje típico de la mucama bahiana y la indumentaria, también típica, de un elegante de bar (*) en los días que corren: dos trajes populares entre los cuales se puede establecer una comparación.
(*) elegante de botequim, en el original, lo que sería equivalente a un elegante de boliche, o de bar, o similares.
* * *
En el traje de la bahiana, nacido de las exigencias de la vida cotidiana, se reflejan admirablemente la índole, las dotes, la clase de encanto propio de una raza, así como las características de cierto lugar y de cierta época.
En varias de nuestras ciudades, se generalizó un tipo de elegante de taberna suburbano, con una indumentaria que, en sus líneas generales, es la de nuestros días, pero con ciertos pormenores peculiares: pantalón largo que se estrecha en el tobillo; cintura del pantalón casi a la altura del corazón; gran saco excesivamente largo, sombrero de copa baja y alas anchas.
Si el elegante es blanco, usa el famoso peinado “cola de pato”. Si es negro, se hizo planchar el pelo en un “peluquero”.
La mucama es lo que es: con toda razón se siente digna y feliz. Nuestro elegante, negro o blanco, trata de aparentar un dinero y una situación que no tiene. El traje de la mucama es la moldura de una personalidad. El traje del elegante es la moldura de una personalidad que no tiene.
Es que el traje de la mucama nació de una época en que la moda no estaba padronizada para todos, en que cada uno se sentía bien como estaba.
Y nuestro pobre “elegante”, rubio, moreno o negro, es hijo de una época en que la moda se estandarizó, y los trajes ya no tienen relación alguna con los individuos. De una época en que nadie vive satisfecho con lo que es, y por eso vive de imitar. ¿Cuál es la razón de lo ridículo de nuestro elegante? En último análisis, en estado agudo, el ridículo inherente a toda imitación.

Colección Ambientes, Costumbres, Civilizaciones del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira – Transcripto de “Catolicismo” nº 15 , marzo de 1952.

Comentario:
Lo de los trajes que ya no tienen relación alguna con los individuos, lo de una época en que nadie vive satisfecho con lo que es, y por eso vive de imitar, es de flagrante actualidad. Basta pensar en las disparatadas modas y actitudes de muchos jóvenes de hoy. Pobres jóvenes, carentes de una sociedad orgánica donde insertarse y desarrollar las aptitudes y la vocación propia de cada persona. Faltos del verdadero camino, van sin rumbo, buscando un sentido a la vida por vías erradas, de frustración en frustración. Felices jóvenes, que tienen la posibilidad de luchar por ese ideal católico explicitado por pensadores y hombres de acción como el clarividente autor de los artículos que anteceden. Ambos tienen en común el mostrar a personajes aristocráticos y populares auténticos, en contraste con los que no lo son, o no lo son plenamente: toda una escuela a disposición del joven o del hombre o mujer maduros de hoy!
Cordialmente,
Pelayo


domingo, 5 de julio de 2009

Sociedad Orgánica: Los tipos humanos y su descaracterización por el proceso masificador - "El aristócrata y la 'granfina' "



Introducción a dos artículos que ayudan a entender la Sociedad Orgánica
Estamos abordando el tema clave de la sociedad orgánica para ilustrar el valor incalculable de una civilización cristiana, sociedad cristianamente libre y equilibrada, armoniosamente jerárquica, conforme al orden natural creado por Dios, y regada por las gracias especiales prometidas por Nuestro Señor Jesucristo: “He venido para que tengan la vida y la tengan abundantemente” (S. Juan, X, 10).
Tema que debe necesariamente enriquecerse con el estudio de las realidades presentes y pasadas.
En primera línea en la materia se encuentra la inolvidable serie de artículos de “Ambientes – Costumbres – Civilizaciones”, que el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira publicó en la revista “Catolicismo”, a partir de mediados del siglo XX, de la que presentaremos dos notas (la segunda será publicada próximamente).
Los tiempos han cambiado tanto, que se hace difícil entender situaciones concretas de hace medio siglo vistas con los ojos de hoy.
Sin embargo, podemos comprender lo que el autor percibió con proverbial agudeza en aquel momento, descubriendo profundidades fascinantes de la realidad; vetas de enorme importancia para la luchapor la Civilización Cristiana que amplían el horizonte de la Contra-Revolución, cuya meta es la restauración de la Cristiandad.
Tipos humanos y sociedad orgánica
En la sociedad orgánica, los tipos humanos tienden a la plenitud, sin confundirse unos con otros.
El obrero, el burgués, el aristócrata, y la armoniosa variedad de oficios, roles y modalidades, se ejercen con cristiana alegría de vivir, al soplo de la gracia de Dios concedida maternalmente por la Virgen.
Al contrario, la Revolución gnóstica e igualitaria trata de descaracterizar, de desnaturalizar, de hacer que todo lo típico se marchite.
A continuación lo veremos en dos ejemplos, uno correspondiente a la clase alta y otro a la clase popular (texto que será completado en breve).

EL ARISTOCRATA Y LA GRANFINA*
(N. de la R.: podríamos traducirlo como: "El aristócrata y la dama de jet-set")
Plinio Corrêa de Oliveira
Sección Ambientes - Costumbres - Civilizaciones

Lady Diana Cooper descansa junto a una estatua en el parque del Castillo de Chantilly, histórica mansión de los Príncipes de Condé. Esta fotografía fue sacada en 1945, cuando Lord Cooper, su marido, ejercía las funciones de embajador británico en Paris. Lady Cooper, generalmente admirada en la capital francesa por su inteligencia y finura, mantenía en los salones de la embajada británica un ambiente de alto gusto y distinción, siendo una de las figuras centrales de la vida social parisiense de entonces. Ella encarna, pues, una aristócrata según el gusto y el estilo del siglo XX, o sea lo que el lenguaje corriente llama una granfina.
La estatua, por el contrario, representa a un aristócrata según el estilo y el gusto del siglo XVIII. El contraste es flagrante y expresa mucho más que una simple diferencia de concepciones estéticas. Manifiesta dos modos de ser enteramente diferentes, y bien representativos de las concepciones y del género de vida de las élites sociales europeas en dos épocas diversas.
En el gentilhombre del siglo XVIII la expresión de la fisonomía, el porte, el gesto, el traje expresan la idea de que la existencia de élites sociales no sólo es justa sino deseable, y que la superioridad de cultura, de modales y de gusto de sus miembros debe naturalmente manifestarse con el máximo de precisión, realce y requinte.
Por el contrario, la aristócrata del siglo XX está camuflada. Su traje es, en todo y por todo, el de una trabajadora manual. La posición es elegante, y expresa como involuntariamente una distinción que ya no se atreve a afirmarse plenamente a la luz del día; una distinción que, por así decirlo, le pide disculpas al transeúnte común por existir: disculpas tan humildes que, para que la distinción no choque demasiado, se vela en los trajes de una campesina.
¿No es a ojos vistas éste, por otro lado, el sentido de la proletarización creciente de modales, de ambiente, de vida y de los trajes de las élites “granfinas” en todo Occidente?

Colección Ambientes, Costumbres, Civilizaciones del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira – Transcripto de “Catolicismo” nº 2, febrero de 1951.
(*) granfina es un término que señala a una persona de jet-set, ambiente en general refractario a la idea de aristocracia auténtica y abierto a la extravagancia y el mal gusto exhibicionista de poder económico, donde frecuentemente se encuentran hombres y mujeres ricos pero sin distinción, favorecidos por los "mass media", que desprecian a los verdaderos aristócratas, más cuando son católicos. En el caso del artículo, está dicho que Lady Diana Cooper mantenía ambientes de buen gusto, por lo que el lector sabrá hacer las adaptaciones del caso.
Comentario
El bien común de la sociedad requiere de personas de élite, aristócratas que no se camuflen sino que sean verdaderos modelos de virtud y excelencia para toda la sociedad. El pueblo se beneficia enormemente cuando en las clases elevadas brillan los valores de una verdadera aristocracia -lo opuesto del espíritu "jet-set".
Cordialmente,
Pelayo

lunes, 22 de junio de 2009

La sociedad orgánica en el Tucumán hispano-indígena











En el Tucumán, llamado por sociólogos serios "El salón habsburguiano" (para diferenciarlo de Buenos Aires -"el salón borbónico"), floreció ampliamente la sociedad orgánica, con sus estirpes señoriales, indias y populares, sus fuertes tradiciones de Fe, y sus estilos arquitectónicos con sabor a fortalezas, en medio del escenario grandioso de sus altas cumbres. Mucho de ese pasado tiene sorprendente vigencia, como en la renovación del "pacto de fidelidad" al Señor y a la Virgen del Milagro durante sus Fiestas Patronales de mediados de septiembre en Salta. Esa vigencia es una reserva y una promesa para el futuro.

Continuamos el desarrollo del tema "Sociedad Orgánica" iniciado en entrada anterior (ver : La sociedad orgánica, jerárquica, armónica y familiar, 27.V.09)

La sociedad orgánica en el Tucumán
Vimos algo de eso reflejado en el pícaro que se refugió en la ermita de los santos patronos de Ibatín, que le valió de santuario o refugio inviolable. Lo vemos en la carta afectuosa que el Maestre de Campo don Leandro Ponce de León le dirige a su encomendada, la india Bárbara Romero, tratándola de "hija mía Barbolita", aconsejándola como "vuestro encomendero", que el Dr. Prudencio Bustos Argañaraz reproduce en su "Manual de Historia Argentina"[i]. En las juntas de vecinos, como la que convocó Mercado y Villacorta en la ajetreada Londres para tratar de la Guerra, con la presencia de los encomenderos Juan Gregorio Bazán, Antonio del Moral, Lucas de Figueroa y Mendoza, Gabriel Sarmiento de Vega y otros notables de la Gobernación…
…En el carácter protector de los buenos gobernantes de entonces, como Ramírez de Velasco, "padre de todos y procurando acomodar las hijas de los conquistadores huérfanas en estado", como manifestaron los vecinos de San Miguel. Junto a él, estaba la figura maternal de su mujer, Doña Catalina de Ugarte, quien “con su caridad y afabilidad deseaba el bien y era muy gran consuelo en la tierra por ser tan buena intercedora y onrradora de todos y animadora de lo bueno"
[ii], como dijeron los de Santiago del Estero[1].
La "cité antique" del Tucumán tenía un alma, y era el Cabildo, palabra que evoca reminiscencias profundas en el verdadero argentino identificado con su tradición. Allí se expresaba la voluntad de los vecinos principales, representantes auténticos de sus clanes familiares, sus paniaguados y sus encomendados –indígenas a quienes frecuentemente querían como a hijos
[2] en esa sociedad que se honraba en ser auténticamente paternalista.
No sólo los grandes decidían los rumbos de la historia. Aquí no hubo espartanos e ilotas, como en ninguna parte del mundo donde se estableció la civilización católica, jerárquica y familiar. Dada la unión de la Iglesia y el Estado, en fecundas interacciones los gobernantes se ocupaban del bien espiritual de los gobernados, como los Obispos y sacerdotes se ocupaban de que el gobernador Mercado y Villacorta viajara con el decoro debito a su alta investidura; o de que los indios adquiriesen hábitos de higiene, usasen mesas y durmiesen en camas, como lo quería el Concilio Límense convocado por el gran Santo Toribio de Mogrobejo, Arzobispo de los Reyes.
Fue éste otra gran luminaria que nos alumbró desde la capital del virreinato al que pertenecimos por espacio de dos siglos y tres décadas, período que se intentó tapar con los 30 años de existencia del Virreinato del Río de la Plata en el que, de reinos, pasamos a ser colonias -de hecho, no de derecho
[iii].

[1] Llama la atención que tantos científicos de la Historia y de la Antropología pasen por alto sistemáticamente estas realidades, porque no se ajustan a sus esquemas, lo que los distancia irremediablemente de los hechos. Realidades como “caridad”, “afabilidad”, “honrar”, “consuelo”, brillan por su ausencia, como también en las obras y el espíritu de aquel corrosivo filósofo contemporáneo de Rosas, para quien la lucha de clases y el conflicto mueven al mundo. Me refiero a Carlos Marx.
[2] Así lo declaran varios encomenderos en la Visita del Oidor Martínez Lujan de Vargas a !as encomiendas de La Rioja, transcriptas en el documentado estudio de la Dra. Roxana Boixadós y de Carlos E. Zanoli "La visita de Lujan de Vargas a las encomiendas de La Rioja y Jujuy (1693-1694) - Estudios preliminares y fuentes", Ed. Univ. Nac. de Quilmes, 2003. Y les creemos, pues está en el orden natural de las cosas y porque el amor entre grandes y pequeños es propio de una civilización cristiana.

[i] "Manual de Historia Argentina", Ed. Eudecor, p. 117.

[ii] Roberto Levillier, "Nueva Crónica de la Conquista del Tucumán", t. III, pp. 223-4.

[iii] Cf. Tulio Halperin Donghi, "La revolución rioplatense y su contexto americano", en "Nueva Historia de la Nación Argentina", Academia Nacional de la Historia, Ed. Planeta, t. IV , p 249 y ss., en especial pp. 253-4.


Textos extraídos del ensayo : "Devisadero de luces doradas en...aquel reino del Tucumán", de L. Mesquita Errea, in "CRONICAS del TUCUMAN" nº 1, La Rioja, 2008

miércoles, 10 de junio de 2009

Sentido mensaje de despedida del Jefe de la Casa Imperial Brasileña, S.A.I.R. Dom Luiz de Orléans y Braganza, a su sobrino

La Familia Imperial en la misa del 7º día por el alma del Príncipe Dom Pedro Luiz de Orléans y Braganza (Fotografía del Portal "Terra")

Príncipe Dom Pedro Luiz de Orleans e Bragança
Transido de pesar, cabe-me o dever de registrar, enquanto Chefe da Casa Imperial do Brasil, o desaparecimento de meu querido e já saudoso sobrinho, D. Pedro Luiz de Orleans e Bragança, no fatídico acidente do vôo da Air France (Rio-Paris), ocorrido no dia 31 de maio, em pleno Oceano.
Diante da pungente dor de seus pais, D. Antonio e D. Christine, de seus irmãos, D. Amélia, D. Rafael e D. Maria Gabriela, e de minha querida Mãe, D. Maria, volto para eles minha especial solicitude e meu particular afeto. Solicitude e afeto que volto igualmente – e, junto comigo, toda a Família Imperial - para aqueles que perderam seus entes queridos no referido acidente aéreo. A todas estas famílias - de modo muito especial às brasileiras – a Família Imperial estende seus sentimentos e roga a Deus pelo descanso eterno de cada vítima.
Nestes dias, de todo o Brasil e até do exterior, chegaram aos pais de D. Pedro Luiz, bem como a mim e a toda a Família Imperial, numerosas e sinceras manifestações de pesar por tão trágico sucesso. Não posso deixar de ver nessas sentidas manifestações a expressão viva e autêntica do sentimento familiar e dos laços de afeto que sempre uniram a Família Imperial e os brasileiros, monarquistas ou não.
D. Pedro Luiz – até então, 4º na linha de sucessão dinástica – era um jovem Príncipe que despontava na sua geração como uma promessa, suscitando o interesse e a atenção de muitos, por seu modo aprazível, por suas inegáveis qualidades e pela tradição que representava.
Como fruto da exímia formação e do senso do dever, incutidos por seus pais, após se ter formado em Administração de Empresas pelo IBMEC do Rio de Janeiro, e se pós-graduado pela FGV, dava ele os passos iniciais de uma promissora carreira profissional, no BNP Paribas, no Luxemburgo, tendo a preocupação e o empenho de fazer ver aos estrangeiros as grandes potencialidades de nosso País.
Mas sua presença era especialmente querida entre aqueles que acreditam ser o regime monárquico uma solução adequada para o Brasil hodierno.
Foi D. Pedro Luiz presidente de honra da Juventude Monárquica e participou de ações e eventos de relevo em prol dos ideais monárquicos - muitas vezes na companhia de seus pais - chegando até a representar a Casa Imperial, em mais de uma ocasião, sendo-me especialmente grato recordar sua presença, em Portugal, em comemorações dos 500 anos do Descobrimento do Brasil.
Se o momento é de apreensão e de tristeza, não pode ele ser desprovido de esperança. Esperança que se volta, de modo particular, para D. Rafael – irmão do desaparecido – a quem auguro ânimo e determinação diante do infortúnio, e exorto a que seja, na sua geração, um exemplo de verdadeiro Príncipe, voltado para o bem do Brasil e exemplo de virtudes cristãs.
Ao encerrar esta dolorosa comunicação, volto meu olhar a Nossa Senhora Aparecida, Rainha e Padroeira do Brasil, a quem suplico confiante que acolha na eternidade a D. Pedro Luiz. E rogo especiais orações por ele, bem como por seus pais, irmãos e por minha querida Mãe, a todos aqueles que, com espírito de fé, acompanham a Família Imperial neste momento de luto.

São Paulo, 8 de junho de 2009

Dom Luiz de Orleans e Bragança

domingo, 7 de junio de 2009

Príncipe Don Pedro Luis de Orléans y Braganza - Misa del 7º día por el eterno descanso de su alma

El joven Príncipe D. Pedro Luis de Orléans y Braganza (der.), desaparecido en la catástrofe aérea de Air France; en la foto, con el Príncipe MIchel de Ligne y la Princesa, D. Isabel de Orléans y Braganza

La Familia Imperial brasileña, línea sucesoria: S.A.I.R. D. Luis de Orléans y Braganza, Jefe de la Casa Imperial; su hermano, S.A.I.R. D. Bertrand de Orléans y Braganza, Príncipe Imperial del Brasil; su hermano, S.A.R. D. Antonio; su sobrino, S.A.R. D. Rafael de Orléans y Braganza.
El príncipe desaparecido en el luctuoso accidente aéreo (izq.); en la foto, con su hermano menor, D. Rafael


Participación de S.A.I.R. el Príncipe D. Luis de Orléans y Braganza, Jefe de la Casa Imperial del Brasil, y de SS.AA.RR., el Príncipe y la Princesa D. Antonio de Orléans y Braganza, a la Misa del 7º Día por el eterno descanso del alma de Don Pedro Luis, que se celebrará mañana lunes 8 de junio, a las 11 horas, en la Iglesia de Nuestra Señora del Brasil, en el Jardín América, San Pablo.
Nos asociamos al profundo dolor e intenciones de la católica y tradicional Familia Imperial brasileña y pedimos a nuestros lectores especiales oraciones.


miércoles, 27 de mayo de 2009

La Sociedad Orgánica: un fruto de civilización cristiana opuesto a la padronización, el anonimato y la soledad de una sociedad masificada y mecánica

En la calma, en medio de viñedos encantadores, trabajan unos labriegos la tierra. Al fondo, la estampa protectora y distinguida del Castillo de Saumur. Nobles y trabajadores rurales son dos componentes armónicos de una sociedad natural y orgánica.
La construcción de una catedral, en la Edad Media, movilizaba a todo un pueblo, con el Rey a la cabeza. San Luis IX de Francia llevaba piedras con sus reales manos. Era una sociedad que tendía hacia lo alto, impulsada por el Clero y la Nobleza en que florecían numerosos santos. (Ambas ilustraciones pertenecen a "Nobleza y Elites tradicionales análogas").

Continuamos con la entusiasmante tarea de comentar ARISTOCRACIA y SOCIEDAD ORGANICA, inspirados en esa fuente inagotable que es "Nobleza y élites tradicionales análogas", obra maestra para la necesaria restauración de la civilización cristiana, de Plinio Corrêa de Oliveira.

Hemos cerrado un hito al difundir y comentar el Apéndice IV del libro, que el autor consagró al tema de la aristocracia, basado en textos del Cardenal español Herrera Oria -en su enciclopedia "Verbum Vitae".

Después de haber así abordado el tema ARISTOCRACIA, queremos hacerlo ahora con el de SOCIEDAD ORGANICA. El texto que publicamos tiene dos partes: la primera (que sigue a continuación) caracteriza a grandes rasgos la sociedad orgánica con ejemplos europeos; la segunda, que publicaremos próximamente, se refiere a la sociedad orgánica en el Tucumán hispano-indígena. Ambos textos pertenecen al ensayo"DEVISADERO de LUCES DORADAS en ...AQUEL REINO del TUCUMAN", que ha sido presentado en diversos congresos y jornadas de Historia y Genealogía.

Una vez presentada la Sociedad Orgánica, como lo hicimos con la Aristocracia, continuaremos publicando y comentando "Nobleza y élites tradicionales análogas" , satisfaciendo así el legítimo deseo de nuestros lectores, cuyos comentarios agradecemos.

Cordialmente, COMISION DON PELAYO

envíe su comentario directamente luego de cada entrada o escríbanos a: donpelayodeasturias@gmail.com

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· La sociedad orgánica, jerárquica, armónica y familiar

La sociedad orgánica es otro concepto que tomamos, con agradecimiento, del caudal doctrinario del ya citado Prof. Plinio Corrêa de Oliveira. Lamentablemente, nunca llegó a consagrarle una obra, pero en escritos y conferencias, como su famosa serie de artículos sobre "Ambientes, Costumbres, Civilizaciones", le dedicó sabias y matizadas consideraciones oponiéndola, según el tema analizado, a la sociedad mecanizada, a la padronización, al anonimato, al totalitarismo de diversos sistemas políticos que caracterizaron el siglo XX –v.gr. el socialismo, el nacional-socialismo y el comunismo-, como también al frenesí hedonista y masificante de la revolución cultural “hollywoodiana”.
La sociedad orgánica es una "familia de familias", como lo fue el feudalismo
[i]. Es como una gran familia de almas, en que las personas se conocen y las estirpes familiares se entrelazan, hay tradiciones vivas que impregnan la vida social y política, y la naturaleza y el campo están presentes; en la que orgánicamente se van formando las instituciones con amplia participación de los vecinos y de todos los elementos que la componen, organizada jerárquicamente; en que las jerarquías varían al infinito.
La sociedad orgánica se va formando con toda la espontaneidad posible dentro del mayor respeto al orden. Las instituciones, las familias, las personas van creciendo como árboles de un parque, sin dejar que sus ramas invadan las de un árbol vecino.
Algo de su perfume se trasunta en la frase de Talleyrand: "el que no vivió antes de la Revolución Francesa, no conoce la dulzura de vida". Fue la “dulce Francia" de los tiempos del "Rey Cristianísimo" que destiló una realidad de sonido musical: "douceur de vivre".
Nuevamente nos precavemos contra la visión idílica de este concepto y de la realidad concreta de donde surgió. Sabemos que, bajo muchos aspectos, la vida "es un valle de lágrimas" donde, para edificar algo, hay que luchar mucho, y más aún para conservarlo; donde todo es, en cierta medida, efímero y débil, a causa de las tendencias desordenadas del hombre y también porque hay un solo Ser eterno que es El que es, y que nos invita -a través de la propia precariedad de la vida- a aspirar a las grandes serenidades y a las inimaginables alegrías espirituales y sensibles de la vida eterna, que estamos llamados a gozar en cuerpo y alma: "la vie est ton navire et non pas ta demeure", dijo Teresita de Lisieux
[1].
Es misión de la sociedad orgánica mantener vivos los deseos de lo metafísico, de lo sobrenatural, a través del arte, del lenguaje de los símbolos, ámbito en el que la heráldica ha constituido todo un mundo de imágenes y significados.
A pesar de los aspectos duros de la vida, hay formas de organizar la existencia que la hacen más humana, más suave, más acogedora. Aquella campiña francesa, con sus viñedos, castillos y casas grandes, donde la gran familia campesina se reunía en torno a la mesa presidida por el paterfamilias que describe Funck-Brentano en "El Antiguo Régimen", aquella Viena de Schubert y Mozart que pinta Marcel Brion, con sus orquestas familiares y sus campesinos robustos y contemplativos, capaces de destilar un "Stille Nacht"; aquel Portugal de nobles quintas que evocó Eça de Queiroz en "La Ciudad y la Sierra", aquella España de don Felipe y de Santa Teresa, de Sor María de Agreda y su "mística ciudad de Dios", la España de Avila y de Toledo, del Madrigal de las Altas Torres que vio nacer a Isabel la Católica… La de coplas y romances, la de majos y toreros, la de guitarras pulsadas con acordes gitanos, a la luz de la luna, en los patios andaluces.
Esas ciudades en las que -como en Viena- el emperador podía pasear de a pie, seguido a prudente distancia por sus súbditos, que eran como hijos, parando a conversar en una esquina con un vendedor de flores o un lustrabotas..., o siendo consolado por su pueblo, ante la derrota frente a Napoleón, al grito de: “¡No importa, nos tienes a nosotros!” Todo esto evoca mejor que una definición a la sociedad orgánica.
[1] "La vida es tu navío y no tu morada".

[i] Cf. Plinio Corrêa de Oliveira, "Nobleza y Elites tradicionales análogas - en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana", Ed. Fernando III el Santo, Madrid, vol. I, 3ª. Edición, Secc. Documentos, VIII, El feudalismo, obra de la familia medieval, p. 311 y ss.


Cfr. "Devisadero de luces doradas en ...aquel reino del Tucumán", Luis María Mesquita Errea, "Crónicas del Tucumán" nº 1, La Rioja, 2008


miércoles, 20 de mayo de 2009

La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal del siglo XX - Síntesis

Facsímil de la página inicial del Apéndice IV de "Nobleza y élites..."

Como final de la serie de comentarios que venimos haciendo, dada la riqueza y variedad del tema, y la conveniencia de contar con una visión de conjunto, presentamos hoy esta

SINTESIS del Apéndice IV de “Nobleza y élites tradicionales análogas”:
La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal del siglo XX, controvertido pero nada sospechoso de parcialidad a favor de ella
En el Apéndice, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira comenta trechos de la enciclopedia católica “Verbum vitae – La Palabra de Cristo” (BAC, 10 vols.), escrita bajo la dirección del Cardenal Angel Herrera Oria (+ 1968), Obispo de Málaga, en el ítem aristocracia. Como todo resumen, necesariamente contiene modificaciones del texto original, al cual remitimos al lector. Los trechos entrecomillados pertenecen a la enciclopedia; los restantes, son nuestra síntesis de los comentarios del autor de “Nobleza y élites”. Ya se encuentra a disposición de los estimados lector el apéndice completo (ver vínculo al final).
Comisión Don Pelayo
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Comienzan las citas de la enciclopedia con la siguiente afirmación:

"La aristocracia es un elemento necesario en una sociedad bien constituida."

1. Sentido filosófico

"Aristócratas son los mejores", de acuerdo al sentido etimológico de la palabra, que "lleva embebida en sí la idea de perfección…, de virtud".
… "la aristocracia tiene hábitos virtuosos". … por los cuales sobresale.
Son virtudes fundamentales de ella "la perfección moral y el amor al pueblo".

2. Sentido Teológico

"La Teología arroja torrentes de luz sobre este concepto de aristocracia y pone fundamentos sólidos al derecho público cristiano."
"Aristocracia es perfección. El aspirar a la perfección es un deber del cristiano:
"a) 'Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto' (Mt. 5,48). [ver otras citas]
"¿En qué consiste la perfección?
"Santo Tomás contesta:
"1. La perfección de la vida cristiana consiste principalmente en la caridad [el amor a Dios]
"2. …se dice ser perfecto en cuanto alcanza su propio fin…
"3. La caridad es la que le une con Dios, que es el último fin de la mente humana (I lo. 4-16…).
"Esta idea luminosa es la que se debe tener muy presente, porque ella vivifica toda la sociología y toda la política en el capítulo de la aristocracia.
"a) Aristocracia es perfección.
"b) Perfección es fundamentalmente caridad cristiana."
3. El derecho público cristiano
"Aristocracia y propiedad. … uno de los fundamentos de la propiedad privada consiste en el deber de perfeccionarse."
León XIII enseña en la Rerum Novarum que "los bienes se poseen como propios y se administran como si fueran comunes. … 'satisfecha la necesidad, el decoro y la perfección', lo que resta hay que darlo en limosna. Se habla muchas veces de la necesidad y del decoro y se olvida la perfección, que es un deber."
El esquema pasa a hacer reflexiones que, lamentablemente, el ambiente igualitario de nuestros días va sepultando en un completo olvido.
"A los que viven en el mundo y tienen familia cumple el deber de perfeccionarla y de elevar en sus hijos el decoro y consideración social de la familia, cristianamente entendidos.
"…los padres deben procurar…que en ciencia, en arte, en técnica, en cultura, en todo, sus hijos sean mejores que ellos…para ofrecer a la sociedad, en beneficio del pueblo, generaciones más perfectas.
"Los aristócratas deben…tener muy presentes…todos los progresos…que puedan satisfacer las necesidades de las clases más indigentes."
Estas enseñanzas hacen patente que el empeño de las aristocracias en que haya a lo largo de sus sucesivas generaciones una continua mejora de viviendas, mobiliario, trajes, vehícu­los, modales y porte personal, es un aspecto esencial de ese caminar hacia la perfección global para mayor gloria de Dios o para el bien común de la sociedad temporal.
Esto no dispensa en absoluto al perfecto aristócrata católico de ser solícito en atender celosamente los derechos de las clases necesitadas. Los aristócratas que así sean, se convierten en "los mejores"…,"elemento necesario en una sociedad bien constituida".

4. Aristocracia social

La familia aristocrática:
"El aristócrata, al perfeccionarse él y perfeccionar a su familia, crea una institución dentro de la sociedad, que es la familia aristocrática."
Para ser fuente y propulsora de ese impulso hacia lo alto, la propia contextura familiar le es de gran utilidad, pues es en el seno de las familias donde se constituyen las tradiciones propias a cada una, y es en la convivencia familiar donde encuentran las mil ocasiones para comunicar a los más jóvenes sus convicciones y experiencias. Así, la acción propulsora rumbo a la “perfección” puede conseguirse en excelentes condiciones. Principal objetivo: el propio bien común de la sociedad. A la tradición le compete asegurar la durabilidad, rumbos y características de esta fuerza propulsora.
“Dijérase que las propias virtudes y la propia perfección tienden a hacerse hereditarias.
“Esa institución…debe ser eminentemente social y preocupada por el bien de los demás.”
De los principios aquí enunciados se deduce la justificación de uno de los aspectos más incomprendidos de la aristocracia: la herencia.
No pocos consideran justo otorgar título nobiliario a quienes practiquen acciones arduas y revelen destacadas cualidades, máxime cuando sirven de ejemplo y producen importantes beneficios para el bien común; pero no que se transmitan a los descendientes, pues muchas veces grandes hombres tienen hijos que no los merecen.
Este criterio impide que se formen familias nobles y hace tabla rasa de su misión propulsora para el continuo perfeccionamiento del conjunto social, elemento indispensable para la continua y arrebatadora andadura de un país rumbo a todas las formas de perfección deseadas por los que aman a Dios, que es la propia Perfección.
Es justo premiar a los grandes hombres pero no lo es ni corresponde a la realidad negar la misión de esas grandes estirpes como propulsoras.
“La llamada aristocracia histórica está basada en la naturaleza humana y es muy conforme a la concepción cristiana de la vida….
“No hay escuela comparable al hogar de una estirpe auténtica y cristianamente aristocrática.
"Cuando sabe cumplir con sus deberes, la sociedad debe respetarle aquellos medios que necesita para este supremo magisterio social.
"Palacios, cuadros, pergaminos, objetos de arte, obras maestras, viajes, bibliotecas…son elementos que pertenecen…a las grandes familias.
"… el uso de esos bienes ha de encuadrar en la doctrina ascética y social de la Iglesia.
"Cuando se usan para formar ciudadanos selectísimos en beneficio de la comunidad,…son una especie de forma de propiedad pública y colectiva, puesto que toda la sociedad se beneficia de ellos.
"La aristocracia es tan conforme a la sociedad cristiana, que una sociedad no puede llamarse perfecta sino cuando se da en ella la institución de la aristocracia. La aristocracia sana es flor y nata da la civilización cristiana."
En la literatura católica este género de conceptos van escaseando; sin embargo, jamás han sido desmentidos por el Magisterio de la Iglesia, y no podían faltar en una obra como ésta, que afronta a la aristocracia en el contexto de la civilización cristiana, modeladora de las naciones de Occidente.

5. Aristocracia en la familia

El esquema aborda un delicado y altísimo aspecto de la vida de una clase aristocrática.
"A. Por cierta analogía se puede decir que el poder aristocrático dentro del hogar está reservado a la mujer. […]
"b)… la mujer dentro de la familia es un elemento de moderación y de consejo.
"c)… de relación entre el padre y los hijos. […]
"B. Santo Tomás dice que el padre gobierna a los hijos con gobierno 'despótico', en el sentido clásico de la palabra, y la mujer con gobierno 'político'.
"a) Porque la mujer es consejera y participa del poder del padre.
"b)… tiene como la representación de la caridad dentro de la familia. Es como la personificación de la misericordia en el hogar.
"c) Es la que debe estar más atenta a las necesidades de hijos y criados y más pronta a mover al padre para que las remedie.”

"C. En el Evangelio aparece muy claro el contraste entre la falta de misericordia, de caridad, de espíritu aristocrático de los apóstoles…y la inefable misión aristocrática que desempeñó María Santísima en las bodas de Cana.
"a) Atenta a las necesidades de los demás, María se acerca a quien puede remediarlas para exponérselas.
"b) Y después se acerca al pueblo, representado en los criados, para inculcarles que sean obedientes."
Esta comparación es un poco sorprendente pues las obras sobre aristocracia han habituado a ver en ella a la clase militar por excelencia. Pero no por ello deja de ser rica en sabiduría. La guerra se ejerce normalmente contra el extranjero; y Santo Tomás trata de la misión de la aristocracia en la vida interna normal del país y no en cuanto espada que lo defiende.
Era inherente a la aristocracia que cada familia reuniera en torno suyo un conjunto de familias de nivel social menos elevado, a ella vinculados por relaciones de trabajo, mera vecindad, etc. Era normal que se alzasen viviendas populares junto a palacios o residencias de familias acomodadas. Esta vecindad repetía la atmósfera familiar del hogar aristocrático, constituyendo un halo de afectos y dedicaciones.
Las relaciones de trabajo, por efecto de la caridad, tienden a desbordar al ámbito personal. En esa convivencia, el noble inspira y orienta a quien esta debajo de él, y éste, a su vez, le informa de sus aspiraciones y diversiones, modo de ser y circunstancias de la vida popular, y de las necesidades de los desvalidos. Constituye el circuito de interrelaciones que el Estado post-1789 procuró sustituir por burocracia, oficinas y servicios de información policial.
Es a través de esas burocracias cómo el Estado anónimo (sin hablar de las grandes sociedades anónimas macropublicitarias) propulsa y manda a la nación por medio de funcionarios también anónimos. La nación habla al Estado a través de la boca anónima de las urnas; máxime cuando el voto es secreto y el Estado ni siquiera puede saber quién ha votado de uno u otro modo.Este conjunto de anonimatos evita la presencia del calor humano en las interrelaciones del Estado moderno.
Muy distinta era la índole de los países dotados de recta aristocracia. Las relaciones eran personales, y las influencias recíprocas entre mayor y menor se fundaban en una relación de afecto cristiano; que traía como consecuencia dedicación y confianza mutuas, y llegaba a crear de hecho una sociedad entre los domésticos y patrones. Basta leer lo que dicen los verdaderos moralistas católicos sobre la sociedad heril…
En las corporaciones, la relación entre maestros, oficiales y aprendices repetía la bendecida atmósfera de la familia.
Este contacto vivo no englobaba únicamente aquello que llaman fría y funcionalmente "patrones y empleados". Los de categoría más elevada, nobles o burgueses, acababan por conocer las familias de sus subordinados, como éstos las de sus patrones. Conforme la orgánica espontaneidad de un movimiento social bueno, esas relaciones se establecían también entre familias.
El bien es difusivo. A través de las capilaridades, el grande acababa conociendo miserias anónimas, y le era dado remediar a través de las manos delicadas de su esposa e hijas tantos dolores que de otro modo no habrían sido aliviados.
También el grande conocía horas amargas… sus enemigos lo cercaban, le agredían física o políticamente. La más firme muralla que defendía esta grandeza tambaleante eran las incontables dedicaciones que se erguían desinteresadamente para protegerle, hasta con riesgo de vida.
Así fue la vida en el feudo; y también en el campo cuando, extinguido el feudalismo, las antiguas relaciones entre señor y vasallo perdieron su alcance político pero continuaron en el ámbito del trabajo; y así continúa ocurriendo en ciertas regiones o países.
En la perspectiva del Estado monárquico con algo de aristocrático y algo de democrático considerado por Santo Tomás, la aristocracia participa en el poder del rey como la esposa en el poder del marido. Le corresponde hacer llegar al padre —al Rey— mediante una acción moderadora propia al instinto materno, el conocimiento emocionado de las necesidades de sus hijos —los pobres, pequeños y desvalidos del ámbito de influencia de su casa solariega— y conseguir del padre, ablandando su corazón, el correspondiente remedio.
… así como a la madre le cabe abrir el corazón de sus hijos para esta o aquella orden de su padre, le corresponde a la Nobleza disponer el ánimo de los estamentos subordinados para un filial acatamiento al rey.

6. Aristocracia política

- La misión de la clase aristocrática en la vida política y social del país.
A quienes les haya podido parecer excesivamente conservadora la doctrina de los anteriores apartados tal vez les sorprendan agradablemente las palabras con que el esquema aborda el tema.
"La aristocracia social tiene una función que ejercer directa e inmediatamente cerca del pueblo. Pero por ley natural ejercerá siempre una función política cerca del poder.
Participará del poder en beneficio del pueblo."
"La aristocracia, colocada entre la autoridad suprema,… y el pueblo, es elemento de moderación, de ponderación, de continuidad, de unión".
En esa perspectiva:
"1. La monarquía sin aristocracia fácilmente conduce al absolutismo.
"2. Pueblo sin aristocracia no es pueblo; es masa.
"3. La aristocracia defiende la monarquía y la modera.
"4. La aristocracia es cabeza del pueblo, educadora del mismo, encauzadora de sus energías.
"5. Aristocracia sin pueblo es oligarquía, es decir, privilegio odioso de una casta en la sociedad."

7. Misión social moderna de la aristocracia

La enumeración anterior no es exhaustiva. Parece hecha con el empeño de evitar que la aristocracia sea tachada de clase monopolizadora de privilegios.
El esquema señala la tendencia de la aristocracia hacia la perfección en todas las cosas por amor a la Perfección absoluta que es Dios. Esto la lleva a propulsar al prójimo -inclusive por medio del decorum de la vida- hacia todas las formas de perfección: de virtud, pero también de talento, buen gusto, cultura, instrucción... y técnica. Todo ello debe difundirse por el cuerpo social entero, elevándolo a medida que la aristocracia se eleva a sí misma.
Para ello, sus miembros han de ser aquellos "mejores", cuya presencia en el poder como dirigentes de una nación constituye la aristocracia en cuanto forma de gobierno.
Esto permite observar cuánto depende la forma de gobierno de las condiciones religiosas y morales, pero también de las de otros tipos.

8. La “nueva aristocracia”

La prudente renovación de las aristocracias: una metáfora describiría el hecho: el método de purificación en ciertas piscinas. El agua se renueva incesantemente, pero de modo tan gradual que pasa casi desapercibido. La masa de agua está lejos de fluir rápidamente, y menos aún con una precipitación torrencial -podría decirse, revolucionaria. En la piscina, la renovación tiene por objetivo el desaguar de toda la masa de agua, mientras que en la renovación de la Nobleza no es lo que se debe desear: cuanto más lenta sea, tanto mejor será. Pues ésta está tan vinculada por naturaleza a la tradición que lo ideal sería que el mayor número posible de familias nobles se conservara indefinidamente, bajo condición de que no se diese en beneficio de elementos esclerosados, incapaces de participar en el acontecer ininterrumpido de la Historia.
"Siendo la aristocracia elemento necesario de una sociedad bien constituida, parece natural… que se salven las aristocracias históricas, que de ordinario conservan grandes virtudes; y que al mismo tiempo se creen otras aristocracias.
"...Una aristocracia cerrada se hace casta,…la antítesis de la aristocracia, porque la casta…no conoce el principio de la caridad, que es el alma de la aristocracia.
"Desgraciadamente, no pocas veces el virus mundano…[las convierte] en círculos herméticos.
"El gran problema moderno en este campo es precisamente rehacer las clases aristocráticas y crear nuevas formas de aristocracia."
Si una aristocracia ha decaído, y sus miembros ya no son los mejores sino los peores, ¿qué se debe hacer?
Sería preciso crear nuevas clases aristocráticas, sin omitir que se haga lo posible para rehabilitar a la antigua aristocracia: si ésta no se deja levantar, conviene no pensar más en ella. Si degenera, al cuerpo social le corresponde la misión de engendrar otra salida para la situación, de modo instintivo y consuetudinario, buscando el apoyo de los elementos sanos de la sociedad.
Decimos "instintivamente", porque en las situaciones de emergencia son más eficaces el sentido común y las cualidades del pueblo que los planes de soñadores o burócratas, constructores de "paraísos" y "utopías", los cuales, por no estar fundados en la realidad generan fracasos y decepciones.
Pero si en la aristocracia no existen "mejores", si no hay en la plebe quien quiera asumir, en virtud del principio de subsidiariedad, la misión de propulsar hacia lo alto, y si en el propio clero se nota una carencia análoga, ¿cuál es la forma de gobierno que puede evitar la ruina de esa sociedad?
No han faltado quienes hayan elucubrado la idea de un gobierno supuestamente compuesto de hombres buenos, que conseguiría resolver la cuestión de modo casi mecánico y desde fuera de un cuerpo social que no está en buenas condiciones.
Cuando todo el cuerpo social no está en buenas condiciones, el problema es insoluble, y la situación se configura como desesperante: cuanto más se intenta remediarla, tanto más se enreda y acelera su propio fin. Las situaciones desesperantes sólo pueden resolverse cuando un puñado de personas con Fe, esperando contra toda esperanza (Rom. IV, 18), continúa esperando y esperando; cuando almas llenas de Fe recurren humilde e insistentemente a la Providencia para conseguir de Ella una intervención salvadora. "Envía tu espíritu y renovarás la faz de la tierra" (Ant. de Pentecostés).
Sin ello es vano esperar que alguna forma de gobierno, sociedad o economía, la salve. "Si el Señor no guardare la ciudad, en vano vigila el centinela" (Ps. CXXVI, 1).
El denso esquema termina con las siguientes consideraciones:
"Decir, pues, que hacen falta almas aristocráticas en nuestros días, es decir que hace falta una clase que se eleve sobre las demás por su nacimiento, por su cultura, por sus riquezas, pero… sobre todo por sus virtudes cristianas...
"Aristocracia sin reserva abundante de virtudes cristianas perfectas es rótulo vacío,… institución social decaída.
"Su amor, su espíritu y su vida han de ser el espíritu, la caridad y la vida de Cristo.
"… sin perfección cristiana habrá aristocracias de hecho y de fachada, pero no… auténticas, de obras y de derecho."
Está contenido en estas palabras un juicio sobre la aristocracia del tiempo en que el Cardenal publicó su obra: […] que no cumplía ésa, su misión.
Un elogio sin reservas a la aristocracia de su tiempo seria acribillado con objeciones de unilateralidad. El juicio peca por unilateralidad, en sentido opuesto. A favor de la verdad histórica ha de decirse que si bien la aristocracia de los años 50 mostraba tener numerosos defectos, afloraban en ella señaladas cualidades.
Síntesis elaborada por Comisión Don Pelayo
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TEXTO COMPLETO DEL APENDICE COMENTADO
jueves 21 de mayo de 2009

La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal del siglo XX, controvertido pero nada sospechoso de parcialidad a favor de ella
Texto completo del Apéndice IV de "Nobleza y élites tradicionales análogas - en las alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana" - Autor: Prof. Plinio Corrêa de Oliveira
Nota: si desea tener el archivo word puede solicitarlo a: donpelayodeasturias@gmail.com

domingo, 17 de mayo de 2009

Ante el peligro de ruina de una sociedad, soluciones utópicas y soluciones realistas basadas en la Fe católica

Nuestra Señora del Buen Aire, de Sevilla,
amparando y orientando a capitanes, nobles gobernantes, armadorers,
navegantes y marineros,
símbolo de su amparo a la aristocracia
y al pueblo en sus variadas gamas, unidos en la fascinante realidad
de una sociedad orgánica
(ítem 8, 3ª parte)
En esta tercera parte en que hemos dividido el ítem 8, dada la riqueza de su contenido, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira aborda con sabiduría y fe católicas el difícil tema de la decadencia de la aristocracia y de la falencia de las otras clases sociales. Comenta al pasar la utópica y casi ingenua solución de un gobierno de hombres supuestamente buenos que piensan que podrán arreglar la situación mecánicamente y termina con una magnífica proclama, no sólo de su confianza irrestricta en la acción de la Providencia, sino de su convicción de la presencia y efectividad de su intervención cuando es solicitada por un puñado de personas de Fe. En esto se diferencia netamente tanto de los liberales y laicistas, para quienes Dios no hace bien ni hace mal, y de los católicos superficiales y rutinarios, que no advierten el profundo nexo entre el orden temporal y los asuntos político-sociales, y los intereses del Catolicismo.
A continuación, el texto:
Pero si en la aristocracia no existen "mejores", si no hay en la plebe quien quiera asumir, en virtud del principio de subsidiariedad, la misión de propulsar hacia lo alto, y si en el propio clero se nota una carencia análoga, parece levantarse un problema: ¿Cuál es, entonces, la forma de gobierno que puede evitar la ruina de esa sociedad, de esa nación?
Para resolver este problema no han faltado quienes se hayan puesto a elucubrar soluciones políticas en virtud de las cuales un gobierno supuestamente compuesto de hombres buenos conseguiría resolver la gran cuestión de un modo casi mecánico y desde fuera de un cuerpo social que no está en buenas condiciones.
Ahora bien, cuando todo el cuerpo social no está en buenas condiciones, el problema es pura y simplemente insoluble, y la situación se configura como desesperante: cuanto más se intenta remediarla, tanto más se enreda en sus propias complicaciones y acelera su propio fin. Las situaciones desesperantes sólo pueden resolverse cuando un puñado de personas con Fe, esperando contra toda esperanza — "contra spem in spem credidit" (Rom. IV, 18), elogio que San Pablo hace de la Fe de Abraham— continúa esperando y esperando; es decir, cuando almas llenas de Fe recurren humilde e insistentemente a la Providencia para conseguir de ella una intervención salvadora. "Emitte Spiritum tuum et creabuntur, et renovabis faciem terrae" (1) (Antífona de la fiesta de Pentecostés).
Sin ello es vano esperar que alguna forma de gobierno, sociedad o economía, la salve. "Nisi Dominus custodierit civitatem, frustra vigilat qui custodit eam" (2) (Ps. CXXVI, 1).
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(1) "Envía tu espíritu y todo será creado, y renovarás la faz de la tierra".
(2) Si Dios Nuestro Señor no protege a la ciudad, en vano la custodian sus guardias

viernes, 15 de mayo de 2009

Si la aristocracia decae, el cuerpo social tiene la misión de engendrar una salida de modo instintivo y consuetudinario, por sus elementos sanos

(ítem 8vo., 2ª parte)
{Dice la enciclopedia del Card. Herrera Oria:]
"Siendo la aristocracia elemento necesario de una sociedad bien constituida, parece natural, como principio práctico, que se salven las aristocracias históricas, que de ordinario conservan grandes virtudes; y que al mismo tiempo se creen otras aristocra­cias.
"La aristocracia no puede ser cerrada. Una aristocracia cerrada se hace casta, que es la antítesis de la aristocracia, porque la casta como tal no conoce el principio de la caridad, que es el alma de la aristocracia.
"Desgraciadamente, no pocas veces el virus mundano, al infiltrarse en los medios aristócratas, convierte a éstos en círculos herméticos.
"El gran problema moderno en este campo es precisamente rehacer las clases aristocráticas y crear nuevas formas de aristocracia."

[Comenta Plinio Corrêa de Oliveira:]
De ahí nace una pregunta: si una aristocracia ha decaído, y sus miembros ya no son los mejores sino los peores, ¿qué se debe hacer?
Sería preciso crear nuevas clases aristocráticas, sin omitir que se haga lo posible para rehabilitar a la antigua aristocracia: queda entendido, sin embargo, que si ésta no se deja levantar conviene no pensar más en ella. Si la aristocracia degenera, al cuerpo social le corresponde la misión de engendrar alguna otra salida para la situación, lo que se hará, en la mayor parte de las ocasiones, de modo instintivo y consuetudinario, buscando el apoyo de los elementos sanos que componen la sociedad.
Decimos "instintivamente" porque en las situaciones de emergencia son habitual-mente más eficaces el sentido común y las cualidades del pueblo que los planes, a veces brillantes y seductores, de soñadores o burócratas, constructores de "paraísos" y "utopías", los cuales, por no estar fundados en la realidad, sólo generan, la mayor parte de las veces, fracasos y decepciones.


"Nobleza y élites tradicionales análogas", Plinio Corrêa de Oliveira, Apéndice IV, ít. 8)

Comentario de Pelayo
Algunos puntos a destacar:
  • un gobernante o una corriente bienintencionados, con espíritu católico, buscarán salvar las aristocracias históricas y no destruirlas so pretexto de que han decaído, pues generalmente conservan grandes virtudes;
  • la caridad -el amor a Dios, y el amor al prójimo por amor a Dios, e inspirado en cómo Jesucristo lo ama- es el alma de la aristocracia;
  • el gran problema moderno en este campo: rehacer las clases aristocráticas; ¿cuántos católicos son conscientes de ello? Y sin embargo es tan evidente el beneficio o perjuicio que causan las clases dirigentes, elemento infaltable en toda sociedad...
  • ...y crear nuevas formas de aristocracia: algo de suma importancia que eleva una nación; no se hace por influencia de los principios igualitarios de la Revolución Francesa y de la Revolución comunista;
  • si la aristocracia decae, la solución debe surgir del principio de subsidiariedad, de los elementos sanos de la sociedad, que la engendrarán de manera instintiva y consuetudinaria...
  • ...y no como lo haría un demagógico "constructor de paraísos", constructores del fracaso y la decepción. Ellos detestan la sabiduría popular y las sanas y lentas elaboraciones consuetudinarias. Pues éstas frenan los desbordes de autoritarismo y exhibicionismo a que son afectos los demagogos.

jueves, 14 de mayo de 2009

La nueva aristocracia - ¿Cómo puede darse una prudente renovación de las aristocracias?


Un cordial saludo a nuestros lectores, luego de una involuntaria pausa de varias semanas; hoy tenemos la alegría de retomar nuestra conversación y debate sobre el Apéndice IV de "Nobleza y élites tradicionales análogas", que trata de la Enciclopedia del Cardenal Herrera Oria en el punto "aristocracia". Comentando textos de la enciclopedia, el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira aborda el delicado y fascinante tema de la "nueva aristocracia"..., tocando cuestiones del más alto interés: la renovación de la clase aristocrática, qué sucede cuando una aristocracia no quiera cumplir su misión , entre otros.

Vayamos a la primera cuestión de este ítem tan esencial, que transcribimos del original:

8. La nueva aristocracia

También trata el esquema sobre aquello que llama
"nueva aristocracia".
Si se desea tener una idea exacta sobre la necesaria pero prudente renovación de las aristocracias, hay una metáfora que describiría el hecho con casi entera precisión: el método de purificación en ciertas piscinas contemporáneas. En ellas el agua se renueva incesantemente, pero de un modo tan gradual que pasa desapercibido, o casi desaper­cibido, para quienes tratan de observar el fenómeno. Se trata, pues, de una renovación auténtica. Sin embargo, la masa de agua está lejos de fluir rápidamente, y menos aún con una precipitación torrencial, impetuosa, revolucionaria podría decirse.
"Con casi entera precisión", hemos dicho un poco antes, y no, "con entera precisión", pues en la piscina, la renovación, por más lenta que sea, tiene por objetivo el desaguar de toda la masa de agua, mientras que en la renovación de la Nobleza no es precisamente eso lo que se debe desear; por el contrario, cuanto más lenta ésta sea, tanto mejor será. En efecto, la Nobleza está tan vinculada a la tradición por su propia naturaleza que lo ideal sería que el mayor número posible de familias nobles se conservara indefinida­mente por los siglos de los siglos, bajo la condición de que esto no se diese en beneficio de elementos esclerosados, muertos, momificados y, por tanto, incapaces de participar de manera válida en el acontecer ininterrumpido de la Historia.
Esta metáfora corresponde a lo que se ha dicho sobre esta misma materia en el presente libro (1) y entra en entera sincronía con todo lo que se encuentra a ese respecto en la citada obra del Cardenal Herrera Oria.


1) Cfr. Capítulo VII, 9.

"Nobleza y élites tradicionales análogas", Plinio Correa de Oliveira, Apéndice IV, ítem 8.

domingo, 19 de abril de 2009

Una vocación no menos apostólica que otras: la de propulsar al prójimo hacia todas las formas de perfección

Comentario II
En este punto que trata de la misión social moderna de la aristocracia, el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira menciona el prejuicio que lleva a que ella "sea tachada de clase minori­taria monopolizadora de privilegios en detrimento del pueblo”. Muestra de su realismo, de su aplomo en enfrentar lo que corre como verdadero y también de su confianza en el magisterio de la Iglesia que enseña, a contrario sensu, la alta misión a que la aristocracia está llamada.
Recuerda lo que le es esencial:
la tendencia de la aristocracia hacia la perfección en todas las cosas por amor a la Perfección absoluta que es Dios.
Esto la lleva a propulsar al prójimo —inclusive por medio del decorum de la vida-, hacia la perfección de la virtud y del buen gusto, de la instrucción y aún de la técnica.
“Todo ello debe difundirse por el cuerpo social entero…”: Esto viene al encuentro de la mentalidad reduccionista de ciertos católicos que entienden lo apostólico que hay, por ejemplo, en la loable y a veces heroica tarea de cuidar de los enfermos o de los pobres y necesitados, pero no perciben el alto apostolado que este impulso hacia la perfección contiene.
En la medida en que haya almas llevadas por ese impulso, habrá quienes se consagren a las tareas en bien del prójimo y de la sociedad. Al contrario, mientras avancen el materialismo, el hedonismo, la vulgaridad y la falta de generosidad, irán muriendo los verdaderos ideales y las virtudes que mueven a esa dedicación.

La aristocracia está llamada al heroismo de llevar adelante un impulso que va contra la corriente fomentada por poderosos medios de formación de opinión pública.
Concluye con un llamado a la coherencia: “sus miem­bros han de ser aquellos "mejores" cuya presencia en el poder como dirigentes de una nación constituye la aristocracia en cuanto forma de gobierno”.
Cordialmente,
Pelayo

sábado, 18 de abril de 2009

Comentario: Posibles acciones aristocráticas en nuestros días

El ítem 7, Misión social moderna de la aristocracia, es de tanta importancia que nos sentimos tentados de hacer un comentario para intentar contribuir a mejorar la realidad. Para mayor aprovechamiento del texto, lo haremos en dos partes.
I Comentario
• Algunas características que deben encontrarse en la moderna aristocracia, que constituyen verdaderos títulos de honra que implican pesadas responsabilidades, son:
Moderadora del poder: algo tan necesario en tiempos de autoritarismo maquiavélico y desborde;
Defensora y educadora del pueblo, y encauzadora de sus actividades:
Cuánto habría para decir de una educación para la elevación de todas las clases sociales, de la educación actual, de la que los valores católicos están lamentablemente desterrados, y de los alarmantes resultados que va dando.
¡Qué magnífico sería que la creatividad y vigor del pueblo fueses encauzados por una aristocracia, o por una clase dirigente auténtica!
Como esto no se da, parece que “algo” (¿algún grupo de presión que no sale a la luz del día?) o “alguien” colocara frecuentemente al frente de actividades populares (algunas de ellas, como los deportes "profesionalizados", que mueven fortunas que superan las de cualquier aristocracia) a dirigentes que, en lugar de elevar al pueblo, tienden a imponer una nota de vulgaridad autosuficiente y chabacanería. Tampoco son muchos de estos dirigentes surgidos de la "dedocracia" (ver entrada anterior) modelo en materia moral, condición sine qua non para que una aristocracia lo sea verdaderamente.
El pueblo dirigido por mentalidades aristocráticas católicas se beneficiaría enormemente: avanzaría mucho más y genuinamente, disminuiría el exhibicionismo fatuo fomentado por la TV y expondría menos al ridículo a deportistas o artistas de moda de los que los medios arrancan declaraciones y opiniones sobre los más variados y más vitales asuntos, difundidas como oráculos. Como si la habilidad deportiva o televisiva confiriesen idoneidad para cualquier asunto.
Por el contrario, de acuerdo a la doctrina católica, la aristocracia auténtica es una escuela de formación, de un sector de la sociedad llamado especialmente a funciones directivas. Es el mundo al revés, por el dictado de las tendencias e ideas igualitarias.
Propulsora del progreso de vida de las clases más necesitadas: hecho esto también con espíritu aristocrático, con desinterés propio de quienes tienen señorío, se evitaría la explotación publicitaria para bajos fines partidarios de las obras públicas que los gobiernos tienen obligación de hacer, y de las que no deberían sacar rédito político como quien exprime una naranja hasta lo último . Hoy cualquier inauguración, por pequeña e irrelevante que sea, congrega autoridades nacionales y-o provinciales, y una costosa y pesada cohorte de auxiliares. Como si no lo hicieran con fondos públicos y no cobraran su sueldo por hacerlo.
En otro momento agregaremos algo más sobre la misión social moderna de la aristocracia que aborda la obra que venimos comentando ("Nobleza y élites tradicionales análogas", Apéndice IV, La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal del siglo XX, obra del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, pp. 241 y ss.).

lunes, 13 de abril de 2009

Comentario: "Se impone la dedocracia", según artículo de "La Nación"

Este sitio lleva por nombre "Aristocracia y Sociedad Orgánica". Su finalidad es promover el gobierno de los mejores y la sociedad orgánica. La nota que publicamos al pie pone en descubierto las falencias de un sistema que no se basa en la Ley de Dios ni en su complemento, que es la ley natural.

La Revolución Francesa, el iluminismo que la precedió, y el liberalismo democrático y socializante que nació de ella impusieron un sistema basado en varios errores como la soberanía popular y el voto igualitario e irrestricto.

Estos "dioses" de la democracia liberal-socialista suponen que no existe un orden natural y divino. Pueden reconocer sus adeptos que Dios existe, pero siempre que se mantenga encerrado en las iglesias. Ellos se propusieron instaurar el "perfecto" orden del número, de la votación numérica. Basados en el concepto de la soberanía popular, rompieron con la idea de un orden basado en el Cristianismo. El pueblo "soberano" es dueño de votar lo que quiera, por ejemplo, "casamiento" entre personas del mismo sexo, eutanasia, aborto, leyes confiscatorias. El pueblo es soberano, luego puede hacer su santa voluntad. Así son los abismos que las leyes aprobadas más o menos legalmente de acuerdo al orden jurídico positivo, van cavando.

El triunfo del número llevó a la masificación. Para imponerlo, hubo que partir la sociedad artificialmente, cayendo en la partidocracia. Basada a su vez, como dice la nota, en la imagen televisiva, en apariencias mentirosas, creadas por la publicidad: en una palabra, el poder se compra, y el voto también, de la manera más descarada y vergonzosa, con colchones, bolsas de cemento y otras tristes compensaciones que se le da a las personas con el dinero del País...
Esta forzosamente sumaria descripción del fenómeno nos muestra a las claras la necesidad de volver a un sistema natural y cristiano. Si se trata de una democracia, conforme enseña Pío XII debe contar entre sus elementos capitales con una clase dirigente tradicional, que si se eleva moral y culturalmente, puede llegar a constituir legítimamente una aristocracia.

Los sistemas políticos impuestos, casi siempre por la fuerza de las armas, a lo largo de los siglos XIX y XX han llevado a la dictadura de las camarillas partidistas que describe el artículo comentado. Y son camarillas de personas que, salvo excepciones, no sólo no son las mejores moralmente, en preparación, en amor al bien común, sino que ni siquiera se proponen serlo, como es una verdadera aristocracia.

Así, la falsa democracia, que encandiló a generaciones de políticos, aristocráticos o no, va devorando aquella quimera de libertad completa con la que soñaban.
El fracaso y el abuso evidentes deben llevarnos a estudiar y promover formas orgánicas, naturales y cristianas de gobierno. Que pueden ser republicanas, aristocráticas o monárquicas, o la combinación de todas ellas en la monarquía católica, que es, según San Pío X, la mejor forma de gobierno.
Es imprescindible que el pueblo vuelva a ser pueblo dejando de ser masa. Es imprescindible tratar de que gobiernen "los mejores", personas que por lo menos, llevadas por el amor a Dios y al bien común, sientan el deseo y la obligación de mejorar personalmente y así poder guiar al pueblo.

Guías existirán siempre, ya sea que lleven al abismo o al progreso verdadero.

Las soluciones existen: en las entradas publicadas hay sabias enseñanzas de la sociología católica a nuestra disposición, a las que seguirán muchas otras si Dios quiere. Si, como sociedad, estamos enfermos, y no buscamos el remedio... ¿qué nos espera?

Para contribuir a verdaderas soluciones nos consagramos a esta tarea con entusiasmo y esperanza, pidiendo el auxilio y la gracia de la Ssma. Virgen, Sede de la Sabiduría .

Cordialmente,

Pelayo



La claves políticas de la semana

Se impone la dedocracia

Por Martín Dinatale

Especial para lanacion.com Noticias de Política: anterior siguiente Lunes 13 de abril de 2009 01:02 (actualizado a las 01:01) Enviá tu comentarioVer comentarios de lectores (31) ImprimirEnviar por e-mailCambiar tamañoPublicarVotar (19)Ya votaste (19)CompartirLink permanenteMenéameGoogle bookmarkYahooMyWebNewsvineBlinkListDiggRedditDel.icio.usMister-Wong
La dedocracia se profundiza en la Argentina ya sin retorno. La elección de candidatos a dedo es un clásico de estos días y será eje central de la disputa política en esta semana. Sólo en un par de provincias se realizarán internas partidarias para definir candidaturas. En la mayor parte del país los postulantes se eligen por encuestas, poder territorial o amiguismo. No hay diferenciación de colores políticos en este ejercicio.
Claro que hay contadas excepciones. En el radicalismo porteño hoy vencerá el plazo de presentación de listas con miras a las elecciones internas del 26 de abril en las que se definirán los candidatos a diputados nacionales y legisladores porteños para los comicios legislativos. Y el 6 de mayo el peronismo de Salta y de La Pampa también realizarán elecciones internas para definir candidatos.
En la alianza del PJ disidente conformada por Macri, De Narváez y Solá la suerte está echada al humor de este trío y el armado de listas dependerá de una ardua negociación e imposición de voluntades. El futuro de este frente antikirchnerista sólo estará atado a la dedocracia. Felipe Solá aseguró que hoy definirá si se queda o no en ese espacio en función a las respuestas que obtenga en relación a sus exigencias ante las listas bonaerenses.
No hay demasiadas diferencias con los postulados de Kirchner de imponer candidatos desde su despacho de la residencia de Olivos, donde incluyó a intendentes y gobernadores en las cabezas de lista para plebiscitar la gestión de su esposa.
En el peronismo santafecino se oficializará esta semana la idea de Carlos Reutemann de eludir las internas partidarias y presentar dos neolemas separados del PJ. Uno que representa el antikirchnerismo con el ex corredor de Fórmula Uno a la cabeza y el otro con la figura del diputado kirchnerista Agustín Rossi.
Los dirigentes del campo también aprendieron de la política en esto de la dedocracia. Desde la Federación Agraria hasta la Sociedad Rural pasando por todas las entidades, hay claras intenciones de los ruralistas de colar candidatos para los comicios del 28 de junio. Sólo hay contadas excepciones donde habrá elecciones internas. Es el caso de La Pampa, donde el vicepresidente segundo de la Federación Agraria, Ulises Forte, disputará en internas en la UCR para aspirar a una senaduría nacional.
Es cierto que el adelanto de los comicios le jugó una mala pasada a más de un partido político para cerrar a tiempo y cumplir con los mandatos jurídicos para definir internas abiertas. Pero también es cierto que en la política Argentina cada vez se impone más en la estructura de los partidos el "Homo videns" del que tanto escribió el politicólogo italiano Giovanni Sartori. Es decir, el hombre cada vez más atado a las encuestas de opinión, la imagen televisiva y la cibernética. En este Homo videns se estructura hoy la dedocracia. Y en esta semana se verá mucho más de ello.
¿Y la Presidenta? Retorna hoy de sus vacaciones pascuales en El Calafate y el viernes partirá rumbo a Trinidad y Tobago para asistir a la V Cumbre de las Américas, donde participan todas las naciones del continente con excepción de Cuba. En ese encuentro se espera un arduo debate en relación a la crisis mundial y a la situación de la región. Habrá, como siempre, discusión y consenso. Y por si falta hiciera habrá votación entre los presidentes. Allí no existe la dedocracia.
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domingo, 5 de abril de 2009

El haz de roles de la aristocracia en nuestros días - Su núcleo: encabezar la elevación del cuerpo social tendiendo a la perfección por amor a Dios


7. Misión social moderna de la aristocracia

El esquema enumera a continuación algunas características que deben encontrarse en la moderna aristocracia: "Moderadora del poder; consejera; conocedora de las necesidades del pueblo; defensora del pueblo cerca de la autoridad suprema; educadora del pueblo; ordenadora y encauzadora de las actividades del pueblo; ha de utilizar todos los recursos de la técnica y del progreso social en beneficio, sobre todo, de las clases más necesitadas."
Esta enumeración no es exhaustiva. Parece haberse hecho con el empeño de evitar que —como ocurre con tanta frecuencia— la aristocracia sea tachada de clase minori­taria monopolizadora de privilegios en detrimento del pueblo.
De hecho, el esquema señala desde el principio la tendencia de la aristocracia hacia la perfección en todas las cosas por amor a la Perfección absoluta que es Dios. Esto la lleva a propulsar al prójimo —inclusive por medio del decorum de la vida mediante las artes, mobiliarios, habitaciones, adornos, etc.— hacia todas las formas de perfección: antes que nada, hacia la perfección de virtud, pero también hacia la de talento, buen gusto, cultura, instrucción... y hasta la técnica. Todo ello debe difundirse por el cuerpo social entero, elevándolo a medida que la aristocracia se eleva a sí misma como tal.
Ahora bien, para que esta acción de elevarse se realice adecuadamente a través de la aristocracia es necesario ponderar que, como hemos descripto anteriormente, sus miem­bros han de ser aquellos "mejores", cuya presencia en el poder como dirigentes de una nación constituye la aristocracia en cuanto forma de gobierno.
Estas consideraciones permiten observar cuánto depende la forma de gobierno de las condiciones religiosas y morales del cuerpo social, sobre todo, pero también de las de otros tipos.


Plinio Corrêa de Oliveira, "Nobleza y élites tradicionales análogas", Apéndice IV, La aristocracia en el pensamiento de un Cardenal..., p. 248.